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lunes, 4 de marzo de 2019

LA NUEVA CENSURA EN LA LITERATURA ESPAÑOLA


LA NUEVA CENSURA EN LA LITERATURA ESPAÑOLA   

            Bienvenidos a una nueva entrada en mi blog, dentro del apartado opinión y denuncia. Un tema bastante caliente y que despierta polémica, pues son muchas las personas que niegan que exista la censura y que no entienden que los protocolos de “corrección política” y las imposiciones ideológicas no son más que impedimentos a la libertad de expresión, a la libertad misma y a la dignidad de los ciudadanos, tanto autores como no.
            Esto que voy a decir puede que te coja de sorpresa, pero es inútil ocultarlo más bajo falsos eufemismos: en España está implantada la censura en la Literatura. Cierto, no existe un organismo repleto de censores que se dedican a vigilar atentamente todo lo que se publica (o sí, pues el Ayuntamiento de Madrid, gobernado por una coalición extrema-izquierda-comunista está intentando crear o ya ha creado una concejalía encargada de vigilar que no se publique nada en Madrid “políticamente incorrecto”), pero ya desde diferentes medios de comunicación, agentes sociales, asociaciones, ONGs partidos políticos y demás se presiona, señala y se condena a todo autor que ose salirse de lo que ellos consideran moralmente correcto y de la ideología política imperante; o que ellos pretenden imponer silenciando a los demás.

¿Cómo es esa presión sobre los autores?

            Principalmente es el ostracismo. A no ser que seas un autor muy conocido y que publiques con una potente editorial, la mejor forma de presionar a un autor es el olvido, el desprecio. Se le señala, se le acusa de racista, machista (si eres mujer, traidora a tu género), fascista o cualquier otra cosa que valga. El autor, presionado, solo, pues posiblemente nadie le ayude (porque nadie quiere verse tampoco en esa posición de señalado), termina por claudicar y escribe o realiza cambios en su obra que le conduzcan a salir de la situación de ostracismo en la que se encuentra. Si decides ser fiel a ti mismo y negarte a realizar cambios en tu novela, entonces te encontrarás apartado allá al fondo, etiquetado como “enemigo social” y autor “maldito”.
            Otra forma de censura es negar las subvenciones o las diferentes formas de ayudas que un autor puede recibir por parte de un organismo oficial o asociación directamente relacionada con dicho organismo. Si deseas ese dinero o ayuda para escribir o promocionar tu obra, debes atenerte a las reglas que te impongan. Esto yo mismo lo he sufrido por parte del Ayuntamiento de Getafe (hace ya más de quince años; la cosa ya viene de lejos…), donde podía optar a publicar uno de mis relatos cortos siempre y cuando ese relato se ajustara a unos parámetros que ellos me imponían. Esos parámetros no eran más que una gran carga ideológica política, campaña electoral clara y falsedades encaminadas a ensalzar a unos y a desprestigiar a otros, a todos aquellos que no pensaran como ellos. Como no podía ser de otra manera, me negué a escribir lo que ellos me imponían y me quedé sin la posibilidad de publicar mi relato.

            También las mismas editoriales imponen sus criterios a la hora de publicar una novela. Existen muchas que se siguen ciñendo únicamente a criterios de calidad y éxito comercial, pero cada vez más surgen editoriales pequeñas y medianas que se nutren para su supervivencia o bien de fondos públicos (mediante subvenciones o ayudas), o simplemente no yendo a contracorriente, es decir, rindiéndose a la ideología y prejuicios reinantes. Esas editoriales no aceptan manuscritos que no se ajusten a los perfiles que desde otros estamentos (políticos) les imponen.
            Existen muchas más formas de presionar a un autor, pero la más fiable, sutil pero no por eso menos eficaz es la de autocensurarse.

La autocensura

            Es un arma poderosa que se ha creado conscientemente para anular la capacidad de resistencia de las personas. Como ya he explicado más arriba, uno de los métodos más eficaces para conseguir la anulación de la voluntad y transformar a los ciudadanos en esclavos es la presión social, el señalar públicamente a aquellos que se salen de la manada y osan pensar de por libre. A casi nadie le gusta que sus vecinos, amistades y conocidos le señalen como intolerante, racista, homófobo, machista y cosas parecidas, y como no gusta que se acusen de cosas ciertamente horribles, pues se intenta evitar todas las situaciones que te hagan caer en el escarnio público. Además, se sabe que una vez que has sido señalado, es prácticamente imposible que puedas conseguir aquello que te proponías, en este caso, publicar tu obra. Imagínate la situación. Eres escritor y vas de editorial en editorial intentando publicar tu novela, pero esta ya lleva el cartel de machista, racista o cualquier otra cosa acabada en –ista. Vamos, la peregrinación desde Madrid a Moscú de rodillas y sobre brasas ardientes es mucho más fácil que conseguir que tu novela se vea publicada. Sabes perfectamente que los mecanismos que te han señalado como “oveja negra” poseen unos automatismos que de inmediato anulan tus posibilidades como autor. No deseas que ocurra eso, como no deseas que te insulten por redes sociales o que cada comentario tuyo sea retuiteado mil veces y siempre para mal.
            Entonces se pone en marcha la autocensura, un monstruo divinamente evolucionado que se adapta a todas las situaciones. En tu novela escribes la palabra “mariconadas” en boca de uno de tus personajes, por ejemplo, y enseguida notas que te entran sudores fríos, comienzas a pensar: “¿No habré puesto esta palabra mal? ¿No será una falta hacia un colectivo que se puede sentir ofendido? ¿No pensarán los editores, los lectores, que tras esta palabra se encuentra un sentimiento de homofobia, qué inconscientemente he revelado que no soy más que un homófobo? ¿Y si no me publican la novela por esto, y si los lectores me insultan, y si…?”. Y, finalmente, quitas la palabra “mariconadas” y la cambias por, digamos, “gilipolleces”, que es muy neutra hasta que algún subnormal (uy, que ya me he metido con otro colectivo; la que me espera…) arguya que esa palabra ofende o no sea inclusiva y también esté prohibido mentarla.

