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lunes, 6 de julio de 2020

LA GENESIS DE… VAMPIRUS

LA GENESIS DE… VAMPIRUS

 

            Una de mis novelas más curiosas es “Vampirus”, una historia de terror gótico ambientada en el siglo XVIII en el Sacro Romano Imperio Germánico. Y digo que es curiosa porque nunca hubiera esperado escribir una historia de vampiros, pero la cuestión es que las circunstancias me obligaron a ello. A pesar de ser un libro que me vi “forzado” a escribir, puse el mismo empeño que si hubiese sido cualquiera de mis otras obras y eso se notó en el sentido de que muchos de mis lectores aseguran que “Vampirus” es posiblemente mi mejor novela de ficción. Es cierto que otras novelas, como “Madrid Zombi”, son más populares, pero “Vampirus” tiene ese toque de aventura añeja que consigue llegar a un determinado sector de lectores.

Todo empezó con la moda de los vampiros.

            Sí. Corría el año 2010 y los vampiros se habían vuelto a poner de moda gracias a las películas de la saga “Crepúsculo”. Unas películas, en mi opinión, muy sencillitas y bastante mediocres destinadas a un público adolescente no demasiado exigente. En estas películas se presentaban unos vampiros… digamos bastante diferentes a los que estábamos habituados por entonces. Estos seres de la oscuridad eran prácticamente humanos pero con poderes, ya que se enamoraban, tenían celos y actuaban como cualquiera en situaciones de conflicto, especialmente conflictos relacionados con el mundo de los adolescentes. Muy lejos del vampiro malvado y sanguinario, los vampiros de “Crepúsculo” eran benévolos (algunos), altruistas y almas atormentadas por su pérdida de humanidad, siendo además, como ya he dicho, capaces de enamorarse y entrar en líos por culpa de triángulos amorosos. No parecían espectros ni monstruos, sino niñatos inmortales.

            ¿Qué clase de vampiro es ese? Pues uno que generó mucho dinero y que se puso de moda durante mucho tiempo. Visto lo visto, el inefable José Márquez A. Periano, editor de Medea Ediciones, vio la oportunidad. ¿La gente demanda productos relacionados con los vampiros? Pues saquemos a la venta libros sobre vampiros. La pega es que a ninguno de los dos el vampiro estilo “Crepúsculo” nos gustaba. Lo detestábamos. ¿Qué hacer?

Así es como se crea una historia

            José y yo teníamos una divertida manera de inventarnos las historias. Nos reuníamos en la editorial una tarde con Coca Cola y patatas fritas o bollos, y mientras comíamos y bebíamos nos poníamos a hablar. Había que crear una historia y empezábamos diciendo cuanta chorrada se nos ocurriera, sin importar lo disparatada que pudiera resultar. Uno decía algo y el otro continuaba, entonces algo nos gustaba y nos poníamos a dar vueltas y a seguir diciendo disparates, eliminando lo que no nos gustaba y quedándonos con lo que sí que luego más adelante íbamos puliendo. Esta forma de crear historias puede parecer caótica y tonta, pero os aseguro que era un fértil crisol de donde surgían muchas y alucinantes historias y la de “Vampirus” no fue una excepción.

            En el caso que nos ocupa, José era muy seguidor de un programa de la radio llamado “La rosa de los vientos” que trata sobre misterios y hechos de la Historia. En un programa José escuchó un debate acerca del primer informe oficial sobre vampirismo en Europa: el Visum et repertum.

