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lunes, 17 de noviembre de 2014

CRÓNICAS DE UN FRIKI VIII



CRÓNICAS DE UN FRIKI VIII

LOS CÓMICS (o tebeos); séptima parte.
Del infierno al paraíso.

Seguimos adelante con la historia de un friki intentando superar los problemas que le surgen a la hora de intentar seguir adelante con su afición de leer y coleccionar cómics. O sea, mi historia, pero que pienso es similar en algunas cuestiones a las de tantas otras personas que hayan tenido mis mismas o parecidas aficiones. Ya en la anterior entrada comenté lo difícil que era, siendo un adolescente y encima en plenos años 80 del siglo XX en Madrid, el poder reunir dinero y seguir puntualmente las colección de cómics. Los puntos de venta eran los quioscos, pero estos normalmente no se preocupaban mucho del estado de los ejemplares o de si se los traían o no. Yo tuve la suerte de contar con un punto de venta donde el señor quiosquero al menos se preocupaba mínimamente por su material, procurando que ningún número faltara o pidiendo las novedades que salieran. Claro que esto era lo inusual. Lo normal era que se saltaran los números (con lo que tus colecciones se quedaban cojas) mes sí, mes no, o que los cómics estuvieran en un lamentable estado tras pasar por las despreocupadas manos de repartidores y quiosqueros. Además, los coleccionistas aumentábamos en número y, como era de prever, nuestras demandas también. Durante un tiempo fui prácticamente el único cliente de cómics del quiosco al que acudía, pero eso cambió y pronto tuve que espabilarme para ser siempre de los primeros en comprar los ejemplares so pena de quedarme sin el número de mis colecciones mensuales o quincenales. Y es que al quiosco llegaban dos ejemplares de Spiderman o Los Vengadores y resulta que ya éramos cuatro o cinco los coleccionistas que los deseábamos; que situación más chunga.
A la falta angustiosa de dinero para mantener el vicio se le sumaba la falta de ejemplares para contentar al personal. Pero también el lector de tebeos debía enfrentarse a otro gran problema que le supuso, nos supuso, quebraderos constantes de cabeza: el desprecio, la ignorancia y la falta de tolerancia de los demás.

¿Pero a tu edad todavía leyendo tebeos?

            Ese era el comentario más frecuente que escuchaba en las personas cuando me veían leyendo un cómic. Daba igual que les intentara explicar que un adolescente, o ya un muchacho de dieciocho años, tenía el derecho a leer lo que le diera la gana y que los cómics no eran para niños, y que incluso adultos los leían, pero era lo mismo. Hablar con una pared y con esta clase de gente era la misma cuestión. Automáticamente enlazaban el tebeo con la niñez y para ellos únicamente los niños (entiéndase de cinco a diez años como mucho) podían leer historietas. Una vez superada la edad que ellos “creían la correcta”, debías dejar de lado los cómics y centrarte en otra cosa; los libros, por ejemplo. Lo curioso de todo esto es que quienes me tachaban de niño por leer tebeos y me aconsejaban leer libros (los clásicos de la literatura española a ser posible) luego no leyeran ni un carajo; vamos, que eran unos analfabetos disfuncionales. Allá donde fuera siempre me tope con estas personas: en la escuela, en el instituto, en el trabajo, entre las amistades, entre los familiares… Siempre con la misma canción e intentando amargarme la vida. Mas ni caso que les hacía, porque para mí estar al tanto de las aventuras de Peter Parker, Conan, Reed Richards, Mortadelo y Filemón o Superlópez era lo más alucinante que me podía pasar aparte de ser nutriente para el cerebro. Y comentar que también leía muchos libros, cosa que no pueden decir la mayoría de individuos que me “aconsejaban” que dejara de leer cómics para leer libros.
            Lo más sangrante del asunto era cuando me topaba con mi círculo de amistades, donde también me encontraba con estos prejuicios de forma constante. Y cuando conocía chicas nuevas y estas se enteraban que leía cómics la cosa se complicaba. Más de una, cuando intentaba convencerla para que fuera mi novia, me echaba la bronca y me decía aquello de “o los tebeos o yo; elige”. Y seguía soltero, que le vamos a hacer. Durante muchos años tuve que soportar estas tonteras, y aunque uno era de hierro (y sigo siéndolo) también tenía su corazoncito y sufría con estos ataques injustificados.
            Afortunadamente, las opiniones que más me importaban, la de mis padres, eran positivas y siempre me alentaron a seguir leyendo cómics y coleccionarlos. De cuando en cuando mi madre alzaba una ceja ante los gastos monetarios, pero dado que era eso o darle duramente a las drogas, pues finalmente me dejaba hacer. Así que seguí, sigo, coleccionando y leyendo con avidez mis tebeos.
            Con la llegada de mi edad laboral (más pronto de lo que siempre me hubiera gustado, debido sobre todo a los graves apuros económicos de mi familia) prácticamente el problema monetario para los cómics se había solucionado. Seguía sin poder comprarme todos los que quisiera, y puesto que debía dar casi todo el sueldo a mi madre para ayudar en casa, tampoco tenía todo el dinero que deseara, pero sabiendo administrar bien y poseyendo paciencia a puñados pues todos los meses conseguía tener mi dosis de lectura. Pero todavía quedaba un grave problema por resolver: asegurar los ejemplares y no perder ni un número de las colecciones.