            Este ejemplo que he puesto es mucho más corriente de lo que se puede pensar. Y es tan verdad que incluso grandes autores de la talla como Pérez Reverte se han visto ante esta situación. En un estupendo artículo, Reverte explica como él mismo se autocensuró, y si él lo hizo, que es Dios en esto de las letras, imaginaos la autocensura que se puede hacer un autor que comienza en el difícil mundo de las letras (aquí el enlace del artículo por si lo quieres leer: https://www.xlsemanal.com/firmas/20180923/perez-reverte-mariconadas.html). Reverte se crítica a sí mismo por caer en la autocensura, sí, muy loable reconocer su error, pero lo hizo. Más adelante volveré con Reverte, autoproclamado salvapatrias, pero que se ha hecho millonario a base de ceder muy voluntariamente a todos los tópicos, prejuicios, fobias y racismos de toda clase sobre España y más concretamente su Historia en sus novelas.
            Creo que ha quedado muy claro en qué consiste la autocensura. Vamos ahora a explicar de qué modo, personalmente, me he visto atacado por la censura impuesta hoy en día.

Mis novelas no se pueden publicar; son políticamente incorrectas

            Los problemas me han venido concretamente con dos de mis obras más queridas: la trilogía de novela histórica ambientada en la Conquista de México “Crónicas de un conquistador”, y “El pueblo de las nubes”, otra novela histórica ambientada en la expedición de Juan de Oñate en 1598. Ambas obras las he movido tanto en España como en algunos países de Iberoamérica, pero ha sido en España donde me he topado con la censura.
            “Crónicas de un conquistador” directamente me ha sido rechazada por dos editoriales no porque no sea una historia entretenida o porque no esté bien escrita, sino por el tema. En una de las editoriales me dijeron que el tema era muy polémico y podía despertar ofensas en los colectivos indigenistas, algo sencillamente absurdo. Si alguien se siente ofendido por leer sucesos que ocurrieron hace quinientos años es su problema, pero no se puede dejar de publicar algo porque ofenda a otras personas, por muy colectivo que sean. Y en la otra editorial, que ahora no era el momento adecuado para sacar a la venta algo de este estilo, lo cual no es cierto cuanto que las librerías están repletas de libros con temática parecida y, volviendo a Reverte, comprobamos que además venden muy bien. ¿Entonces, cuales fueron realmente los motivos que llevó a estas editoriales a no querer publicar la trilogía?
            Indagando un poco, me di cuenta que las dos editoriales publicaban libros y novelas de temas, digamos, acorde con estos tiempos, es decir, nada que pueda conducirles a polémicas con diferentes colectivos. Es más, si publicaban novelas con “denuncia social” podían optar a ayudas y subvenciones concedidas por asociaciones y entidades directamente relacionadas con el Ayuntamiento o Gobierno de la Comunidad de turno. Por “denuncia social” se entiende publicar historias que pongan a los blancos como racistas, a los españoles como malos, se niegue a España la grandeza inconmensurable de su pasado, se insulte y menosprecie únicamente los sentimientos religiosos de los católicos, se denuncie el heteropatriarcado, se esté a favor del feminismo radical, el aborto es un derecho y no se discute y lindezas parecidas. Atacar a Estados Unidos, aun sin razón, también vale (menos la etapa de cuando gobernó Obama, claro…) para publicar o al menos tener posibilidades de hacerlo con estas editoriales. Es más que comprensible que una novela que versa sobre la Conquista de México, que huye de las mentiras y la propaganda y se ciñe a los acontecimientos históricos, donde no hay blanco y negro, sino tonos de grises y donde los españoles no son tan malos y los indios no tan buenos, no sea entonces publicada. Pero como podéis comprobar, no se publica más que por razones políticas, no editoriales, por tanto, mis libros fueron censurados por motivos ideológicos.
            Podréis argumentar que me equivoqué de editorial, cierto es, pero eso no borra el verdadero problema: que se censuran libros e historias. Y no os creáis que son pocas las editoriales que hacen esto; son muchas más de lo que parece. También podréis comprobar que no hace falta un censor o una organización que vigile las editoriales. Los editores que no quisieron publicar mi trilogía no quisieron buscarse polémicas ni perder las prebendas económicas que obtenían a base de publicar lo que el régimen desea que únicamente se publique. Se autocensuraron por una parte y se vendieron por la otra. En el momento en que te vendes por dinero o favores y aceptas sus reglas te has convertido en un esclavo.
            Con “El pueblo de las nubes” la cosa fue más sangrante todavía. De nuevo, otras dos editoriales diferentes. Una contestó a mi solicitud de publicación que la novela prometía, pero que para publicarla se debían hacer unos pocos cambios. Bien, puedo aceptar eso. Como ya he explicado en otras entradas al respecto de publicar tus obras, es muy normal que los editores exijan cambios en tus novelas. Esos cambios normalmente se suelen dar por criterios de calidad literaria o comerciales y casi siempre son para mejor. Este no era el caso. Los editores me dijeron que mi novela debía cambiarse radicalmente, pues no podía ser que los indios cometieran traiciones y asesinatos y fueran los primeros en declarar la guerra. ¿Qué era esto? ¿Pacíficos indios, que viven en paraísos naturales siendo los agresores? De eso nada. Como todos saben, los únicos que cometen traiciones y hacen la guerra son los blancos, que son malos y opresores. Respondí que es un hecho histórico que no se puede cambiar y me respondieron a su vez que si quería que el libro se publicara los indios debían ser buenos, muy buenos, y los españoles malos, muy malos; no había otra. Y como no había otra, los mandé a freír espárragos.

