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martes, 8 de marzo de 2016

CRÓNICAS DE UN FRIKI XV



CRÓNICAS DE UN FRIKI XV

LOS PLAYMOBIL (o click); cuarta parte.
A centrarse en los antiguos.


            En 1974, en la feria del Juguete de Alemania, el dueño de la empresa juguetera Brandstätter, presentó tres muñecos de apenas siete centímetros y medio que de inmediato causaron furor. Eran un obrero, un indio y un caballero y esos tres muñecos pronto se convertirían en millones y en el juguete más vendido hasta la historia. Habían nacido los Playmobil.
            Ya he hablado sobre el origen de los clicks y como entraron en España, pero vamos a seguir haciendo un poco más de Historia en esta última entrada sobre los Playmobil centrándonos en sus creadores. El dueño de la empresa era Horst Brandstätter, que necesitaba un nuevo juguete que vender y que generara beneficios, pues la crisis del petróleo estaba pasando factura a su empresa. Encargó a Hans Beck que inventara algo nuevo y Beck creó los Playmobil. Horst enseguida vio el potencial de esos tan sencillos como geniales muñecos y arriesgó el todo por el todo con su puesta en escena y distribución a gran escala. Así pues, podemos hablar que Hans Beck fue el inventor de los Playmobil y Horst Brandstätter quien se encargó de que tuvieran éxito. Una pareja que por separado quizás no hubieran tenido ese éxito pero que juntos alcanzaron la gloria en el sector juguetero.

            Ahora bien, en el proceso que siguió a esta presentación en 1974 hubo mucha más gente que participó en el proyecto que hizo que los clicks llegaran a ser lo que son en la actualidad: diseñadores, publicistas, agentes comerciales, distribuidores, socios inversores, accionistas… Todos pusieron su granito de arena para contribuir al éxito.

Un poco de orden, por favor

            Una empresa como Brandstätter posee muchas subdivisiones y un reparto del trabajo y de la responsabilidad enorme. Esto puede llevar a crear confusiones o mala coordinación en los proyectos, por lo que es preciso partir de una serie de reglas y directrices muy bien delimitadas. Estaba claro que Horst creó su empresa para ganar dinero, pero también está muy claro que sentía por los niños una especial predilección y deseaba que sus juguetes llegaran a todos los chavales del mundo. De igual forma pensaba Hans, que creó al click con la idea de que tanto niños como niñas pudieran utilizarlo para jugar y no se convirtiera en un juguete del tipo “etiqueta” (las muñecas son para las niñas, los balones son para los niños, por ejemplo). La idea de Horst era tener un juguete barato de producir, que se pudiera distribuir a nivel internacional y que no fuera caro para que cualquier padre o madre pudiera comprarlo para sus hijos. Horst no quería un juguete caro que únicamente pudieran comprar los niños de familia de clase alta o que estuviera supeditado a los países más desarrollados de Europa. Desde el primer año, los Playmobil comenzaron a venderse por miles y los beneficios fueron enormes para la empresa Brandstätter, y esto llevó a muchos accionistas y socios de Horst a presionar al mismo para que subiera el precio del producto o lo convirtiera en algo que pudiera generar todavía más beneficio, sacando un montón de colecciones y referencias al año.

