Hola, bienvenido a mi foro. Aquí encontrarás información sobre mis libros, eventos, consejos, experiencias,

avances y muchas cosas más relacionadas con mi profesión de escritor.

Soy Juan Carlos y espero que te guste lo que vas a encontrar.

domingo, 15 de marzo de 2015

CRÓNICAS DE UN FRIKI X



CRÓNICAS DE UN FRIKI X

LOS CÓMICS (o tebeos); novena parte.
Tener una tienda, la última frontera. Primera parte.


            No podía ser de otra manera. Una vida dedicada por entero a los cómics, frecuentar las librerías especializadas, fraternizar con libreros, dependientes, aficionados, conocer escritores, guionistas, dibujantes, además de distribuidores, mayoristas, no podía más que conducirme a un destino: poseer mi propia tienda de cómics. Esta fue una de las mayores aventuras de mi vida, crear mi propio negocio, con momentos inolvidables, mágicos y muy buenos, y otros tristes y frustrantes. Fueron unos pocos años, pero muy intensos que además me dieron el mayor regalo de todos:  los amigos.

Más allá de ser un simple aficionado

            Tenemos que retroceder de nuevo en el tiempo, al siglo XX, a 1993. Apenas pasados los veinte años de edad, y con la ayuda de mis padres, me enfrasqué en la aventura de crear mi propio negocio. Dado que entendía bastante de cómics y todo lo relacionado con ese mundo (juegos de rol, miniaturas, camisetas, cine…), era lógico que me montara mi propia librería especializada. La ciudad elegida para abrir la tienda no fue Madrid, puesto que pensé que por entonces la capital estaba saturada de tiendas de cómics (como así era) y que no podría competir con ellas. Era consciente de que no podría tener una tienda muy grande, así que debía buscar un sitio donde no hubiera competencia, un lugar que contara también con un público potencial. Y ese sitio fue Getafe. ¿Por qué Getafe? Es una ciudad grande, está cerca de Madrid y del resto de ciudades del sur de la comunidad y posee una universidad, con lo que ahí tenía ganado a parte de la clientela (por entonces, únicamente había una universidad en Getafe por esa zona de Madrid).
            El siguiente paso era encontrar un local adecuado, lo que me llevó un tiempo. Aquí fue donde me encontré las primeras dificultades, ya que era la época, supuesta época, de mayor crecimiento económico de España, lo que se traduce en especulación y sobre inflar los precios de todo aprovechando esa falsa ilusión de riqueza que, como se ha encargado de demostrar el tiempo, no era más que humo. La calle Madrid es la arteria principal de Getafe, avenida larga que separa en dos la ciudad, repleta de locales comerciales, restaurantes, paseos y frecuentada por los getafenses durante todo el año. Era lógico querer un local en dicha calle, o al menos en una paralela no muy alejada, pero los precios de alquiler (no digamos de compra) eran tremendamente caros. Más que alquilar un local en una calle de una ciudad pequeña parecía que estabas intentando comprar un piso de lujo en plena Plaza de España de Madrid. En fin, miré muchos locales, algunos muy buenos, pero todos los tuve que desechar por ser demasiado caros. Hasta que al fin encontré un local, no muy grande, pero no decididamente caro (aún así lo era, lo que pasa es que era el menos caro). 

Ya tengo local, ¿y ahora qué?

            Aquí también me encontré con más dificultades. El local se encontraba en una galería comercial en pleno centro de la calle Madrid, mejor sitio no podía ser. Pero tenía su pega, que era que el centro no poseía mucha actividad. Era una pequeña galería con dos o tres bares, muchas tiendas de ropa y complementos, una tienda de mascotas, otra de regalos y mi local para alquilar. Y el local estaba dentro, con lo que aunque son miles las personas que pasean por la calle, ninguna vería la tienda porque estaría dentro de una galería. En fin, asumí el riesgo confiado en que una buena publicidad y el boca a boca de los clientes harían que la gente entrara. Y no me equivoqué, el número de clientes se triplicó en la galería comercial desde que abrí la tienda, pero no nos precipitemos y sigamos con el relato.
            Pero el local necesitaba arreglos. El anterior inquilino lo había dejado en muy mal estado. No poseía techo, había que crear un cableado nuevo para la luz, arreglar las paredes, pintarlo… mucho trabajo y mucho dinero. Mientras los albañiles hacían los arreglos pertinentes, me dediqué al papeleo.