            En la segunda editorial también pedían cambios, sí. ¿Los indios cometiendo felonías? Tijeretazo. ¿Los españoles comportándose con honor, valentía y diplomacia? Tijeretazo. La historia debía ser más inclusiva, me dijeron. ¿”Cómo se hace eso”?, pregunté. Había que meter cosas y conceptos modernos: luchas de clases, una soterrada denuncia al capitalismo, una pareja homosexual, indios buenos y tolerantes… En fin, hablamos del siglo XVI principios del XVII; aberrante es decir poco. “¿Y si no hago estos cambios no publico?”. No sólo no publico, sino que es muy difícil que publique en otras editoriales. En fin, me marché con mi novela intacta y con cajas destempladas.
            ¿Es posible publicar mis novelas en España? Claro que sí. Como he dicho, hay muchas editoriales que publican novelas de estos temas. Ya mismo las dos primeras partes de “Crónicas de un conquistador” vieron la luz en formato papel hace unos años. Pero el hecho de que existan numerosas editoriales, cada vez más, que se niegan a publicar ciertas novelas porque tocan temas que según ellos son “sensibles y ofensivos” nos indica que la censura poco a poco se está imponiendo.

Lo que es “correcto” y vende

            Y llegados a este punto, vuelvo al tema Pérez Reverte. Las personas no somos blanco y/o negro, como ya he dicho. Hay muy pocas personas que sean excepcionalmente buenas como hay muy pocas que sean excepcionalmente malas. Todos nos movemos en escalas de grises y con comportamientos en muchas ocasiones ambiguos o impredecibles; ni siquiera nosotros a veces sabemos porque hacemos lo que hacemos. Dicho esto, el lenguaje es perverso, y las palabras no se utilizan a la ligera, sino que siempre hay una clara intención tras ellas. Nadie duda, y yo menos, que Reverte es un tipo inteligente, culto y que conoce, quizás no a la perfección, pero sí en profundidad la Historia de España. Por eso, uno se asombra cuando se acerca a sus novelas y lee en ellas esa autocensura que ya he ido denunciando a lo largo de esta entrada. Voy a poner como ejemplo la saga de novelas del Capitán Alatriste, que se sitúan en la España de Felipe IV, siglo XVII más conocido como el “siglo de Oro español”. ¿Son novelas históricas? Es lo que cree la mayoría de la gente y quizás esa fuera la intención de Reverte al escribirlas, pero no son más que obras de aventura (capa y espada) que muy poco tiene que ver con la realidad histórica. El truco que Reverte utiliza es dar ciertas pinceladas históricas a sus relatos y mover a sus personajes por un Madrid y otras ambientaciones muy cuidadosamente recreados, pero eso es todo.
            ¿Dónde se encuentra la autocensura? Los libros de Alatriste son un compendio de clichés falsos, de tópicos más falsos aún, de prejuicios, fobias, mentiras, falsa propaganda y un montón de leyenda negra y que, a pesar de todo, muchos lectores, por no decir la mayoría, creen que son “hechos históricos” y lo dan todo como verdadero. Para poner un ejemplo y que se me entienda, es como si yo escribiera un libro sobre el Madrid del siglo XXI y pusiera a los hombres españoles como toreros, futbolistas y chulos de bar, mientras que ellas son flamencas, matronas o beatas puritanas. Es un Madrid plagado de corrupción, robos, de guardias civiles muy malos que van pegando palizas a la gente porque les apetece y una sociedad corrupta, analfabeta y cruel, siempre dispuesta a robar y mentir, aunque los domingos va a misa y se considera católica. Pues así son las novelas de Alatriste. La pregunta es por qué Reverte, siendo un hombre culto, defensor de la Historia, crea historias que se basan más en mentiras, propaganda falsa y leyenda negra que en hechos históricos.
            Bien, yo no conozco a Reverte ni sé lo que piensa, pero recomiendo a los lectores de este blog la lectura del libro “Imperobia y leyenda negra” de María Elvira Roca Barea, editorial Struela, y podrá conocer una amplia respuesta a la anterior pregunta y conocer como comienza en España la censura que en la actualidad comienza a azotar al mundo de la literatura (como ya hace en el caso del humor, el cine, la TV…). Pero como no quiero dejar al lector con las ganas de saber por qué Reverte escribe las novelas de esa forma, puedo adelantar que posiblemente (posiblemente, recalco) lo hace porque sabe que hay un público que sí acepta una Historia de una España corrupta, decadente, fanática, inculta, atrasada y pobre mientras que lo contrario no lo acepta, como se demuestra en el caso de novelas del mismo género que no consiguen ventas tan millonarias como las de la saga Alatriste. Así pues, Reverte, sus motivos tendrá, se autocensura a sí mismo y se deja llevar por la corriente de pensamiento dominante del momento, aquella que exige a los autores que deben escribir sobre tal cosa, abstenerse de otras y cambiar sus historias por otras más “políticamente correctas”, más de “estos tiempos”, e inclusivas.
            E insisto, aunque peque de pesado. Si Reverte, para mí un escritor genial, hace esto y se rinde a la evidencia, ¿qué se puede esperar entonces del resto de desdichados autores noveles, poco conocidos o que ansían publicar su primera novela?

Reflexiones finales
     


             No estoy aquí para decir a nadie lo que debe hacer, no es esa mi intención. Esta entrada es para dejar constancia de lo que ocurre y de las dificultades que los escritores tenemos para publicar nuestras novelas. A las dificultades ya conocidas y a las que he dedicado ya otras entradas, nos enfrentamos también ahora a una nueva censura y a la autocensura, mucho más eficaz que la primera en cuanto a represión.