            En este informe, que existe, se habla de supuestos ataques de vampiros en una aldea remota de Serbia, que por entonces pertenecía al Sacro Romano Imperio Germánico, y que fueron investigados por una comisión imperial al mando del cirujano militar Dr. Johann Flückinger, al que acompañaron dos militares y otros dos cirujanos militares. La misión de esta expedición era encontrar a un haiduk (un campesino) llamado Arnold Paole del que se sospechaba se había convertido en vampiro y que era responsable del fallecimiento de dieciséis vecinos. El Visum et repertum es un detallado informe del resultado de las autopsias de las víctimas así como de las investigaciones e interrogatorios llevados a cabo en la zona y a los testigos. En 1731 Flückinger publicó un libro con el informe al que llamó Visum et repertum y fue tal el éxito del libro que desde entonces el término vampirus (vampiro) se popularizó en Europa y por eso ha llegado a nuestros días.

La novela

            Por supuesto, el informe histórico no podía convertirse en una novela si antes no se hacía muchos cambios, entre ellos la probada existencia de los vampiros. Tomando los personajes reales, el informe y realizando bastantes cambios logré crear una historia más entretenida y llena de suspense. Fue un primer borrador que no me terminó de convencer del todo. José insistía en que tenía que ser una historia parecida a “Crepúsculo”, pero por más vueltas que le daba no me cuadraba eso con un informe del siglo XVIII. Hasta que se me ocurrió prescindir de “Crepúsculo” y retomar la figura del vampiro tradicional.

            Soy un gran fan de las películas de la Hammer de los años 70. Sus películas de Drácula, el doctor Frankenstein, monstruos y vampiros siempre me han parecido de lo mejor. El ambiente gótico que poseen esas películas iría de perlas para “Vampirus”. Si lograba recrear esa ambientación y a los vampiros los convertía en los vampiros de la Hammer entonces la historia de “Vampirus” tomaba una forma mucho más consistente y atractiva; las piezas encajaban.

            Claro que José no estaba por la labor de tantos cambios. Estaba empeñado en el estilo “Crepúsculo” y yo seguía insistiendo en que lo mejor era un vampiro gótico estilo Hammer. Como no nos poníamos de acuerdo, le pedí a mi editor que me dejara escribir un argumento de varias páginas y que tomara una decisión tras leerlo. A los pocos días José leyó el argumento y quedó convencido: mi idea era mejor. Hubo algunos cambios más y el argumento terminó por cerrarse del todo. Ya solo quedaba ponerse a trabajar.

            Mi editor me apremió para que terminara cuanto antes la novela, ya que debíamos aprovechar la moda y el tirón comercial de “Crepúsculo” antes de que se agotara. Para darme mayor estímulo a la hora de escribir, incluso me adelantó parte de las ganancias.

Problemas vampíricos

            “Vampirus” es la novela más rápida que he escrito hasta el momento. Algo más de doscientas páginas que fueron escritas en apenas veinticinco días. Fue un arduo trabajo que llevé a cabo con toda la diligencia posible. Entregué el manuscrito a mi editor confiando en que para Navidades (la novela la escribí en septiembre) podríamos ponerla a la venta y aprovechar el tirón de ventas de esas señaladas fechas. Mas a partir de aquí todo fueron problemas y retrasos.

            Para empezar, había que corregir y maquetar la novela. La corrección fue un desastre. El responsable era muy lento y apenas corregía dos o tres páginas por día y eso cuando aparecía por la editorial. Los días se fueron sucediendo y la fecha de publicación se acercaba a toda velocidad. En cuanto a la maquetación, más de lo mismo. Por aquel entonces la editorial se había quedado sin maquetador y de esa tarea se encargaba José o cualquier otra persona. El problema es que José siempre andaba hasta arriba de trabajo o la otra persona pues tampoco fue muy responsable y los retrasos se siguieron sucediendo, hasta tal punto que llegó Navidad y la novela estaba sin corregir, sin maquetar y no tenía ni tan siquiera portada.

            Perdida la ventana de las fiestas navideñas, y con el desierto del invierno por delante, solo quedaba publicar la novela en primavera haciéndola coincidir con las Ferias de Libros. Se volvió a empezar y ya se contó con una portada obtenida de un portafolio de una autora que había trabajado para Medea: Marcela Bolívar. Se pagaron los derechos de autor, se cogió la ilustración y con ella se creó la portada de “Vampirus”. Era una muy buena ilustración, pero poco tenía que ver con el libro. No obstante, era bonita y comercialmente atractiva, así que se pensó que sería adecuada.