El hallazgo del siglo

            Como decía más arriba, el número de aficionados aumentaba pero no el de ejemplares de las colecciones de cómics, con lo que el problema estaba planteado. Al ser de Fuenlabrada, una gris y monótona ciudad-dormitorio del sur de la capital, ese problema era menos grave, porque no éramos tantos los coleccionistas. Pero a su vez, eran menos los quioscos donde se vendían los tebeos. A la que te despistaras te quedabas sin tu número y con la colección coja; problemón de los gordos. Más de una vez me ha pasado y tuve que solucionar el embrollo marchando a Madrid en busca de quioscos, dándome buenos paseos por sus calles hasta encontrar el cómic ansiado. Era necesaria una solución y esta llegó de manos de algunos pequeños empresarios audaces que importaron la idea de países como Estados Unidos o Inglaterra.
            Otra de las aficiones por aquel entonces, cuando tenía entre dieciséis y veinte años, era comprar discos de vinilo, LP o Maxi-Singles de mis grupos favoritos, que normalmente eran de música pop, disco y sobre todo house (que fue por esa época cuando comenzó a entrar en España) (y para que os ubiquéis temporalmente, fue cuando salió el “Bad” de Michael Jackson). Durante un buen tiempo, cogí la costumbre de acercarme al centro de Madrid una vez por mes, haciendo un recorrido que lo disfrutaba sobremanera. Era un paseo por la Gran Vía, comprar uno o varios Maxi-Singles, pasear por Sol, bajar por Atocha hasta la estación de RENFE y por el camino comprarme un par de donuts de chocolate (los de toda la vida) y un refresco de naranja y zamparlo todo sentado en la estación leyendo un libro o un cómic. Los Maxi-Singles y los LP los compraba en una tienda de discos que era referencia en toda la comunidad de Madrid, que se encontraba en lo que se conocía coloquialmente como los bajos de Gran Vía.
            Los bajos era en realidad un pequeño centro comercial que se encontraba en un edificio conocido (y que sigue existiendo) como Los Sótanos, un enorme bloque de diez plantas con hoteles, oficinas y tiendas. Poseía un nivel bajo, por debajo del nivel de la calle, al que se accedía por escaleras. Era un espacio diáfano con tiendas, locales de ocio, algún que otro restaurante y también salones de juegos. Fue muy famoso por la época y en los años 80 una de las referencias de “la movida” madrileña, ya que por allí los jóvenes solían acercarse mucho para escuchar música, jugar a las máquinas recreativas o tomar algo en los bares. El lugar fue tan famoso, que incluso salió en varias películas. Bueno, pues la tienda de discos era Discoplay y durante muchos años la tienda lugar de peregrinaje para todos los amantes de la música. Siempre me acordaré de entrar por las escaleras y contemplar una nube de humo en el techo por culpa del tabaco (antes éramos gente muy dura; se fumaba a todo pasto en todas partes y a tomar por saco la salud; del norte, tu), oler a humanidad y sentir que aquello era un sitio especial. Pues bien, erase una vez que yendo hacia Discoplay en busca del Pup up the volumen, de MARRS (pedazo temazo de house que fue el número uno durante meses y una de las canciones más versionadas de la música), al acercarme a la tienda de discos y girar el cuello a la derecha, así como si nada, mis ojos contemplaron algo que me cambiaría para siempre.
           Sonaron fanfarrias, las trompetas tocaron y arpas celestiales se escucharon mientras querubines descendían de los cielos junto a luces divinas, cayendo sobre mi persona el maná divino y los ángeles extendían una túnica blanca donde rezaba: “Enganchado para siempre”. Porque allí, ante mi persona, en una humilde esquina de aquellos sótanos de Gran Vía se encontraba ni más ni menos que la primera tienda especializada de cómics de Madrid que, como no podía ser de otra manera, se llamaba Madrid Cómics. Sí, amigos míos frikis, aquella era la respuesta para los coleccionistas. Era una tienda diminuta, como digo, en un local que era literalmente una esquina (mi cuarto de baño era más grande) con tebeos por todas partes, en cajones, cajas, estanterías, apilados hasta el techo porque aquel espacio no daba más de sí. No solamente te vendían los números del mes, sino que… ¡también los números atrasados! ¡Todos! ¡De todas las colecciones! (más música celestial y más querubines). Aquello era un sueño. Y también tenían posters, chapas, pegatinas, los primeros pasos en España de aquello que luego sonaría como marketing del bueno. Y los dependientes entendían de tebeos, eran capaces de seguirte la conversación y encima eran personas mayores, que sabían más que tu.
            Claro que no todo era tan bueno, porque ya desde el primer momento el mercado negro y la especulación en torno a los cómics nació junto con las primeras librerías especializadas. En Madrid Cómics descubrí que tenían todos los tomos de la colección Súper Conan, pero cada tomo te lo vendían por una barbaridad, en torno entre las tres y cinco mil pesetas, que para la época era muchísimo. Para que os hagáis una idea de lo que os digo, es como si hoy os compráis un X-Men por 1,90 euros, se agota ese número y cuando lo vais a comprar a una tienda os piden por él 10 euros; así, por la cara. Y es que Conan era el personaje que arrasaba en ventas y de ahí que sus tebeos fueran los más demandados, cosa que muchos vendedores aprovecharon para lucrarse. No todos fueron así, por supuesto, los hubo de todos los colores. Unos que subían un poco los precios porque al fin y al cabo era un negocio, y otros que se comportaban como auténticos usureros especuladores que abusaron de los aficionados. Muchos chalets y yates de lujo se han comprado estos fenicios a costa de los coleccionistas.
            Pero en general, las tiendas especializadas de cómics aportaron al mundo de los lectores y coleccionistas un lugar donde poder reunirse no solamente para comprar, sino para charlar de sus aficiones, conocer gente, realizar actividades lúdicas, conocer material y estar al día de las noticias acerca de sus gustos y personajes favoritos. En la próxima entrada de las Crónicas os hablaré de los primeros años de las tiendas especializadas en Madrid, el cambio sustancial que supuso, la expansión de Cómics Fórum y la proliferación de las tiendas sobre todo en el centro de Madrid. Esto iba evolucionando y nadie sabía hasta donde podríamos llegar (hasta que la burbuja se rompió). Continuará…