            Por eso, la entrada es más informativa que otra cosa, para que si a ti, autor, te ocurre lo que a mí  y a otros autores nos ha pasado no te pille de sorpresa y sepas actuar en consecuencia. No te extrañe nada de lo aquí planteado, no te obceques con publicar al precio que sea y piensa que existen muchos caminos y oportunidades. Persevera, sé fiel a ti mismo y trabaja, no dejes de hacerlo.
            Como he dicho, no todas las editoriales son así, ni todas exigen esos cambios a los autores, pero el mayor peligro se encuentra en la autocensura, en esa lucha con nosotros mismos y nuestros principios, en no dejarnos abatir por el miedo y en el qué dirán y en seguir adelante en nuestros objetivos. Cada cual que haga lo que quiera, pero yo prefiero quemar todas mis obras antes que ceder o dejar que me digan lo que debo escribir, porque si así lo hiciera, ese día dejaría de ser escritor para convertirme en esclavo. Y si caes, o te rindes, al menos ten la decencia de admitirlo. Al fin y al cabo, no somos más que humanos, solo humanos…




viernes, 18 de enero de 2019

LA GÉNESIS DE… EL PUEBLO DE LAS NUBES


LA GÉNESIS DE… EL PUEBLO DE LAS NUBES



            En esta nueva entrada dedicada a responder a la pregunta de por qué me dio por escribir tal libro, vamos a hablar de mi novela histórica EL PUEBLO DE LAS NUBES. Dicha obra está ambientada a finales del siglo XVI y principios del XVII en tierras de Nueva España y Nueva México, en la expedición del llamado “último de los conquistadores”: Juan de Oñate y Salazar.

Un poquito de contexto histórico

            Juan de Oñate protagonizó una expedición por lo que es hoy el suroeste de los Estados Unidos en 1598 reinando ya en España Felipe II. Alejada de las grandes conquistas que supusieron los imperios inca y mexica (azteca), la expedición de Oñate poseía otros objetivos muy distintos, tales como la búsqueda de tierras fértiles para la agricultura y la ganadería, el hallazgo de minas de oro y plata (las encontradas en Zacatecas, de plata, despertó la creencia entre los españoles que más al norte de Nueva México era posible encontrar nuevas minas), el contacto con tribus indias y establecer pactos de alianza y comercio y, sobre todo, encontrar el muy importante paso al mar del sur que se creía no podía estar muy lejos. Hay que recordar que por entonces no se pensaba que la parte de Norteamérica fuera tan grande y se pensaba que el mar del sur no podía hallarse muy lejos. De encontrar dicho paso, las posibilidades para el comercio eran ilimitadas.
            Lo que no podía imaginar Oñate, ni los miembros de la expedición, es que lo que iban a encontrar serían tierras desérticas o de pocos pastos, calores ardientes, fríos glaciales, tribus indias muy pobres y ríos anchos y problemáticos. Y por si fuera poco todo esto, también se las verían con indios muy hostiles de nombres tan míticos como los apaches o los comanches, pero sobre todo con los indios más valientes y fuertes de todo aquel extenso y desconocido territorio: los indios de Acoma, el pueblo de las nubes.
            Aunque en un principio las relaciones entre los españoles y los indios fueron buenas, pronto los de Acoma comprendieron que si se dejaba hacer a los recién llegados sus políticas de alianzas y comercio, la ciudad de Acoma, enclavada en lo alto de una escarpada y alta montaña de pico plano, perdería su puesto de primacía entre las demás tribus y quedarían relegados a un segundo plano. Decidieron entonces los de Acoma atacar primero y a traición a los españoles confiando que las demás tribus se les unirían. Se iniciaría así lo que la Historia ha dado a conocer como “la guerra de la Roca”.

La novela EL PUEBLO DE LAS NUBES

            Dentro de ese hecho histórico que es la expedición de Juan de Oñate y “la guerra de la Roca”, se encuentra otra historia que es ficción, pero que entrelaza muy bien con los acontecimientos y personajes históricos. Uno de los principales protagonistas de la novela es Juan de Maqueda, el líder indiscutible de su clan, los Maqueda. Toda la familia Maqueda está gravemente enemistada con otra familia, los Carmona, cuyo líder es Carlos de Carmona. Ambos clanes se ven enfrentados por sucesos sangrientos del pasado y desean buscar venganza. No obstante, los Maqueda y los Carmona son obligados por Juan de Oñate a iniciar una tregua ya que ambas familias participan en la expedición.
            Puesto que terminar con éxito la expedición es muy importante para los dos clanes, todos los miembros de los mismos respetan la tregua; al menos mientras dure la expedición. Durante el trayecto por cientos de kilómetros de tierra hostil, dura y seca, no parece haber problema entre los Maqueda y los Carmona, pero los acontecimientos se disparan a raíz del encuentro y relación entre Bartolomé de Maqueda, el hermano pequeño, y la también hermana pequeña de los Carmona, Isabel.
            El desencadenante de la guerra contra los indios de Acoma y la amenaza del levantamiento de algunas tribus indias supuestamente aliadas de los españoles también agravan el conflicto entre los Carmona y los Maqueda. Graves y sangrientos pecados del pasado saldrán a relucir y el honor, el sacrificio y la muerte se verán enfrentados en una feroz vorágine.

¿De dónde vino la idea de escribir esta novela?