            Horst, siendo el dueño mayoritario de la empresa, puso freno a las desmedidas ambiciones y sentó las bases para la creación y distribución de los Playmobil, bases que se mantuvieron inalterables en su casi totalidad hasta el retiro de Horst del mando de Brandstätter. Estas bases consistían en que las colecciones de Playmobil se debían basar en cuatro grandes ramas: Oeste, Medieval, Contemporáneo y Piratas (los piratas siempre fueron los favoritos de Horst y Hans). Estas cuatro ramas podían dar mucho de sí. En el Oeste tendríamos indios, vaqueros y soldados con sus respectivos fuertes, poblados, ciudades, carros, etc. En el Medieval castillos, princesas, soldados, bandidos, casas, ciudades, etc. En el Contemporáneo policías, médicos y enfermeras, bomberos, obreros… Y en los Piratas, aparte de los piratas, claro, soldados de la época, marineros, barcos, tesoros… Horst no quería saturar el mercado y no quería que los chavales se volvieran locos contemplando cómo cada mes salían a la venta tal cantidad de referencias que no podrían tener, pues sus padres no tendrían nunca el dinero suficiente para comprarlas todas. La idea de Horst era que los chavales se engancharan a su serie Playmobil favorita y pudieran ir comprando poco a poco las referencias. Y estas deberían ser desde muy baratas (las cajas pequeñas) hasta las de mayor precio (cajas medianas y grandes), pero nunca que fueran tan caras que impidieran su compra por parte del gran público. Asimismo, si se mantenían las mismas colecciones, el producto sería fácilmente reconocible en cualquier parte del mundo y no causaría rechazo cultural, siendo el sello de la empresa asociado al producto en su faceta más positiva. Es por esto que los muñecos Playmobil no representan la realidad. Los indios, los piratas o los medievales, por ejemplo, no son como eran en la Historia, sino que representan la imagen que, en general, la gente tiene sobre ellos. Son arquetipos, idealizados para la mentalidad del niño.
            Otro límite que puso Horst a los Playmobil fue que tenían que ser fieles a sí mismos. Podían mejorar, podían evolucionar y añadir nuevos complementos o referencias, pero siempre respetando el diseño original y nunca haciendo al producto algo irreconocible a su origen. Con las colecciones, Horst señaló que los Playmobil deberían ser atemporales, nunca ceñirse a las modas del momento, pues eso obligaría a sacar nuevas colecciones cada año que terminarían desapareciendo inevitablemente al año siguiente en cuanto pasara de moda esa tendencia o saliera otra nueva. 


Nuevos tiempos para los Playmobil

            Creo que ya he dejado claro cuál era la política empresarial y juguetera de Horst respecto a los Playmobil. Como he dicho más arriba, durante décadas se respetaron las directrices de Horst, pero en cuanto este se retiró y dejó la empresa en manos de una junta, las cosas cambiaron. No voy a decir que cambiaran a peor, sino que cambiaron. En algunas cosas el cambio fue a positivo y en otras a negativo.
            En lo positivo podemos destacar que las mejoras en el diseño original del click fueron a más. Ya no solamente fue que las manos fueran móviles, sino que las pelucas presentaron diferentes modelos, los playmobil, dependiendo de la raza, tenían diferentes tonalidades de piel, los pies ya no eran “planos”, sino que exhibían diferentes formas y calzados y más y mejores complementos entraron en las nuevas referencias. Además, las clásicas cuatro colecciones se vieron totalmente reformadas y con nuevas referencias, algunas de ellas simplemente fantásticas. Salieron nuevas colecciones y pronto se pudo ver por todas las jugueterías y grandes superficies colecciones de clicks de corte fantástico (dragones, hadas, guerreros Lobo, guerreros Serpiente…), de romanos, de egipcios, de espías, aventureros, del espacio, aliens, dinosaurios… de todo tipo.
            Pero la parte negativa fue que una de las cosas que más temía Horst se cumplió: el mercado se vio inundado de cajas de Playmobil y pronto un niño ya no podía tener todas las referencias, puesto que no sería capaz de mantener el ritmo de compra a la par que el ritmo de salida de las novedades. El mercado se saturó. Por niño quiero decir niño de clase media. Los cuatro niños de padres ricachones, si son aficionados a los Playmobil, a lo mejor lo tienen todo. Y a lo mejor existe un puñado de coleccionistas que también tengan todo lo sacado a la venta de Playmobil hasta la fecha, pero se duda mucho. Quiero decir, cuando comencé a comprar Playmobil, allá por 1976 (o más bien me los compraban mis padres), era relativamente fácil que en dos o tres años pudieras tener todas las referencias y luego seguir tranquilamente el ritmo de salida de novedades. En la actualidad ya no es posible a no ser que inviertas ingentes cantidades de dinero. Porque las nuevas colecciones se basan en las modas del momento, otra de las cosas que Horst se temía pudiera pasar. Ya no era como antes, que las colecciones se mantenían casi inalterables durante años. Por eso se puede hablar de colecciones de los 70, 80 ó 90. Y en ese periodo tan dilatado de tiempo te daba tiempo, a base de cumpleaños, Reyes Magos y de ahorrar de ir teniendo lo que querías. Ahora las colecciones están en el mercado dos años, para terminar sencillamente en uno dependiendo de la colección y sus ventas. Porque si las ventas eran bajas, la colección desaparecía del mercado. Y aunque fueran altas también lo hacía, porque se debía dar paso a las nuevas colecciones y modas. Así desaparecieron los romanos y los egipcios, por ejemplo (nota curiosa, los romanos fueron la colección más vendida de Playmobil en los últimos quince años).