La plaga de la burocracia. Ríete tu de la peste negra

            Aunque no viene a cuento, dejadme que os diga, amables lectores, que en España vivimos engañados creyendo que lo hacemos en libertad. Lo siento, pero no, y es cuando vas a montar un negocio que descubres que no eres tan libre como te pensabas. Uno de los baremos que indica el grado de libertad que tiene un ciudadano es precisamente la libertad, flexibilidad, independencia y facilidad para montar su negocio, competir y prosperar sin injerencia alguna, y mucho menos de los poderes estatales sean cuales sean estos. Si creéis que hoy en día montar un negocio es tarea de titanes, hace más de veinte años era sencillamente como tomar Troya. Lo primero que tuve que hacer fue crear la empresa, o sea, rellenar papeles aquí y allá y pagar tasas, impuestos, más tasas, números fiscales y pagar y pagar y pagar. Y todo esto con demoras de días, semanas e incluso meses. Hasta los dos meses no tuve los papeles necesarios y en orden para poder iniciar mi actividad comercial. Una vez realizado esto, a seguir viajando a la Comunidad de Madrid, al Ayuntamiento de Getafe, al Ministerio de Hacienda, a la Secretaria de no sé qué y a la Oficina de Te Vamos a Sacar Hasta la Última Moneda para solicitar permisos, licencias, rellenar más papeles, pagar más tasas y más licencias, pagar, pagar y pagar y mientras el tiempo que sigue pasando. Total, que desde que adquirí el local hasta que abrí ya con todo dispuesto pasaron pues casi tres meses. Tres meses en donde solté dinero como un loco, donde me explotaron y estrujaron hasta que creía que me lo gastaría todo y que incluso antes de abrir tendría que cerrar; y todavía faltaba por adquirir el material. Y queda lo mejor. A partir de abrir el negocio y crear la empresa, tendría que estar pagando todos los meses el alquiler, los impuestos al Ayuntamiento de Getafe, a la Comunidad de Madrid y al Estado y el IRPF, y los autónomos y de cuando en cuando impuestos especiales de tasas de basuras, de luz, agua, etc. Vamos, ¿seguís pensando que sois libres? ¿O qué únicamente trabajáis para alimentar a una horda infinita de parásitos que medran gracias a vuestros esfuerzos?
            Pero la cuestión es que a pesar de la burocracia, de la tiranía de los que mandan sin que importe un carajo la ideología a la que pertenezcan, tuve mi tienda de cómics y el local ya preparado. Los siguientes pasos serían poner un nombre, comprar material y la publicidad.

Ripley Cómics

            Sí, señoras y señores, Ripley Cómics. Ese fue el nombre de mi tienda. Un nombre que a día de hoy todavía le suena a muchos clientes y a muchos aficionados les hace exclamar: “Eh, yo compraba ahí”. Ripley viene de la película de James Cameron “Aliens, el regreso” y es el nombre de su protagonista: la teniente Ellen Ripley (Sigourney Weaver), mujer de armas tomar capaz de enfrentarse a los aliens y a su reina y vencer. El nombre de Ripley era un claro mensaje de cómo afrontaba el desafío de tener mi propia tienda. Y vaya si fue todo un desafío, porque me quedaba por sufrir muchísimo más. Llegados a este punto, tengo que añadir que si logré salir adelante fue gracias a la inestimable ayuda de mis padres que lo dieron todo por mí, ayudándome siempre y solucionándome muchos problemas.
            Con el local ya a punto la siguiente cuestión era surtir de cómics y material la tienda. Para eso contacté con un distribuidor de cómics en Madrid que me hizo dar cuenta de la dificultad de vender cómics. Trabajar directamente con las editoriales (Norma y Cómics Fórum sobre todo y por entonces) era una locura, porque te pedían enormes fianzas económicas que luego casi nunca te devolvían y te la jugaban constantemente haciéndote mal los pedidos. Lo que hacían muchas tiendas era unirse y pagar a medias esas fianzas y realizar los pedidos conjuntos. Luego cada tienda se repartía su cuota y todos tan contentos. Eso tuve que hacer yo, pero con la mala fortuna de ir a parar a las garras de un ser despreciable y ladrón como pocos. Y ese ser no es otro que el dueño de una librería situada en la calle Luna. Podría poner el nombre, pero no se lo merece y porque ignoro siquiera si sigue siendo el dueño y tampoco porque no es cuestión de andar con polémicas que décadas después no sirven de nada. Pero os puedo dar pistas, je, je, je. Fue una de las primeras librerías en abrir y lo hizo después de Crisis Cómics, y no está, o estaba, muy lejos de dicha tienda. El que sepa, comprende.