            Y esto fue el único triunfo conseguido en esos meses, porque otra vez los retrasos fueron la constante y la novela tampoco se pudo publicar esa primavera. Ni en verano. Ni en Navidad. Tardó dos años en ver la luz, y cuando lo hizo también se cometieron graves errores.

            La editorial ya era un caos, con la gente pasando de trabajar y los editores perdidos en sus proyectos personales y dejando de lado otros, con lo que al final los libros, de unos y de otros, nunca estaban a punto y siempre tenían retrasos en sus lanzamientos. Lo peor es que se creaban expectativas con los puntos de distribución y venta ya que la editorial enviaba catálogos y fechas de lanzamientos de obras que luego no se cumplían. Cuando tras muchos meses de retraso por fin salían dichas obras a la venta ya era demasiado tarde pues el interés se había perdido. Algo así pasó con “Vampirus”. Para empezar, con la saga “Crepúsculo” ya olvidada y con los zombis pegando fuerte, una novela sobre vampiros no encajaba muy bien en ese momento. Y encima, para terminar de estropearlo todo, tanto el editor como el maquetador se equivocaron y enviaron a imprenta un documento sin corregir y con fallos en la portada. Resultado: un libro defectuoso repleto de errores y con una portada inacabada. Obviamente, apenas tuvo ventas y los libreros se quejaron por la mala calidad del producto.

            Se tuvo que hacer una segunda edición y corregir todos esos errores. En ese momento entró a trabajar por un tiempo a la editorial en calidad de maquetador y portadista mi amigo Juanjo Maillo, un pedazo de artista que imprimió a las portadas un gran nivel de calidad. Por desgracia solo estuvo un breve tiempo donde realizó un enorme trabajo. La novela por fin salió publicada como debía, pero también pasó un tiempo y las ventas realmente fueron malas. Todo lo que pudo salir mal con el proyecto de “Vampirus” salió mal.

El tiempo lo fue remediando

            Aunque tuvo malas ventas, “Vampirus” caló entre esos lectores que enseguida hicieron un boca a boca y un movimiento por las redes sociales animando a la gente a que leyera una historia “clásica” de vampiros que atrapaba y era bastante buena. Hubo entonces un lento y constante goteo de ventas hasta que la editorial terminó por cerrar.

            A pesar del cierre, al correo de la editorial llegaban peticiones de clientes y librerías pidiendo más ejemplares de “Vampirus”, así que creí que debía intentar seguir manteniendo la novela a la venta como fuera. Intenté varias opciones, siendo la primera enviar el manuscrito a otras editoriales. No tuve ningún éxito. En España prácticamente no tuve respuestas ni ofertas por parte de las editoriales que por entonces ya habían entrado en una monolítica política de publicación (como ya explico en otras entradas) y no querían saber nada de novelas que no fueran a ser un éxito de ventas desde el primer día. Sí que recibí ofertas de editoriales latinoamericanas, pero sus condiciones no me convencieron y deseché publicar con ellas. Solo una editorial argentina, NeD, se ofreció a publicar la novela, solo que en formato digital. Tampoco acepté más que nada porque fue cuando puse la vista en Amazon, que recién había creado su apartado de publicación y daba la posibilidad de poder llegar con tu libro a decenas de miles de lectores.

            Corregí y retoqué ligeramente la novela, más adelante cree una nueva portada que me hizo la maravillosa Les y la puse a la venta tanto en formato libro digital como en formato de papel.

