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jueves, 6 de diciembre de 2018

SUCEDIÓ EN LA NOCHE DE LOS REYES MAGOS


SUCEDIÓ EN LA NOCHE DE LOS REYES MAGOS

            Quedaban apenas tres días para la noche más mágica del año en España: la noche de los Tres Reyes Magos. César andaba preocupado, porque todavía no había encontrado el regalo principal que su pequeña hija Sara, de seis años, le había pedido. O más bien había pedido a Baltasar, Melchor y Gaspar, claro, los tres Reyes, porque Sara creía en ellos, por supuesto. César cometió el error de dejar pasar un par de semanas confiado en que encontraría la muñeca a tiempo, pero ahora resulta que el juguete se encontraba agotado en jugueterías y centros comerciales.
            Era la muñeca de moda, por la que todas las niñas ese año suspiraban: Cindy Superstar. Una muñeca creada según los estándares actuales, delgada, muy moderna, con carácter y repleta de detalles y complementos que, como no podía ser menos, se vendían aparte. Bueno, suspiró resignado César, si era la ilusión de Sara él no podría por menos que no defraudarla. Pero un gasto inesperado en casa le había supuesto gastar lo que tenía ahorrado para los Reyes de Sara y tuvo que esperar a recuperar el dinero de otro lado. Para colmo, se había comprometido con su mujer en ser él quien se encargara este año de los regalos, así que no le quedaba otra que cumplir con lo prometido. Sara le había besado en la mejilla y advertido muy seriamente sobre las letales consecuencias de que los Reyes Magos no le trajeran a Cindy Superstar.
            Por eso se encontraba ahora César montado en un autobús viajando por Madrid, de centro comercial en centro comercial y de juguetería en juguetería en busca de la dichosa muñeca. En todas partes le habían dicho lo mismo: agotada y no se repondría hasta pasado al menos dos semanas después de Reyes. Aquello hundió en la desesperación a César, pero pasados los primeros momentos de estupor no dejó que la mala noticia le pudiera y partió a otros sitios. Mediante Internet por el teléfono móvil, logró conectar con foros y páginas Web donde otros padres ponían lugares donde se vendían los juguetes, los mejores descuentos, precios, esas cosas… Así supo que la caja básica donde venía Cindy Superstar tenía dos versiones. Una era la normal, la muñeca, un vestido de recambio y unos pocos complementos; y la versión edición limitada (y más cara) con tres vestidos, complementos especiales, un cómic sobre la muñeca, un CD con la música favorita de Cindy Superstar y otras cosas. Bueno, a César le daba igual la edición limitada que la normal que la cutre. Él quería un maldito ejemplar de la muñeca y santas pascuas.
            Pero por más que había buscado no encontraba el juguete. Una alerta en el móvil le indicó que en una tienda existían algunos ejemplares, por eso viajó hasta la otra punta de Madrid al instante. Cuando llegó tuvo que batirse bravamente con otras madres y padres, avanzando férreamente por los pasillos atestados de compradores de la juguetería hasta llegar a las estanterías donde Cindy Superstar se encontraba. Para su horror ya no quedaba ni una sola muñeca; otra vez tarde. ¿Qué hacer, donde ir, a quien acudir? El tiempo se agotaba, aunque todavía quedaban tres días para la búsqueda.

            No fueron suficientes. Con una celeridad pasmosa los días pasaron y César se encontró con que era el día previo a los Reyes Magos y la esquiva Cindy Superstar no se encontraba con el resto de los regalos de Sara. Todavía había tiempo, se decía a sí mismo César. La noche previa a los Reyes las tiendas permanecen abiertas hasta las 24:00 horas. Enfundado en un grueso abrigo, con bufanda y guantes, con el móvil en la mano y alerta a todo, se lanzó de nuevo a las calles de Madrid, viajando de tienda en tienda dispuesto a encontrar la muñeca. Cuando ya todo parecía indicar que Sara se quedaría sin su juguete deseado, una nueva alerta en el teléfono avisó a César que una gran superficie en un centro comercial había encontrado varios ejemplares de la muñeca y los había puesto a la venta. ¡Qué suerte! César apenas se encontraba a unas pocas paradas de autobús de aquel centro comercial. Es más, si echaba una carrera llegaría antes incluso que el autobús, porque si esperaba la llegada del transporte público más que seguro que perdería mucho tiempo.
            Sin pensarlo más, César corrió durante más de veinte minutos hasta llegar al centro comercial. Sin parar para recuperar el aliento se internó en las galerías comerciales para llegar al supermercado y su sección de juguetes. Esquivó personas, carritos de la compra y alguna que otra empleada que le gritó a saber qué. ¡Maldición! La estantería de la muñeca otra vez vacía. ¡No! Quedaba una caja. Lanzando un grito de triunfo César agarró la caja con fuerza. ¡Ya era suya!
—¡Oiga! —exclamó una mujer regordeta y con la cara excesivamente cargada de maquillaje— Esa muñeca es mía. Yo la vi primero.
—Con todos mis respetos, señora, pero la he cogido antes —respondió César agarrando más fuerte la caja.
—¡Qué maleducado! Es usted un gamberro. Esa muñeca me pertenece. La vi antes…
—Aquí no se trata de quien la vea antes, sino quien la agarra antes.
—¡Qué me la de le digo!
—¡Señora! ¡Suelte la muñeca!
            La mujer enganchó la caja con fuerza a la vez que se puso a gritar como una loca, pero César no estaba dispuesto a soltar su codiciado botín. Así que tras la sorpresa inicial dio un fuerte tirón y logró que la señora soltara la caja. A los gritos acudieron dos guardias de seguridad que demandaron saber qué pasaba. César se explicó, pero la señora seguía berreando y exigiendo la muñeca.
—Señora, cálmese —intentaba razonar uno de los guardias—. Este señor llegó antes y tiene derecho a la muñeca…
            Pero aquella mujer ni razonaba, ni se callaba. César se escabulló entre la confusión y el gentío dejando a los dos pobres guardias de seguridad capear el temporal. Para eso los pagaban.

