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lunes, 6 de julio de 2020

LA GENESIS DE… VAMPIRUS

LA GENESIS DE… VAMPIRUS

 

            Una de mis novelas más curiosas es “Vampirus”, una historia de terror gótico ambientada en el siglo XVIII en el Sacro Romano Imperio Germánico. Y digo que es curiosa porque nunca hubiera esperado escribir una historia de vampiros, pero la cuestión es que las circunstancias me obligaron a ello. A pesar de ser un libro que me vi “forzado” a escribir, puse el mismo empeño que si hubiese sido cualquiera de mis otras obras y eso se notó en el sentido de que muchos de mis lectores aseguran que “Vampirus” es posiblemente mi mejor novela de ficción. Es cierto que otras novelas, como “Madrid Zombi”, son más populares, pero “Vampirus” tiene ese toque de aventura añeja que consigue llegar a un determinado sector de lectores.

Todo empezó con la moda de los vampiros.

            Sí. Corría el año 2010 y los vampiros se habían vuelto a poner de moda gracias a las películas de la saga “Crepúsculo”. Unas películas, en mi opinión, muy sencillitas y bastante mediocres destinadas a un público adolescente no demasiado exigente. En estas películas se presentaban unos vampiros… digamos bastante diferentes a los que estábamos habituados por entonces. Estos seres de la oscuridad eran prácticamente humanos pero con poderes, ya que se enamoraban, tenían celos y actuaban como cualquiera en situaciones de conflicto, especialmente conflictos relacionados con el mundo de los adolescentes. Muy lejos del vampiro malvado y sanguinario, los vampiros de “Crepúsculo” eran benévolos (algunos), altruistas y almas atormentadas por su pérdida de humanidad, siendo además, como ya he dicho, capaces de enamorarse y entrar en líos por culpa de triángulos amorosos. No parecían espectros ni monstruos, sino niñatos inmortales.

            ¿Qué clase de vampiro es ese? Pues uno que generó mucho dinero y que se puso de moda durante mucho tiempo. Visto lo visto, el inefable José Márquez A. Periano, editor de Medea Ediciones, vio la oportunidad. ¿La gente demanda productos relacionados con los vampiros? Pues saquemos a la venta libros sobre vampiros. La pega es que a ninguno de los dos el vampiro estilo “Crepúsculo” nos gustaba. Lo detestábamos. ¿Qué hacer?

Así es como se crea una historia

            José y yo teníamos una divertida manera de inventarnos las historias. Nos reuníamos en la editorial una tarde con Coca Cola y patatas fritas o bollos, y mientras comíamos y bebíamos nos poníamos a hablar. Había que crear una historia y empezábamos diciendo cuanta chorrada se nos ocurriera, sin importar lo disparatada que pudiera resultar. Uno decía algo y el otro continuaba, entonces algo nos gustaba y nos poníamos a dar vueltas y a seguir diciendo disparates, eliminando lo que no nos gustaba y quedándonos con lo que sí que luego más adelante íbamos puliendo. Esta forma de crear historias puede parecer caótica y tonta, pero os aseguro que era un fértil crisol de donde surgían muchas y alucinantes historias y la de “Vampirus” no fue una excepción.

            En el caso que nos ocupa, José era muy seguidor de un programa de la radio llamado “La rosa de los vientos” que trata sobre misterios y hechos de la Historia. En un programa José escuchó un debate acerca del primer informe oficial sobre vampirismo en Europa: el Visum et repertum.

            En este informe, que existe, se habla de supuestos ataques de vampiros en una aldea remota de Serbia, que por entonces pertenecía al Sacro Romano Imperio Germánico, y que fueron investigados por una comisión imperial al mando del cirujano militar Dr. Johann Flückinger, al que acompañaron dos militares y otros dos cirujanos militares. La misión de esta expedición era encontrar a un haiduk (un campesino) llamado Arnold Paole del que se sospechaba se había convertido en vampiro y que era responsable del fallecimiento de dieciséis vecinos. El Visum et repertum es un detallado informe del resultado de las autopsias de las víctimas así como de las investigaciones e interrogatorios llevados a cabo en la zona y a los testigos. En 1731 Flückinger publicó un libro con el informe al que llamó Visum et repertum y fue tal el éxito del libro que desde entonces el término vampirus (vampiro) se popularizó en Europa y por eso ha llegado a nuestros días.