            Las ventas de “Vampirus” nunca fueron grandes, más bien modestas, pero en compensación es una de mis obras mejor valoradas y criticadas por los lectores, que gustan de una historia de vampiros a la antigua usanza y que valoran ese estilo a lo Hammer. Otra de las características por la que gusta la novela es su estilo “visual” (estilo cinematográfico y del que hablo también en otras entradas), directo y muy entretenido. A pesar del toque de aventura, otra cosa que también gusta mucho a los lectores es su parte de suspense y terror que atrapa y hace difícil dejar la lectura, así como un protagonista con pies de barro que en un principio hasta cae antipático (como fue mi intención).

            “Vampirus” fue uno de mis primeros libros en ser escrito utilizando ese estilo “visual” que me define. Lo hice a propósito y desde entonces lo empleo con determinadas novelas. La obra sigue su curso y, como ya he dicho, no es pródiga en ventas, pero se sigue considerando entre mis lectores como una de mis mejores obras de ficción. Sé que es una historia para un determinado público, y sé que sería una buena película si alguien se decidiera a producirla.

            Si deseas pasar un buen rato de suspense y aventura en paramos helados y terribles, esta es tu lectura. Sigue la pista al vampiro en el siglo XVIII y prepárate para enfrentarte al Mal en su estado más puro.

           

 

 

 



 

 

 

 

 

 

 

viernes, 1 de mayo de 2020

COMO ESCRIBIR CORRECTAMENTE “SINO” Y “SI NO”


COMO ESCRIBIR CORRECTAMENTE “SINO” Y “SI NO”


            Bienvenidos de nuevo a mi blog. En esta entrada vamos a tratar un tema sencillo pero que en muchas ocasiones nos pone en un aprieto: ¿cuándo se escribe “sino” junto y cuando “si no” separado? Este es un error bastante más común de lo que se suele pensar y afecta incluso a gente tan preparada como filólogos, periodistas y escritores. Curiosamente apenas se da entre estudiantes de otras lenguas que aprenden el español, quizás porque lo detectan con mayor facilidad que el hispanoparlante. Vamos entonces a aprender a cómo escribir correctamente “sino” y “si no”.

¿Cuándo se escribe sino?

            “Sino” es una conjunción adversativa que se escribe en una sola palabra y se usa, principalmente, para contraponer un concepto a otro:

—No estudia, sino que trabaja.

            Se pueden dar cuatro casos diferentes a la hora de escribir esta palabra, y son los siguientes. Comencemos con el primero, que es cuando enfrentamos dos conceptos, uno negativo y el otro positivo, como ya he explicado un poco más arriba. Un ejemplo sería:

—Santiago no ha ido al teatro, sino al cine.

            El segundo caso es cuando la frase nos deja sustituir la palabra “excepto” por “sino”. Ejemplo: “No quiero tener tratos con nadie, sino con Julio César”. Hay que tener en cuenta el orden de la frase y donde está situado “excepto” para poder hacer la sustitución. Si escribimos: “Excepto Juan, nadie sabe donde está”, no podemos poner “sino” porque quedaría así: “Sino Juan, nadie sabe donde está”. La frase es horrible y no tiene sentido.
            El tercer caso es cuando podemos sustituir “sino” por “solamente” o “tan solo”, como por ejemplo “No te digo que lo hagas a la perfección, sino que lo intentes”. El cuarto caso sería utilizarlo como  conjunción adversativa, o sea, cuando denota adición de una o varias cuestiones de las que estemos hablando. Y si esto te suena raro, con un ejemplo verás lo que digo: “No quiero esta arma solo por su cadencia de tiro, sino también por su fiabilidad, robustez, diseño y poco peso”.
            Existe un caso que poco tiene que ver con los anteriores y en el cual siempre se pone “sino” junto, y es cuando se convierte en sustantivo. Hay que recordar que “sino” proviene del latín “signum”, que significa señal, presagio, y por tanto evoca la idea del destino escrito o la predestinación. La RAE explica que “sino” denota fatalidad o destino. Un ejemplo: “Su sino era caer en esa batalla y nada de lo que hubiéramos hecho habría cambiado tal cosa”.