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jueves, 16 de octubre de 2014

CONSEJOS A SABER PARA EVITAR QUE TE PLAGIEN O COPIEN LA OBRA; PREGUNTAS MÁS FRECUENTES



CONSEJOS A SABER PARA EVITAR QUE TE PLAGIEN O COPIEN LA OBRA; PREGUNTAS MÁS FRECUENTES.


            Dado que ya han sido varias las personas que se han puesto en contacto conmigo para realizarme preguntas o pedirme consejo respecto al asunto de los plagios de sus obras, he creído conveniente crear esta entrada recopilando las preguntas y dudas más frecuentes así como las soluciones y actuaciones a realizar, o lo que hay que saber, cuando como autor te encuentres viviendo la desagradable situación; una de las peores que le puede pasar a un escritor.
            Aunque ya he dejado constancia de ello en otras entradas y lo he repetido varias veces, nunca está de más el volver a hacerlo porque es algo de suma importancia. Un escritor siempre corre peligro de ver que su obra es copiada, utilizada sin su permiso o que sus derechos de autor son pisoteados sin que nada pueda hacer por evitarlo. Ante esto, lo primero que se tiene que tener en cuenta es que, aunque parezca mentira, vivimos en un mundo en el que no se da por sentado que lo que has creado te pertenezca simplemente por haberlo creado, sino que debes tener algo que demuestre que lo has creado. Este algo es, en el mundo de la literatura, el Registro de la Propiedad Intelectual. Existe también otro algo, que es un contrato legal con una editorial en el que se reconozcan tus derechos de autor sobre la obra. En ambos casos, es una prueba más que concluyente de que tu obra te pertenece y que los derechos de autor y de publicación son únicamente tuyos y de nadie más.