            Más tarde, y muy satisfecho consigo mismo, César viajaba en el Metro hacia casa, ya era muy tarde, casi la hora de cenar, pero todos los esfuerzos habían merecido la pena. Cindy Superstar estaba en su poder y Sara tendría su juguete soñado. Era la versión normal, pero a estas alturas era todo lo que se podría conseguir. A Sara le daría lo mismo. El vagón de Metro contaba con pocos viajeros, ya casi todos los madrileños estaban en sus casas cenando, o comiendo el Roscón o preparando los juguetes. Además, hacía mucho frio y la noche invitaba a estar entre los tuyos. Justo enfrente de César estaban sentadas una madre de unos treinta años y su hijita de una edad parecida a Sara. Eran latinas, de pelo negro y ojos oscuros y muy expresivos. A juzgar por la ropa debían de ser condición humilde. La mujer llevaba una bolsa con lápices de colores y unos cuadernos para dibujar.
—Mami, pero yo quiero una muñeca para Reyes… —decía la niña con su voz infantil y los ojitos medio llorosos.
—Ya, cariño, pero mami te ha explicado que no tenemos dinero para otra cosa. Tendrás que conformarte con unos lápices para dibujar —explicaba la madre con mucha paciencia y sincero pesar en su voz, pero mirando con mucho amor y ternura a su hija.
—Pero mamá, si son los Reyes Magos quienes traen los regalos, ¿qué tiene que ver el dinero con esto? —argumentaba la chiquita con su aplastante lógica infantil.
—Hija, no es todo como piensas.
—Mamá, en mi clase mis amigas tienen muñecas y juguetes bonitos, y me preguntarán que me han traído los Reyes y no tendré ninguna muñeca que enseñarlas. Se ríen de mi porque tengo remendones en la ropa, son malas…
—No las hagas caso, corazón.
—No importa, mamá, sé que los Reyes me traerán una muñeca. He sido buena todo el año y sé que ellos son buenos, ¿verdad, mamá?
—Sí, hija —respondió la madre con la voz quebrada por el dolor.
            César no pretendía espiar la conversación, pero no pudo evitar escucharla y comprendió muchas cosas. Comprendió que aquella buena mujer pasaba por un mal momento económico y que no podía comprarle juguetes a su hija. Y supo también que aquella niña de cara ingenua se llevaría al día siguiente una tremenda desilusión al descubrir que los Reyes, finalmente, no le habían traído esa muñeca tan deseada. Y con ello en el corazón de la niña se rompería algo y perdería esa ilusión que hace tan maravillosa y mágica la infancia, sobre todo en Navidad. César supo entonces que estaba en sus manos impedir que la chiquita pasara por un mal trance que podría marcarla para el resto de su vida. Eran cosas materiales, cierto, pero a estas edades un detalle así podía apuñalar la ilusión de una niña y hacer que la perdiera para siempre, creciendo en edad mental incluso antes de lo esperado y deseado. No, los niños han de ser niños todo el tiempo que puedan. Llevado por un poderoso impulso interno, César se levantó y se acercó a la mujer.
—Perdone, hum… —al principio no supo que decir, pero de inmediato a la mente le vino una idea y rápidamente se las ingenió para componer una pequeña mentira—. Señora, las he escuchado hablar, perdone mi osadía, y creo que tengo una solución.
—Señor, ¿qué dice? —dijo la mujer tomando a su hija de la mano.
—Vera… hum… soy voluntario en una asociación que se dedica a recoger juguetes para las familias más necesitadas. Precisamente voy a la asociación para llevar esta muñeca y donarla. Bueno, pues creo que usted necesita esta muñeca, ¿verdad?
—Señor, no puedo permitir tal cosa. Otros niños necesitarán juguetes y…
—Señora, no me rechace un regalo. Se lo doy de buena fe, téngalo y no lo piense más.
—Señor, yo… —la mujer se quedó asombrada al contemplar la bolsa con la caja de Cindy Superstar envuelta en papel de regalo—. No sé qué decir…
—No diga nada, acéptelo y Feliz Navidad, aunque en este caso toca mejor decir felices Reyes Magos.
—¿Es usted un Rey Mago? —preguntó la niña con una luminosa sonrisa.
—No —contestó César guiñando un ojo—. Sólo soy uno de sus ayudantes.

* * *

            Tras haber entregado la muñeca a la niña, César sintió una profunda sensación de bienestar en su interior, orgullo por haber hecho lo correcto y una gran paz, a lo que se sumaba una intensa alegría. César pensó mucho en su acción, porque no era alguien dispuesto a estar pendiente de los problemas de los demás, bastante tenía con los suyos. Pero se alegraba. Pensaba que no tendría que quedar todo ahí, algo que ocurre únicamente en Navidad, sino que podía hacer algo similar el resto del año. A lo mejor podía acercarse a una asociación, una ONG o una parroquia y apuntarse como voluntario para colaborar en asuntos sociales. Tal vez podría dedicarse a guardar juguetes todo el año y luego donarlos en Navidad. Sí, eso haría, se prometió a sí mismo con mucha solemnidad.
            Pero cuando llegó a casa y se enfrentó a la ira de su mujer, a César todos los pensamientos filántropos se le fueron al traste. Su mujer se enfadó mucho con él, ya que se había comprometido a encontrar a Cindy Superstar y había fallado. ¿Cómo se lo tomaría Sara? Porque la niña no dejaba de hablar de la muñeca y de la ilusión que le daba el tenerla; porque los Reyes Magos se la traerían, seguro. César debía hablar con su hija, pero no pudo reunir el valor necesario para hacerlo.
            Esa noche fue muy dura para él, enfrentándose por un lado a las miradas acusadoras de su mujer y por el otro a la ilusión de su hija. César se sentía muy mal, con la sensación del fracaso presionando sus espaldas. ¿Qué le diría a Sara a la mañana siguiente cuando descubriera que Cindy Superstar no se encontraba con el resto de regalos? ¿Pero por qué demonios regalaría la muñeca? En menudo lío se había metido…

            Le costó mucho conciliar el sueño, y su mujer ni tan siquiera le deseó buenas noches. Muy de temprano le despertaron los gritos, risas y ruidos de Sara que, como casi todos los niños en aquel día, se había despertado muy de mañana para ir a todo correr al salón en busca de los regalos que los Reyes le habían traído.
—Ahora a ver que le dices a tu hija —fue el saludo mañanero de su mujer.
            César marchó despacio al salón, bostezando y pensando a toda prisa en una excusa que contar a Sara.
—¡Mira, papá! ¡Me la han traído! ¡Los Reyes Magos me han traído a Cindy! —exclamaba loca de alegría Sara alzando la muñeca a lo alto y sin dejar de correr de un lado a otro del salón— ¡Y es la edición mega especial limitada platino!
—¿Eh? Pe… pero… pero… —balbuceó César sin dar crédito a lo que veía.
—Ah, cariño, que tonta he sido, como me has engañado —su mujer se abrazó a su cuello y le dio tiernos besos—. Ya sabía que no nos fallarías. Eres el mejor. Qué gran sorpresa.
—¿Eh? Pe… pero… pero… —¿de dónde infiernos había salido esa muñeca?, pensó César.
            Sara daba vueltas por el salón haciendo volar a la muñeca y enseñándosela a su madre. César se acercó y cogió la caja de la muñeca. Efectivamente, era una edición muy especial, únicamente tres mil unidades en toda Europa, con muchos más complementos y detalles especiales. Pero todo esto no respondía a la inquietante pregunta.
            Fue entonces cuando César reparó en un sobre al pie del árbol de Navidad. Se agachó, lo tomó y pudo leer “Para César”. Extrañado, lo abrió y leyó la nota que había en su interior.