¿Cuándo se escribe si no?

            Hay que darse cuenta de que al distinguir “sino” de “si no”, la segunda opción son dos palabras, por eso nos debería ser algo más fácil poder saber cuándo ponerlo junto o separado. Si lo escribimos separado, es porque vamos a introducir una oración condicional normalmente negativa, ya que “si” es una conjunción condicional y “no” es un adverbio de negación. Puede ir al principio de una oración, como por ejemplo:

—Si no lo terminas a tiempo, no te pagarán.

            Una pista que nos indica que va separado es que nunca falta una coma en las oraciones que comienzan por “si no”. También lo usamos para comunicar que no creemos en algo que se nos acaba de decir. Un claro ejemplo sería:

—Mira, si no, la que nos acaba de caer encima.

            Hay ocasiones en las que no resulta necesario colocar el “no”:

—Me pregunto si no lloverá mañana otra vez.
—Me pregunto si lloverá mañana otra vez.

            Un truco sencillo para saber cuándo debe escribirse “si no” es cuando se puede intercalar entre si y no algún elemento sin que se pierda el sentido en el texto.

—Si (el policía) no hubiera intervenido a tiempo.
—Si (ella) no hubiera hecho eso, nada habría pasado.

            Y esto es todo. Como habéis podido apreciar, las reglas para saber escribir “sino” y “si no” son bien fáciles de recordar. No olvidéis que una novela bien escrita tiene muchas más posibilidades de verse publicada que otra repleta de faltas de ortografía. Nos “vemos” en la siguiente entrada.























viernes, 6 de marzo de 2020

LOS DIOSES OSCUROS


LOS DIOSES OSCUROS

“Este es un libro de aventuras y de ficción, es por eso que no se respeta la Historia ni se pretende dar lecciones sobre nada excepto en entretener y dejar volar libremente la imaginación. Dentro del mundo en el que vivimos, existen otros que pudieron ser, que no se rigen por las mismas leyes que el nuestro. Este es uno de esos mundos.”

            Cuando comiences a leer una de mis novelas y veas esta introducción, eso significa que te vas a adentrar en una historia donde en cierto momento (ya bien sea de pasada o insertada en la trama principal) te vas a encontrar con referencias a los Dioses Oscuros y/o sus seguidores. Ahora la pregunta es la siguiente: ¿qué o quiénes son los Dioses Oscuros?

Los orígenes

            Cuando publiqué por primera vez con Ediciones Medea (allá por el lejano año de 2006) “La caída del Águila” los lectores se encontraron con una historia rara que se salía fuera de lo común, pues la historia se centraba en un hecho histórico en el año 9 a. C. y después pasaba a convertirse en una aventura de ficción con elementos sobrenaturales perturbadores que recordaban poderosamente a las entidades cósmicas de H. P. Lovecraft. “La caída del Águila” es una ucronía sobrenatural, una novela que incide en un determinado momento histórico transcendental que supuso para la antigua Roma un punto de inflexión, aunque eso no es de lo que quiero hablar en esta entrada, sino de los Dioses Oscuros.
            En un punto de la trama los personajes se toparon con cosas que no pertenecían a su mundo, criaturas abominables que poseían seguidores que las adoraban y obedecían. Dichas criaturas eran a su vez siervos de otras inteligencias más poderosas y tan extrañas a todo lo humano que eran sencillamente incomprensibles: los Dioses Oscuros.