NOTA IMPORTANTE: si quieres saber la diferencia entre Derechos de autor y Derechos de publicación, pincha AQUÍ e irás directamente a una entrada en mí blog donde explico de forma bastante clara lo que es una cosa y lo que es la otra.

            También existen otros métodos para deducir que una obra te pertenece, pero si debes tirar de estos métodos, significa que estas implicado en un juicio por tus derechos de autor. La forma más segura de proteger tus derechos y tus obras es mediante el Registro de las obras y los contratos con editoriales. Dado que lo segundo es más bien difícil de conseguir, lo primero es lo esencial y el primer paso a realizar en cuanto se termina de escribir una obra.

Nunca dejes sin registrar una obra
 
            ¿Qué es la Propiedad Intelectual? La propiedad intelectual está integrada por una serie de derechos de carácter personal y/o patrimonial que atribuyen al autor y a otros titulares la disposición y explotación de sus obras y prestaciones.
¿Qué ley regula la propiedad intelectual? El texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual, aprobado por Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril.
¿Qué protege la propiedad intelectual? La propiedad intelectual protege las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas en cualquier medio, tales como libros, escritos, composiciones musicales, obras dramáticas, coreografías, obras audiovisuales, esculturas, obras pictóricas, planos, maquetas, mapas, fotografías, programas de ordenador y bases de datos. También protege las interpretaciones artísticas, los fonogramas, las grabaciones audiovisuales y las emisiones de radiodifusión
¿Qué se excluye de la protección de la propiedad intelectual? Se excluyen las ideas, los procedimientos, métodos de operación o conceptos matemáticos en sí, aunque no la expresión de los mismos. También se excluyen las disposiciones legales o reglamentarias, sus correspondientes proyectos, las resoluciones de los órganos jurisdiccionales y los actos de los organismos públicos, así como las traducciones de dichos textos.
¿Por qué es necesario proteger la propiedad intelectual? Los derechos de propiedad intelectual otorgan además del reconocimiento a los creadores, la retribución económica que les corresponde por la realización de sus obras y prestaciones. Es también un incentivo a la creación y a la inversión en obras y prestaciones de la que se beneficia la sociedad en su conjunto.
¿Cuándo una obra o prestación está protegida? Se protegen desde el momento de su creación, recibiendo los titulares la plena protección de la ley desde ese momento y sin que se exija el cumplimiento de ningún requisito formal.
            Si te has dado cuenta, en las respuestas se especifica muy claramente que es lo que se puede registrar y que no. En el caso de la literatura, se pueden registrar tanto novelas como relatos cortos, poesías, ensayos, tesis… Pero nunca una idea. Antes de explicar un poco más detallado esto, insistir en que nunca debes dejar de registrar una obra aunque esta sea pequeña si deseas tener un mínimo de protección.


Las ideas son abstractas

            Está claro que el mundo es cada vez un lugar más conectado entre sí y, esto se viene postulando desde hace siglos, existe, o al menos eso se cree, una especie de conexión entre las personas sin que parezca importar la distancia, la nacionalidad o el idioma. Se ha demostrado mediante serios experimentos que de forma espontanea diferentes personas muy alejadas entre sí y que nunca han tenido contacto entre ellas llegan a las mismas conclusiones o tienen las mismas ideas con apenas unos pocos días de diferencia; incluso con horas de diferencia. Os voy a poner un ejemplo. En Hollywood un guionista de cine se acerca a un productor y le comenta que ha tenido una genial idea para una película: un filme de espadachines en el siglo XVI. El productor pone el dinero y el guionista trabaja la historia. Semanas más tarde otro guionista se acerca a otro productor de la competencia con la misma idea. Resultado, que en un periodo de uno o dos meses se estrenan dos o hasta tres películas de espadachines en el siglo XVI. Las películas partirán de la misma base, pero las historias serán diferentes y los personajes no serán los mismos. De ahí que las ideas no se puedan registrar y no les pertenezcan a nadie.
            Consejo: Si tienes una buena idea para una novela y crees que es muy original, no se la cuentes a nadie, no la divulgues y jamás la pongas en una red social o la divulgues por Internet.
            Consejo: Si te pones en contacto con una editorial, jamás les reveles tu idea ni les des tan siquiera pistas.
            Una idea no es una novela, pero desarrollar esa idea y convertirla en una historia ya sí es algo que te pertenece puesto que tú lo has creado. Por tanto, ten en cuenta que es más que posible que existan otras obras que partan de la misma, o parecida, idea que has tenido, pero eso no significa que te hayan plagiado o copiado tu obra. Es más, continuando con lo expresado anteriormente, si tienes una idea original, se la cuentas a alguien y ese alguien luego escribe una novela con tu idea, ya no podrás hacer nada legalmente contra esa persona porque la idea no te pertenece. En cambio, la novela creada a partir de la idea ya pertenece a quien te robó la idea. Aunque moralmente está mal, legalmente es lo que hay. Muchos autores noveles, ingenuos o sencillamente inflamados de ego van contando por ahí sus ideas, argumentos sin desarrollar, personajes, etc., y pagan caro su error.