Cambia el diseño de los Playmobil

            La fiebre sobre estos adorables muñequitos no ha remitido. Al contrario, no hace más que aumentar. Al juguete en sí se le han sumado otros productos: camisetas, series de animación, juegos de consola, películas para consumo domestico y todo tipo de merchadising. Y como no podía ser de otro modo, ha terminado por afectar al mismo diseño simple y efectivo del click. ¿Ha cambiado tanto como para no poder identificarlo con el diseño original? No, todavía no, pero estudiando su evolución, poco a poco sí parece que lo va haciendo.
            Hay nuevas colecciones y nuevos diseños que ya no parecen Playmobil. Lo son porque vienen con su sello, tienen los siete centímetros y medio y porque algo te dice que siguen siendo Playmobil, pero mientras que un click de los de “siempre” lo puedes meter en una caja de otra compañía juguetera y lo puedes identificar como lo que es sin dificultad, algunas de las nuevas referencias no pueden decir lo mismo. Si sacas uno de esos Playmobil de su envoltorio original y lo colocas en la caja de otros muñecos de la competencia, perfectamente pueden pasar por no ser Playmobil. A lo mucho, parecerían una “copia”.

            Como no me canso de repetir, esto no quiere decir que sea bueno o malo. Es diferente. Quizás es la adaptación a los nuevos tiempos y las nuevas generaciones de niños. Pero lo que es evidente es que para los amantes de los clicks y para las generaciones anteriores, estos Playmobil ya no son “nuestros” Playmobil.

Mis directrices como coleccionista

            No es casualidad que la inmensa mayoría de coleccionistas de Playmobil lo sean porque de niños jugaron con ellos. Y tampoco es casualidad que cuando deciden comenzar a coleccionar y adquirir clicks lo hagan buscando las referencias de su niñez e intentando completar las colecciones antiguas. Es normal, puedo poner mi ejemplo que sirve perfectamente para explicar las sensaciones que se sienten al tener un Playmobil en tus manos. Cada vez que consigo para mi colección una referencia, siento un intenso viaje a una etapa concreta de mi vida. Puede ser mi niñez si son referencias de los 70, la adolescencia si son de los 80 o ya la etapa de cuando decidí ser coleccionista y me dedicaba a dar mis primeros pasos en busca de mis preciados Playmobil en los 90. Cada referencia me transporta a uno de esos momentos, y hay referencias muy especiales que me hacen viajar con una mezcla de nostalgia, felicidad, triste melancolía y satisfacción a momentos muy concretos, sobre todo las referencias de los 70. Si consigo una referencia moderna apenas me dice nada, más allá de si son bonitas o no. Y sé que en el futuro tampoco me dirán nada. Porque ya no son las referencias que marcaron mi vida. Como coleccionista, y para no caer en la faceta de coleccionista compulsivo (que es lo peor, pues ya te conviertes en otra cosa), me tengo que poner unos límites, una meta que cuando traspase me haga exclamar con inmensa alegría “lo conseguí”. Y a buscarse otra nueva meta. Y mi meta con los Playmobil es tener todas las referencias de la colección Oeste de los años 70, 80 y 90. No quita que de cuando en cuando me compre referencias modernas, un vaquero, un indio, un pastor para el Belén o un guerrero medieval porque me gusta, pero mis esfuerzos como coleccionista se centran en esa meta.
            ¿Qué haré cuando lo consiga? Bien, puede que luego intente tener todas las referencias de los años 70 que tuve cuando era niño. O tal vez me pase a intentar conseguir todo el TENTE Espacio que me falta (esta es otra historia). O puede que lo deje estar, ¿quién sabe? La cuestión es que esto es lo que quiero.
            Los niños de hoy serán los coleccionistas de mañana. Para ellos las referencias de los 70 y 80 no les dirán nada, pero buscarán con ahínco las referencias de los años 2010 a 2020 porque serán las referencias de su niñez, las que les hicieron felices y les dieron innumerables horas de juegos y magia.
            Cada loco con su tema, pero ojalá el mundo estuviera lleno de esta clase de locos…


            Hasta aquí he llegado con los Playmobil en Crónicas de un Friki. Si quieres conocer al detalle lo extenso de mi colección, siempre te puedes pasar por mi perfil de Facebook y buscar en mis álbumes de fotos mis referencias, pues las tengo todas puestas. Para la próxima entrada de Crónicas de un Friki hablaré de una de mis aficiones más oscuras y terribles: ¡los juegos de rol!



Si te gustan las Crónicas de un Friki, aquí tienes los enlaces para ir a la primera entrega y la penúltima. Únicamente pincha en los nombres.
También puedes leer:
Son mi iniciación en el mundo del Warhammer 40.000 y digamos una continuación de Crónicas de un Friki a partir del cierre de la tienda.



jueves, 4 de febrero de 2016

LAÍSMO, LEÍSMO Y LOÍSMO. QUE ES, COMO IDENTIFICARLO Y SOLUCIONARLO.




LAÍSMO, LEÍSMO Y LOÍSMO. QUE ES, COMO IDENTIFICARLO Y SOLUCIONARLO.

             Bienvenidos a una nueva entrada en mi blog donde vamos a tratar de un problema muy español y que afecta a muchos escritores, sin importar su grado de cultura o preparación. Se trata del laísmo, leísmo y loísmo. Para empezar, responderemos a la pregunta sobre qué demonios es eso del laísmo, leísmo y loísmo que así, al primer vistazo, nos suena a exótica religión tibetana.

Leísmo
            Consiste en la utilización de los pronombres le y les por lo y los o por la y las.
Laísmo
            Consiste en la utilización de los pronombres la y las de complemento directo en lugar de los pronombres le y les de complemento indirecto.
Loísmo
            Consiste en la utilización de los pronombres lo y los en lugar de le y les.

            Si nos damos cuenta, nos estamos refiriendo al mal uso de los pronombres personales átonos de tercera persona con sus correspondientes plurales.

¿De dónde vienen el laísmo, leísmo y loísmo?

            La lengua castellana mantiene la antigua declinación latina y uso de los casos latinos en los pronombres personales y su evolución tiende a la eliminación total de los casos latinos. Las variantes laístas han profundizado en esta tendencia y tienden a neutralizar la diferencia entre acusativo (complemento directo) y dativo (complemento indirecto) a favor de la distinción de género.
            Esto ha llevado a una clara utilización del leísmo, que es lo más utilizado, en el lenguaje popular, calando tanto su utilización que ha llegado a empapar incluso al lenguaje culto, entendiendo como a tal a aquel que es para utilización escrita, oralidad o profesional.
            Como es lógico suponer, el fenómeno se registra sobre todo en Madrid y en algunas zonas de las provincias que antiguamente conformaban la región de Castilla la Vieja (Santander, Burgos, zona occidental de Soria, Segovia, Ávila y Valladolid). Su uso es muy antiguo, pues en documentos del siglo XVI nos encontramos con el uso del leísmo, laísmo y loísmo, este último siendo el más fácil de detectar y aplicable casi en exclusiva para el lenguaje más vulgar e inculto. No obstante, la práctica del leísmo está tan extendida y aceptada como algo normal entre la población parlo castellana, que se ha detectado su influencia no solamente en otras regiones de España sino incluso en países de habla hispana. Hay que incidir en que la RAE ha terminado por admitir el laísmo y leísmo para su uso más popular, pero en ningún caso para su uso más culto. Por tanto, para que nuestros escritos sean más pulcros y profesionales, debemos detectar este error y corregirlo. Yo, que como buen gato que soy caigo hacia el leísmo y laísmo, tengo que reconocer que me cuesta en ocasiones detectarlo y corregirlo. Pero vamos a intentarlo. Como siempre, pondré ejemplos muy claros que nos ayuden a comprender lo que vamos exponiendo.

Leísmo

Consiste en la utilización de los pronombres le y les por lo y los o por la y las. Lo, la, los y las son pronombres de acusativo, reemplazan objetos directos de un verbo en frases simplificadas. Le y Les son pronombres de dativo que sirven para reemplazar objetos indirectos de un verbo. Por tanto, no poner los pronombres de forma adecuada nos conduce a una incorrección gramatical. Sin embargo, la Academia admite el leísmo masculino singular (el que utiliza le en lugar de lo), pero solamente para personas, no para animales ni cosas, ni tampoco para el femenino.