            En 2009 salió a la venta un libro de divulgación histórica titulado “Banderas lejanas” escrito por Fernando Martínez Laínez y Carlos Canales. El resumen del libro enseguida me atrajo la atención. Dice así:
“En gran parte desconocida por los propios españoles, la gesta de la exploración, conquista y defensa que llevó a cabo España en lo que hoy son los Estados Unidos de América supone un acontecimiento histórico capital. Durante trescientos años, soldados, navegantes, misioneros, colonos y descubridores al servicio de España plantaron sus banderas en fuertes, poblados, misiones y ciudades repartidos por toda América del Norte, desde los límites de México hasta la frontera canadiense y Alaska. Españoles fueron los primeros europeos que avistaron el Cañón del Colorado, cruzaron el río Misisipi, atravesaron las llanuras de Kansas, se internaron en los desiertos de Nevada o fundaron ciudades como Los Ángeles, Santa Fe o San Francisco. Mucho antes de que Estados Unidos existiera como nación, España había conquistado ya el Far West y combatido o pactado con las principales tribus indias que luego el cine de Hollywood haría famosas. Desde Florida a California las enseñas hispanas ondearon sobre un enorme territorio que tuvo que ser defendido con escasísimos recursos. Este libro incluye por primera vez la lista de todos los fuertes, puestos fortificados, misiones y presidios españoles en Estados Unidos y Canadá. Con amenidad y rigor documental, presenta también una panorámica completa de los esfuerzos políticos y militares, y de los personajes que contribuyeron a fijar la historia apasionante, violenta en ocasiones y casi siempre heroica, de unos hechos que merecen ser rescatados del olvido y formar parte de la memoria colectiva hispanoamericana.”
Es un libro apasionante cargado de momentos históricos totalmente épicos y repleto de aventura, heroísmo y sacrificio. Si todas estas gestas e historias hubieran sido protagonizadas por ingleses o norteamericanos, no quedaría ninguna duda de que se hubieran hecho multitud de películas, series de televisión y se habrían escrito cientos de libros sobre todos y cada uno de los temas mencionados en el libro “Banderas lejanas”.
            Me sorprendió que en España no solamente no se conociera apenas nada de esto, sino que tampoco hubiera muchos libros, o novelas, al respecto. Bueno, ya sabemos que en España la ignorancia de su Historia es un hecho por desgracia constatado, así que no insistiré mucho en tal cuestión porque esta no es la entrada adecuada para ello, pero me propuse, a través de mi novela, aportar un granito de arena a la ingente tarea de intentar acercar estos hechos al gran público, tanto de dentro como de fuera de España.
            Del libro “Banderas lejanas” se pueden sacar múltiples historias. De hecho, mi idea es escribir un par de libros de los Dragones de Cuera, aunque eso queda para más adelante.
            Otra de las intenciones de “El pueblo de las nubes” es seguir atacando a la Leyenda Negra y a todos los prejuicios y mentiras que pululan alrededor de la Conquista. No se trata de enjuagar los hechos ocurridos, ni los errores, pero desde luego, no se puede permitir la constante difamación y manipulación a la que es sometida constantemente la Historia de España. También quiero, con mi novela, hacer un homenaje a la gesta de unos hombres y mujeres que abrieron nuevas rutas y establecieron contactos con otras culturas. Es inaudito que estos hechos se conozcan, se estudien en las escuelas de Estados Unidos y hasta se celebren sus efemérides y, en cambio, en España no solamente no se conozcan sino que no se haga nada por conocerlo.

Documentación y trabajo previo

            Cuando se quiere escribir novela histórica, al menos si deseas ser un mínimo fiel a la Historia (porque existe mucha novela que se considera histórica, pero no lo es) lo primero que hay que hacer siempre es documentarse y estudiar mucho la época histórica sobre la que deseas escribir. Pero la tarea no era tan fácil como parecía, porque como ya he explicado, no hay mucho material en español acerca de la expedición de Juan de Oñate. En la actualidad prácticamente apenas hay nada acerca del tema y tuve que ir a librerías de antiguo y segunda mano a rebuscar entre las estanterías. Tuve suerte y encontré unos pocos libros sobre el tema, en concreto una pequeña joya de los años setenta que trataba exclusivamente de la expedición de Juan de Oñate. Con información en páginas Web en inglés pude también ir rellenando huecos y documentarme mejor.
            Pero sobre todo me fue de gran utilidad y donde más me apoye la obra de Gaspar Pérez de Villagrá, militar y poeta que fue capitán en la expedición de Juan de Oñate. A raíz de los sucesos que le tocó vivir, Villagrá compuso su obra “Historia de la Nueva México”, que si bien está escrita en verso y se compone de ciertos elementos floridos, con el tiempo se ha demostrado que todo lo escrito en ella es rigurosamente cierto.

            Para conocer mejor a los indios y las duras condiciones en las que vivían, tiré también de otros autores clásicos y más crónicas de la época, teniendo finalmente una gran documentación que me permitió poder afrontar el trabajo de escribir la novela con ciertas garantías.