Trabaja en tu novela y no escatimes esfuerzos

            Alejado de los tópicos tan manidos sobre el mundo de los escritores, lo que te voy a explicar, amable lector, es algo que los que llevamos años escribiendo hemos aprendido: ideas, lo que se dice ideas buenas, tenemos tres o cuatro en nuestra vida. Si eres un genio, tendrás unas pocas más, pero no muchas más. Todo lo demás son ideas, historias y conflictos ya creados y lo que hacemos es dar un nuevo giro, la vuelta de tuerca, a todo eso. Por tanto, cuando tengas una idea buena, guárdatela para ti. Únicamente a personas de confianza puedes revelar tus ideas (hay escritores que ni eso), pero lo mejor es que no se las comentes a nadie. Trabaja en tu idea y conviértela en novela, tomate tu tiempo, pero hazlo. Una vez escrita la obra, corre al Registro de Propiedad Intelectual y regístrala a tu nombre.
            Si ves que vas a tardar mucho en escribir la novela, un truco para registrar la obra consiste en desarrollar ampliamente la idea, es decir, crear un resumen pormenorizado y muy detallado de varias páginas. Como prácticamente es un relato, corto, pero relato, lo puedes registrar a tu nombre en el Registro de Propiedad Intelectual. He conocido autores, jóvenes sobre todo, que por motivos económicos no registran sus obras. Es otro error que se paga caro. Registrar una obra tiene un precio que es la tasa impuesta por el Gobierno del país en donde vivas. En España, y en el momento en el que escribo esta entrada, la tasa por obra es de poco más de trece euros. No es mucho dinero, pero aunque tus dificultades económicas sean apuradas, es un gasto obligado que debes asumir.
            Existen trucos para ahorrar dinero a la hora de registrar tus obras. No es lo mismo registrar una novela de quinientas páginas que un relato de doce páginas. No es lo mismo, pero a la hora de pagar la tasa no se cuentan las páginas, sino la cantidad de obras a registrar. Por tanto, pagarás lo mismo por la novela que por el relato corto. Pero si tienes, por ejemplo, catorce relatos cortos que registrar, el truco consiste en agruparlos todos bajo un mismo título genérico. Pongamos que tus relatos cortos son de vampiros, pues los agrupas bajo el título genérico de “Historias de Vampiros”, pero conservando cada relato su título original. Cuando vas al Registro de Propiedad a registrar esos relatos, únicamente pagarás la tasa completa por el primer relato y por los otros trece una tasa especial con descuento de hasta un 70% (depende) por cada relato; lo que es un ahorro considerable. Esto se puede hacer con poemas y otras obras.