¿Qué pasa si hablamos de animales y cosas?:
—Al perro le dieron de comer las sobras de la comida.
—El coche perdió el control; le vimos salirse de la carretera.
¡No! ¡Leísmo a muerte! No se puede poner así. Esta es la forma correcta:
—Al perro lo dieron de comer las sobras de la comida.

—El coche perdió el control; lo vimos salirse de la carretera.

Como he dicho antes, para el uso de nombre masculino en general, se puede emplear ambas formas:
—A Pedro le vi ayer en la tienda de cómics.

—A Pedro lo vi ayer en la tienda de cómics.

Recordar que para su uso femenino no es correcto el leísmo. Por tanto, no se puede decir:
—María no está en casa; le vi salir.
            Se debe decir y escribir:
—María no está en casa; la vi salir.


Laísmo

Consiste en la utilización de los pronombres la y las de complemento directo en lugar de los pronombres le y les de complemento indirecto. Es un poco confuso de detectar el laísmo porque hay que tener muy claro el uso de complementos directos e indirectos. Pero, si utilizamos un poco la lógica, podremos detectar el laísmo y corregirlo. Tranquilos, Santa Teresa de Jesús era una laísta confesa y nos podemos consolar que si hasta ella fallaba en esto, que no haremos el resto de pobres mortales.
            Uno lee algo así y automáticamente piensa que hay algo raro (o no):

—A Carmen la tocó la Lotería.


            Pudiera parecer correcto, pero no lo es. Lo correcto sería esto:

—A Carmen le tocó la Lotería.

            ¿Por qué? Pensemos una, dos y hasta tres veces si fuera necesario para dar con la solución. El complemento directo es la Lotería, que a Carmen le ha tocado. De la misma forma, si a Carmen le duele la cabeza, no podemos decir a Carmen la duele la cabeza, porque el complemento directo es la cabeza. Y después de tomarse una aspirina a Carmen le entregarán mañana su décimo de Lotería premiado.
            ¿Pero, qué pasa con esto? Juan, hijo de Carmen, aparece en la cocina diciendo que ha perdido el décimo, dando un susto de muerte a su madre:

—Juan la asustó con su anuncio.

            ¿Cómo? ¿Por qué ahora ponemos la cuando hemos estado diciendo que hay que poner le? Porque Juan asustó a su madre, y aunque la preposición a delante o madre sea una persona, es un complemento directo, así como decir a Carmen la llamó por teléfono la vecina para decirle que el décimo está en su casa.
            Veamos este otro ejemplo:

—Dila que venga.

            La norma del español pide que para el complemento indirecto se utilice el pronombre le, les tanto para masculino como para femenino. En el anterior ejemplo el verbo decir toma un complemento directo (que venga) y un complemento indirecto que aparece erróneamente expresado con el pronombre la. Lo que se debe decir siguiendo con el ejemplo anterior es esto:

—Dile que venga (aunque quien venga sea Carmen).


Loísmo

            Consiste en la utilización de los pronombres lo y los en lugar de le y les. Es el más fácil de detectar y corregir, y hay que ser cateto de verdad para su uso. No obstante, no saquemos pecho, que se ha detectado incluso en grandes centros urbanos y autores de renombre (glups). Ojo, que este es el que se considera más vulgar de todos. Como tengamos un fallo de estos en alguna de nuestras novelas nos podemos dar por finiquitados (horror).
            Si alguien dice algo así:

—A Jorge lo mataron de cuatro palos bien dados.

            Se nos ponen los ojos como platos porque el loísmo ha sido perfectamente identificado. ¡A muerte con él! Hay que decir y escribir:

—A Jorge le mataron de cuatro palos bien dados.

            Hasta aquí hemos llegado. Si nos fijamos, no resulta tan difícil detectar el laísmo, leísmo y loísmo. Lo más difícil es aceptar nuestros defectos y corregirlos, pero si logramos inspirar aire y pensar un poco, al repasar nos daremos cuenta y conseguiremos mejorar  nuestros escritos. Recomiendo leer mucho, realizar ejercicios simples para practicar y si aún así crees que se te siguen escapando, pásale tu novela a un amigo que no sea de Castilla para que te eche una mano. Suerte.

La, la, la, lalala, lalalaaaaaaa....


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