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miércoles, 17 de octubre de 2012

NO SE LEE Y NO SE VENDEN LIBROS EN ESPAÑA PRIMERA PARTE





NO SE LEE Y NO SE VENDEN LIBROS EN ESPAÑA
PRIMERA PARTE

            En este nuevo artículo vamos a introducirnos en un tema espinoso pero que resulta esclarecedor a la hora de comprender algunas de las cosas que suceden en España. A pesar de lo que pueda parecer y de unos datos que normalmente no suelen reflejar la realidad, vamos a tratar de explicar porque en España se lee muy poco y se venden muy pocos libros comparando nuestra media y situación con los países de nuestro entorno. Porque claro, si nos comparamos con Senegal o Indonesia, pues está claro que en España se lee más, pero no es con ellos con quienes debemos compararnos, cosa por otra parte totalmente injusta, pues las vicisitudes actuales no son las mismas para unos y para otros así como las oportunidades que unos han tenido y desaprovechado y otros ni siquiera han llegado a tener.

Los datos

            La Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), lleva realizando un Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros desde el año 2000, en colaboración con la Dirección General del Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Cultura. Como el nombre indica, es un proyecto que trata de establecer los hábitos de los lectores españoles, lo que se lee y cuántos libros se venden al año. Según esto, el número de lectores de libros en España ya es el 61,9% de la población mayor de 14 años. En este porcentaje se añaden tanto a los que leen en su tiempo libre, como por trabajo o estudios. Esto supone un incremento de 1,6 puntos con respecto a 2010, con una media de 10,4 libros leídos en doce meses (0,8 libros más de media que en 2010).
            Si nos vamos solamente a la población que lee en su tiempo libre, el porcentaje es del 58%, un punto más que 2010. Entre los lectores que leen con una frecuencia diaria o semanal pasamos al 45,1% y el número de lectores que leen a diario aumenta al 28,8%. Todo esto según el dicho Barómetro.
            Según los datos de la Agencia del ISBN, en 2011 se publicaron en España 103.000 nuevos títulos (nuevos, no reediciones o títulos reimpresos), el 79% de ellos en castellano y un 11% en catalán; el resto en otras lenguas de España. De esos 103.000 títulos el 17,3% de las obras fueron en formato digital, con un incremento del 38% sobre el año anterior. Comparando con otros años anteriores, el número de nuevos títulos ha ido decreciendo, lo que contrasta poderosamente con los resultados del Barómetro antes citado. Vamos a poner otros resultados de ese estudio:
-El perfil del lector en España sigue siendo el de mujer, con estudios universitarios, joven y urbana que gusta de la novela en castellano. Generalmente lee por ocio.
-Madrid es la comunidad con mayor índice de lectores, seguida de País Vasco y Cantabria. Entre las menos lectoras se sitúan Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura.
-El hábitat también influye en el hábito de lectura. Las poblaciones con más de un millón de habitantes alcanzan hasta un 70% de ciudadanos lectores, mientras que las de menos de 10.000 habitantes apenas llegan al 49%.
-El nivel de estudios sigue siendo un factor determinante en el hábito lector. El índice más alto se registra entre quienes tienen estudios universitarios, con un 82,1%, desciende al 60,7% entre los que tienen estudios secundarios y cae al 35% entre los que sólo tienen estudios primarios.
-La edad influye también en el hábito de leer. Los viejos leen menos que los jóvenes, aunque se observa un cierto incremento de lectores con más de 65 años, con un 37% de ellos que se declaran lectores.
-El porcentaje de españoles que leen libros en soporte digital es del 6,8%, un 1,5% más que el año anterior.
-Tan sólo un 3,9% de los entrevistados aseguraron tener un e-reader, más del doble que el año precedente. Sin embargo, sólo 2,7% lo utiliza para leer e-books.
-Los lectores que utilizan e-readers leen una media de 14 libros al año, 6 en formato papel y 8 en formato digital con su dispositivo electrónico.
-Con respecto a la procedencia, un 73,1% de los entrevistados señalaron que habían consiguen los e-books a través de descargas gratuitas en Internet, un 37,3% a través de familiares o amigos y tan sólo un 36,9% lo hizo en pago.
            Leyendo todo esto, da la sensación de que en España, aunque se lea poco, al menos se lee y que va en aumento el número de lectores. Sin embargo, estos datos no parecen encajar con los siguientes.

Un desierto estéril

            En Austria hay una librería por cada cinco mil habitantes, en Argentina una por cada siete mil, en España e Inglaterra una por cada quince mil, en Estados Unidos una por cada veinte mil y en el extremo nos encontramos con México con una por cada ciento ochenta mil habitantes. De nuevo nos volvemos a topar con unos datos que invitan a la esperanza. Después de todo, parece que tenemos más librerías que Estados Unidos, pero esto es engañoso, cuanto que Estados Unidos posee muchos más habitantes que España y en proporción librería por habitante está mucho más equilibrado. Además, las librerías estadounidenses están mucho mejor repartidas por el país, mientras que en España las encontramos casi en exclusiva en los grandes centros urbanos. Por lo mismo, parecería que en Argentina la situación es mejor que en España, pero el número de librerías es engañoso puesto que la gran mayoría de los argentinos, debido a su precariedad económica, no tienen posibilidad de acceder a la literatura aparte que Argentina exporta muchísimos títulos al exterior.
            En 2011 la venta de libros cayó en España un 6,2%, con tendencia además a la baja, según un estudio realizado por CEGAL en colaboración con la Dirección General del Libro y el Ministerio de Cultura. En 2010 se mantuvo la misma tendencia según el Observatorio de la Librería con resultados casi idénticos a 2009. Es decir, la tendencia de ventas en los libros ha sido constante y no recuperativa. Lejos de parecer que el mercado literario se recupera, entra dentro de una espiral descendente e irrecuperable. Pero el dato es más desolador en el primer semestre de 2012, a la espera de la finalización del año y los datos definitivos (aunque en un principio todo indica que será para peor). Todos los estudios y estadísticas, más los informes de ventas, confirman que la venta de libros ha caído un 10%, esto en tan sólo seis meses, más que todo el año 2011 junto. Pero según la FGEE y diferentes asociaciones de libreros, autores y editores, las cifras pueden aumentar bastante más, oscilando entre el 20 y el 30%.
            Si nos vamos al cierre de librerías y editoriales, el asunto se vuelve mucho más oscuro, cuanto que ha sido bastante difícil poder encontrar datos fiablemente constatados y las fuentes consultadas difieren entre sí. Hay que tener en cuenta que aunque se sepa exactamente el número de empresas y negocios cerrados, ya es más difícil precisar cuántas de ellas eran editoriales o librerías, pues ambos negocios pueden estar enclavados en diferentes géneros: ocio, cultura, servicio al por menor, educación, etc.… Es más que seguro que existan informes fiables que nos hablen del número exacto de editoriales y librerías cerradas en España, pero vamos a resaltar ciertas informaciones para que mediante un lógico proceso de pensamiento podamos intuir el oscuro destino de las librerías y editoriales españolas.

El fin de la pequeña industria literaria

            Como ya he dicho, en los seis primeros meses de 2012 la venta de libros ha caído un 10% respecto al año anterior, posiblemente más a la espera de las cifras definitivas y los resultados de otros estudios. Como en años anteriores, por géneros, a pesar que la novela es lo que más se lee en España, la ficción para adultos es la que se lleva la peor parte con un descenso en ventas de casi el 25% comparando con 2011, que ya fue un año malo. Se han distribuido más libros electrónicos, y se han vendido más e-book, tablets y e-readers que en 2011, pero a la contra, la facturación se ha reducido considerablemente. Esto significa que a pesar que se cuenta con un buen fondo de libros electrónicos y se han vendido más soportes electrónicos, las descargas de libros electrónicos, la venta, lejos de aumentar ha descendido. También en 2012, y se suma a otros años, se han vendido y creado muchos menos diccionarios y enciclopedias.
            Según algunos responsables del Ministerio de Cultura y otras voces del mundo del libro, parece ser que la mala situación que atraviesa el libro en España se debe a tres factores claves: la crisis actual, el mundo digital y la mentalidad española de que en la Cultura debe ser todo gratis. Permítanme decir que es cierto que la crisis afecta la venta de libros, pero no creo que la aparición del mundo digital haya sido una de las principales responsables de la caída en las ventas de los libros. En cuanto al tercer punto, sí estoy de acuerdo. Pero no vamos a ahondar ahora en esto y sigamos adelante con el tema.
            Las pequeñas y medianas editoriales, junto con las librerías, están pasando por un calvario en su intento de superar la actual crisis no sólo económica, sino también cultural y social, que son las que nos han conducido al actual panorama. También lo hacen las grandes editoriales, no hay más que echar un poco la vista hacia atrás para recordar el cierre de algunas de las editoriales que durante muchos años han sido de las más punteras en nuestro país. Como todo, las noticias resultan engañosas respecto al tema de las ventas y el cierre de negocios. Si nos atenemos a varios informes y estadísticas, se habla de que el sector del libro cerró 2011 con pérdidas relativamente moderadas y asumibles, pero eso se encuentra muy lejos de la realidad, pues dichas pérdidas no están repartidas de forma muy justa que digamos. Mientras que una gran editorial ha visto mermados sus beneficios en un 10% o incluso haya tenido unas pérdidas de un 5%, en cambio, decenas de pequeñas y medianas editoriales, con un descenso en las ventas de un 30% y pérdidas hasta del 25%, se han visto obligadas a cerrar por no poder asumir los gastos. Y esto vale también para los libreros.
            Otros fríos datos no invitan al optimismo. En 2010 se contaban en España 3.122.448 autónomos (el 80% de las empresas españolas). Quiero recordar que la inmensa mayoría de las personas que ostentan librerías o editoriales son autónomos que en un 80% no pasan de tener más de tres empleados. Esta cifra de algo más de tres millones puede parecer buena, pero en 2007 había 35.446 autónomos más, o sea, que en vez de crecer, disminuye. En los años más duros de la crisis, entre 2009 y 2011, se dieron de baja casi 200 autónomos por día. En el primer semestre de 2012 se dieron de baja 2.861 autónomos y en abril del mismo año nos encontramos con el número de 3.057.272 autónomos registrados. Por supuesto, en estas cifras faltan todavía los datos definitivos y del último semestre del año que han sido fatídicos, aparte que es más que posible que los datos no hayan sido del todo contrastados. Lo que sí ha sido ya aceptado de forma oficial es el dato que desde 2006 hasta 2012 se han cerrado 90 librerías por 75 que abren, y han cerrado 20 editoriales por 10 que abren. Estos datos provienen de los informes anuales elaborados por la Federación Nacional de Trabajadores Autónomos (ATA) muchas veces ignorados, por cierto, por los gobiernos de turno.

Las ventas de libros.

            Leído hasta ahora datos y más datos, comprendemos entonces que la caída de las ventas en España ha descendido si bien no de forma brusca, sí de manera continuada e imparable, arrastrando consigo a editoriales y librerías y, por supuesto, a la parte más débil de la estructura: al autor. Pero todos sabemos, o creemos saber, o hemos escuchado, que los best-sellers son los que salvan con sus ventas a las editoriales, y que el mercado literario se sostiene gracias a esos libros que se convierten en éxitos de ventas y atraen a decenas de miles de lectores. ¿Es cierto esto? En parte sí, pero aquí también la crisis del sector del libro se hace notar.
            Varias editoriales se han salvado de cerrar muy negativamente el año gracias a sus autores punteros, e incluso algunas de cerrar, pero a pesar de todo, las ventas no fueron todas las buenas que deberían. El obtener datos de ventas de novelas y de editoriales es asunto espinoso, bastante peliagudo porque existe un gran hermetismo al respecto, pues se intenta evitar toda publicidad negativa hacia las obras o las editoriales que las publican. Pero gracias a la sagacidad de estudiosos, articulistas, autores y gente que se interesan por el mundo del libro, ciertos datos son posibles de compartir. Los autores Stieg Larsson y Dan Brown han salvado en más de una ocasión a Planeta de cerrar en negativo. Algunos informes del sector afirman incluso que si el grupo de Lara no contara con esos autores su escaso porcentaje de beneficio se convertiría en negativo. A la editorial Alfaguara la saga “Crepúsculo” es la que le saca de los apuros; a Ramdom House autores como Isabel Allende, Javier Cercas e Idelfonso Falcones; con Maeva tenemos a Jean M. Auel; a Plaza & Janes le ocurre lo mismo con Ken Follett… La editorial que no cuenta entre sus títulos con novelas de autores punteros, que son la inmensa mayoría, son las que más dificultades atraviesan en estos momentos.
            Pero a pesar de lo que se pueda creer, el tener best-sellers no implica necesariamente que te vaya a ir bien en las ventas. El descenso de las ventas castiga duramente a las obras de autores no reconocidos mundialmente o de escaso renombre, pero también lo hace con los superventas. Autores como Dan Brown venden un 15% menos que en años anteriores, y cada nuevo título vende menos que el anterior. Otro claro ejemplo son las novelas del prestigioso Premio Planeta, una maniobra comercial de la editorial que cada año vende menos. Como caso sangrante tenemos a la autora Ángeles Caso que con su libro “Contra el viento” vendió un 32% menos con su libro premiado por Planeta que cuando salió a la venta sin premiar. Autores consagrados como José Saramago han tenido caídas de hasta el 28% en sus ventas, y otros como Arturo Pérez-Reverte deben contentarse con los beneficios allende nuestras fronteras, pues venden más en el mercado latinoamericano que en España misma.
            Y es que lejos de las tiradas monumentales que las editoriales nos quieren hacer creer que se realizan, lo cierto es que el mercado no está para fiestas y las editoriales deben intentar realizar tiradas que se ajusten a la dura realidad. Uno es escritor, pero también ha sido editor literario, ha tenido su propia librería y ha trabajado en editoriales, codeándose con todo tipo de autores, agentes, editores y demás personas de este negocio y sabe de lo que habla. Es estrategia de mercado “inflar” las ventas o las ediciones de una novela o “exagerar” los ejemplares distribuidos de un determinado título. No es que se engañe descaradamente, pero sí se “tuerce” un poco la verdad y sobre todo se pretende desterrar la idea de que no se vende para el lector no confunda “no vender” con “no tiene calidad” o “la editorial no es buena”. Cuando un libro pone en su portada “25ª edición”, uno automáticamente piensa que debe llevar vendidos al menos 250.000 ejemplares, pero es perfectamente normal realizar tiradas de 1.000, 500 e incluso hasta 100 ejemplares de un título. De esta forma, un libro puede tener veinticinco ediciones y llevar vendidos 10.000 ejemplares. Si pone en la portada “más de 250.000 ejemplares vendidos” puede ser cierto, pero lo que no se suele decir es que en esa suma entran los ejemplares vendidos en Latinoamérica u otros países de otras lenguas. Esto no quita que no se vendan en algunos casos tantos ejemplares de una obra, o que ciertamente lleven muchas ediciones porque se vendan y vendan durante años, pero esto ocurre con escasos autores y escasas novelas. Como ejemplo, puedo citar un cuento corto y muy famoso de cierto caballero (no pondré el título porque tampoco se trata de atacar a nadie, sino de informar acerca de la realidad) que hace dos años iba ya por la 67ª edición. Lo que muy pocos saben es que cada edición es de 100 ejemplares e incluso menos.
            Ojo, esto no implica que las editoriales quieran engañarnos porque sean malvadas. Esto forma parte de su política de mercado y es normal y lógico que recurran a estos reclamos para intentar vender sus libros. Es como esos anuncios de cervezas que en sus intentos por vender acuden al reclamo de las chicas guapas, fiestas interminables y una vida sin problemas y maravillosa solamente por beber dicha cerveza. Así pues, no pensemos mal de los editores ni nos enfademos con ellos.
            El descenso inevitable de las ventas incluso en los best-sellers afecta a todos los sectores del libro: a los editores, por lo ya dicho, y a los libreros que ven con espanto como sus ventas descienden. Si todo un Dan Brown no vende lo que debiera, ¿qué va a vender Paquito Palotes con su libro “X”? Esto implica que los libreros no se arriesgan a realizar grandes pedidos a las editoriales, desconfían de las novedades e incluso rechazan la gran mayoría de ellas porque no están seguros de venderlas. A su vez, esto repercute en los editores, que ven como incluso algunos títulos de sus superventas no venden o son rechazados por los libreros, con la consecuencia de que su política editorial se centra en intentar publicar “a los seguro”, es decir, depender únicamente de best-sellers de autores reconocidos mundialmente. Esta política editorial puede parecer buena a corto plazo, pero a medio y largo es catastrófica, tal y como ahora se está empezando a notar, pues dejando de lado al resto de autores y títulos (el 90% de las obras), lo que les queda son los súper-ventas que cada vez son menos súper. Y, por supuesto, a quien todo esto más afecta son a los autores menos conocidos o noveles que ven imposible publicar sus obras en España y, lo que es peor, son condenados al olvido tanto por editores, como por los responsables de la Cultura en España.


¿Por qué unas estadísticas dicen unas cosas y otras algo bien diferentes?

            Llegados a este punto, nos encontramos entonces con la pregunta un momento antes planteada. Algo no encaja. Por un lado nos dicen que el número de gente que lee en España ha subido, y por otro nos encontramos con unos informes y estudios demoledores que indican claramente que la venta de libros en España cae. ¿Cómo se puede entender esto? ¿Qué es lo que lee entonces la gente? Pero iremos más lejos que esto al afirmar que a pesar de los datos positivos acerca de los lectores, en España no se lee lo suficiente. Pero ya todo esto lo dejamos para la segunda parte del artículo. Espero haberles sido de ayuda y que la información aquí compartida les pueda servir en algo. No duden en consultarme, criticarme o corregirme en lo que deseen.

Juan Carlos.



Para leer la segunda parte, pincha AQUÍ e iras directamente a ella.  

Para leer una actualización más moderna de este artículo, ve a:
 
 

jueves, 27 de septiembre de 2012

CRÓNICAS LUPINAS VIII



CAPÍTULO VIII. La gestación del club, 3ª parte.
Burocracia, burocracia.

Tras lograr encontrar un nombre adecuado para el club, el siguiente paso era lograr que el club de amiguetes se convirtiera en una asociación con plenos derechos. Meditamos adecuadamente las palabras que Juanma nos dijera al respecto y Dani, Maikel, Sori y yo decidimos crear la asociación “El Ojo del Terror”. Una cosa, entre otras muchas más, claro, que nos terminó por decidir, fue que al lado de nuestra sala, que se ubicaba por entonces en la cuarta planta, se encontraba la terraza, que es amplia y rodea el Centro Cívico, donde dieron allí una fiesta los del Ayuntamiento por no sé que motivo; vamos, ya sabéis, concejales, coordinadores, políticos y sanguijuelas, a darse un banquete a costa del dinero público, como siempre. La cuestión es que como se daba la fiesta justo al lado de nuestra sala, joes, es que les veíamos ponerse ciegos de comida y bebida por las ventanas, Juanma decidió invitarnos. La excusa que puso ante el resto de comensales fue que nosotros éramos una asociación de voluntariado social. Hala, gracias a eso, los cuatro nos pusimos hasta el quico de comer tortilla de patatas, patatas fritas, bocadillos, tarta y bebida, juas, juas, juas. Nos dijimos: “que chollo el ser asociación, ¿no?”. Pues dicho y hecho.
Ahora lo que viene no es un relato épico de batallas desesperadas contra amenazas alienígenas o traidores sedientos de sangre, no, ni tampoco historias relacionadas con el mundillo de Games Workshop, tampoco. Lo que viene ahora es como los cuatro miembros fundadores del club nos las tuvimos que tener tiesas con la burocracia española (ríete de la Oficina del Administrarum Imperialis) para poder constituir una asociación como el Emperador manda. Sé que es un poco rollo, pero se trata de ser fieles a las crónicas; no todo va a ser disparos de bólter, explosiones varias y desmembramientos numerosos. También hay que tener en cuenta que estos macabros sucesos ocurrieron allá por los lejanos años 90 del siglo XX, vamos, una barbaridad, y por entonces eso de Internet, gestiones por la Red y demás cosillas que ahora nos parecen tan normales y rutinarias no existían o recién comenzaban a caminar. Es decir, que si querías algo tenías que personarte y solicitar lo que buscabas, aguantando eternas colas de decenas de personas, horarios incompatibles con tu trabajo, funcionarios antipáticos y la burocracia española que todo lo empantana. Pero tanto Crom como el Emperador estaban con nosotros y aunque se sufrió de lo lindo, conseguimos nuestro propósito.
 Juanma nos aleccionó bien para que pudiéramos crear una asociación y nos pasó información, solicitudes e impresos para que fuéramos rellenando. Lo primero que nos dijo fue que teníamos que ir una mañana a cierta dirección en Madrid, un edificio administrativo de la Comunidad, para solicitar el primer requisito. Allá que fuimos todos una mañana, perdiendo tiempo, dinero y trabajo. Tras unas horas de espera, nos atendieron y nos dijeron que volviéramos otro día, que nos faltaban los estatutos. ¿Los estatuqué? Nos preguntamos.
Claro, los estatutos, nos dijo Juanma. Se le pasó por alto ese pequeño detalle. Una semana pasamos redactando unos estatutos adecuados para el club, y cometimos un pequeño error que en ese momento no nos pareció importante, pero que años más tarde se convertiría en la fuente de disturbios y en la causa principal de que durante un tiempo “El Ojo del Terror” desapareciera. La cuestión es que convertimos al club en una asociación juvenil de voluntariado. Con los estatutos ya definitivamente redactados, que no son otra que una serie de normas, volvimos a Madrid perdiendo otra mañana, tiempo y dinero. El funcionario nos comentó que faltaban sellos del Ayuntamiento y del Centro Cívico y que teníamos que volver otro día con los estatutos sellados. A la semana siguiente volvimos, con la paciencia como el codo de mi cazadora, gastado, con los estatutos sellados, perdiendo tiempo, dinero y trabajo. Esta vez sí, se nos aceptaron los estatutos, pero nos dijeron que tardarían varias semanas en tramitarlos. Se nos enviarían por correo, en caso de que fueran aceptados, y una vez que los tuviéramos, teníamos que ir a la sede de la Comunidad de Madrid para que los sellaran. Huelga decir, que todas estas operaciones tienen un coste en dinero por tasas y sellos, claro está.
Estuvimos esperando unas semanas la llegada de los estatutos, y transcurrieron cosas interesantes en ese periodo de tiempo, pero eso ya lo narraré en el próximo capítulo; ahora nos centraremos en la parte burocrática. Una vez que los estatutos estuvieron de nuevo en nuestro poder, sellados y aceptados, fuimos una mañana a la sede de la Comunidad, que se encontraba justo debajo del famoso reloj de Sol, perdiendo tiempo, dinero, trabajo y paciencia. Una vez allí, tras esperar un par de horitas en una cola, se nos informó que para tramitar la asociación debíamos ir a cierta sección, pedir día y hora y esperar. Hala, a buscar esa dichosa sección y a pedir cita; por supuesto, nos dieron cita para unas semanas más tarde.
Semanas más tarde, acudimos a la cita con los estatutos, sellados y firmados, perdiendo tiempo, dinero, trabajo, paciencia y rechinando los dientes con furia homicida mal contenida, y una funcionaria nos dijo que para que la asociación tuviera curso legal, debíamos comprar unos libros que sirvieran como base jurídica: uno para tesorería, otro para socios y otro para incidencias. Con esos libros, ya nos podríamos asociar en la Comunidad. ¿Libros de qué? Nos preguntamos. Hala, a pedir cita para otro día, a la semana siguiente.
Claro, los libros, nos dijo Juanma, son unos libros especiales, que tienen todas las empresas, los famosos libros de cuentas pueden ser un buen ejemplo, y debíamos comprar tres. Pero, bueno, sólo son libros, ¿son muy caros? Pues sí, porque no valen cualquier cuaderno, deben ser esos y sólo esos. Hala, a poner pasta gansa, porque cada librico de las narices nos costó un buen dinero. Volvimos a la semana siguiente a la Comunidad, con justa cólera ardiendo en nuestros pechos y un lanzallamas pesado en la mano, dispuestos a purificar semejante nido de ratas en nombre del Emperador. Pero por la gracia divina, se nos sellaron los libros, los estatutos y todo pareció estar correcto; eso sí, tuvimos que pagar nuevos costes por tasas.
Semanas más tarde, nos vino la notificación de la Comunidad de Madrid: ya estábamos constituidos como asociación legal e inscritos en el registro oficial. “El Ojo del Terror” iniciaba su andadura de una vez por todas. Continuará…

También puedes seguir las Crónicas Lupinas en el Foro de la asociación Ojo del Terror. Crónicas Lupinas están escritas por Juan Carlos Sánchez Clemares y debidamente registradas a su nombre (así que ojito o Crom te puede patear el trasero).



domingo, 2 de septiembre de 2012

LA BRUJA DE ORO




LA BRUJA DE ORO.


Esto que te narro, hijo mío, es la historia que mi padre me explicó a mí, que a su vez le fue explicado por su padre y así sucesivamente, hasta remontarnos a épocas muy lejanas. Te cuento esto para que aprendas lo que desees aprender y para qué, llegado el momento y si Dios lo quiere, se lo cuentes a tus hijos.
Había una vez una tierra rica en fértiles prados y tupidos bosques, sorteada por un poderoso río de puras aguas y enormes recursos. Los inviernos eran suaves y los veranos frescos en su calidez. Los frutos eran grandes y generosos. Y los animales salvajes abundaban de tal manera, que si tirabas una lanza al azar, algo habrías capturado cuando ésta tocara el suelo. Era una región bendecida con todos los dones que la Madre Tierra pudiera otorgar. Un paraíso terrenal.
En esta rica y hermosa tierra existía un pueblo llamado Bendición, cuyas gentes eran en su mayoría granjeros o artesanos de la madera, el hierro o el cuero. Eran felices, no podía ser menos, pues los campos labrados daban generosas recompensas y los animales domésticos las mejores carnes, leches o pieles como nunca nadie había visto. Y todo sin apenas esfuerzo, pues tal era la riqueza del lugar. Estas personas se felicitaban por ser tan afortunadas y solían dar ofrendas a la Madre Tierra como agradecimiento en forma de hermosos ramilletes de flores, bailes u oraciones solemnes. Tal era la felicidad que reinaba.
Un día, llegó al pueblo una mujer de vestidos negros y viejos y con un saco a la espalda. Llegó precedida por un gran cuervo negro. La mujer era joven, pero no muy agraciada. Una nariz ganchuda, unos ojos saltones y una piel pálida le daban el aspecto de una bruja. Y como tal la tomaron los vecinos de Bendición. La mujer se presentó en la plaza de la aldea y dijo así.
—Escuchad, oh buenas gentes, la calamidad que asola a esta pobre mujer. Soy una persona que vaga de pueblo en pueblo buscando un lugar donde vivir. En todas partes me rechazan porque no soy agraciada. Y me acusan de brujería porque hablo con los animales y conozco remedios para curar los males de ojos o los huesos partidos. Pero sólo soy una pobre mujer que desea tener un lugar que llamar hogar y unos vecinos con los que compartir una infusión y una agradable conversación. Os pido con humildad, oh afortunados, que acogías en vuestro bello pueblo a esta desafortunada mujer.
La gente la escuchó y se apiadó de la desdicha de la mujer, mas hablaron así.
—Pobre mujer, no tener un techo donde cobijarse de la eterna noche. Nuestra tierra es rica y generosa. Nosotros no vamos a ser menos. Que se quede. Pero también es cierto que es muy fea y diferente de nosotros. Que se le dé una casa a las afueras del pueblo. Así ella tendrá un hogar y nosotros nos evitaremos el mal trago de verla.
Y así hicieron. Le dieron una casa sin techo y sin muebles y le dijeron que no se entrometiera en sus vidas. Aparte de tan poca cosa, podía hacer lo que quisiera. Los vecinos se alejaron satisfechos de haber cumplido su deber y la mujer deshizo el saco y comenzó a arreglar el que sería su hogar.
Pasaron los meses y la mujer construyó un tejado de paja y muebles de madera con los árboles cercanos. En todo ese tiempo, ningún vecino vino a ayudarla o a verla, pero la mujer estaba contenta ya que tenía un lugar donde vivir. Un día, un niño, jugando, trepó a un árbol y se cayó de él con tan mala suerte que se partió el hueso de una pierna. La madre lloraba pidiendo ayuda y la mujer de vestidos negros que pasaba por allí atendió la súplica. Llevó el niño a su casa, colocó el hueso, trató la herida, aplicó unos ungüentos de raro olor y entablilló la fractura con suma habilidad. El niño curó a las pocas semanas sin ningún tipo de problemas. Los vecinos se maravillaron del don de la fea mujer y mostraron su satisfacción ante la cura, pero entre ellos susurraban que tal vez sí fuese en realidad una bruja. Y así fue como se empezó a conocer a la mujer que llevaba un cuervo negro en el hombro, como la bruja del pueblo.
Continuó pasando el tiempo y los aldeanos solicitaban con frecuencia las atenciones de la bruja, bien para sanar a un animal enfermo, bien para que curara una muela picada, para que atendiera un parto, fabricara medicinas con hierbas y raíces o para que protegiera los campos de pájaros. En todo ese tiempo, ningún vecino le dio las gracias, ni pasó a visitarla o le dio un regalo como muestra de agradecimiento. Por el contrario, más se afirmaban en su creencia de que era una bruja y más susurraban a sus espaldas. Pero a ella no le importaba, pues tenía un hogar donde vivir.
Y las estaciones se fueron sucediendo. Los niños apedreaban los cristales de la casa de la mujer y le gritaban bruja. Los adultos rehuían su presencia, pues era repulsiva a sus ojos, pero siempre que tenían un problema acudían a ella para que se lo solucionara. Mas como digo, nada de esto apremiaba a la mujer que era feliz.
Una tarde de primavera llegó al pueblo un hombre con aspecto de mendigo. Era un soldado de fortuna venido a menos, escuálido en su hambre y con el horror pintado en su rostro. Los vecinos al verle, pluguieron que explicara a que había venido a tan bello lugar. El soldado dijo así.
—Soy una pobre alma, buenas gentes, que nada posee pero que desea ser útil. Cansado estoy de mi ruin oficio y busco un lugar donde pasar el resto de mi vida. Puedo realizar cualquier tarea por ardua que sea y sólo pido a cambio un techo y una hogaza de pan.
Y los aldeanos se apiadaron del soldado y dijeron.
—Da lástima este pobre hombre. Nosotros, que somos afortunados por tener tan rica tierra, debemos socorrerle. Pero es un mendigo y nada queremos de gente de esa calaña. Que se vaya a vivir con la bruja. Así cumplimos con nuestro deber y nos quitamos el tener que cargar con él.
Así se lo dijeron y así el soldado fue a la casa de la bruja. La mujer se alegró de tener un compañero de vivienda y le abrió sin más las puertas de su hogar. Le dio de comer, vistió y tomó como ayudante sin pedir nada a cambio.
En las semanas que transcurrieron, el soldado y la bruja trabaron una gran amistad. Iban juntos a todos los lados, atendiendo las innumerables tareas que los vecinos les imponían o paseando a luz de las estrellas. Pasaban noches hablando, abriendo sus corazones y conociéndose de manera intima y personal. El soldado pronto se dio cuenta del desprecio que los aldeanos profesaban por la bruja a pesar de todo el bien que realizaba y se lo hizo notar. La mujer de negros ropajes le contestó.
—Es porque soy fea y desagradable a sus ojos. Pero no me importa pues soy feliz y tengo un propósito en la vida.
Y el soldado replicó.
—Necios son por pensar eso. Para mí, eres una persona magnifica, de bella alma y nobles sentimientos. Tu alma es grande y hermosa, cálida y sincera. ¿Qué más da que por fuera seas o no agraciada? Lo que cuenta es el interior de las personas. Me has demostrado tu valía con creces y mi amistad, respeto y cariño hacia ti han aumentado con el paso de los días. Ahora, aquí, te digo que te amo y que nada me importa lo que digan los demás. Te seré fiel, te apoyaré en todo lo que hagas y estaré a tu lado para siempre. Tu felicidad será la mía, y tu alegría aliviará mis tristezas. Esto es lo que pienso y así es como lo digo.
Y la bruja respondió.
—Ay, mi bravo soldado, que no sabes lo que dices. ¿Cómo puedes amar a una mujer con este rostro y de cuerpo tan horrible? No quiero que sufras por mí y deposita tu amor en otra doncella que más lo merezca.
El soldado volvió a decir.
—Yo no quiero a otra mujer. Te quiero a ti. Pero no te presionaré ni te haré hacer algo que no quieras. Esperaré a que me honres con tu amor y mientras seré tu más fiel servidor.
Y así hablaban un día sí y otro no. Ocurrió un día que un niño enfermó y tornó muy pálido su semblante y los padres, muy preocupados, acudieron a la bruja para que sanara al pequeño como tantas veces había hecho con otros, pero la mujer de negros ropajes, tras ver al crío, respondió.
—Nada puedo hacer por él, pues temo que ha contraído una enfermedad mortal. Sólo puedo aliviar su sufrimiento.
Los padres, ciegos de dolor, acusaron a la mujer de maligna por no querer ayudar a su hijo y se marcharon amenazando con tomar medidas. La noche siguiente el niño murió. Pronto otro infante contrajo la misma enfermedad, y otro, y otro más. Los vecinos comenzaron a tener un miedo atroz y culparon de todos sus males a la bruja. Se reunían en corrillos y comentaban lo siguiente.
— ¡Pobres de nosotros, que acogemos a una víbora en nuestra bella tierra! Nosotros, que fuimos generosos, ahora somos víctimas de una vil hechicería y de una maldad sin límites. Ella es quien mata a nuestros hijos por envidia a nuestra felicidad y prosperidad. Nunca tuvimos que darla techo.
Cuando el número de niños muertos comenzó a ser dramático, tomaron palos, horcas e incluso algún que otro arco y espada, y marcharon a la casa de la bruja decididos a terminar con el mal que tan cruelmente les flagelaba. Pero en mitad del camino se toparon con el soldado, que armado con un hacha de cortar leña, y sabedor de los problemas que se avecinaban, hizo un esfuerzo por evitar que las cosas tomaran un rumbo equivocado. El soldado recriminó a los aldeanos de esta manera.
— ¡Deteneos, bellacos! ¡Qué vuestras intenciones pronto se adivinan! ¡Volved a vuestros hogares, pues en nada tiene la culpa esta mujer! La enfermedad que asola a vuestros hijos es cosa de los dioses y éstos pondrán fin cuando lo deseen. Durante años habéis maltratado a una bella persona que lo único que ha hecho ha sido ayudaros sin pediros nunca nada a cambio, y ahora venís dispuestos a desearle mal. Es el dolor lo que os conduce a esto, pero recapacitar y comprobareis que estáis errando. Y si no lo hacéis, os aviso. No dejaré que la hagáis daño, pues la amo y daría mi vida por ella sin pensarlo. ¡Volved a casa os digo!
Pero los vecinos, demasiados furiosos y asustados, no hicieron caso a las palabras del soldado y continuaron hacia delante. El soldado blandió el hacha y se lanzó contra la gente. Hirió a uno, mató a otro, pero nada pudo hacer ante tanta multitud y pronto fue herido de muerte. Un grito desgarrador surcó el aire y todos se quedaron paralizados en el sitio. La mujer, de negros ropajes y con un cuervo en el hombro, apareció señalando a los aldeanos. Su cara llena de furia y dolor. Su voz como el trueno. Habló con poder.
— ¡Asesinos! ¡Cobardes! ¿Cómo os habéis atrevido a dar muerte a un hombre tan bueno y generoso? ¡Durante mucho tiempo he aguantado todas vuestras malicias y ruindades! ¡Pero esto se va a acabar en este aciago día! ¡Es hora de que aprendáis una lección!
Dicho esto, la mujer empezó a emitir una luz dorada de su cuerpo. Las ropas negras se transformaron en vaporosos tejidos de áureos brillos. Las feas facciones se convirtieron en el rostro más hermoso que jamás mortal pudo concebir, y el cuervo de negras alas se reveló como una paloma de sedosas plumas. Los vecinos cayeron postrados al suelo llenos de respetuoso temor. Pues la bruja ya no era una mujer, sino una bruja de oro. Recriminó a los aldeanos de tal forma.
—Durante generaciones, habéis gozado de los dones que esta tierra os ha dado. Pero lejos de convertiros en personas de generoso talante, vuestros corazones se han tornado negros y egoístas. Estáis llenos de soberbia y arrogancia, y despreciáis a los demás que no se ajustan a lo que creéis es correcto. No merecéis este paraíso. Así que tendréis lo que en verdad habéis sembrado.
En ese instante, la paloma alzó el vuelo y sobrevoló todos los bellos campos y los ricos bosques. De su pico caía una cascada de gotas doradas que sembraron todos los contornos. Después, terminada la tarea, volvió a posarse en el hombro de la bruja de oro. La hermosa mujer, por su parte, se arrodilló ante el cuerpo inerte del soldado y habló así.
—Oh, mi hermoso adalid. Ved en que apuro os hallo, más no temáis, que la Parca todavía no es vuestra dueña. Que mi aliento os devuelva a mí y juntos partiremos a gozar de nuestro amor en tierras más felices que esta.
La mujer de hermoso rostro dio un beso en los labios del soldado y el bravo hombre se reanimó de inmediato. Miró a la soberana de su corazón y le abrazó con amor y pasión. La luz dorada comenzó de nuevo a surgir hasta convertirse en cegador rayo, y la bruja de oro y el soldado desaparecieron ante la atónita mirada de los vecinos de Bendición.
Ocurrió que en los días siguientes un inesperado y tórrido verano sacudió las bellas tierras. Los cultivos se angostaron, los frutos se marchitaron, los animales se marcharon y el río, otrora poderoso, se secó. Tal fue el horrible calor que hizo. Y lejos de terminar, continuó acosando con sus látigos de fuego a los vecinos, que pronto vieron convertirse su antiguo paraíso en un infernal arenal.
Y es así, hijo mío, como nuestra tierra es en la actualidad un seco desierto que apenas produce frutos y nos hace la vida cruel y desesperante. Tuvimos todo en nuestra mano, pero nuestra soberbia, nuestra maldad, nuestra ignorancia hizo que nada nos haya quedado. Malditos a vivir en estos áridos parajes hasta el fin de nuestros días. Esta es la historia, y así tendrás que contársela a tus hijos; si es que los llegar a tener. Aprende la lección.



FIN

Juan Carlos S. Clemares


Este cuento forma parte del libro CUENTOS MARAVILLOSOS publicado por la editorial SLOVENTO y ha sido publicado por Juan Carlos Sánchez Clemares, a quien pertenecen todos los derechos de autor y publicación.