El mundo de las librerías especializadas. Un mundo podrido y cruel

            A lo mejor a muchos de los que leáis esta entrada os puede sonar duro lo que voy a narrar, pero es la verdad, y hay que tener en cuenta que esto era así hace muchos años y que en la actualidad ha cambiado bastante la cosa para mejor. Antes la competencia entre las librerías en Madrid era feroz, hasta el punto que muchos libreros no se hablaban entre ellos e incluso tenían pleitos judiciales. No eran raros los casos de robos de material, puñaladas traperas y desbaratar negocios. Para que os hagáis una idea de lo que os digo, un dueño de una de las primeras librerías en abrir en Madrid, gran amigo mío, tuvo que afrontar una tremenda crisis producto, entre otros factores, de que su socio se marchó llevándose mucho material y dinero que había ido robando durante meses y que le sirvió para montar una tienda de cómics y hacerle la competencia. Y este es únicamente un ejemplo no de los más duros precisamente.
            Dado que por entonces el mercado del cómic en España todavía no había calado demasiado, el número de clientes no era muy elevado cuando en nuestro país comenzaron a aparecer las primeras librerías. La competencia para hacerse un hueco y captar la clientela era feroz, agravándose el hecho de que en Madrid las librerías estuvieran casi todas muy cerca unas de otras, en el centro de la capital. Esto supuso rencillas, recelos, competencia desleal en algunos casos e incluso desfalcos, robos y otras villanías como en el ejemplo citado un poco más arriba.
            No os confundáis. No quiero decir que en esos años todo fuera así, pero sí que más allá de los mostradores y de las estanterías de cómics existía un mundo donde los libreros se mostraban bastante furibundos defendiendo lo que cada uno consideraba era su parcela. Y en este mundo medraron los tramposos, embusteros y ladrones que hicieron su negocio a costa de ingenuos, ignorantes o bien intencionados, como fue mi caso. Como he dicho, una forma de ahorrar dinero y poseer material era unirse a otros libreros y realizar encargos grandes donde compartir gastos y material. Pues bien, me uní a un librero que durante meses me enviaba tanto los cómics como material a la tienda (juegos de rol, miniaturas, camisetas, posters…) y yo le pagaba por ello. El problema era que siempre me enviaba menos cómics de lo pactado o el material llegaba tarde, mal y nunca en la cantidad necesaria. Cuando preguntaba qué era lo que pasaba se me respondía que era a que mucho del material era de importación y solía tardar en venir, y respecto a los cómics que las distribuidoras o las editoriales no distribuían bien. Fueron unos meses muy angustiosos, porque no podía atender la demanda de los clientes y eso significa perderlos y perder potencial económico. No había pasado ni un año desde que abriera Ripley y ya me enfrentaba a la más dura y angustiosa de las pruebas: tener que cerrar.