La novela

            Por supuesto, el informe histórico no podía convertirse en una novela si antes no se hacía muchos cambios, entre ellos la probada existencia de los vampiros. Tomando los personajes reales, el informe y realizando bastantes cambios logré crear una historia más entretenida y llena de suspense. Fue un primer borrador que no me terminó de convencer del todo. José insistía en que tenía que ser una historia parecida a “Crepúsculo”, pero por más vueltas que le daba no me cuadraba eso con un informe del siglo XVIII. Hasta que se me ocurrió prescindir de “Crepúsculo” y retomar la figura del vampiro tradicional.

            Soy un gran fan de las películas de la Hammer de los años 70. Sus películas de Drácula, el doctor Frankenstein, monstruos y vampiros siempre me han parecido de lo mejor. El ambiente gótico que poseen esas películas iría de perlas para “Vampirus”. Si lograba recrear esa ambientación y a los vampiros los convertía en los vampiros de la Hammer entonces la historia de “Vampirus” tomaba una forma mucho más consistente y atractiva; las piezas encajaban.

            Claro que José no estaba por la labor de tantos cambios. Estaba empeñado en el estilo “Crepúsculo” y yo seguía insistiendo en que lo mejor era un vampiro gótico estilo Hammer. Como no nos poníamos de acuerdo, le pedí a mi editor que me dejara escribir un argumento de varias páginas y que tomara una decisión tras leerlo. A los pocos días José leyó el argumento y quedó convencido: mi idea era mejor. Hubo algunos cambios más y el argumento terminó por cerrarse del todo. Ya solo quedaba ponerse a trabajar.

            Mi editor me apremió para que terminara cuanto antes la novela, ya que debíamos aprovechar la moda y el tirón comercial de “Crepúsculo” antes de que se agotara. Para darme mayor estímulo a la hora de escribir, incluso me adelantó parte de las ganancias.

Problemas vampíricos

            “Vampirus” es la novela más rápida que he escrito hasta el momento. Algo más de doscientas páginas que fueron escritas en apenas veinticinco días. Fue un arduo trabajo que llevé a cabo con toda la diligencia posible. Entregué el manuscrito a mi editor confiando en que para Navidades (la novela la escribí en septiembre) podríamos ponerla a la venta y aprovechar el tirón de ventas de esas señaladas fechas. Mas a partir de aquí todo fueron problemas y retrasos.

            Para empezar, había que corregir y maquetar la novela. La corrección fue un desastre. El responsable era muy lento y apenas corregía dos o tres páginas por día y eso cuando aparecía por la editorial. Los días se fueron sucediendo y la fecha de publicación se acercaba a toda velocidad. En cuanto a la maquetación, más de lo mismo. Por aquel entonces la editorial se había quedado sin maquetador y de esa tarea se encargaba José o cualquier otra persona. El problema es que José siempre andaba hasta arriba de trabajo o la otra persona pues tampoco fue muy responsable y los retrasos se siguieron sucediendo, hasta tal punto que llegó Navidad y la novela estaba sin corregir, sin maquetar y no tenía ni tan siquiera portada.

            Perdida la ventana de las fiestas navideñas, y con el desierto del invierno por delante, solo quedaba publicar la novela en primavera haciéndola coincidir con las Ferias de Libros. Se volvió a empezar y ya se contó con una portada obtenida de un portafolio de una autora que había trabajado para Medea: Marcela Bolívar. Se pagaron los derechos de autor, se cogió la ilustración y con ella se creó la portada de “Vampirus”. Era una muy buena ilustración, pero poco tenía que ver con el libro. No obstante, era bonita y comercialmente atractiva, así que se pensó que sería adecuada.

            Y esto fue el único triunfo conseguido en esos meses, porque otra vez los retrasos fueron la constante y la novela tampoco se pudo publicar esa primavera. Ni en verano. Ni en Navidad. Tardó dos años en ver la luz, y cuando lo hizo también se cometieron graves errores.

            La editorial ya era un caos, con la gente pasando de trabajar y los editores perdidos en sus proyectos personales y dejando de lado otros, con lo que al final los libros, de unos y de otros, nunca estaban a punto y siempre tenían retrasos en sus lanzamientos. Lo peor es que se creaban expectativas con los puntos de distribución y venta ya que la editorial enviaba catálogos y fechas de lanzamientos de obras que luego no se cumplían. Cuando tras muchos meses de retraso por fin salían dichas obras a la venta ya era demasiado tarde pues el interés se había perdido. Algo así pasó con “Vampirus”. Para empezar, con la saga “Crepúsculo” ya olvidada y con los zombis pegando fuerte, una novela sobre vampiros no encajaba muy bien en ese momento. Y encima, para terminar de estropearlo todo, tanto el editor como el maquetador se equivocaron y enviaron a imprenta un documento sin corregir y con fallos en la portada. Resultado: un libro defectuoso repleto de errores y con una portada inacabada. Obviamente, apenas tuvo ventas y los libreros se quejaron por la mala calidad del producto.