Escribiendo la novela

            Con todo, no fue tarea fácil escribir la obra, porque constantemente debía parar para seguir estudiando y corrigiendo errores históricos. Aunque la trama de ficción ya la tenía completamente pensada, tener que cuadrar esos hechos con los históricos me supuso un enorme trabajo.
            Como me suele ocurrir cuando escribo, al principio me entró el pánico al creer que no sería capaz de llevar a buen término la novela. A pesar de tener ya más de quince años de experiencia escribiendo, ese miedo es eterno. Luego, a medida que voy escribiendo y las páginas se van sucediendo una tras otra el miedo se convierte en determinación y en ganas de seguir para terminar cuanto antes y poder disfrutar de la historia terminada. Y también, como es habitual, los personajes tomaron “vida propia” y me impusieron sus personalidades y carácter. Ellos me ayudaron a que todo encajara.
            Me llevó algo más de un año escribir la novela. Tuve que parar en múltiples ocasiones para corregir o reescribir ciertas partes, y de igual forma me vi obligado a cambiar pequeños detalles históricos para que las historias de los personajes de ficción encajaran con facilidad en las tramas históricas; nada que cambiara el desarrollo histórico en general, pero es conveniente avisarlo.
            Una vez terminada la obra, y tras registrarla previamente en el Registro de Propiedad Intelectual, me dediqué a enviarla a diferentes editoriales con la intención de que la publiquen. Hasta el momento no he tenido suerte. He recibo varias ofertas de países latinoamericanos, pero sus condiciones no me convencieron y las rechacé. En España me he topado con la indiferencia por un lado, y por el otro con lo políticamente correcto que impregna en la actualidad nuestra sociedad. O dicho con otras palabras: me topé con la CENSURA.
            Sí, la censura. Aunque muchos sigáis teniendo una venda en los ojos que os impide ver la realidad, lo cierto es que en estos tiempos hay más censura en la literatura que en los tiempos del tío Paco. Es lamentable, pero es así. Recibí dos ofertas de unas editoriales para la publicación de “El pueblo de las nubes”, pero entre las condiciones para publicarla se encontraba el realizar cambios drásticos en el argumento y en eliminar ciertos pasajes. En concreto, se me pedía que eliminara lo que para estos nuevos censores y entes totalitarios de mentes cerradas se consideraba una “visión negativa” de los indígenas. Es decir, los indios nunca pudieron cometer traiciones, ni asesinatos, ni ser los primeros en atacar a los hombres blancos. En todo caso, los indios se limitaban a ser víctimas y a defenderse de los ataques de los malvados (y racistas) hombres blancos. Por lo mismo, los españoles no podían ser hombres (o mujeres) de probado valor, honor y compromiso moral tanto con los suyos como para con los indios. Me pedían que la visión que debía dar de los conquistadores siempre tuviera que ser bajo el prisma de que eran “malos”, “fanáticos” y “asesinos”.

            Por supuesto, a estas editoriales, educada, pero firmemente, las mandé a freír espárragos. Yo no escribo para estos tiempos, ni para ideologías. No sirvo más que a los lectores y a la Literatura. No soy un maestro, ni un inmortal de las letras, pero desde luego no voy a consentir que mis obras se vean convertidas en pastiches ideológicos según los tiempos que sean. Antes quemo todos mis libros y me muero de hambre.
            No voy a expandirme más en este tema. Tengo pensado más adelante escribir una entrada en el blog dedicada al asunto de la censura en la literatura española y como ciertos autores de renombre, a pesar de sus gritos de indignación y rasgar de vestiduras, se han rendido a ella. Así pues, terminemos con esta entrada diciendo que estoy muy orgulloso de “El pueblo de las nubes”. La considero una obra muy completa, que me costó trabajar terminar, pero una gran satisfacción cuando lo hice. Un proyecto personal que se puede conseguir bien en formato libro electrónico o formato libro en papel a través de Amazon. Ya son muchos los lectores que han disfrutado de la trama y de los personajes y me han escrito para comentarme sus partes preferidas o simplemente para dejar sus opiniones.
            A todos gracias por leer mis libros. Qué sería un autor sin sus lectores. Nada. Pero que sería un autor sin honor, ni valor, ni convicción en las ideas que cree. Un esclavo, eso sería.
            Así pues, amable, lector, toma tu mochila, la espada, el bastón de caminar y adéntrate en un territorio tan hostil como hermoso. Si te das prisa, todavía podrás ver la nube de humo que levantan las carretas y los animales de la expedición de Juan de Oñate. Ellos fueron los primeros pioneros y sus aventuras hacen palidecer a todas las historias del Far West norteamericano. Sumérgete en la Historia.



jueves, 6 de diciembre de 2018

SUCEDIÓ EN LA NOCHE DE LOS REYES MAGOS


SUCEDIÓ EN LA NOCHE DE LOS REYES MAGOS

            Quedaban apenas tres días para la noche más mágica del año en España: la noche de los Tres Reyes Magos. César andaba preocupado, porque todavía no había encontrado el regalo principal que su pequeña hija Sara, de seis años, le había pedido. O más bien había pedido a Baltasar, Melchor y Gaspar, claro, los tres Reyes, porque Sara creía en ellos, por supuesto. César cometió el error de dejar pasar un par de semanas confiado en que encontraría la muñeca a tiempo, pero ahora resulta que el juguete se encontraba agotado en jugueterías y centros comerciales.
            Era la muñeca de moda, por la que todas las niñas ese año suspiraban: Cindy Superstar. Una muñeca creada según los estándares actuales, delgada, muy moderna, con carácter y repleta de detalles y complementos que, como no podía ser menos, se vendían aparte. Bueno, suspiró resignado César, si era la ilusión de Sara él no podría por menos que no defraudarla. Pero un gasto inesperado en casa le había supuesto gastar lo que tenía ahorrado para los Reyes de Sara y tuvo que esperar a recuperar el dinero de otro lado. Para colmo, se había comprometido con su mujer en ser él quien se encargara este año de los regalos, así que no le quedaba otra que cumplir con lo prometido. Sara le había besado en la mejilla y advertido muy seriamente sobre las letales consecuencias de que los Reyes Magos no le trajeran a Cindy Superstar.
            Por eso se encontraba ahora César montado en un autobús viajando por Madrid, de centro comercial en centro comercial y de juguetería en juguetería en busca de la dichosa muñeca. En todas partes le habían dicho lo mismo: agotada y no se repondría hasta pasado al menos dos semanas después de Reyes. Aquello hundió en la desesperación a César, pero pasados los primeros momentos de estupor no dejó que la mala noticia le pudiera y partió a otros sitios. Mediante Internet por el teléfono móvil, logró conectar con foros y páginas Web donde otros padres ponían lugares donde se vendían los juguetes, los mejores descuentos, precios, esas cosas… Así supo que la caja básica donde venía Cindy Superstar tenía dos versiones. Una era la normal, la muñeca, un vestido de recambio y unos pocos complementos; y la versión edición limitada (y más cara) con tres vestidos, complementos especiales, un cómic sobre la muñeca, un CD con la música favorita de Cindy Superstar y otras cosas. Bueno, a César le daba igual la edición limitada que la normal que la cutre. Él quería un maldito ejemplar de la muñeca y santas pascuas.
            Pero por más que había buscado no encontraba el juguete. Una alerta en el móvil le indicó que en una tienda existían algunos ejemplares, por eso viajó hasta la otra punta de Madrid al instante. Cuando llegó tuvo que batirse bravamente con otras madres y padres, avanzando férreamente por los pasillos atestados de compradores de la juguetería hasta llegar a las estanterías donde Cindy Superstar se encontraba. Para su horror ya no quedaba ni una sola muñeca; otra vez tarde. ¿Qué hacer, donde ir, a quien acudir? El tiempo se agotaba, aunque todavía quedaban tres días para la búsqueda.