La venganza es un plato que se sirve frío

            Lo que descubrí mediante otras personas, es que el librero sencillamente me estaba estafando. Se quedaba con parte del material que me correspondía y me inflaba además los precios. Llevado por mi confianza y desconocimiento de lo que era el verdadero mundo de las librerías especializadas, nunca se me pasó por la cabeza que me pudiera hacer eso. Hasta que abrí los ojos. No sé exactamente la cantidad de dinero que se me pudo quitar, quizás no pasara de los tres mil euros, aparte de mucho material que nunca me llegó, pero hace más de veinte años eso era mucho dinero y más para una tienda pequeña como la mía. Afortunadamente, Miguel, dueño de Crisis, se fijó en el potencial de Ripley y se unió a mí, teniendo desde entonces el suministro de cómics y material asegurado mes a mes, aparte que ya pude, por fin, tener la tienda repleta de todo tipo de cosas.
            Respecto al asunto de la persona que me estafó, aunque este feo, no queda más remedio que consignarlo pues las Crónicas son de una parte de mi vida, para bien o para mal, y hay que reseñarlo todo. Meses más tarde tuve la oportunidad de desquitarme, de saborear la venganza. A través de una tercera persona que me ayudó, hice creer al estafador que una nueva librería iba a abrir en una ciudad cercana a Getafe y que necesitaba con urgencia mucho material de importación para abrir al público cuanto antes. Al menos iba a gastarse seis mil euros en un primer pedido al que seguirían otros. Por supuesto, el hombre se frotó las manos pensando en el negocio que iba a hacer pues se llevaría una comisión por el pedido aparte de lo que seguramente ya andaría pensando que iría a estafar de nuevo. Hizo el pedido, se trajo de Estados Unidos y cuando fue a cobrarlo se le comunicó que la tienda finalmente no se abriría y que el material no se necesitaría. Se le envió una carta por correo para avisarle de la cancelación del pedido.
            El hombre se puso furioso, porque el pedido lo había pagado él previamente y no se podía devolver (nunca se puede devolver lo que se pide de importación) y amenazó con demandarnos. La respuesta, siempre a través de una empresa ficticia, fue que nos demandara. Nos veríamos ante el juez. No se podía hacer tal cosa, porque la cuestión es que esta persona trabajaba con dinero negro, sin facturas, sin pagar impuestos y con facturas falsas, de ahí es donde obtenía sus beneficios. Obviamente, no se podía plantar ante un juez y decir que él, un estafador, había sido a su vez estafado. Eso sí, nos aseguró que pagaríamos muy caro lo que le habíamos hecho. ¡Ja! En realidad nunca llegó a saber que detrás de esa venganza estuvo mi persona. Y años más tarde todavía le pude hacer otra jugarreta al conseguir que jamás le cedieran un sitio para colocar el stand de su librería en los diferentes salones de cómics de Barcelona al denunciar, de forma anónima, los diferentes trapicheos ilegales que seguía haciendo. Ignoro que ha sido de esta persona, aunque sé que continúa con sus negocios relacionados con el mundo del cómic, pero no sé si seguirá siendo un tramposo o retornó a la buena senda. En cuanto a mí, digno lector de Conan el bárbaro, me di por satisfecho con mi venganza, dando más de lo que recibiera, solamente lamentando no haber tenido nunca a mano un barril de amontillado.


¿Pero fue todo tan malo en Ripley?

            La respuesta es un rotundo NO. Los años que pasé trabajando en Ripley fueron algunos de los mejores de mi vida. La satisfacción que da el tener tu propia empresa es algo que desconocen los que nunca se han arriesgado a tenerla. Ser tu propio jefe es lo más, y estaba tan a gusto que a pesar de los altibajos, depresiones y mil disgustos deseaba que fuera lunes para ir a la tienda, abrir y trabajar. Esto jamás me ha vuelto a pasar con ningún otro trabajo (lo más parecido cuando estuve en Medea Ediciones junto al gran José A. Márquez Periano). Otra de las grandes recompensas fue que la tienda me dio la oportunidad de conocer a mucha gente maravillosa, algunos se convirtieron en mis amigos, y fue en Ripley donde me inicié en los juegos de rol y el Warhammer 40.000.
            Fueron días gloriosos, tardes magnificas rodeado de amigos, con muchas anécdotas. De la parte luminosa de Ripley hablaré en la siguiente entrega de estas, mis Crónicas, así como de su final y la evolución de las tiendas de cómics para cuando Ripley cerró. Esta es una entrada un poco más larga de lo habitual, por eso me he visto obligado a escribir dos partes. No te pierdas la segunda y definitiva…


Si te gustan las Crónicas de un Friki, aquí tienes los enlaces para ir a la primera entrega y la penúltima. Únicamente pincha en los nombres.
También puedes leer:
Son mi iniciación en el mundo del Warhammer 40.000 y digamos una continuación de Crónicas de un Friki a partir del cierre de la tienda.

lunes, 9 de febrero de 2015

EL USO CORRECTO DE LAS MAYÚSCULAS. PRIMERA PARTE.