            Se tuvo que hacer una segunda edición y corregir todos esos errores. En ese momento entró a trabajar por un tiempo a la editorial en calidad de maquetador y portadista mi amigo Juanjo Maillo, un pedazo de artista que imprimió a las portadas un gran nivel de calidad. Por desgracia solo estuvo un breve tiempo donde realizó un enorme trabajo. La novela por fin salió publicada como debía, pero también pasó un tiempo y las ventas realmente fueron malas. Todo lo que pudo salir mal con el proyecto de “Vampirus” salió mal.

El tiempo lo fue remediando

            Aunque tuvo malas ventas, “Vampirus” caló entre esos lectores que enseguida hicieron un boca a boca y un movimiento por las redes sociales animando a la gente a que leyera una historia “clásica” de vampiros que atrapaba y era bastante buena. Hubo entonces un lento y constante goteo de ventas hasta que la editorial terminó por cerrar.

            A pesar del cierre, al correo de la editorial llegaban peticiones de clientes y librerías pidiendo más ejemplares de “Vampirus”, así que creí que debía intentar seguir manteniendo la novela a la venta como fuera. Intenté varias opciones, siendo la primera enviar el manuscrito a otras editoriales. No tuve ningún éxito. En España prácticamente no tuve respuestas ni ofertas por parte de las editoriales que por entonces ya habían entrado en una monolítica política de publicación (como ya explico en otras entradas) y no querían saber nada de novelas que no fueran a ser un éxito de ventas desde el primer día. Sí que recibí ofertas de editoriales latinoamericanas, pero sus condiciones no me convencieron y deseché publicar con ellas. Solo una editorial argentina, NeD, se ofreció a publicar la novela, solo que en formato digital. Tampoco acepté más que nada porque fue cuando puse la vista en Amazon, que recién había creado su apartado de publicación y daba la posibilidad de poder llegar con tu libro a decenas de miles de lectores.

            Corregí y retoqué ligeramente la novela, más adelante cree una nueva portada que me hizo la maravillosa Les y la puse a la venta tanto en formato libro digital como en formato de papel.

            Las ventas de “Vampirus” nunca fueron grandes, más bien modestas, pero en compensación es una de mis obras mejor valoradas y criticadas por los lectores, que gustan de una historia de vampiros a la antigua usanza y que valoran ese estilo a lo Hammer. Otra de las características por la que gusta la novela es su estilo “visual” (estilo cinematográfico y del que hablo también en otras entradas), directo y muy entretenido. A pesar del toque de aventura, otra cosa que también gusta mucho a los lectores es su parte de suspense y terror que atrapa y hace difícil dejar la lectura, así como un protagonista con pies de barro que en un principio hasta cae antipático (como fue mi intención).

            “Vampirus” fue uno de mis primeros libros en ser escrito utilizando ese estilo “visual” que me define. Lo hice a propósito y desde entonces lo empleo con determinadas novelas. La obra sigue su curso y, como ya he dicho, no es pródiga en ventas, pero se sigue considerando entre mis lectores como una de mis mejores obras de ficción. Sé que es una historia para un determinado público, y sé que sería una buena película si alguien se decidiera a producirla.

            Si deseas pasar un buen rato de suspense y aventura en paramos helados y terribles, esta es tu lectura. Sigue la pista al vampiro en el siglo XVIII y prepárate para enfrentarte al Mal en su estado más puro.

           

 

 

 



 

 

 

 

 

 

 

viernes, 6 de marzo de 2020

LOS DIOSES OSCUROS


LOS DIOSES OSCUROS

“Este es un libro de aventuras y de ficción, es por eso que no se respeta la Historia ni se pretende dar lecciones sobre nada excepto en entretener y dejar volar libremente la imaginación. Dentro del mundo en el que vivimos, existen otros que pudieron ser, que no se rigen por las mismas leyes que el nuestro. Este es uno de esos mundos.”

            Cuando comiences a leer una de mis novelas y veas esta introducción, eso significa que te vas a adentrar en una historia donde en cierto momento (ya bien sea de pasada o insertada en la trama principal) te vas a encontrar con referencias a los Dioses Oscuros y/o sus seguidores. Ahora la pregunta es la siguiente: ¿qué o quiénes son los Dioses Oscuros?