            No fueron suficientes. Con una celeridad pasmosa los días pasaron y César se encontró con que era el día previo a los Reyes Magos y la esquiva Cindy Superstar no se encontraba con el resto de los regalos de Sara. Todavía había tiempo, se decía a sí mismo César. La noche previa a los Reyes las tiendas permanecen abiertas hasta las 24:00 horas. Enfundado en un grueso abrigo, con bufanda y guantes, con el móvil en la mano y alerta a todo, se lanzó de nuevo a las calles de Madrid, viajando de tienda en tienda dispuesto a encontrar la muñeca. Cuando ya todo parecía indicar que Sara se quedaría sin su juguete deseado, una nueva alerta en el teléfono avisó a César que una gran superficie en un centro comercial había encontrado varios ejemplares de la muñeca y los había puesto a la venta. ¡Qué suerte! César apenas se encontraba a unas pocas paradas de autobús de aquel centro comercial. Es más, si echaba una carrera llegaría antes incluso que el autobús, porque si esperaba la llegada del transporte público más que seguro que perdería mucho tiempo.
            Sin pensarlo más, César corrió durante más de veinte minutos hasta llegar al centro comercial. Sin parar para recuperar el aliento se internó en las galerías comerciales para llegar al supermercado y su sección de juguetes. Esquivó personas, carritos de la compra y alguna que otra empleada que le gritó a saber qué. ¡Maldición! La estantería de la muñeca otra vez vacía. ¡No! Quedaba una caja. Lanzando un grito de triunfo César agarró la caja con fuerza. ¡Ya era suya!
—¡Oiga! —exclamó una mujer regordeta y con la cara excesivamente cargada de maquillaje— Esa muñeca es mía. Yo la vi primero.
—Con todos mis respetos, señora, pero la he cogido antes —respondió César agarrando más fuerte la caja.
—¡Qué maleducado! Es usted un gamberro. Esa muñeca me pertenece. La vi antes…
—Aquí no se trata de quien la vea antes, sino quien la agarra antes.
—¡Qué me la de le digo!
—¡Señora! ¡Suelte la muñeca!
            La mujer enganchó la caja con fuerza a la vez que se puso a gritar como una loca, pero César no estaba dispuesto a soltar su codiciado botín. Así que tras la sorpresa inicial dio un fuerte tirón y logró que la señora soltara la caja. A los gritos acudieron dos guardias de seguridad que demandaron saber qué pasaba. César se explicó, pero la señora seguía berreando y exigiendo la muñeca.
—Señora, cálmese —intentaba razonar uno de los guardias—. Este señor llegó antes y tiene derecho a la muñeca…
            Pero aquella mujer ni razonaba, ni se callaba. César se escabulló entre la confusión y el gentío dejando a los dos pobres guardias de seguridad capear el temporal. Para eso los pagaban.

            Más tarde, y muy satisfecho consigo mismo, César viajaba en el Metro hacia casa, ya era muy tarde, casi la hora de cenar, pero todos los esfuerzos habían merecido la pena. Cindy Superstar estaba en su poder y Sara tendría su juguete soñado. Era la versión normal, pero a estas alturas era todo lo que se podría conseguir. A Sara le daría lo mismo. El vagón de Metro contaba con pocos viajeros, ya casi todos los madrileños estaban en sus casas cenando, o comiendo el Roscón o preparando los juguetes. Además, hacía mucho frio y la noche invitaba a estar entre los tuyos. Justo enfrente de César estaban sentadas una madre de unos treinta años y su hijita de una edad parecida a Sara. Eran latinas, de pelo negro y ojos oscuros y muy expresivos. A juzgar por la ropa debían de ser condición humilde. La mujer llevaba una bolsa con lápices de colores y unos cuadernos para dibujar.
—Mami, pero yo quiero una muñeca para Reyes… —decía la niña con su voz infantil y los ojitos medio llorosos.
—Ya, cariño, pero mami te ha explicado que no tenemos dinero para otra cosa. Tendrás que conformarte con unos lápices para dibujar —explicaba la madre con mucha paciencia y sincero pesar en su voz, pero mirando con mucho amor y ternura a su hija.
—Pero mamá, si son los Reyes Magos quienes traen los regalos, ¿qué tiene que ver el dinero con esto? —argumentaba la chiquita con su aplastante lógica infantil.
—Hija, no es todo como piensas.
—Mamá, en mi clase mis amigas tienen muñecas y juguetes bonitos, y me preguntarán que me han traído los Reyes y no tendré ninguna muñeca que enseñarlas. Se ríen de mi porque tengo remendones en la ropa, son malas…
—No las hagas caso, corazón.
—No importa, mamá, sé que los Reyes me traerán una muñeca. He sido buena todo el año y sé que ellos son buenos, ¿verdad, mamá?
—Sí, hija —respondió la madre con la voz quebrada por el dolor.
            César no pretendía espiar la conversación, pero no pudo evitar escucharla y comprendió muchas cosas. Comprendió que aquella buena mujer pasaba por un mal momento económico y que no podía comprarle juguetes a su hija. Y supo también que aquella niña de cara ingenua se llevaría al día siguiente una tremenda desilusión al descubrir que los Reyes, finalmente, no le habían traído esa muñeca tan deseada. Y con ello en el corazón de la niña se rompería algo y perdería esa ilusión que hace tan maravillosa y mágica la infancia, sobre todo en Navidad. César supo entonces que estaba en sus manos impedir que la chiquita pasara por un mal trance que podría marcarla para el resto de su vida. Eran cosas materiales, cierto, pero a estas edades un detalle así podía apuñalar la ilusión de una niña y hacer que la perdiera para siempre, creciendo en edad mental incluso antes de lo esperado y deseado. No, los niños han de ser niños todo el tiempo que puedan. Llevado por un poderoso impulso interno, César se levantó y se acercó a la mujer.
—Perdone, hum… —al principio no supo que decir, pero de inmediato a la mente le vino una idea y rápidamente se las ingenió para componer una pequeña mentira—. Señora, las he escuchado hablar, perdone mi osadía, y creo que tengo una solución.
—Señor, ¿qué dice? —dijo la mujer tomando a su hija de la mano.
—Vera… hum… soy voluntario en una asociación que se dedica a recoger juguetes para las familias más necesitadas. Precisamente voy a la asociación para llevar esta muñeca y donarla. Bueno, pues creo que usted necesita esta muñeca, ¿verdad?
—Señor, no puedo permitir tal cosa. Otros niños necesitarán juguetes y…
—Señora, no me rechace un regalo. Se lo doy de buena fe, téngalo y no lo piense más.
—Señor, yo… —la mujer se quedó asombrada al contemplar la bolsa con la caja de Cindy Superstar envuelta en papel de regalo—. No sé qué decir…
—No diga nada, acéptelo y Feliz Navidad, aunque en este caso toca mejor decir felices Reyes Magos.
—¿Es usted un Rey Mago? —preguntó la niña con una luminosa sonrisa.
—No —contestó César guiñando un ojo—. Sólo soy uno de sus ayudantes.