“Las buenas acciones tienen su recompensa.
G, M & B
P.d.: no se te olvide cumplir tu promesa.”

            César casi se desmayó. Pero que caray, es la noche más mágica del año.







jueves, 27 de septiembre de 2018

LA FASCINANTE VIDA DE MILLONARIO DE UN ESCRITOR


LA FASCINANTE VIDA DE MILLONARIO DE UN ESCRITOR       



Desde ya hace bastante tiempo me he ido encontrando que se me ha planteado una pregunta a través de mis amigos, compañeros autores o simplemente seguidores y lectores del blog que es siempre la misma: ¿cómo es posible que el autor gane tan poco dinero cuando publica si es que logra ganar algo? A esta pregunta le suele seguir la siguiente: ¿quién o quiénes son los responsables de que los escritores ganen tan poco?, y para terminar tenemos esta: ¿se puede hacer algo al respecto?
            Bien, esta entrada se encamina a intentar dar respuestas a dichas preguntas, aunque aviso con antelación que posiblemente las respuestas no te vayan a gustar, amable lector o compañero escritor. También hay que tener en cuenta que las respuestas van a ser muy simplificadas, pues estos son temas muy complejos que no vienen de ahora, sino que vienen arrastrándose desde hace muchos años, décadas, y que lejos de tener planteamientos o soluciones sencillas son bastante complicados en todos los aspectos. Pero aclarado esto, voy a intentar dar tanto mi opinión al respecto como a dar cabida explicación de lo que sucede.
            Como siempre digo en estos casos, voy a hablar de lo que conozco: el mercado español. Aunque sé cómo funciona el mercado anglosajón, el estadounidense o el franco-belga, incluso el latinoamericano, principalmente voy a hablar del mercado literario español que además suele influir mucho (a veces para bien, a veces para mal) en el mercado literario latinoamericano.

Que posibles beneficios puede obtener un escritor publicando en España

            Vamos a comenzar por aquí. Pongamos que consigues que una editorial española de tipo medio se interese por uno de tus libros y decida publicarlo en los dos formatos imperantes, el libro de papel y el electrónico. Puesto que ya he explicado en otras entradas el asunto de los contratos, derechos y responsabilidades de autores y editores, vamos a centrarnos en el tema de la entrada: el dinero para el escritor. Si eres un autor poco conocido, y aunque lo seas te va a dar igual, los beneficios que obtienes por la venta de tus libros son de un 8% en la inmensa mayoría de los casos, que puede aumentar a un 10% si vendes bien, llevas un tiempo en la editorial y puedes negociar con el editor. A veces ocurre de autores que ganan un 12 ó hasta un 15% de las ventas, pero esto ya es raro y es porque los autores son bien conocidos y generan grandes volúmenes de ventas. Lo normal es un 8 ó un 10% en caso excepcional.
            Es decir, pongamos que publican tu libro y lo ponen a la venta con un precio para el público, con impuestos incluidos, de 20 euros. Tus beneficios por la venta son de 1,70 ó 2 euros dependiendo del tanto por ciento. Aquí ya el autor es cuando pone el primer gesto de sorpresa y desilusión. ¿Tus beneficios por vender un libro son de 2 euros? ¿A dónde van a parar los 18 restantes? Siguiendo con el ejemplo, si eres un autor novel o desconocido lo más normal es que la editorial no confíe demasiado en tus posibilidades comerciales, al menos de momento, con lo que la tirada de ejemplares de tu novela será de entre 500 y 1.000 ejemplares, y ya estamos siendo generosos y hablando de una editorial de importancia media. 

            Vamos a imaginar que la tirada es de mil ejemplares y que los vendes todos. Eso supone que para el autor queda un beneficio de 2.000 euros si tienes un 10% de beneficios por venta. Vaya, ahora la cosa cambia, ¿verdad? Dos mil euros ya es una cantidad algo más interesante. Pero el problema es que esos mil ejemplares no los vas a vender en un mes, sino que será a lo largo de los meses cuando se irán vendiendo, si es que se venden, y que tampoco se te dará el dinero al momento, sino en un plazo de seis meses desde la puesta en venta de la novela. Siguiendo con la historia, digamos que has tenido relativo éxito y has vendido todos los ejemplares en seis meses y te van a dar los dos mil euros. Esto significa que has conseguido 333 euros mensuales por la venta de los mil ejemplares de tu novela.
            Pero he sido demasiado generoso. Desde ya te digo que el 99,9% de los autores noveles o desconocidos no venden mil ejemplares de su primera novela (o segunda, o tercera novela) en menos de un año o más bien nunca. Y que las editoriales no suelen arriesgar tanto (y mucho menos dar oportunidades) con escritores desconocidos. Lo corriente es una tirada de entre 200 y 500 ejemplares y un 8% de beneficio para el autor. ¿Dónde está ese supuesto beneficio entonces? En ninguna parte. Si tenemos en cuenta lo difícil que es poder publicar en España fuera del circuito de las grandes editoriales y el generar grandes ventas, entonces nos damos cuenta que el escritor apenas gana dinero con sus obras. Y se dan innumerables casos de editoriales que no pagan a los escritores noveles al considerar que ya les están “pagando” simplemente con publicar su libro.
            La cosa se complica cuando el autor encima ha tenido que realizar gastos para escribir su novela. Por ejemplo, al comprar libros de Historia para aprender y documentarse a la hora de escribir su relato histórico. Como fue en mi caso, que para escribir la trilogía de “Crónicas de un conquistador” invertí algo más de quinientos euros en libros de estudio.

Frustración, desilusión, impotencia

            Imagina a un autor que durante largos meses ha estado trabajando duramente en su novela, quitándose horas de sueño, de ocio y de estar con la familia. Como es normal que tenga que trabajar en otra cosa para poder pagar facturas y comprar garbanzos para el rancho, encima tendrá que compaginar trabajo con escribir, y los escritores sabemos lo difícil que resulta escribir cuando se tiene la mente y el cuerpo agotados por el trabajo.
            Inviertes dinero en tu obra, cuando la terminas tienes que registrarla, lo que hace gastar más dinero. Luego la mueves por editoriales, que en ocasiones te piden les envíes una copia de la novela por correo a sus oficinas, lo que significa más gastos. Durante mucho tiempo, puede que años, penas por diferentes editoriales en constantes intentos de que te publiquen la novela y cuando lo consigues (que lo normal es que no) te encuentras con unas condiciones económicas lamentables que te hacen preguntar si ha merecido la pena tanto esfuerzo, sacrificio y sudor.