Los orígenes

            Cuando publiqué por primera vez con Ediciones Medea (allá por el lejano año de 2006) “La caída del Águila” los lectores se encontraron con una historia rara que se salía fuera de lo común, pues la historia se centraba en un hecho histórico en el año 9 a. C. y después pasaba a convertirse en una aventura de ficción con elementos sobrenaturales perturbadores que recordaban poderosamente a las entidades cósmicas de H. P. Lovecraft. “La caída del Águila” es una ucronía sobrenatural, una novela que incide en un determinado momento histórico transcendental que supuso para la antigua Roma un punto de inflexión, aunque eso no es de lo que quiero hablar en esta entrada, sino de los Dioses Oscuros.
            En un punto de la trama los personajes se toparon con cosas que no pertenecían a su mundo, criaturas abominables que poseían seguidores que las adoraban y obedecían. Dichas criaturas eran a su vez siervos de otras inteligencias más poderosas y tan extrañas a todo lo humano que eran sencillamente incomprensibles: los Dioses Oscuros.

Que son los Dioses Oscuros

            En la novela, los Dioses Oscuros son entidades que moran en abismos más allá de nuestra realidad y universo, desterrados a otros planos por una coalición de dioses tras una lucha que se libró hace eones en los confines del universo. Derrotados, los Dioses Oscuros han jurado retornar y destruir la Creación y con ella la Vida, que es lo que da sustento a los dioses que los mortales conocen y adoran. O quizás tengan otros motivos, pero eso es algo que no se puede saber con certeza ya que sus mentes alienígenas y poderosas están muy por encima de nuestros pobres conceptos de Bien y Mal, comprensión y empatía.
            Puesto que los Dioses Oscuros no pueden acceder a nuestro plano de la realidad y se encuentran mermados en cuanto a poder, deben actuar con cautela para evitar llamar la atención de los demás dioses que, confiados, creen que el peligro de los Dioses Oscuros ha sido erradicado. Para evitar ser descubiertos, los Dioses Oscuros han aprendido a enviar siervos, criaturas ínfimas pero que aún así son poderosas, a nuestra realidad para que ejecuten sus planes. Estas criaturas fueron tomadas por dioses por los primeros hombres y adoradas como tales, cometiendo en su nombre atrocidades y horribles crímenes. Los siervos de los Dioses Oscuros pretendían llevar a la depravación y degeneración al ser humano, para de esta forma conducirlo a la locura y permitir el paso a nuestra realidad a los Dioses Oscuros. Por fortuna, la Humanidad siempre ha contado con campeones que se han enfrentado a estas criaturas y han acabado con ellas, pero no con todas.
            También, en ocasiones, ciertos dioses han intervenido a favor de la Humanidad a pesar de que han menguado en poder debido a que sus adoradores han ido decreciendo en número a lo largo de los siglos. Esto ha conducido a enfrentamientos entre los mortales, tribus contra tribus, imperios contra imperios, manipulados unos y otros por los dioses como se puede apreciar en La Saga del Águila.

 
Influencias

            Es obvio, para el lector avispado, que los Dioses Oscuros son una clara influencia de los dioses primigenios, creaciones de H. P. Lovecraft englobadas en lo que se conoce como Mitos de Cthulhu. Es algo que nunca he negado ni escondido, al contrario. Cualquiera que se haya leído la edición de “La caída del Águila” de Medea habrá comprobado en la introducción o en la dedicatoria que la novela está dedicada a tres de los autores que más me han impresionado e influenciado en esto de escribir: H. P. Lovecraft, Robert E. Howard y Arthur Conan Doyle. Del primero su terror cósmico, del segundo su sentido de la aventura y la épica y del tercero el suspense. Estos tres autores conforman para mí una triada insuperable. Los Dioses Oscuros beben mucho de Lovecraft, pero también de los otros dos autores. De unos y otros he ido tomando esto, aquello y dándole mi particular visión y haciéndolo encajar en el universo que a su vez creé. No se trata de un plagio, sino de un sentido homenaje. Si en el universo primigenio de Lovecraft la Humanidad no es más que una mota de polvo insignificante que se encuentra indefensa, en mi universo es una pieza importante del tablero cósmico, dueña de su destino y capaz de influir en los acontecimientos aunque la mayoría de las veces ni tan siquiera sea consciente de ello. Si en Lovecraft no hay prácticamente forma de enfrentarse a las abominaciones que surgen de abismos pavorosos, en mi universo el honesto valor humano, el buen acero y el fuego son armas eficaces para acabar con cualquier monstruo a pesar de su poder. Incluso las poderosas entidades como los Dioses Oscuros son vulnerables a ciertos hechizos o dependen de los humanos para llevar a cabo sus planes.
            En definitiva, aunque en un principio puedan parecer muy parecidos, las entidades de Lovecraft y las mías difieren en muchos aspectos, siendo el principal que en mi universo la Humanidad escribe su propio Destino mientras que en el de Lovecraft está condenada a la extinción o a la más pavorosa de las locuras.