* * *

            Tras haber entregado la muñeca a la niña, César sintió una profunda sensación de bienestar en su interior, orgullo por haber hecho lo correcto y una gran paz, a lo que se sumaba una intensa alegría. César pensó mucho en su acción, porque no era alguien dispuesto a estar pendiente de los problemas de los demás, bastante tenía con los suyos. Pero se alegraba. Pensaba que no tendría que quedar todo ahí, algo que ocurre únicamente en Navidad, sino que podía hacer algo similar el resto del año. A lo mejor podía acercarse a una asociación, una ONG o una parroquia y apuntarse como voluntario para colaborar en asuntos sociales. Tal vez podría dedicarse a guardar juguetes todo el año y luego donarlos en Navidad. Sí, eso haría, se prometió a sí mismo con mucha solemnidad.
            Pero cuando llegó a casa y se enfrentó a la ira de su mujer, a César todos los pensamientos filántropos se le fueron al traste. Su mujer se enfadó mucho con él, ya que se había comprometido a encontrar a Cindy Superstar y había fallado. ¿Cómo se lo tomaría Sara? Porque la niña no dejaba de hablar de la muñeca y de la ilusión que le daba el tenerla; porque los Reyes Magos se la traerían, seguro. César debía hablar con su hija, pero no pudo reunir el valor necesario para hacerlo.
            Esa noche fue muy dura para él, enfrentándose por un lado a las miradas acusadoras de su mujer y por el otro a la ilusión de su hija. César se sentía muy mal, con la sensación del fracaso presionando sus espaldas. ¿Qué le diría a Sara a la mañana siguiente cuando descubriera que Cindy Superstar no se encontraba con el resto de regalos? ¿Pero por qué demonios regalaría la muñeca? En menudo lío se había metido…

            Le costó mucho conciliar el sueño, y su mujer ni tan siquiera le deseó buenas noches. Muy de temprano le despertaron los gritos, risas y ruidos de Sara que, como casi todos los niños en aquel día, se había despertado muy de mañana para ir a todo correr al salón en busca de los regalos que los Reyes le habían traído.
—Ahora a ver que le dices a tu hija —fue el saludo mañanero de su mujer.
            César marchó despacio al salón, bostezando y pensando a toda prisa en una excusa que contar a Sara.
—¡Mira, papá! ¡Me la han traído! ¡Los Reyes Magos me han traído a Cindy! —exclamaba loca de alegría Sara alzando la muñeca a lo alto y sin dejar de correr de un lado a otro del salón— ¡Y es la edición mega especial limitada platino!
—¿Eh? Pe… pero… pero… —balbuceó César sin dar crédito a lo que veía.
—Ah, cariño, que tonta he sido, como me has engañado —su mujer se abrazó a su cuello y le dio tiernos besos—. Ya sabía que no nos fallarías. Eres el mejor. Qué gran sorpresa.
—¿Eh? Pe… pero… pero… —¿de dónde infiernos había salido esa muñeca?, pensó César.
            Sara daba vueltas por el salón haciendo volar a la muñeca y enseñándosela a su madre. César se acercó y cogió la caja de la muñeca. Efectivamente, era una edición muy especial, únicamente tres mil unidades en toda Europa, con muchos más complementos y detalles especiales. Pero todo esto no respondía a la inquietante pregunta.
            Fue entonces cuando César reparó en un sobre al pie del árbol de Navidad. Se agachó, lo tomó y pudo leer “Para César”. Extrañado, lo abrió y leyó la nota que había en su interior.

“Las buenas acciones tienen su recompensa.
G, M & B
P.d.: no se te olvide cumplir tu promesa.”

            César casi se desmayó. Pero que caray, es la noche más mágica del año.