Que son los Dioses Oscuros

            En la novela, los Dioses Oscuros son entidades que moran en abismos más allá de nuestra realidad y universo, desterrados a otros planos por una coalición de dioses tras una lucha que se libró hace eones en los confines del universo. Derrotados, los Dioses Oscuros han jurado retornar y destruir la Creación y con ella la Vida, que es lo que da sustento a los dioses que los mortales conocen y adoran. O quizás tengan otros motivos, pero eso es algo que no se puede saber con certeza ya que sus mentes alienígenas y poderosas están muy por encima de nuestros pobres conceptos de Bien y Mal, comprensión y empatía.
            Puesto que los Dioses Oscuros no pueden acceder a nuestro plano de la realidad y se encuentran mermados en cuanto a poder, deben actuar con cautela para evitar llamar la atención de los demás dioses que, confiados, creen que el peligro de los Dioses Oscuros ha sido erradicado. Para evitar ser descubiertos, los Dioses Oscuros han aprendido a enviar siervos, criaturas ínfimas pero que aún así son poderosas, a nuestra realidad para que ejecuten sus planes. Estas criaturas fueron tomadas por dioses por los primeros hombres y adoradas como tales, cometiendo en su nombre atrocidades y horribles crímenes. Los siervos de los Dioses Oscuros pretendían llevar a la depravación y degeneración al ser humano, para de esta forma conducirlo a la locura y permitir el paso a nuestra realidad a los Dioses Oscuros. Por fortuna, la Humanidad siempre ha contado con campeones que se han enfrentado a estas criaturas y han acabado con ellas, pero no con todas.
            También, en ocasiones, ciertos dioses han intervenido a favor de la Humanidad a pesar de que han menguado en poder debido a que sus adoradores han ido decreciendo en número a lo largo de los siglos. Esto ha conducido a enfrentamientos entre los mortales, tribus contra tribus, imperios contra imperios, manipulados unos y otros por los dioses como se puede apreciar en La Saga del Águila.

 
Influencias

            Es obvio, para el lector avispado, que los Dioses Oscuros son una clara influencia de los dioses primigenios, creaciones de H. P. Lovecraft englobadas en lo que se conoce como Mitos de Cthulhu. Es algo que nunca he negado ni escondido, al contrario. Cualquiera que se haya leído la edición de “La caída del Águila” de Medea habrá comprobado en la introducción o en la dedicatoria que la novela está dedicada a tres de los autores que más me han impresionado e influenciado en esto de escribir: H. P. Lovecraft, Robert E. Howard y Arthur Conan Doyle. Del primero su terror cósmico, del segundo su sentido de la aventura y la épica y del tercero el suspense. Estos tres autores conforman para mí una triada insuperable. Los Dioses Oscuros beben mucho de Lovecraft, pero también de los otros dos autores. De unos y otros he ido tomando esto, aquello y dándole mi particular visión y haciéndolo encajar en el universo que a su vez creé. No se trata de un plagio, sino de un sentido homenaje. Si en el universo primigenio de Lovecraft la Humanidad no es más que una mota de polvo insignificante que se encuentra indefensa, en mi universo es una pieza importante del tablero cósmico, dueña de su destino y capaz de influir en los acontecimientos aunque la mayoría de las veces ni tan siquiera sea consciente de ello. Si en Lovecraft no hay prácticamente forma de enfrentarse a las abominaciones que surgen de abismos pavorosos, en mi universo el honesto valor humano, el buen acero y el fuego son armas eficaces para acabar con cualquier monstruo a pesar de su poder. Incluso las poderosas entidades como los Dioses Oscuros son vulnerables a ciertos hechizos o dependen de los humanos para llevar a cabo sus planes.
            En definitiva, aunque en un principio puedan parecer muy parecidos, las entidades de Lovecraft y las mías difieren en muchos aspectos, siendo el principal que en mi universo la Humanidad escribe su propio Destino mientras que en el de Lovecraft está condenada a la extinción o a la más pavorosa de las locuras.