 
Los Dioses Oscuros en la realidad

            No solamente Lovecraft o Howard han influido a la hora de crear los Dioses Oscuros, también lo ha hecho la Historia y los propios seres humanos. No hay más que acercarse a los libros de Historia y Antropología para darse cuenta que, increíblemente, los seres humanos hemos estado adorando (y seguimos haciéndolo) por miles de años a los Dioses Oscuros.
            Estos han desfilado por la historia con otros nombres, tales como Huitzilopochtli, Ahriman, Moloch Baal, Melkart, Satán y tantos otros a los que se ha sacrificado vidas humanas o dedicado guerras en su nombre. Son los dioses oscuros de nuestra Antigüedad, dioses de los muertos, de la Muerte y de la destrucción, del caos, la locura y la sangre, dioses que siempre han tenido necios adoradores que han sembrado de muerte y fuego las páginas de la Historia. Son arquetipos oscuros que nacen en lo más profundo de nuestra psique, pues no hay que olvidar que cada uno de nosotros posee un trozo de oscuridad enterrado en lo más profundo de nuestro ser que en ocasiones dejamos aflorar a la superficie, bien sea de forma consciente o no.
            No solamente los Dioses Oscuros han proliferado en la Antigüedad, sino que han llegado a nuestros días, ya que se nutren principalmente de la estupidez, malicia, avaricia y sobre todo de la ignorancia de los seres humanos, defectos que en la actualidad siguen abundando por desgracia en las sociedades, sobre todo, por paradójico que parezca, en las llamadas “primeras naciones”. Han cambiado de nombre, por supuesto, pues los Dioses Oscuros son hábiles en seguir vivos a través de las eras, son mutables y saben adaptarse para llegar con mayor facilidad a los débiles de mente y negros de corazón. Han adoptado el nombre de fascismo, comunismo, socialismo, progresismo, consumismo desenfrenado, fanatismo, intolerancia, arrogancia… y en su nombre se llevan a cabo guerras o se destruyen países, se conduce al hambre y a la miseria a naciones o se las expolia de sus recursos, se sacrifican niños en aras de supuestos derechos o se inmolan personas en nombre de la Ciencia. Ellos están ahí, siempre han estado ahí aunque nos neguemos a reconocerlo. La oscuridad es su mejor baza, que no se crea en ellos también, pues así tienen más libertad de movimiento y pueden llevar a cabo sus planes. No en vano se les conoce como los Dioses Oscuros.

¿Por qué crear un universo así?

            La respuesta más simple es porque no. Cuando escribí “La caída del Águila” comprobé que había calado mucho entre los lectores la idea de los Dioses Oscuros. Cuando más adelante escribí “Carnis Vorax” y “Vampirus” me dije que sería gracioso meter algún pequeño detalle que conectaran estas dos novelas con “La caída del Águila”. Fue entonces cuando me di cuenta que bien podía crear un universo ficticio que tuviera una cosa en común: los Dioses Oscuros en mayor o menor medida. No es un universo con una fácil comprensión o con un sentido cronológico de los acontecimientos. Juego con la idea de que si bien, quizás, “Apocalipsis maya; con zombis” y “Madrid Zombi” sí que pueden pertenecer al mismo universo y seguir un orden, no tiene, en cambio, que pasar lo mismo con “La caída del Águila” o “Vampirus”… ¿o puede que sí?
            Cada lector puede sacar sus propias conclusiones. Mi intención es atizar la imaginación del lector para que pueda volar a otros mundos tan fantásticos como aterradores y pasar un buen rato. Que tenga, además, la sensación de que se ha introducido en un mundo que parece estar conectado, que juegue con esa idea que potenciará aún más la historia que se ha leído y por tanto la apreciará más. O a lo mejor es consciente de que viaja por diferentes mundos, otras realidades que se juntan gracias a un hilo común que es la presencia de entidades perturbadoras más allá de nuestro entendimiento, capaces de ir de un plano existencial a otro y dejar allí plantada su semilla de lo que nosotros consideramos el mal, pero que para ellos no es más que llevar adelante sus proyectos, como cuando nosotros construimos una casa y no nos fijamos, ni nos importa, que cuando las máquinas excavadoras crean los cimientos estamos destruyendo hormigueros y otros mundos de ínfimo tamaño.