EL USO CORRECTO DE LAS MAYÚSCULAS. PRIMERA PARTE.


            Hola y bienvenidos de nuevo a otra de mis entradas dedicadas a aprender y manejar correctamente las reglas de la ortografía. En esta entrada vamos a tratar de un aspecto que se suele dar por sentado o conocida todas sus reglas pero en el que muchos escritores suelen cometer errores. Se trata del uso correcto de las mayúsculas.
            Puede parecer fácil su uso, pero las mayúsculas poseen unas reglas muy bien definidas que se deben respetar. Los errores al tratar con las mayúsculas suelen ser más comunes de lo que se piensa y puesto que deseamos que nuestros escritos estén lo mejor posible y que lleguen a manos de los editores de forma impecable, no está de más el conocer a fondo cuales son las normas del uso de las mayúsculas.

Comenzando

            El idioma español es heredero del latín y por eso utiliza las mayúsculas. Hay que hacer constar, y aprovechamos para hacer un poco de Historia, que el latín siempre se escribía con mayúsculas ya que las minúsculas no existían. La minúscula también se conoce como letra carolingia, y eso es porque es un invento “moderno” efectuado en el siglo VIII en el Imperio de Carlomagno. No voy a entrar al detalle, pero varios expertos señalan que el inventor de la minúscula fue un fraile llamado Alcuino de York que la llamó letra carolingia en honor de Carlomagno que fue el impulsor de la cultura por aquel entonces. Se piensa que la letra minúscula fue una forma de ahorro en la escritura. Ahorro tanto en espacio (así se aprovechaba más el papel, artículo de lujo) como en tinta y era más fácil de escribir. Dado que se escribía todo de corrillo y en apretadas líneas, con el paso del tiempo la mayúscula se fue introduciendo para crear mayor claridad y comprensión en la lectura y de ahí fueron surgiendo todas las reglas que han ido evolucionando, muriendo o sobreviviendo hasta nuestros días.

Las reglas de las mayúsculas
           
            Vamos a tratar las reglas en profundidad y como siempre hago, con claros ejemplos para que se pueda entender mejor. 


Puntuación y mayúsculas

            Se escribirá con mayúscula la letra inicial siempre que se den las siguientes condiciones:
1-La primera palabra de un escrito y la primera palabra que vaya detrás de un punto o un punto aparte aunque venga precedida de unas comillas, signo de interrogación, apertura, paréntesis o exclamación.
Tiró la pala a un lado. ¿Le daría tiempo a escapar?
2-La palabra que sigue a los puntos suspensivos siempre y cuando se cierre el enunciado.
No me gusta el jamón… Prefiero una ensalada.
3-También se pone con mayúscula la palabra que se inicia tras la interrogación y la exclamación, aunque hay existen dos reglas:
a)      Si la frase cierra un enunciado, la siguiente palabra se inicia con mayúscula. ¿Pero esto qué es? Tíralo ahora mismo.
b)      Pero si la frase continúa y el enunciado abarca tanto la interrogación como la exclamación, entonces no se pone mayúscula. ¡No quiero este juguete!, exclamó el niño con disgusto.
4-Siguiendo la regla anterior, si cada pregunta o exclamación es un enunciado independiente, entonces se coloca la mayúscula.
¿Has visto eso? ¿Piensas que puede ser verdad?
5-Respecto a la regla con los dos puntos se pueden dar diferentes variantes, teniendo que ser cada una respetada.
a)     Cuando es el encabezamiento de una carta, fax, documento, correo electrónico y se pongan dos puntos, la siguiente palabra comienza con mayúscula. Estimado socio: Te adjunto en el correo…
b)      Siguiendo con lo anterior respecto a las cartas, documentos, fax, etc., si en los mismos se reproducen palabras textuales. Entonces, muy enfadado, le dije: “A ver que te has pensado…”. Hay una excepción a esta regla que es si colocamos los tres puntos suspensivos para indicar que se está omitiendo el comienzo del enunciado original. Y el documento que recibí termina así: “…y no te olvides de pasar por el despacho del abogado.”
c)      En los epígrafes, subtítulos de libros o documentos o elementos de enumeración de una lista siempre y cuando una no continúe con la otra. Historia de Egipto: De las pirámides a las mezquitas.
d)      Si colocamos los dos puntos tras una palabra con intención de enunciar o avisar, nota, ejemplo, etc. PELIGRO: No dejar al alcance de los niños.
e)      Si los dos puntos los utilizamos como si fueran a continuación o siguiente y además alternamos con punto y aparte.
Receta para un bizcocho:

Dos huevos

Medio litro de leche…
f)        Tras los dos puntos que siguen a verbos como exponer, solicitar, certificar… cuando presentan el objetivo fundamental de determinados documentos jurídicos y administrativos, tales como decretos, sentencias, edictos, testamentos, bandos, etc., y que aparecen enteramente en mayúsculas. CERTIFICO: Don Manuel Becerro es el heredero de mis bienes…


La mayúscula y los signos diacríticos

            Aunque hace años no hacía falta poner acentos en las mayúsculas, en la actualidad las reglas de ortografía así lo exigen y por tanto escribir en mayúsculas no exime de colocar el acento cuando la palabra lo tenga: ÁRBOLES, TELEFÓNO, ESTÓMAGO…
            De la misma forma, la diéresis también se coloca en mayúscula: PINGÜINO, CIGÜEÑA, HALAGÜEÑO
            Existe un caso en el que en las mayúsculas no se pone acento, y es cuando forma una palabra que en realidad es la abreviatura de algo, por ejemplo CIA (Central Intelligence Agency). No se pone CÍA, sino CIA. Se pone acento cuando la palabra abreviada se ha convertido ya en un nombre común o propio, como MÓDEM, EURÍBOR, etc., y se les aplican las mismas reglas tanto en minúsculas como en mayúsculas.

La mayúscula en nombres y denominaciones

1-Los nombres y apellidos siempre empiezan con mayúscula. Fernando Sánchez, María Antonia Ramiro… También se escribe con mayúsculas los nombres que definen a un grupo, clan o familia. Los Ramírez, los Sánchez… Y aunque sea en plural, los nombres siempre se ponen con la letra inicial en mayúscula: ¿A cuántos Sánchez tenemos trabajando en nómina? En España hay muchas Marías.
2-Los nombres de otros idiomas (o no) que una vez traducidos signifiquen algo, también empiezan con mayúscula. Toro Sentado, Nube Florida…
3-Los apodos, sobrenombres y alias con carácter descriptivo también empiezan con mayúsculas y suelen venir precedidos por un artículo en minúscula: Alfonso X el Sabio, Doña Marina la Malinche, Fernández de la Vega el Oso… En Latinoamérica es muy común el uso de un apodo entremedias del nombre o incluso utilizarlo como nombre. En tal caso, también comienza con mayúscula y si se incluye en el nombre poner comillas para diferenciarlo: Rafael “Cortado” Ramírez, Pedro “Gordo” Caballero Los sobrenombres o seudónimos se emplean mucho en los círculos artísticos sobre todo para suplantar el nombre verdadero. Por eso, también deben iniciarse con mayúscula: Oveja Paca, Payaso Fofó, Gallina Caponata, el Manco de Lepanto
4-Al respecto del uso de las mayúsculas en los tratamientos de las personas, sólo es obligatoria en las abreviaturas: Sr. D. Manuel (señor don Manuel), Sto. (santo), U. o V. (usted)… Si no hay abreviatura, entonces se empieza con minúscula siempre y cuando no sea el inicio de texto, claro está: señora doña Manolita, ilustre reverendo Para las formulas honorificas o el alto protocolo se pueden empezar las palabras con mayúsculas, aunque no es obligatorio: Su Santidad el Papá, su Ilustre Majestad…
5-El nombre de personajes ficticios también se escriben con mayúsculas: James Bond, Indiana Jones, Peter Parker… Cuando un nombre común o un grupo nominal se utilizan como nombres propios, también deben iniciarse con mayúscula: Caperucita Roja, los Diablos de Jersey, el Gato con Botas… Los nombres propios con que se designan a las divinidades, profetas, santos, etc.: Dios, Jesucristo, Buda, Odín, Júpiter, Quetzalcóatl, Zeus… Así mismo, los apelativos antonomásticos como las advocaciones deben escribirse con mayúscula inicial: el Señor, el Creador, el Todopoderoso, la Virgen Santísima, el Redentor… El sustantivo de “Dios” (como entidad suprema), siempre debe iniciarse con mayúscula cuando su uso sea como nombro propio: Hazlo como Dios manda, pero obsérvese que: Júpiter es un dios del panteón romano. Los nombres que designan a seres mitológicos o fabulosos también se deben iniciar con mayúscula cuando su utilización sea en condición de nombre propio: Pegaso, Minotauro, Can Cerbero…