            Y hay que tener en cuenta esto. Si, como en el ejemplo anterior, vendes tus mil ejemplares y sacas unos trescientos euros mensuales ya eres afortunado, porque este dinero vendrá condicionado por las ventas. Porque si no vendes, no cobras. Si vendes tus mil ejemplares a lo largo de dos o tres años el editor pensará que no tienes gancho comercial y no habrá segunda edición, con lo que no cobras. Y si tus ventas se paran en doscientos ejemplares y los otros ochocientos acumulan polvo por años (o por meses, porque en la actualidad se considera “vieja” a una novela escrita un año atrás) al final se saldarán a precios irrisorios y prácticamente cobrarás nada por su venta en saldo. Y este panorama desolador que he te planteado, lector, es el que te vas a encontrar por norma general dentro del mundo de las editoriales y la venta de libros en España.
            ¿Cómo es posible entonces que existan escritores que se ganen la vida con sus obras? Existir, existen, pero son más pocos de los que imaginas. Incluso muchos escritores de reconocimiento mundial no ganan dinero a través de sus obras, sino por otras vías, bien por su trabajo o por otros ingresos que pueden estar vinculados a sus novelas (un ejemplo son los beneficios que puede dar rodar una película o serie de televisión basada en una novela). Además, los escritores famosos que generan muchas ventas tienen unas condiciones que no tienen los demás escritores, tales como conseguir un 15 ó hasta un 20% por las ventas o que se les pague tanta cantidad para que escriban una novela en exclusividad para la editorial, o que se les ofrezca un contrato de exclusividad para trabajar en una editorial a cambio de una remuneración fija mensual durante el tiempo que dure el contrato. Pero, como digo, estos casos son extremadamente raros en España.
            Realmente la situación descrita es muy deprimente y la lógica pregunta que nos viene a la mente es: ¿por qué el autor gana tan poco dinero cuando es la parte más importante dentro del proceso que es publicar una novela y ponerla a la venta? Está claro que si el escritor no escribe no hay novela, y por tanto las editoriales se hundirían arruinadas y los lectores tendrían que conformarse con leer las recetas de los medicamentos. Siendo entonces el escritor el pilar sobre el que asienta el mundo literario, se nos antoja totalmente injusto que su importancia, trabajo y sacrificio no sea remunerado de forma adecuada.

¿Por qué sucede esto?

            Aquí vamos al meollo de la cuestión. Sigamos con el ejemplo. La editorial decide publicar tu novela, mil ejemplares de tirada. En España se da una circunstancia que es que primero se saca la novela en formato de “lujo” (tamaño grande, papel de calidad, mejor impresión, portada de cartón duro con relieves, guardas…) y a un precio caro y si tiene éxito más adelante se saca en formato de bolsillo (tamaño pequeño, letra pequeña, papel de menor calidad, tapa blanda…) a un precio más reducido. La media de los libros de “lujo” son de 24 euros, mientras que los de bolsillo 10 euros; bastante caros, por cierto.
            La editorial decide tirar la casa por la ventana y saca tu novela en un formato “atractivo”. Bien, los costes de imprimir un libro con, pongamos cuatrocientas páginas y tapas duras normales son de 6 a 8 euros por ejemplar. A medida que las tiradas son más bajas el precio se encarece, y si en vez de imprimir mil ejemplares se imprime cinco mil entonces esos seis euros se pueden convertir en cuatro. Por supuesto, poner letras doradas o de relieve en la portada, lomo redondeado y cosido en vez de pegado y demás cosas encarece el producto, pero el libro será de tamaño grande y tapas duras. Al ser una tirada de mil ejemplares bien puede costar seis euros el ejemplar. ¿Y por qué cuesta tanto imprimir un libro?
            Entran muchos factores: la tinta es cara, el papel también. Hay que pagar a los trabajadores de la imprenta, los gastos ocasionados de luz y electricidad por tener a las máquinas trabajando y otros factores. Pero sobre todo, hay que tener en cuenta que las imprentas, como negocios, se ven acosadas por los impuestos que desde ayuntamientos, la Comunidad donde estén ubicadas y el Estado se les impone, que son muchos. Para poder competir, las imprentas se han visto obligadas a reducir precios y condiciones. Antes no imprimían nada que no fuera como mínimo cien ejemplares. Ahora te imprimen un solo libro si hace falta. Y se ven obligados a bajar los costes de impresión, claro que con sus sacrificios, como despedir a trabajadores, reducir los sueldos y beneficios o marchar con el negocio a otro terruño; a China, por ejemplo, donde en muchos casos el sueldo de los trabajadores es darles de comer una vez al día.

            Ya tenemos seis euros de gastos de impresión más dos euros que se da al escritor nos hacen ocho. ¿Y los doce restantes? Pasemos a la editorial. Como es de recibo, la editorial también tiene sus gastos: maquetadores, correctores, agentes comerciales, el mismo editor, electricidad y sobre todo impuestos que desde ayuntamientos, la Comunidad donde esté ubicada la editorial y el Estado no hacen más que lastrar la productividad de la editorial. Y a todo esto, le añadimos el 21% de IVA que en el caso de la literatura no solamente encarece más el precio del libro sino que además impide que la editorial obtenga mayores beneficios. Pero aquí no acaba la cosa, porque también hay que pagar al librero o a la superficie comercial que ponga a la venta tu libro. De los doce euros que le quedan a la editorial de ahí hay que sacar un tanto por ciento que el librero debe cobrar por poner a la venta tu obra.
            Todo esto no es más que un círculo vicioso donde comprobamos que a pesar de lo enormemente caro que son los libros en España, editoriales, autores y libreros apenas logran sacar unos paupérrimos beneficios y eso si los consiguen sacar. De esta forma, se pueden explicar muchas cosas, entre ellas que las editoriales no quieran correr riesgos y no se decidan a dar oportunidades a autores noveles o desconocidos en el panorama literario. Lo más normal es que un autor novel apenas logre vender unos pocos centenares de ejemplares de su novela, y con algo de suerte, con lo que la editorial ha perdido dinero. Es mucho más fácil y menos arriesgado publicar la obra de un gran autor, un número uno en ventas, que te va a generar beneficios desde el primer momento. Esto ha llevado a que las grandes editoriales se enroquen en esta política y hayan cerrado las puertas a autores que no sean top en las listas de ventas. Es una decisión acertada a corto plazo pero la ruina a medio y largo como en la actualidad se está demostrando, pues incluso los autores top dejan de serlo cada cierto tiempo e incluso ya no generan tantos beneficios. Se suman otras políticas erradas y caducas de las editoriales y el afán de monopolio que tienen para que los autores se vean arrastrados a una espiral donde no pueden publicar y cuando lo hacen apenas consigan dinero por ello. No voy a detenerme más en este tema pues de esto he hablado más extensamente en otras entradas.