           















           



viernes, 18 de enero de 2019

LA GÉNESIS DE… EL PUEBLO DE LAS NUBES


LA GÉNESIS DE… EL PUEBLO DE LAS NUBES



            En esta nueva entrada dedicada a responder a la pregunta de por qué me dio por escribir tal libro, vamos a hablar de mi novela histórica EL PUEBLO DE LAS NUBES. Dicha obra está ambientada a finales del siglo XVI y principios del XVII en tierras de Nueva España y Nueva México, en la expedición del llamado “último de los conquistadores”: Juan de Oñate y Salazar.

Un poquito de contexto histórico

            Juan de Oñate protagonizó una expedición por lo que es hoy el suroeste de los Estados Unidos en 1598 reinando ya en España Felipe II. Alejada de las grandes conquistas que supusieron los imperios inca y mexica (azteca), la expedición de Oñate poseía otros objetivos muy distintos, tales como la búsqueda de tierras fértiles para la agricultura y la ganadería, el hallazgo de minas de oro y plata (las encontradas en Zacatecas, de plata, despertó la creencia entre los españoles que más al norte de Nueva México era posible encontrar nuevas minas), el contacto con tribus indias y establecer pactos de alianza y comercio y, sobre todo, encontrar el muy importante paso al mar del sur que se creía no podía estar muy lejos. Hay que recordar que por entonces no se pensaba que la parte de Norteamérica fuera tan grande y se pensaba que el mar del sur no podía hallarse muy lejos. De encontrar dicho paso, las posibilidades para el comercio eran ilimitadas.
            Lo que no podía imaginar Oñate, ni los miembros de la expedición, es que lo que iban a encontrar serían tierras desérticas o de pocos pastos, calores ardientes, fríos glaciales, tribus indias muy pobres y ríos anchos y problemáticos. Y por si fuera poco todo esto, también se las verían con indios muy hostiles de nombres tan míticos como los apaches o los comanches, pero sobre todo con los indios más valientes y fuertes de todo aquel extenso y desconocido territorio: los indios de Acoma, el pueblo de las nubes.
            Aunque en un principio las relaciones entre los españoles y los indios fueron buenas, pronto los de Acoma comprendieron que si se dejaba hacer a los recién llegados sus políticas de alianzas y comercio, la ciudad de Acoma, enclavada en lo alto de una escarpada y alta montaña de pico plano, perdería su puesto de primacía entre las demás tribus y quedarían relegados a un segundo plano. Decidieron entonces los de Acoma atacar primero y a traición a los españoles confiando que las demás tribus se les unirían. Se iniciaría así lo que la Historia ha dado a conocer como “la guerra de la Roca”.

La novela EL PUEBLO DE LAS NUBES

            Dentro de ese hecho histórico que es la expedición de Juan de Oñate y “la guerra de la Roca”, se encuentra otra historia que es ficción, pero que entrelaza muy bien con los acontecimientos y personajes históricos. Uno de los principales protagonistas de la novela es Juan de Maqueda, el líder indiscutible de su clan, los Maqueda. Toda la familia Maqueda está gravemente enemistada con otra familia, los Carmona, cuyo líder es Carlos de Carmona. Ambos clanes se ven enfrentados por sucesos sangrientos del pasado y desean buscar venganza. No obstante, los Maqueda y los Carmona son obligados por Juan de Oñate a iniciar una tregua ya que ambas familias participan en la expedición.
            Puesto que terminar con éxito la expedición es muy importante para los dos clanes, todos los miembros de los mismos respetan la tregua; al menos mientras dure la expedición. Durante el trayecto por cientos de kilómetros de tierra hostil, dura y seca, no parece haber problema entre los Maqueda y los Carmona, pero los acontecimientos se disparan a raíz del encuentro y relación entre Bartolomé de Maqueda, el hermano pequeño, y la también hermana pequeña de los Carmona, Isabel.
            El desencadenante de la guerra contra los indios de Acoma y la amenaza del levantamiento de algunas tribus indias supuestamente aliadas de los españoles también agravan el conflicto entre los Carmona y los Maqueda. Graves y sangrientos pecados del pasado saldrán a relucir y el honor, el sacrificio y la muerte se verán enfrentados en una feroz vorágine.

¿De dónde vino la idea de escribir esta novela?

            En 2009 salió a la venta un libro de divulgación histórica titulado “Banderas lejanas” escrito por Fernando Martínez Laínez y Carlos Canales. El resumen del libro enseguida me atrajo la atención. Dice así:
“En gran parte desconocida por los propios españoles, la gesta de la exploración, conquista y defensa que llevó a cabo España en lo que hoy son los Estados Unidos de América supone un acontecimiento histórico capital. Durante trescientos años, soldados, navegantes, misioneros, colonos y descubridores al servicio de España plantaron sus banderas en fuertes, poblados, misiones y ciudades repartidos por toda América del Norte, desde los límites de México hasta la frontera canadiense y Alaska. Españoles fueron los primeros europeos que avistaron el Cañón del Colorado, cruzaron el río Misisipi, atravesaron las llanuras de Kansas, se internaron en los desiertos de Nevada o fundaron ciudades como Los Ángeles, Santa Fe o San Francisco. Mucho antes de que Estados Unidos existiera como nación, España había conquistado ya el Far West y combatido o pactado con las principales tribus indias que luego el cine de Hollywood haría famosas. Desde Florida a California las enseñas hispanas ondearon sobre un enorme territorio que tuvo que ser defendido con escasísimos recursos. Este libro incluye por primera vez la lista de todos los fuertes, puestos fortificados, misiones y presidios españoles en Estados Unidos y Canadá. Con amenidad y rigor documental, presenta también una panorámica completa de los esfuerzos políticos y militares, y de los personajes que contribuyeron a fijar la historia apasionante, violenta en ocasiones y casi siempre heroica, de unos hechos que merecen ser rescatados del olvido y formar parte de la memoria colectiva hispanoamericana.”
Es un libro apasionante cargado de momentos históricos totalmente épicos y repleto de aventura, heroísmo y sacrificio. Si todas estas gestas e historias hubieran sido protagonizadas por ingleses o norteamericanos, no quedaría ninguna duda de que se hubieran hecho multitud de películas, series de televisión y se habrían escrito cientos de libros sobre todos y cada uno de los temas mencionados en el libro “Banderas lejanas”.
            Me sorprendió que en España no solamente no se conociera apenas nada de esto, sino que tampoco hubiera muchos libros, o novelas, al respecto. Bueno, ya sabemos que en España la ignorancia de su Historia es un hecho por desgracia constatado, así que no insistiré mucho en tal cuestión porque esta no es la entrada adecuada para ello, pero me propuse, a través de mi novela, aportar un granito de arena a la ingente tarea de intentar acercar estos hechos al gran público, tanto de dentro como de fuera de España.
            Del libro “Banderas lejanas” se pueden sacar múltiples historias. De hecho, mi idea es escribir un par de libros de los Dragones de Cuera, aunque eso queda para más adelante.
            Otra de las intenciones de “El pueblo de las nubes” es seguir atacando a la Leyenda Negra y a todos los prejuicios y mentiras que pululan alrededor de la Conquista. No se trata de enjuagar los hechos ocurridos, ni los errores, pero desde luego, no se puede permitir la constante difamación y manipulación a la que es sometida constantemente la Historia de España. También quiero, con mi novela, hacer un homenaje a la gesta de unos hombres y mujeres que abrieron nuevas rutas y establecieron contactos con otras culturas. Es inaudito que estos hechos se conozcan, se estudien en las escuelas de Estados Unidos y hasta se celebren sus efemérides y, en cambio, en España no solamente no se conozcan sino que no se haga nada por conocerlo.

Documentación y trabajo previo

            Cuando se quiere escribir novela histórica, al menos si deseas ser un mínimo fiel a la Historia (porque existe mucha novela que se considera histórica, pero no lo es) lo primero que hay que hacer siempre es documentarse y estudiar mucho la época histórica sobre la que deseas escribir. Pero la tarea no era tan fácil como parecía, porque como ya he explicado, no hay mucho material en español acerca de la expedición de Juan de Oñate. En la actualidad prácticamente apenas hay nada acerca del tema y tuve que ir a librerías de antiguo y segunda mano a rebuscar entre las estanterías. Tuve suerte y encontré unos pocos libros sobre el tema, en concreto una pequeña joya de los años setenta que trataba exclusivamente de la expedición de Juan de Oñate. Con información en páginas Web en inglés pude también ir rellenando huecos y documentarme mejor.
            Pero sobre todo me fue de gran utilidad y donde más me apoye la obra de Gaspar Pérez de Villagrá, militar y poeta que fue capitán en la expedición de Juan de Oñate. A raíz de los sucesos que le tocó vivir, Villagrá compuso su obra “Historia de la Nueva México”, que si bien está escrita en verso y se compone de ciertos elementos floridos, con el tiempo se ha demostrado que todo lo escrito en ella es rigurosamente cierto.

            Para conocer mejor a los indios y las duras condiciones en las que vivían, tiré también de otros autores clásicos y más crónicas de la época, teniendo finalmente una gran documentación que me permitió poder afrontar el trabajo de escribir la novela con ciertas garantías.