Consejos para evitar que roben la obra o ponérselo difícil a los tiburones

            El primer consejo a dar es que nunca envíes una obra a ninguna editorial si no la tienes registrada debidamente a tu nombre. Tampoco la expongas en redes sociales, ni la divulgues por otros medios no profesionales y sin contrato firmado por ambas partes. No la cedas a nadie y no permitas que nadie la utilice sin tu consentimiento.
            Ahora, el tener la obra registrada tampoco va a impedir que te plagien o copien la obra. Es una garantía legal a la hora de defender tus derechos como autor, pero si perdemos de vista nuestra obra o no tomamos mínimas precauciones, un buen día podemos descubrir que nuestra novela maestra está siendo explotada por terceros.
            Cuando envíes tus obras a editoriales, procura conocer un poco sobre la editorial. Si no puedes hacer tal cosa, nunca envíes la obra completa, sino tan sólo una fracción; normalmente suele ser el primer capítulo o las primeras veinticinco páginas. En la carta de presentación especifica que la obra está registrada a tu nombre. Guarda en casa y a buen recaudo todos los documentos del Registro de la Propiedad Intelectual. Guárdalos incluso aunque publiques la obra en una editorial.
            Nunca publiques tu obra sin contrato legal. La palabra de las personas es algo que se lleva el viento sobre todo cuando el dinero está de por medio. Si una editorial te ofrece publicar sin contrato di no. Se puede publicar una obra sin cobrar dinero por ella, yo lo he hecho, pero nunca se debe publicar una obra sin un contrato reconocido y firmado por las dos partes.

            Nunca publiques tu obra completa en blogs, páginas Web o redes sociales que no te pertenezcan. Siempre publica trozos de ella, para darla a conocer, pero nada más. Otra cosa es que decidas publicarla en portales tipo Amazon para que la gente se la descargue gratis o no, es cosa tuya.
            En ocasiones las editoriales te pueden pedir la obra completa, esto es normal, porque desean leerla para valorar su posible publicación. Pero esto suelen hacerlo una vez que te has puesto en contacto con la editorial. Recuerda, envía antes un trozo de tu obra y luego, cuando la editorial te lo pida, nunca antes, les envías la obra completa. Mientras no te digan lo contrario, envía siempre tus manuscritos en formatos tipo PDF, nunca en formatos tipo Word.
            Defiende siempre tus derechos como autor y tus obras hasta las últimas consecuencias. Puedes ceder tus derechos de publicación, pero nunca, NUNCA, cedas los derechos de autor de tus obras. Si haces eso, perderás para siempre los derechos sobre tu obra y no habrá forma de recuperarlos. Huye de las editoriales que te exijan que para publicar tu obra debas ceder antes los derechos de autor.
            Una buena forma de poder tener fuerza ante los abusos y problemas derivados sobre este asunto es unirse a asociaciones de escritores, autores, editores, etc. Aunque normalmente el acceso a estas asociaciones es difícil, sobre todo en las de renombre, no menos cierto es que existen muchas de ellas y siempre habrá alguna en la que puedas ingresar.

Reflexiones finales

            Las profesiones más ingratas suelen ser aquellas relacionadas con el arte y la cultura. Es verdad que existen otras más arriesgadas, duras física o mentalmente, incluso moralmente, pero suelen tener su remuneración y compensaciones. Ciñéndonos a la literatura, aquí no hay salarios ni compensaciones. Puedes estar años y años de tu vida escribiendo y no publicar nunca ni ver un pago en tu cuenta corriente. Además implica ciertos gastos, pues debes ser una persona culta y poseer conocimientos, teniendo que comprar libros que leer, estudiar… Es una profesión muy sacrificada y poco valorada por el amplio sector de la gente. Todos demandan libros, historias y entretenimiento, pero desprecian la figura del escritor o ni le reconocen sus mínimos derechos y no digamos ya compensar sus trabajos y esfuerzos.
            A todo esto, le tenemos encima que añadir el temor a que nuestras obras sean plagiadas o robadas, cuando no manipuladas o cualquier otra cosa. Para poner un ejemplo que todos puedan entender, es como aquella persona que trabaja duramente durante cuatro años ahorrando hasta la última moneda para comprarse el coche de sus sueños. Compra dicho coche, lo aparca por la noche y cuando al día siguiente va a por él descubre que se lo han robado y que nunca más lo verá. Cuatro años de trabajos, sacrificios y sudores para nada. Y lo peor no es el robo en sí, sino la sensación de desamparo e impotencia que se te queda en el alma y que tardará mucho tiempo en superarse. Pues esto es lo que nos ocurre a los escritores cuando nos roban o copian nuestras obras.
            Compañero escritor. Registra todas tus obras, vigílalas y defiende tus derechos con todas tus energías. No te dejes avasallar y lucha por el reconocimiento de tu profesión. Nos veremos en otra entrada.


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LOS ESCRITORES SOMOS PROFESIONALES.

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He terminado de escribir un libro, ¿qué puedo hacer para que me lo publiquen y cuáles son las precauciones que debo tomar para evitar que me lo roben o plagien?