¿Quién o quiénes son los culpables?

            Como se ha podido comprobar, imprentas, editoriales y libreros tienen que hacer frente a unos gastos desmesurados que vienen sobre todo por parte de los impuestos que un Estado opresivo, rapaz, voraz y sumamente antidemocrático en cuanto a la libertad económica y de hacer negocios se trata que parasita a los empresarios y a las PYMES en un intento desesperado de seguir manteniendo el reino de las diecisiete taifas. Como se puede desprender de numerosos informes, especialmente el de infoautonomos.es, la carga fiscal que soportan los autónomos y empresarios españoles es de un 49%, superando la media europea un 8,7%. Según el estudio de Sage en 2017(empresas de soluciones contables), las PYMES deben emplear un 40% de sus beneficios para pagar impuestos.
            ¿Es de extrañar entonces que los autores, la parte más vulnerable del mercado literario, apenas consigan ganar dinero con sus obras aún teniendo ventas aceptables? No son los editores culpables (aunque existan excepciones sobre todo por parte de las grandes editoriales) de la situación, ni los libreros, ni los intermediarios, sino la excesiva carga tributaria y burocrática que sobre el mundo de la literatura existe. Tampoco podemos achacar este problema a la piratería o descarga de libros de forma ilegal por Internet. El libro electrónico sigue sin poder imponerse al libro tradicional y las ventas en España por Internet de libros electrónicos apenas alcanza el 15% del volumen de ventas total.
            Aunque es verdad que existen editores que se aprovechan de los autores y les pagan autenticas miserias, son una minoría. Si bien las grandes editoriales llevan unas políticas literarias erradas que no favorecen en nada a los autores más que a los suyos que trabajan en exclusiva para ellos, tampoco son los culpables por entero. Hay que reflexionar bien sobre esto y que cada cual saque sus propias conclusiones, pero si de un libro que tienes que sacar a la venta por veinte euros ya tienes que estar restando un 40% en impuestos ya podemos entender el porqué a los editores y libreros les cuesta conseguir beneficios y que los autores apenas ganen dinero con sus obras a no ser que se conviertan en autenticas máquinas de ventas.


¿Cuáles son las soluciones?

            No es la intención de esta entrada encontrar soluciones, pues también tengo otras entradas donde hablo de esto, pero puedo decir que las soluciones no son fáciles, aunque todas pasan por dos caminos que considero son imprescindibles de seguir: la reducción de impuestos y la eliminación de carga fiscal a las empresas y PYMES, y el cambio de concepto de autor que se tiene en España.
            El cambio de concepto de autor es algo muy importante y podemos mirar como ejemplo lo que es un autor en los países anglosajones o en Estados Unidos. Allí los autores deben contar con la figura de un agente literario si quieren publicar, y esto, lejos de ser una carga, es una ayuda valiosa cuanto que el agente no cobra sus honorarios hasta que la novela de su cliente ha encontrado una editorial que la compre y publique. En España es lo contrario. Si decides contratar los servicios de un agente literario debes pagar una mensualidad (que es carísima) publiques o no publiques. Es decir, si tu agente tarda doce meses en colocarte la novela, son doce meses de pagos. En los países anglosajones o en Estados Unidos la editorial debe pagar antes una suma de dinero acordada con el agente al autor para comprar los derechos de publicación de la obra. Aparte de este pago que puede variar según la editorial, importancia del autor o calidad de la novela (un pago que tiene unos mínimos), la editorial debe pagar un porcentaje de beneficio al autor por ventas. Como he explicado a lo largo de la entrada, en España no hay ese pago inicial y los porcentajes de beneficios son más bien bajos y en ocasiones hasta inexistentes. Además de todo esto, existen sindicatos de autores, abogados especializados y leyes que defienden al autor y sus derechos, que velan porque sus intereses sean respetados y las condiciones del contrato cumplidas. Aunque en España también existen estas medidas de protección al autor, el problema es que en su mayoría no son aplicables debido a la lentitud de la Justicia, a la excesiva burocracia o al hecho de que son tantas las trabas que se ponen a los autores que prácticamente estos se encuentran indefensos cuando se topan con problemas. Si quieres defender tus derechos te ves obligado a contratar abogados por tu cuenta o a unirte a asociaciones de editores y autores.
            Como se puede comprobar, las formas de publicar y de ganar dinero con tus novelas son muy diferentes dependiendo del país donde se publique. Lo que está claro es que los escritores no consiguen vivir de lo que escriben, con lo que la idea que está arraigada en el común de los españoles de que “los escritores son gente que gana dinero por no hacer nada” es errónea y estúpida. Conociendo esto, tal vez comprenderás cuando un autor te dice aquello de “no escribo por dinero, sino por otros motivos”, y esto es porque el autor sabe muy bien que conseguir beneficios con sus obras no está a su alcance incluso aunque consiga publicar con una editorial.


¿Se puede ganar dinero publicando de forma independiente?

            He dejado para lo último una nueva tendencia que de cinco años para acá ha ido consiguiendo más adeptos: publicar de por libre. Gracias a Internet y a plataformas tipo Amazon o Lulú, los autores que no consiguen publicar de forma tradicional con editoriales tradicionales encuentran la manera de que sus obras vean la luz publicando a través de Internet, bien sea en el formato libro electrónico o formato papel mediante ventas según pedidos.
            Se podría pensar que eliminando a las editoriales y a todos los intermediarios, los precios de las obras se abaratan y el autor puede optar a un porcentaje mayor de beneficios. Esto es así en los libros electrónicos, pero no en los libros de papel que se venden según demanda por Internet. Con todo, las ventas de libros electrónicos no alcanzan los volúmenes de los libros en papel. Y si eres un autor novel y deseas competir con las grandes editoriales y los autores de renombre, debes poner tus obras a precios competitivos y llamativos, con lo que tus porcentajes de beneficios bajan. Es decir, te pongo de ejemplo mis novelas electrónicas. Para poder vender y competir tengo mis obras a 2,99 euros. De aquí me llevo un 70% de beneficio, lo que significa aproximadamente 1,60 euros de beneficio por venta. Todo un sueldazo, oigan…
            Claro que se puede ganar dinero publicando de forma independiente, pero si pegas el pelotazo en ventas; si no es así, puedes olvidarlo.
            No es mi intención desanimar a los futuros escritores o a los autores que están intentando medrar en este difícil mundo, sino dejar muy claro los problemas a los que se van a enfrentar, y que si la meta es hacerse rico escribiendo entonces te has equivocado de profesión. Si te preguntas por qué un escritor gana tan poco y a donde va a parar el dinero de las ventas de tus libros ya te he contestado. Ningún profesional te va a contar nada de esto al respecto a no ser que tenga tu confianza, pero es así. Soy escritor, pero también fui editor literario y socio de una editorial por años. Sé de lo que hablo y la experiencia ganada decido compartirla como forma de ayuda a mis compañeros autores.
            Si lo tuyo es escribir hazlo, pero no lo hagas por dinero. Si el dinero viene, estupendo, pero no cuentes con ello.
             