Escribiendo la novela

            Con todo, no fue tarea fácil escribir la obra, porque constantemente debía parar para seguir estudiando y corrigiendo errores históricos. Aunque la trama de ficción ya la tenía completamente pensada, tener que cuadrar esos hechos con los históricos me supuso un enorme trabajo.
            Como me suele ocurrir cuando escribo, al principio me entró el pánico al creer que no sería capaz de llevar a buen término la novela. A pesar de tener ya más de quince años de experiencia escribiendo, ese miedo es eterno. Luego, a medida que voy escribiendo y las páginas se van sucediendo una tras otra el miedo se convierte en determinación y en ganas de seguir para terminar cuanto antes y poder disfrutar de la historia terminada. Y también, como es habitual, los personajes tomaron “vida propia” y me impusieron sus personalidades y carácter. Ellos me ayudaron a que todo encajara.
            Me llevó algo más de un año escribir la novela. Tuve que parar en múltiples ocasiones para corregir o reescribir ciertas partes, y de igual forma me vi obligado a cambiar pequeños detalles históricos para que las historias de los personajes de ficción encajaran con facilidad en las tramas históricas; nada que cambiara el desarrollo histórico en general, pero es conveniente avisarlo.
            Una vez terminada la obra, y tras registrarla previamente en el Registro de Propiedad Intelectual, me dediqué a enviarla a diferentes editoriales con la intención de que la publiquen. Hasta el momento no he tenido suerte. He recibo varias ofertas de países latinoamericanos, pero sus condiciones no me convencieron y las rechacé. En España me he topado con la indiferencia por un lado, y por el otro con lo políticamente correcto que impregna en la actualidad nuestra sociedad. O dicho con otras palabras: me topé con la CENSURA.
            Sí, la censura. Aunque muchos sigáis teniendo una venda en los ojos que os impide ver la realidad, lo cierto es que en estos tiempos hay más censura en la literatura que en los tiempos del tío Paco. Es lamentable, pero es así. Recibí dos ofertas de unas editoriales para la publicación de “El pueblo de las nubes”, pero entre las condiciones para publicarla se encontraba el realizar cambios drásticos en el argumento y en eliminar ciertos pasajes. En concreto, se me pedía que eliminara lo que para estos nuevos censores y entes totalitarios de mentes cerradas se consideraba una “visión negativa” de los indígenas. Es decir, los indios nunca pudieron cometer traiciones, ni asesinatos, ni ser los primeros en atacar a los hombres blancos. En todo caso, los indios se limitaban a ser víctimas y a defenderse de los ataques de los malvados (y racistas) hombres blancos. Por lo mismo, los españoles no podían ser hombres (o mujeres) de probado valor, honor y compromiso moral tanto con los suyos como para con los indios. Me pedían que la visión que debía dar de los conquistadores siempre tuviera que ser bajo el prisma de que eran “malos”, “fanáticos” y “asesinos”.

            Por supuesto, a estas editoriales, educada, pero firmemente, las mandé a freír espárragos. Yo no escribo para estos tiempos, ni para ideologías. No sirvo más que a los lectores y a la Literatura. No soy un maestro, ni un inmortal de las letras, pero desde luego no voy a consentir que mis obras se vean convertidas en pastiches ideológicos según los tiempos que sean. Antes quemo todos mis libros y me muero de hambre.
            No voy a expandirme más en este tema. Tengo pensado más adelante escribir una entrada en el blog dedicada al asunto de la censura en la literatura española y como ciertos autores de renombre, a pesar de sus gritos de indignación y rasgar de vestiduras, se han rendido a ella. Así pues, terminemos con esta entrada diciendo que estoy muy orgulloso de “El pueblo de las nubes”. La considero una obra muy completa, que me costó trabajar terminar, pero una gran satisfacción cuando lo hice. Un proyecto personal que se puede conseguir bien en formato libro electrónico o formato libro en papel a través de Amazon. Ya son muchos los lectores que han disfrutado de la trama y de los personajes y me han escrito para comentarme sus partes preferidas o simplemente para dejar sus opiniones.
            A todos gracias por leer mis libros. Qué sería un autor sin sus lectores. Nada. Pero que sería un autor sin honor, ni valor, ni convicción en las ideas que cree. Un esclavo, eso sería.
            Así pues, amable, lector, toma tu mochila, la espada, el bastón de caminar y adéntrate en un territorio tan hostil como hermoso. Si te das prisa, todavía podrás ver la nube de humo que levantan las carretas y los animales de la expedición de Juan de Oñate. Ellos fueron los primeros pioneros y sus aventuras hacen palidecer a todas las historias del Far West norteamericano. Sumérgete en la Historia.