El uso de las mayúsculas para los animales y las plantas

1-Al igual que para las personas, los nombres propios de animales y plantas también se inician con mayúscula: Babieca, Micky Mouse, Pulgas…
2-Los nombres latinos que designas especies de animales y plantas comienzan con mayúscula, pero en este caso únicamente la primera palabra: Canis lupus, Geraneo zonal… Se emplea la misma regla para los nombres científicos: Homo sapiens, Homo superior…

El uso de las mayúsculas con los lugares

1-Para los nombres de los países se debe comenzar siempre la palabra con mayúscula. España, Chile, Italia… Y si el país posee dos palabras, o más, todas deben comenzar con mayúscula: Reino Unido, Estados Unidos, Corea del Sur, Cabo Verde… También se emplea esta regla para la unión de países: Unión Europea, Federación Rusa… Los sustantivos y adjetivos que forman parte del nombre de determinadas aéreas geográficas deben amoldarse a esta regla: Occidente, Latinoamérica, Oriente Medio, Países Árabes… De la misma forma, los sustantivos y adjetivos que acompañan a los nombres de determinados lugares, ciudades, países, etc.: la Ciudad Eterna (Roma), el Viejo Mundo (Europa), el Nuevo Mundo (América)… También sirve para las aplicaciones coloquiales: los Madriles (Madrid), De efe (México D.F.).
2-Los nombres de los países, regiones o ciudades productos de la fantasía también se deben iniciar con mayúscula: Atlántida, Aquilonia, Fenris…
3-Los nombres propios de los accidentes geográficos se escriben con mayúscula inicial, no importa que sean naturales o artificiales, pero no los sustantivos comunes que los acompañan: el mar Mediterráneo, el río Nilo, el monte Everest… Hay una regla, pues ciertos nombres acompañan el sustantivo como parte del nombre, por tanto, todas las palabras que compongan dicho nombre deben comenzar con mayúscula: Sierra Morena, los Picos de Europa, las Montañas Rocosas… Los nombres propios de las regiones naturales o áreas bioclimáticas también deben ser escritos de acorde con la regla de las mayúsculas: la Amazonía, la Patagonia…
4-Se escribe con mayúscula inicial el nombre propio de las comarcas: las Alpujarras, los Monegros… Los nombres de los espacios naturales protegidos y bajo la supervisión de una institución o entidad que gestiona dicho espacio se inician con mayúscula, sin importar las palabras que compongan dicho nombre: Parque Nacional de Doñana…
5-Se escriben con mayúscula inicial los sustantivos o adjetivos que forman parte de la denominación militar de un país: La Cuarta Región Terrestre, la Segunda Área Aérea, la Región Militar del Norte…

            Hasta aquí he llegado con la primera parte del uso correcto de las mayúsculas. Espero que te haya servido. En breve pondré la segunda parte.

            Si te ha gustado este artículo, puedes leer también estos otros: