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lunes, 1 de agosto de 2016

10 ÚTILES CONSEJOS PARA ESCRIBIR UNA NOVELA



10 ÚTILES CONSEJOS PARA ESCRIBIR UNA NOVELA



            Bienvenidos a mi blog. En esta nueva entrada os voy a dejar una recopilación de consejos para escribir una novela. Si eres un autor que ya ha escrito uno o varios libros, entonces no hará falta que atiendas dichos consejos, pero si desde hace un tiempo te ronda por la cabeza una idea y sientes que debes escribirla porque eso de ser escritor te atrae, entonces piensa en esta entrada como una ayuda dedicada a facilitarte la tarea, inmensa, de ponerte a escribir tu primera obra.
            Por supuesto, damos por descontado que ya tienes una idea, aunque sea rudimentaria o vaga, sobre el tipo de novela que quieres escribir y el género y lo que te está dificultando las cosas son otro tipo de cuestiones. Espero que estos consejos te puedan ayudar. Vamos con ellos.

1-Escribe para ti, no lo hagas pensando en intentar agradar a todo el mundo.

            Es imposible que tus historias gusten a todo el mundo. Los gustos son como los traseros: todos tenemos uno. Así que intentar escribir algo que agrade a todos por igual es tarea estéril y perder el tiempo. Cuando decidas escribir algo, hazlo para ti, plasma lo que piensas en el papel y disfruta con ello. Al único que le tiene que gustar lo que escribes es a ti mismo. Si luego resulta que tu historia gusta a mucha más gente, mejor que mejor.

2-Supera el miedo a la página en blanco.

            A muchos escritores en ciernes les ocurre que tienen una idea y atacan con entusiasmo el proyecto pero en cuanto se sientan a escribir ante la página en blanco (o ante la pantalla del ordenador) se quedan en blanco, valga la redundancia. En ese momento les entra el miedo porque piensan que van a ser incapaces de expresar lo que ven en sus mentes, de describir los sentimientos o de que su novela es una tarea monumental para la que no están preparados. Muchos caen ante esta primera prueba, pero lo cierto es que a todos nos ha pasado. Y nos sigue pasando. Como escritor con más de veinte libros escritos a mis espaldas os puedo asegurar que ese miedo a la página en blanco lo sigo padeciendo.

            Para superarlo, lo que hay que hacer es relajarse y detenerse a meditar que es que una novela, como cualquier otra cosa en la vida, es algo que comienza con un pequeño paso que nunca sabes a donde te puede conducir. En este caso con la primera palabra comenzamos nuestro viaje. No te obsesiones con crear un inicio perfecto o con intentar que cada párrafo escrito sea una obra maestra. Simplemente escribe, pon en el papel todo lo que te vaya saliendo, aunque este mal o sea de una calidad más bien baja. No importa. La cuestión es perder el miedo a escribir y ganar soltura y confianza. A medida que vayas escribiendo las palabras fluirán de tu interior y podrás afrontar la novela con ganas, ilusión y confianza. También lo harás mejor y serás más consciente de tus fallos y aciertos. Ya tendrás tiempo de corregir o reescribir el principio o aquello que consideras está mal. Escribe, escribe y escribe. Sin parar.

3-No obsesionarse con escribir de forma “perfecta”.

            Este consejo enlaza con el anterior, pero en la parte gramatical y ortográfica. No te obsesiones con escribir la novela más perfecta de la Historia de la literatura. Errores gramaticales los cometemos todos, incluso los autores y profesionales más perfectos. Simplemente escribe sin detenerte a corregir o reescribir. Aquí lo fundamental es que termines la novela. Una vez finalizada, entonces podrás corregir lo que haga falta.

4-No te de miedo escribir sobre algo que sea escandaloso, aburrido, divertido, sangriento, cruel… ¿Crees que es lo adecuado para tu novela? Hazlo.

            Esto les pasa a muchos autores, sobre todo novatos. Inventan un personaje malvado, cruel, o al menos es lo que dicen ellos, pero sus maldades se limitan a molestar al personaje bueno principal o a negarse a bajar gatos del árbol. Esto no puede ser. Si te has decidido por un género, debes ser fiel a ese género. Si has creado a un personaje con una determinada personalidad, debes ser fiel a ese personaje. Si te has adentrado en un mundo con unas determinadas reglas, debes atenerte a esas reglas. Se sanguinario, amable, déspota, cruel, traidor, alegre, divertido, irreverente… ¿Piensas que es adecuado para tu novela, que ayuda a comprender mejor a tu personaje, que favorece la trama, que es indispensable para la historia? Escríbelo y que no te detengan ni las opiniones, ni las críticas de los demás.


5-No escribir pensando en la fama.

            Aquí es donde se ve quien es un escritor de verdad y quien es aquel que simplemente se piensa que escribir es fácil y que se va a convertir en millonario y famoso simplemente por escribir una novela. Si escribes una novela pensando en la fama no vas a ir a ningún sitio, tenlo en cuenta. Debes escribir porque te apetece, porque te interesa contar una historia, porque quieres mostrar o enseñar algo a los demás y porque te gusta que las personas se entretengan con tus historias. Si resulta que luego alguna de tus obras se convierte en un bestseller y ganas mucho dinero; oye, mejor que mejor.

6-Lee más libros que nadie; y de todo tipo.

            El mejor consejo de todos. Un escritor, aunque tenga el Don de narrar historias desde su nacimiento, necesita tener una gran base cultural para poder afrontar la dura tarea de escribir novelas. Es tu obligación, que también puede ser placer, leer libros. Montones, miles. Y debes leer de todos los géneros, no solamente de los que te gusten. Cuanto más leas, cuanto más sepas, mejor escritor serás. Y desde ya te lo advierto: el escritor es una persona que siempre está en proceso de aprendizaje; hasta que muera.


7-Ten la trama completamente pensada y desarrollada antes de ponerte a escribir.

            Quiero escribir una novela. Me siento delante del ordenador y… ¿Qué escribo? ¿Qué tipo de historia quiero contar? No, esto no funciona así. No puedes, a las buenas de Dios, levantarte una mañana diciendo que quieres ser escritor, sentarte a escribir y hacerlo sin tener ni idea sobre lo que escribir. De esto casi, por no decir nunca, sale algo bueno. Antes de ponerte a trabajar en tu novela, madura por un tiempo esa idea que lleva rondándote por la cabeza. Piensa en los personajes, en los motivos que les mueven, en los conflictos que tendrán que afrontar, en el argumento, en que quieres contar… Desarrolla esa idea hasta convertirla en una historia solida con un principio y un final. Y entonces, solo entonces, podrás sentarte a escribirla.

8-Se constante y recuerda que el trabajo es el 90% del libro.

            Rompiendo el mito romántico en torno a los escritores, lamento comunicar que el 90% de la creación de una novela corresponde al duro, silencioso e ingrato trabajo de estar horas y horas, quitándote sueño, tiempo libre y puede que hasta vida escribiendo sin cesar de forma rutinaria y gris delante de un ordenador en un remoto rincón de tu casa. La idea, o inspiración, es el menor de los procesos que conducen a una novela. Aunque es el más agradable, es el que menos tiempo nos lleva. Le sigue el proceso de documentación que puede alargarse o ser más pesado dependiendo del género literario que escojamos y luego viene escribir, que puede ser por días, semanas, meses e incluso años. Es duro, es frustrante, es en ocasiones una carga, pero a la larga es lo que te convierte en un verdadero escritor. Se constante y paciente, esforzado e incansable. Cuando termines la novela tendrás una sensación gratificante: el de comprobar cómo tus esfuerzos, trabajos y sueños se han plasmado en algo físico. Esa es tu recompensa y que da la medida de tu valía.

9-Si notas que te quedas en blanco o que la novela no avanza, no dudes en parar y descansar. Retoma la novela dentro de un tiempo.

            Este es uno de los mejores consejos que te puedo dar. Suele ocurrir con más frecuencia de lo que la gente piensa. La capacidad de creación y trabajo de un escritor suele variar según el estado de ánimo, cansancio o mil factores más que nos influyen. Por el motivo que sea, en un determinado momento el escritor nota que es incapaz de seguir escribiendo, que con la historia lo único que hace es dar vueltas sin llegar a ningún lado, que no sabe qué hacer con los personajes, no le convence nada de lo que escribir y cientos de cosas más. Cuando esto ocurra, el error es empecinarse en intentar solucionarlo a base de tesón, esfuerzo y en estar sentado delante del ordenador durante horas. No, lo mejor es parar, hacer otras cosas, algo de actividad física, salir con los amigos, darle tiempo a tu pareja, actividades frikis, lo que sea, pero que sirva para hacerte olvidar la novela. Tomate el tiempo que necesites, porque cuando menos lo esperes llegará un día en que dentro de tu cerebro se encenderá una alarma que te hará ir corriendo de nuevo al escritorio a seguir trabajando en la novela

10-No hagas demasiado caso a los consejos de los demás, ni tan siquiera los de los autores consagrados, ni a los míos, y haz lo que creas que debes hacer para llevar a buen término tu novela.

            Pues eso. No lleves al extremo lo que te digan los demás, ni tampoco lo cumplas a rajatabla. Al fin y al cabo, cada persona es un mundo diferente con unas reglas propias. Y no digamos los escritores. Que lo aquí expuesto te sirva como orientación, nada más. Haz lo que creas es más conveniente para ti y para tus novelas.
            Hasta aquí hemos llegado con esta entrada. Espero que mis consejos te hayan servido para algo. Mucha suerte si estas iniciando tu carrera como escritor, y si eres de los veteranos, que te voy a contar que ya no sepas, ¿verdad? Aquí me tendréis para intentar resolver vuestras dudas o para responder a vuestras preguntas. Un saludo y nos leemos en la próxima entrada.


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miércoles, 6 de julio de 2016

CRÓNICAS DE UN FRIKI XVII



CRÓNICAS DE UN FRIKI XVII



Los juegos de rol; segunda parte.
La caída a tan perverso vicio (no ganamos para aficiones).

            Ya comenté en la anterior entrada de Crónicas de un Friki lo que son los juegos de rol y como se juega, así que daré por sentado que ya sabes de qué va el tema, o que has jugado o sigues haciéndolo, y en esta entrada voy a hablar de cómo me introduje en este apasionante mundo que me hizo gozar de tardes con amigos, anécdotas divertidas y vivir increíbles momentos que permanecen inalterables en mi memoria. Mi primer contacto con el mundo del rol vino a través de la tienda Ripley Cómics, o sea, mi primer negocio que monté en la ciudad periférica de Madrid, Getafe. Aunque ya los conocía de haberlos visto en las estanterías de otras librerías especializadas, nunca sentí la curiosidad de saber acerca de ellos. Y eso que, por ejemplo, El Señor de los Anillos o los relatos de Lovecraft me los había leído muchos años antes. A pesar de ver juegos que se basaban en esos mundos, no tuve el más mínimo interés en saber qué era eso del rol.
            Pero con la apertura de Ripley Cómics, me vi obligado a comprar mucho material con el que poder atraer a los compradores. Miguel, actual dueño de Crisis Cómics, situada en pleno centro de Madrid, me aconsejó tener juegos de rol, al menos los básicos, porque la cercanía de la universidad de Getafe, la Carlos III, implicaba que pudieran existir grupos de jugadores que comprarían los juegos en mi tienda. Recordad que ya expliqué que fueron los universitarios, por aquellos años, los que expandieron el rol por la sociedad, sobre todo entre los jóvenes. Puesto que no tenía ni idea de que juegos podían ser los indicados, Miguel me hizo una lista con los más vendidos. Como no, entre esos estaban El Señor de los Anillos, La llamada de Cthulhu, Rolemaster, Dungeons & Dragons, Paranoia, Star Wars, etc. También adquirí algunas expansiones y complementos para los juegos, tales como pantallas de director, tablas, etc. Y dados, decenas y decenas de dados de cuatro, seis, ocho, diez, doce y veinte caras; de todos los colores. Tengo que reconocer que invertí bastante dinero en el rol llegando a tener una buena colección en la tienda, y siendo por unos años la tienda en todo el sur de la Comunidad de Madrid que más juegos de rol poseía para su venta.
            Y tal y como predijo Miguel, los universitarios no tardaron en acudir y comprar, lo que me dio publicidad y me hizo contactar con jugadores, los roleros. Aunque en realidad seguía sin saber muy bien lo que era un juego de rol y mucho menos sus reglas o historias particulares. Me limitaba a decir cuál era el más vendido y cual el que mejores críticas recibía según los compradores. Pero esto no tardaría en cambiar.

Mis inicios como rolero; mi primera aventura

            Quien me comenzó hablando en profundidad del rol fue José Carlos Lujan, al que en otros tiempos se le conoció como el Máster, así, en mayúscula. Y es tan importante esta persona en este mundo que merece todo un apartado para él y explicar quién era. Pero lo haré un poco más adelante, porque ahora se trata de explicar cómo me enganché al rol. Decía que la primera persona que me comenzó a hablar del rol fue José el Máster. Salía por las tardes de la Universidad y de cuando en cuando se pasaba por la tienda para ver los juegos y estar atento a las novedades. Y me hablaba, vaya si lo hacía, de los juegos, la diferencia entre unos y otros, las reglas que eran buenas y las que no, sus vivencias como máster (porque él era siempre máster, nunca jugador, era lo que le apasionaba) y sus divertidas anécdotas, que las tenía por docenas. Yo le escuchaba y asentía dando a entender que entendía, pero oye, ni repajolera idea, aunque ya comenzaba a sentir cierta curiosidad. Si el rol era la mitad de divertido de lo que decía el Máster, puede que fuera buena idea jugar a alguno, para probar. Pero no fue con el Máster con quien jugué la primera partida, sino con otro personaje del que he hablado en varias ocasiones tanto en estas Crónicas de un Friki como en Crónicas Lupinas. Me estoy refiriendo a Miguel, o Maikel, seguidor de Khorne, fiel creyente de Cthulhu y demás entidades primigenias.

            No voy a hablar aquí de Maikel para no hacer eterno esto, puedes ir a Crónicas Lupinas y saber más sobre él, pero baste decir que fue quien me inició a los wargammes, en concreto a Warhammer 40.000. Claro que él pretendía que me pasara al Caos, pero le salió rana el asunto y me hice devoto del Dios Emperador, haciendo Lobos Espaciales, ejército que a día de hoy sigo coleccionando para mayor gloria del Imperio de la Humanidad. Maikel ya había jugado al rol anteriormente, más que nada a Dungeons & Dragons y estaba buscando un grupo con el que jugar. Conocía a un colega que tenía El Señor de los Anillos, recién comprado, y que nos podía arbitrar una partida. Oye, era mi oportunidad. Dicho y hecho.
            Para buscar otros jugadores lo que hice fue indagar entre los clientes que ya se iban convirtiendo en mis amigos y preguntarles si estarían interesados en jugar al rol. Obtuve buenos resultados y pronto fuimos cinco jugadores: Maikel, Oli, Dani y su hermano Samuel y yo. El máster sería un chaval del que lamentablemente no me acuerdo su nombre porque únicamente nos dirigió en esa partida y ya no le vimos más.

¡A matar orcos!

            Todo aquel que haya jugado a El Señor de los Anillos podrá saber de lo que voy a comentar aquí. Lo primero que hizo el máster fue explicarnos el juego y cuáles eran las metas. Después fue el turno de crear las fichas de los personajes. Para esto nos tuvimos que hacer con unos dados y algunos jugadores nos compramos incluso miniaturas acordes con nuestros personajes. En mi caso, me hice un guerrero y por raza me tocó un númeróneano negro; una especie de humano algo más que humano. Dado que todos éramos novatos, el máster nos hizo jugar la aventura básica que viene en el libro de rol. Ya con nuestros dados, papel, lápiz y la ficha de personaje totalmente terminada, dimos inicio a la gran aventura.

            Comenzamos llegando a una posada y nos veíamos obligados a comer puesto que llevábamos varios días de viaje. Lo malo es que no teníamos mucho dinero. Sin saber muy bien qué hacer y cómo comportarse, fuimos solventando las situaciones que el máster nos planteaba más bien mal que bien. Por cierto, mis compañeros eran un mago, un explorador elfo, un bardo y otro guerrero. La cuestión es que nos metimos en líos y endeudados hasta las cejas. El posadero, hombre importante en la región, más bien capo de la mafia diría yo, nos propuso una misión: su hija había sido secuestrada por unos trolls que se suponían estaban en un castillo abandonado o en unas cuevas. Si liberábamos a la hija, nos perdonaba las deudas y los líos que habíamos ocasionado. Nada, nada, allá que vamos a por la susodicha hija.
            Por el camino fuimos asaltados por una banda de orcos salteadores y esa fue nuestra primera experiencia “real” de combate. Y no veas que subidón. Tras acabar con dos orcos con mi poderosa espada y mi buena capacidad para la lucha (o sea, mi númeróneano negro), sentí como la adrenalina me recorría el cuerpo. ¡Orcos a mí! ¡A un poderoso guerrero! ¡Ja, Crom os maldiga a todos, perros, que vais a conocer mi acero! No, Crom no, me explicaba el máster. Crom es de otro universo y otro personaje. Bueno, el caso que me sentí poderoso, representaba a un personaje que parecía imparable y feroz. Las dudas se disiparon y la confianza aumentó. Y encima se ganaban puntos de experiencia que luego invertías en mejorar al personaje. Si ya era una máquina de picar carne, ¿en qué me convertiría tras jugar cuatro partidas? Así pensaba con ingenuidad, porque en realidad nos habíamos enfrentado a unos cutres orcos de medio pelo que el máster había colocado ahí para darle algo de emoción a la partida. Pero funcionó, porque si ya me lo estaba pasando muy divertido interpretando (que en realidad es la parte más divertida del rol), con la batalla me enganché totalmente al juego aunque todavía no lo sabía. La cuestión es que registramos el castillo, no encontramos a la hija del posadero, pero sí algunos tesoros sin mucho valor y una pista que nos indicaba que debíamos ir a las cuevas. Una vez allí nos enfrentamos a los ogros, a los que vencimos tras muchos esfuerzos (estos ya no eran orcos de medio pelo) y logramos rescatar a la muchacha. El posadero, agradecido, nos perdonó las deudas e incluso nos dio una recompensa en metálico.

Siguen las aventuras

            No tardamos mucho tiempo en volver a organizar otra partida, pero como he dicho, el máster de la primera partida no volvió a aparecer más, así que tuvimos que buscar otro nuevo máster. Al grupo de jugadores se nos fueron uniendo otras personas y nosotros mismos nos fuimos turnando en ser máster. Yo lo sería pero mucho más adelante. Lo que en ese momento más me gustaba era ser rolero. Nuestros personajes fueron aumentando en experiencia, habilidades y poder, y aquello terminó por hacernos creer que éramos invencibles. En una de las partidas, donde Samuel fue máster, nos vimos metidos en una pelea con orcos de bastante nivel y muy duros de pelar. Fue aquí donde la suerte fue adversa para la mayoría de nuestros personajes y lo que nos hizo darnos cuenta que en el rol, al igual que ocurre en la vida real, no puedes ir a lo loco y creyéndote el ombligo de la Creación porque lo terminas pagando caro. Toda acción y toda decisión tienen sus consecuencias, a veces para bien, otras todo lo contrario. La cuestión es que uno de los del grupo encontró una flauta mágica que cuando se tocaba hacía dormir a todo aquel que la escuchara. Emboscados por feroces y numerosos orcos, el que portaba la flauta no tuvo más ocurrencia que tocarla sin avisar al resto de compañeros. ¿Resultado? La mitad del grupo cayó dormido para regocijo de los orcos que los remataron. La otra mitad, en la que se encontraba mi personaje, a luchar en inferioridad numérica y siendo masacrados.
            Aquí se dio otra circunstancia de esas que los roleros conocemos muy bien. Aunque en inferioridad, mi númeróneano negro se defendía bravamente, no en vano era un poderoso guerrero, y armado con el escudo y la espada intentaba encontrar una salida al lío. Pero he aquí que un orco dispara con su arco, y cosas de los dados, la flecha atravesó el escudo e impactó de pleno en mi personaje que, cosas de los dados, no logró superar sus buenas tiradas de defensa y murió en el acto. ¡No podía ser! ¡Pero si mi personaje era una máquina de matar! ¡Había peleado contra brujos, orcos, trolls y toda suerte de enemigos! Había vivido aventuras y conocido reyes, ¿y moría por una simple flecha? ¿Por qué había fallado mis tiradas de dados y el máster había tenido la fortuna de sacar crítico tras crítico en sus tiradas? ¡Aarrrghhh…!
            Pero así fue, y desde esa fatídica partida evolucionamos como roleros. Aprendimos una valiosa lección, y es que tan importante como el saber pelear es saber demostrar tener inteligencia, sensatez y prudencia, y que dejarse llevar por la soberbia o la arrogancia es fatal. Debo confesar que me enfadé mucho y no supe llevar la pérdida de mi jugador, aunque enseguida me di cuenta de que no era más que un juego y que en realidad la culpa había sido nuestra. Aunque a lo largo de mi experiencia he conocido máster que únicamente buscan acabar con los jugadores, no era este el caso. Sobre las diferentes clases de máster ya hablaré en otra entrada.

Dioses primigenios

            Terminada la partida, decidimos cambiar de juego y probar con otro universo. Maikel aprovechó la oportunidad para arbitrarnos una partida a La Llamada de Cthulhu, donde ya había sido jugador y máster con otro grupo. Aceptamos de inmediato porque el juego nos llamaba la atención y sobre todo porque cambiaríamos de enfoque. La Llamada de Cthulhu es un juego basado en los relatos de H. P. Lovecraft, con lo que no me extenderé demasiado en ello, simplemente añadir que los personajes son muy vulnerables pues no son más que personas normales sin ningún tipo de habilidad o poder fantástico. Si te disparaban morías, y si presenciabas un hecho sobrenatural podías perder la cordura o algo peor. Bajo esas premisas, un juego donde prima mucho más la investigación y la inteligencia que la acción y la valentía, creamos nuestros personajes y allá que nos embarcamos en una nueva aventura.

            Éramos un grupo de detectives privados al que le encargan la búsqueda de una persona desaparecida. Fuimos al hotel donde la persona que buscábamos se hospedó y nada más pasar la puerta de la entrada el máster me hizo lanzar una tirada de dados. La fallé y no pude impedir que un desconocido me disparara con una cerbatana. Un dardo con un potente alucinógeno se me clavó en el cuello y tiré otra tirada de dados para ver cuánto me podía afectar. Volví a fallar y por mucho, así que comencé a experimentar alucinaciones terribles. Loco total saqué mi revolver y disparé contra las monstruosidades que me amenazaban. Ahí sí, no te digo, ahí acerté en todas mis tiradas de dados y maté a mis compañeros. Fin de la partida. Fue la partida más corta de toda mi historia de rolero. No empezábamos bien, no.
            Tuvimos que empezar de nuevo la partida y Maikel tuvo a bien eliminar el incidente del hotel para evitar que nos volviera a pasar de nuevo. Y tengo que decir que nos lo pasamos genial con La Llamada de Cthulhu, aunque es uno de los juegos de rol más difíciles que existen.
            Y hasta aquí hemos llegado en esta entrada. En la próxima hablaré de cómo logramos crear un grupo estable de jugadores y como conseguimos mantener una rutina semanal de partidas durante al menos un par de años, siendo una de las mejores etapas de mi vida y de la que guardo un bonito recuerdo. Y, por supuesto, hablaré de José Carlos Lujan, el Máster, el más grande entre los grandes, que Crom y la Weyland-Yutani le protejan.

Continuará…

Si te gustan las Crónicas de un Friki, aquí tienes los enlaces para ir a la primera entrega y la penúltima. Únicamente pincha en los nombres.

También puedes leer:
Son mi iniciación en el mundo del Warhammer 40.000 y digamos una continuación de Crónicas de un Friki a partir del cierre de la tienda.


           

martes, 7 de junio de 2016

¿CUÁNDO SE ACENTÚAN PORQUE, POR QUÉ, PORQUÉ, POR QUE?



¿CUÁNDO SE ACENTÚAN PORQUE, POR QUÉ, PORQUÉ, POR QUE? 


            Vamos a tratar en esta entrada del blog de otra de esas cuestiones gramaticales que vuelven locos a estudiantes, escritores y, en general, a todo aquella persona que le gusta tanto leer como escribir. Es la respuesta al interrogante de cuando se acentúa la terrible palabra de porque en sus variantes de junta o separada y con tilde o sin tilde. Sé que esto ha quitado el sueño a muchos y es motivo de suspenso en exámenes pues la no correcta utilización de esta palabreja (pensada para torturar a los pobres mortales) es una falta de ortografía grave. Y muchos escritores han visto frustrados sus posibilidades de publicar su obra cuando el editor ha descubierto que no sabe utilizar correctamente la dichosa palabra. Tranquilos, vamos a abordar el problema con sencillez y utilizando ejemplos para dar mayor fuerza a las explicaciones.

Por qué

            Son dos palabras y con tilde diacrítica en “qué”, que es tónico y sirve para distinguirlos de otros “que” que en la oración carecen de acento prosódico. Esto suena a formula de aguarrás o mejunje alquímico, pero vamos a resumirlo diciendo que “por qué” se emplea en las frases interrogantes y en oraciones interrogantes indirectas donde no aparezcan los signos de interrogación.

—¿Por qué no te vas de viaje?
—¿Por qué no te compras ese cómic?

—Ignoro por qué no te vas de viaje.
—No sé por qué no te compras ese cómic.

            También se utiliza “por qué” en frases de exclamación:

—¡Por qué no me iré de viaje!
—¡Por qué no me compré ese cómic!

Por que

            Esta es la fórmula que menos se utiliza, se escribe en dos palabras y sin tilde, pero dado que aparece en muy contados casos y además se puede sustituir por otras palabras, es muy difícil que os encontréis con ella. No obstante, es conveniente conocer sus reglas.
1-La combinación de la preposición “por” y el pronombre relativo “que” pueden sustituirse por el cual, la cual, los cuales, las cuales, o incluso intercalar un artículo (el, la, los, las).

—La ventana por que entraron a robar estaba rota.
—La ventana por la cual entraron a robar estaba rota.
—La ventana por la que entraron a robar estaba rota

2-Tenemos el caso de una preposición regida por un verbo a la que le sigue una conjunción. No se puede fundir la palabra porque la preposición depende del verbo:



—El dependiente de la tienda de cómics se preocupó por que el producto se distribuyera correctamente.

            Lee en voz alta la frase y ahora lee la siguiente frase.

—El dependiente de la tienda de cómics se preocupó porque el producto se distribuyera correctamente.

            ¿Notas el sutil pero importante cambio en la frase? En la primera el dependiente se preocupa de que el producto se distribuya correctamente y hace un esfuerzo para que todo salga bien, pero en la segunda frase lo que le preocupa es que precisamente el producto se distribuya correctamente ya que no es su intención que todo salga bien.
3-La preposición también puede depender de un sustantivo o incluso de un adjetivo:

—El dependiente muestra su interés por que los colores del cómic salgan de la forma correcta en la edición de lujo.

4-Existe un caso especial que admite la grafía en dos palabras o en una, pero siempre sin acento y cuando la secuencia tiene valor final. O sea, para indicar un “para qué”:

—Pediré por que los colores estén bien (para que estén bien)
—Pediré porque los colores estén bien (para que estén bien)


Porque
           
            Se escribe junto y sin tilde porque en el ochenta por ciento de los casos no es más que la respuesta a una pregunta que contiene un “¿por qué?”.

—¿Por qué no te has comprado el cómic? Porque no me ha dado la gana.

            Pero nos podemos encontrar con el caso de que no haya pregunta, pero siempre que se utilice como respuesta se escribe junto y sin tilde ya que no es más que la lógica consecuencia casual de una hipotética pregunta. Si podemos buscar un “¿por qué?” a nuestra oración entonces ese “porque” se escribe junto y sin tilde.

—No lo compré porque no quise.

            En muchos casos el “porque” se puede sustituir por puesto que, dado que, ya que, como, pues, a causa de, por la razón de qué…

—No lo compré ya que no quise.
—No lo compré pues no quise.

Porqué

            Junto y con tilde, es el más fácil de detectar pues siempre lleva un artículo delante, ya que es una palabra aguda que termina en vocal, un sustantivo que procede de la lexicalización de la secuencia interrogativa. Además, también es fácil de detectar pues este “porque” se puede sustituir por motivo, causa o razones.

—Cuando pienso en el porqué de los errores, más me alegro de no comprar el cómic.
—Cuando pienso en el motivo de los errores, más me alegro de no comprar el cómic.

—Cuéntame el porqué de no comprar el cómic.
—Cuéntame la razón de no comprar el cómic.

            Y hasta aquí hemos llegado. Supongo que a estas alturas ya tendrás claro la correcta utilización del “porque”, “por qué”, “por que” y “porqué”. Un saludo y hasta la próxima entrada.




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