 
Los Dioses Oscuros en la realidad

            No solamente Lovecraft o Howard han influido a la hora de crear los Dioses Oscuros, también lo ha hecho la Historia y los propios seres humanos. No hay más que acercarse a los libros de Historia y Antropología para darse cuenta que, increíblemente, los seres humanos hemos estado adorando (y seguimos haciéndolo) por miles de años a los Dioses Oscuros.
            Estos han desfilado por la historia con otros nombres, tales como Huitzilopochtli, Ahriman, Moloch Baal, Melkart, Satán y tantos otros a los que se ha sacrificado vidas humanas o dedicado guerras en su nombre. Son los dioses oscuros de nuestra Antigüedad, dioses de los muertos, de la Muerte y de la destrucción, del caos, la locura y la sangre, dioses que siempre han tenido necios adoradores que han sembrado de muerte y fuego las páginas de la Historia. Son arquetipos oscuros que nacen en lo más profundo de nuestra psique, pues no hay que olvidar que cada uno de nosotros posee un trozo de oscuridad enterrado en lo más profundo de nuestro ser que en ocasiones dejamos aflorar a la superficie, bien sea de forma consciente o no.
            No solamente los Dioses Oscuros han proliferado en la Antigüedad, sino que han llegado a nuestros días, ya que se nutren principalmente de la estupidez, malicia, avaricia y sobre todo de la ignorancia de los seres humanos, defectos que en la actualidad siguen abundando por desgracia en las sociedades, sobre todo, por paradójico que parezca, en las llamadas “primeras naciones”. Han cambiado de nombre, por supuesto, pues los Dioses Oscuros son hábiles en seguir vivos a través de las eras, son mutables y saben adaptarse para llegar con mayor facilidad a los débiles de mente y negros de corazón. Han adoptado el nombre de fascismo, comunismo, socialismo, progresismo, consumismo desenfrenado, fanatismo, intolerancia, arrogancia… y en su nombre se llevan a cabo guerras o se destruyen países, se conduce al hambre y a la miseria a naciones o se las expolia de sus recursos, se sacrifican niños en aras de supuestos derechos o se inmolan personas en nombre de la Ciencia. Ellos están ahí, siempre han estado ahí aunque nos neguemos a reconocerlo. La oscuridad es su mejor baza, que no se crea en ellos también, pues así tienen más libertad de movimiento y pueden llevar a cabo sus planes. No en vano se les conoce como los Dioses Oscuros.

¿Por qué crear un universo así?

            La respuesta más simple es porque no. Cuando escribí “La caída del Águila” comprobé que había calado mucho entre los lectores la idea de los Dioses Oscuros. Cuando más adelante escribí “Carnis Vorax” y “Vampirus” me dije que sería gracioso meter algún pequeño detalle que conectaran estas dos novelas con “La caída del Águila”. Fue entonces cuando me di cuenta que bien podía crear un universo ficticio que tuviera una cosa en común: los Dioses Oscuros en mayor o menor medida. No es un universo con una fácil comprensión o con un sentido cronológico de los acontecimientos. Juego con la idea de que si bien, quizás, “Apocalipsis maya; con zombis” y “Madrid Zombi” sí que pueden pertenecer al mismo universo y seguir un orden, no tiene, en cambio, que pasar lo mismo con “La caída del Águila” o “Vampirus”… ¿o puede que sí?
            Cada lector puede sacar sus propias conclusiones. Mi intención es atizar la imaginación del lector para que pueda volar a otros mundos tan fantásticos como aterradores y pasar un buen rato. Que tenga, además, la sensación de que se ha introducido en un mundo que parece estar conectado, que juegue con esa idea que potenciará aún más la historia que se ha leído y por tanto la apreciará más. O a lo mejor es consciente de que viaja por diferentes mundos, otras realidades que se juntan gracias a un hilo común que es la presencia de entidades perturbadoras más allá de nuestro entendimiento, capaces de ir de un plano existencial a otro y dejar allí plantada su semilla de lo que nosotros consideramos el mal, pero que para ellos no es más que llevar adelante sus proyectos, como cuando nosotros construimos una casa y no nos fijamos, ni nos importa, que cuando las máquinas excavadoras crean los cimientos estamos destruyendo hormigueros y otros mundos de ínfimo tamaño.