miércoles, 4 de julio de 2018

LA SUPUESTA (Y FALSA) DISCRIMINACIÓN DE LA MUJER ESCRITORA EN LA LITERATURA ESPAÑOLA EN LA ACTUALIDAD


LA SUPUESTA (Y FALSA) DISCRIMINACIÓN DE LA MUJER ESCRITORA EN LA LITERATURA ESPAÑOLA EN LA ACTUALIDAD


Aunque puede que me busque problemas por escribir y colocar esta entrada en mi blog, creo que no puedo permanecer por más tiempo sin expresar mi opinión al respecto. Ya sabemos que en estos tiempos de lo políticamente correcto, de las tiranías del qué dirán, del ostracismo si osas pensar diferente a lo que los mass media imponen y de las nuevas dictaduras escondidas en supuestos movimientos sociales, progresistas, feministas e igualitarios y que no son más que revanchismos, sectarismos y supremacías al más puro estilo fascista, comunista y nazi, expresar en voz alta lo que uno piensa te condena a ser señalado y relegado al olvido para que no causes ninguna inquietud en esta sociedad apesebrada, infantilizada y totalmente dominada por un globalismo rapaz, opresor y que únicamente busca esclavos sumisos que les mantengan en el poder eternamente. Ahítos los ciudadanos de soma y soylent green, de teléfonos de última generación y redes sociales con cientos de contactos virtuales pero sin un amigo real de verdad, de medios de comunicación sumisos al poder establecido y de oligarquías políticas que se mantienen en el poder mediante redes clientelares y el voto fanático y sin razón de su masa enfervorecida que les sigue ciegamente pase lo que pase, podría pensarse que el mundo de la Cultura y, en concreto, de la Literatura estarían totalmente en contra de este sistema. Pero no es así. Quienes me conozcan y hayan leído más entradas en mi blog sabrán, y me habrán escuchado o leído decir muchas veces, que opino que la Cultura (al menos en España y en gran parte de países europeos y los anglosajones; ignoro cómo será en el resto del mundo) se ha prostituido desde hace tiempo al sistema y a las ideologías políticas que imperan en estos momentos. Y lo mismo ha hecho gran parte del mundo de la Literatura, sobre todo la que encarna a los monopolios de las grandes editoriales y empresas, salvándose de momento Internet, los movimientos independientes de autores y editores y las pequeñas y medianas empresas (no es casualidad que los diferentes gobiernos europeos busquen con afán el control de Internet y la supresión de todo aquello que no puedan controlar directamente). Aunque, por desgracia, compruebo que ya muchas pequeñas y medianas empresas van cayendo poco a poco en los discursos progres y la asfixiante presión mediática e ideológica a la que se ven sometidos desde diferentes frentes.
            Me voy a centrar en lo que conozco bien, que es el panorama literario español, donde constantemente (sobre todo en estas fechas de Ferias y eventos literarios) se nos vende la idea de que la mujer está siendo discriminada por el hecho de ser mujer y que el patriarcado (sea lo que sea esto) no desea que las mujeres se conviertan en escritoras o editoras por no se sabe que oscuros motivos. ¿Es esto cierto? La respuesta es un contundente no.

No hay discriminación sexual

            Y no la hay desde hace muchos años. Llevo más de dieciocho años escribiendo, como profesional, y he trabajado en editoriales en diferentes puestos de mayor o menor responsabilidad. Conozco a muchos escritores y editores, así como el mercado literario español. Y nunca, y lo digo muy claro, nunca he conocido el caso de una mujer que siendo tal haya sido discriminada a la hora de publicar una obra suya o a la hora de que acceda a un puesto de trabajo en una editorial. Y no solo no lo he conocido yo, sino que tampoco lo han conocido la gente con la que he trabajado y conocido en esta larga trayectoria profesional, hombres y mujeres. Y estoy hablando de personas que trabajan en prácticamente todo el territorio español. No niego que hace siglos, o setenta o sesenta años, hubiera discriminación, pero en la actualidad no existe tal cosa en el panorama literario español, ni en el europeo, ni  en el anglosajón. ¿Puede existir algún caso en concreto de discriminación? Posiblemente, pero un caso, o unos pocos aislados no implica que haya discriminaciones machistas generalizados ni que el mundo literario español sea machista. Prácticamente no se conoce ningún caso, y si alguien lo conoce, desde aquí le animo para que lo denuncie públicamente. No me vale con decir: “conozco a un amigo que conoce a una amiga que dice que una amiga escritora ha sido discriminada en una editorial por ser mujer.” Eso no vale. Dime el nombre de la autora discriminada y de la editorial discriminadora y actuaremos en consecuencia, pero los rumores y los chismorreos no valen para nada.
            En la actualidad las escritoras tienen las mismas posibilidades de publicar sus obras que los hombres, y no son discriminadas por su sexo por ningún tipo de patriarcado. No existe una conspiración en las sombras ni reuniones secretas de hombres de poder que conspiran para hundir y someter a las autoras. Es una estupidez total.


 
¿Brecha salarial?

            Otra falacia más. Los hombres y mujeres escritores cobran la misma porquería. Si son autores muy conocidos puede que vivan de lo que escriben, pero lo normal es que un autor se lleve entre un 8% ó un 12% de beneficio por ejemplar vendido. O sea, que hablar de sueldo paupérrimo es ser generoso. No existe ninguna editorial que pague más porcentaje de beneficio a un autor por ser hombre ni discrimine a la mujer en este apartado. Los beneficios y sueldos de los autores se corresponden a diferentes factores que en ningún caso tienen que ver con el sexo. Si eres un autor famoso que vende mucho, la editorial procurará que esté contento y le irá pagando buenos porcentajes de ventas a la par que estímulos para que no escriba para otra editorial, como pueden ser adelantos o contratos exclusivos (muy bien pagados) para que escriba X cantidad de novelas en un plazo determinado de tiempo. Y estos pagos son iguales para hombres y mujeres, únicamente vienen determinados por el éxito en ventas y la fama que como autor se tenga.
            De la misma forma, una mujer editora cobra en su puesto lo mismo que un hombre editor, siendo la única diferencia para la empresa que se trabaje, pues no paga lo mismo Planeta o Alfaguara que Ediciones El Patio de mi Casa. Las grandes editoriales, al igual que con los escritores, procuran tener a los mejores editores en su plantilla y para eso les pagan buenos sueldos e incentivos, ya sean hombres o mujeres.
            Y hay que tener en cuenta que Internet y diferentes empresas virtuales han conseguido que los autores, sean hombres o mujeres, puedan publicar de forma independiente sus obras y de esta forma controlar sus porcentajes de beneficios de forma directa sin depender de terceros. No existe, por lo tanto, tampoco ninguna empresa por Internet y virtual que beneficie más a los autores que a las autoras por meras cuestiones de sexo.

Supuestos géneros literarios machistas

            Esto se lo llevo escuchando a más de una persona desde hace un tiempo: que, supuestamente, existen géneros literarios que discriminan a la mujer y, por tanto, son machistas. Amparan sus etéreos argumentos en teorías sobre que hay más autores hombres que mujeres y eso lo convierte, ipso facto, en un género literario machista. Me explico.
            Al parecer, en la novela histórica, de ciencia-ficción o en los ensayos, tesis y divulgación existen más escritores hombres que mujeres. Pues bien, los defensores de este fanático feminismo radical exigen que todos los géneros literarios deben tener paridad en cuanto a hombres y mujeres autores se dice, porque lo contrario significaría que se menosprecia a la mujer al considerarla incapaz de escribir historias de estos géneros que, además, suelen ser de los más vendidos o mejor considerados. Siguiendo está alucinante lógica, se dice que si la mujer no vale para escribir sobre esto entonces es que se considera que es inferior al hombre. Esto es un disparate total. Porque estos iluminados se olvidan que existen otros géneros literarios donde hay más autoras que autores, como por ejemplo la novela romántica, la erótica, la policíaca, la de suspense o la contemporánea o costumbrista entre otras, y entre estos géneros se encuentran algunos de los más vendidos en todo el mundo. ¿También habría que obligar entonces a los editores a que en estos géneros literarios haya el mismo número de autores que de autoras?


 
            El que haya más hombres que mujeres (o viceversa) en un determinado género literario no convierte a ese género en machista o feminista, sino simplemente constata lo que desde hace milenios se lleva observando, y es que en igualdad de condiciones a las mujeres les gusta escribir sobre ciertos temas mientras que a los hombres les gusta otros diferentes. Y esto no es supremacía, ni machismo, ni discriminación, sino diversidad literaria que enriquece al conjunto de la Humanidad y a la Cultura en general. No existe una conspiración de ese supuesto patriarcado que obliga a las mujeres a escribir únicamente sobre determinados géneros literarios al creer que no valen para escribir en los mejores y más vendidos géneros literarios simplemente por ser mujeres.
            Es más, tengamos en cuenta que sí existen mujeres que escriben novela histórica o de ciencia-ficción, las hay muy buenas y muy conocidas universalmente, igual que hay hombres que escriben policiaco o romántico y son igualmente buenos y conocidos. Es decir, que cualquiera puede escribir sobre lo que guste y del género que prefiera pero, libre y conscientemente, suele elegir aquello que más le atrae y sobre lo que se cree capacitado para escribir.

¿Existe machismo en la literatura?

            ¡Claro que existe! De necios es negarlo. Basta leer una obra de cien o más años para darse cuenta de ello. O tampoco hace falta tanto irse tan lejos, basta visitar cualquier país islámico para darse cuenta que las mujeres tienen prohibido escribir sobre casi cualquier tema porque son mujeres y por tanto no están cualificadas por nacimiento para esas tareas. El machismo existió, y las novelas de siglos pasados lo reflejan pues el autor cuando escribe suele reflejar los acontecimientos sociales e ideológicos de la época que le tocó vivir. De igual modo, antes las mujeres no solían dedicarse a la escritura pues se consideraba que “era cosa de hombres” y que la mujer no poseía o imaginación, o malicia para escribir sobre ciertos temas. Erróneo pensamiento, claro, pues multitud de autoras pasadas han demostrado de sobra que esto es una imbecilidad que no se sostiene por ningún lado.
            Pero aquí de lo que se trata es de la actualidad, y en la actualidad los autores reflejan los acontecimientos sociales e ideológicos que les tocan vivir. No voy a negar que no existan autores que reflejen un profundo machismo en sus escritos, pero por lo mismo, existen muchas autoras que reflejan una profunda misandria en sus obras, así que la cuestión es la siguiente. Si vetamos el machismo en la literatura, nos veremos obligados entonces a vetar el feminismo radical actual, lo contrario sería entonces salir de una supremacía de género para entrar en otra nueva supremacía de género igual de mala que la anterior. ¿Para qué entonces la lucha por la igualdad? Y voy más allá. ¿Por qué hay que vetar ciertas obras? ¿No se supone que vivimos en una sociedad de libre expresión? ¿Qué la Cultura y la libertad de expresión deben estar por encima de la censura? ¿Censuramos también todas las obras de siglos pasados, de milenios pasados, y únicamente publicamos aquella literatura que encaje con nuestra actual forma de pensar y que más nos convenga? ¿Y quién decide que libros nos conviene leer y cuáles no, que obras se ajustan a nuestros intereses y cuáles no? ¿Realmente deseamos volver a esos tiempos en los que otros decidían por nosotros que era lo que nos convenía? De ningún modo, como autor, deseo que sean gobiernos y partidos políticos, así como supuestos agentes sociales, los que decidan que libros puedo leer y cuáles no. Esto ya se hizo en tiempos pasados, como los del nazismo o comunismo soviético, por ejemplo, y todos sabemos como terminó la historia.


 

Existen otros tipos de discriminaciones a los autores

            Y no se suele hablar de ellas prácticamente nada. Son discriminaciones que no tienen que ver con el género y sí con el menosprecio al autor como tal y, sobre todo, con su profesión. Por ejemplo, cuando un autor se ve obligado a poner en la portada un seudónimo en vez de su nombre porque así “los lectores lo exigen” o son imposiciones de la editorial basados en aspectos económicos y publicitarios. Esto es tan verdad que, sin ir más lejos, yo mismo me vi en la obligación de poner un seudónimo en una de mis novelas si quería que se vendiera, ya que (y esto está comprobado) a los lectores no les atrae una novela firmada por Juan Sánchez o Maruja Torres y se piensan que una novela firmada por John Smith-Stone debe ser buena simplemente porque tiene un potente nombre de autor. No digamos ya si sospechan que eres un autor patrio; más difícil lo tienes entonces.
            De la misma forma, las editoriales discriminan a los autores independientes no queriendo publicar nada de ellos al considerar que si un autor se ve en la obligación de autopublicarse (ya sea en formato papel o por Internet) es porque su obra carece de la calidad necesaria para ser publicada de forma tradicional y por una editorial que se precie de serlo. Este absurdo pensamiento se ha trasladado también a muchos lectores, aunque afortunadamente las redes sociales e Internet están consiguiendo, poco a poco y con mucho esfuerzo, erradicar este tipo de discriminaciones basadas en prejuicios de grandes editoriales que buscan el monopolio de la Cultura únicamente para su lucro personal.
            Otro buen ejemplo de discriminación que sufrimos los escritores son los relacionados con nuestra profesión. Cuantas veces no nos hemos encontrado con esas personas que al decirles que somos escritores nos tildan de vagos y nos piden que nos busquemos “un trabajo de verdad”. O aquellas que piensan que la Cultura debería ser gratis y que por tanto los autores nos vemos en la obligación de escribir para cubrir sus necesidades ya que escribir es “cosa de vagos o de ricos aburridos”. En cuantas ocasiones nos vemos en la necesidad de defender nuestros derechos como profesionales que somos y a que se nos remunere con justicia como a cualquier otro profesional de otra profesión. Y en cuantas ocasiones no nos hemos visto indefensos ante las tropelías relacionadas con la piratería, el abuso de las grandes editoriales, las malas competencias o la absoluta desidia por parte de las instituciones en la lucha por los derechos de los autores, no pidiendo más que se nos pague por nuestro trabajo y se nos defienda como al resto de profesionales de otros sectores.
            En fin, podría así seguir con muchos ejemplos más, pero baste con los aquí expuestos para darse cuenta de que las discriminaciones existen, pero no son precisamente por cuestiones de machismo o sexo, sino de otra índole aún peores que, desgraciadamente, no parece que importen a mucha gente.

Reflexiones finales

            Puede que me busque problemas por esta entrada. Puede, pero me da igual. Puede que pierda lectores, me ha dicho un amigo, pero si un lector decide dejar de leer mis obras porque no comparte lo expuesto aquí, entonces no puedo más que decirle a dicho lector hasta nunca. Creo que los hombres y las mujeres están igual de capacitados para escribir historias, pero que los hombres tendemos a escribir sobre ciertos temas y las mujeres sobre otros sin que haya ningún tipo de discriminación en esa, por otra parte, libre elección. No creo que haya discriminación en el mundo actual de la literatura española, ni machismo, y sí una gran aportación cada vez más al mundo de la Literatura de mujeres escritoras. Que hay más hombres escritores que mujeres es un hecho evidente, pero hay que tener en cuenta que durante siglos los que han escrito no han sido más que en su casi totalidad hombres. Pero como no me he cansado de repetir a lo largo de esta entrada estamos hablando del ahora, y el ahora es que hay tanto autores como autoras y, según el informe del Registro Nacional de Autores Españoles, para 2017 ya había más mujeres escritoras (al menos que hayan publicado) que hombres. Recordemos que en la década de los 80 hubo un auge de mujeres escritoras que llegaron a eclipsar a los hombres escritores, siendo así que en la listas de libros más vendidos y mejor valorados la inmensa mayoría fueron escritos por mujeres.


 
            Otros aducen que las mujeres no son reconocidas en los grandes eventos sociales ni premiadas por las grandes editoriales, pero esto tampoco es cierto. Que antes fuera así no se puede negar, pero desde hace muchos años ya no se mira que el premiado sea hombre o mujer, sino que se tiende a premiar su excelencia como autor. De igual forma que se reconoce el talento de un hombre, se reconoce el de una mujer. Y no hay más que ver los últimos libros premiados para darse cuenta que abundan más los nombres femeninos que los masculinos. Y si vamos a los libros más vendidos, también encontraremos a muchas mujeres escritoras.
            No existe una literatura femenina ni masculina, sino Universal, y da lo mismo leer una obra escrita por un hombre que por una mujer. No hay que mirar quien lo escribe, sino si la historia está bien escrita y si te atrae. Por lo mismo, no creo para nada en la paridad. El sexo no debe prevalecer a la hora de publicar una novela, sino la calidad de lo escrito es lo que debe dictar su publicación. Ya seas hombre o mujer no busques privilegios por tu sexo o condición social, sino que trabaja y crea historias asombrosas con calidad que hagan posible su publicación. Y si publicas de forma independiente, entonces gánate a los lectores por tu buen hacer en contar historias. Siguiendo esta lógica, no se debe premiar a una mujer escritora por el simple hecho de ser mujer, pues las injusticias no se solucionan cometiendo otras injusticias. Si quieres ser premiado, o premiada, gánatelo con tu esfuerzo y trabajo.
            Que hay tontos que todavía piensan que las mujeres no sirven para escribir o que lo que escriben las mujeres solo es para mujeres es un hecho cierto. Pero también es cierto que las sociedades avanzan y que los tiempos están cambiando y que estos patrones de conducta y pensamiento están siendo combatidos. Pero de ningún modo se puede generalizar y asegurar que el actual panorama literario es machista ni que existe un patriarcado que impide a las mujeres escribir. Bueno, como he dicho antes, sí existe ese patriarcado: está en los países islámicos, pero poco se dice al respecto.
            A vosotros os digo, compañeros autores, seáis hombres o mujeres, muy dura y sacrificada es la profesión que hemos escogido, tapizado todo su camino por obstáculos y piedras en forma de menosprecios, abusos, desconsideraciones y por una absoluta falta de respeto hacia lo que hemos escogido ser, hacia lo que amamos con toda nuestra fuerza. Mi experiencia me dice que da igual ser hombre o mujer, el escritor tiene por delante una tarea titánica repleta de desafíos que puede superar si dedica esfuerzo, trabajo, calidad y tesón en su tarea. No pienses que eres menos por ser mujer, pero tampoco eres más. Será tu trabajo y tus historias las que decidan si realmente vales como autor o autora. Pero si buscas atajos y que se te premie simplemente por tu sexo, entonces no eres más que un tramposo que se ha convertido precisamente en aquello contra lo que supuestamente estas combatiendo.
            No desfallezcas, no te rindas, escribe y lucha por tus metas. Y recuerda, si encuentras algún caso de discriminación, denúncialo, no te calles, lucha por tus derechos, pero piensa también que posees obligaciones.
            Y, ante todo, que te respeten por tu profesión.