Hola, bienvenido a mi foro. Aquí encontrarás información sobre mis libros, eventos, consejos, experiencias,

avances y muchas cosas más relacionadas con mi profesión de escritor.

Soy Juan Carlos y espero que te guste lo que vas a encontrar.

sábado, 6 de julio de 2019

EL MAL USO DE LA ESCRITURA, O COMO EVITAR CAER EN EL ANALFABETISMO QUE ESTÁ DE MODA.


EL MAL USO DE LA ESCRITURA, O COMO EVITAR CAER EN EL ANALFABETISMO QUE ESTÁ DE MODA.     

             
En estos tiempos que corren de nuevos censores y de intentar controlar la Literatura mediante imposiciones y adoctrinamientos ideológicos, no está de más dedicar una entrada en el blog para explicar que cuando se escribe una novela o libro de divulgación se debe hacer siguiendo las directrices, normas y regulaciones de la lengua española tal y como se recoge en la RAE y dicta el sentido común; sentido en peligro de extinción tal y como podemos comprobar.
            Aunque la casi totalidad de la sociedad sabe leer y escribir, no significa que el analfabetismo no esté a la orden del día. Y es que el analfabetismo no implica solamente no saber leer y escribir, sino no saber escribir medianamente bien así como no entender lo que se lee. Tal y como se demuestra en estudios independientes (de los que he hablado en otras entradas), hasta un 75% de la gente no entiende lo que lee. Y más del 80% desconoce hasta las reglas más básicas de la gramática y ortografía.
            Escribir mal es un gran defecto en nuestra educación que implica que nuestro analfabetismo se imponga. Y el analfabetismo es una herramienta muy útil para esclavizar a una sociedad. Si ya es malo que las personas no sepan leer o escribir de forma correcta, peor es que lo haga un escritor, sobre todo uno que pretenda ver publicadas sus obras. En estos tiempos que corren, de tiranías ideológicas, pensamiento único y moral “políticamente correcta”, se está imponiendo una cosa mal llamada “escritura inclusiva” y que no es más que la prueba concluyente del profundo atraso cultural que se adueña de las personas y además de forma consciente.

La lengua española ni es machista, ni margina a nadie

            El español es uno de los idiomas más extendidos del mundo, primero en hablarse de forma oficial en más países y de habla normalizada en una población de más de setecientos millones de personas. Es una lengua romance, que proviene del latín, por tanto, es una lengua antigua que ha ido modificándose, ajustándose y mejorando con el paso del tiempo. A pesar de los siglos transcurridos, sigue siendo una lengua viva, rica,  que se adapta a los tiempos más modernos y que incluso es maleable de muchas formas hasta el punto que, poco a poco, se va imponiendo en todo el planeta. Como no podía ser de otra manera, el español es un idioma que representa prácticamente todo lo que existe en nuestra sociedad, que puede ser expresado a través suyo.
            En los últimos años, profundos analfabetos han levantado la voz para exclamar con sumo enojo que el español es una lengua machista, ya que excluye a las mujeres y por tanto al hacerlo las margina y las coloca en un plano inferior al hombre. Basan sus alucinaciones en que ciertas palabras terminan en –e y que al utilizar las formas plurales pues estas mismas palabras siguen terminando en –e. Es decir, que cuando yo escribo la palabra “lectores” para referirme a mis lectores en realidad estoy realizando un ejercicio de machismo porque estoy excluyendo a las mujeres. Lo correcto entonces (según estos nuevos inquisidores) es escribir “lectores y lectoras”, “ciudadanos y ciudadanas”, “trabajadores y trabajadoras”, etc. Esto es un uso indebido del idioma en nombre de un mal llamado lenguaje inclusivo y subvencionado con el que ciertos movimientos políticos pretenden combatir lo que ellos llaman lenguaje machista. Al hacer uso constante de este lenguaje inclusivo no hacen más que esgrimir su ignorancia y un alarmante analfabetismo.

¿Qué dice la RAE al respecto?

            Como ya ha explicado varias veces y de forma oficial, la RAE dice que este tipo de desdoblamientos son artificiosos e innecesarios desde el punto de vista lingüístico. En los sustantivos que designan seres animados existe la posibilidad del uso genérico del masculino para designar la clase, es decir, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos. La mención explícita del femenino solo se justifica cuando la oposición de sexos es relevante en el contexto. La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lecturas de los textos.
            El uso genérico del masculino se basa en su condición de término no marcado en la oposición masculino/femenino (no es una cosa de machismo ni de demás estupideces). Por ello, es incorrecto emplear el femenino para aludir conjuntamente a ambos sexos, con independencia del número de individuos de cada sexo que formen parte del conjunto; aunque el número de individuos femeninos sea superior al de individuos masculinos.
            Respecto a la polémica de la terminación –ente, se debe recordar que en español existen los participios activos como derivados de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar, por ejemplo, es atacante (el que ataca), el de cantar, cantante (el o la cantante)… ¿Cuál es el participio activo del verbo ser? Es el –ente, no la –enta.
            Como explica la RAE, -ente es LA o EL, independientemente de su género, lo que quiere significar que tiene entidad. Es por eso que a la persona que preside se le dice presidente, no presidenta. De igual forma se dice estudiante, no estudianta; paciente, no pacienta; dirigente, no dirigenta.

El fanatismo y el analfabetismo pretenden imponerse

            Los nuevos censores, lejos de atender las explicaciones de la RAE, insisten en seguir demostrando su ignorancia y fanatismo, ya que como ellos mismos se han autoproclamados únicos dueños de la verdad y de una moral superior, todo lo que ellos dicen y hacen es correcto sin importar como lo digan y hagan, mientras que todo lo que dicen y hacen los demás (siempre que no se ajuste a lo que ellos piensan) está mal y por tanto no se le debe hacer ningún caso y no se le puede tener respeto.
            Al uso indebido del lenguaje, como lo ya mencionado “ciudadanos y ciudadanas”, “niños y niñas”, “vascos y vascas”, “enfermos y enfermas”…, se le añaden la creación de supuestas nuevas palabras y signos que según estas mentes enfermas dicen que son inclusivas. Así, nos podemos encontrar con las siguientes aberraciones:

—Puesto que decir “todos” excluye a las mujeres y dado que la RAE no acepta el desdoblamiento en “todos y todas”, los nuevos iluminados han creado una nueva palabra que aparte de incluir a hombres y mujeres, de paso incluye a personas de género tipo gay, lesbiana, transgénero, binario o lo que vaya surgiendo. Y dicha palabra es “todes”, “somes”, “nosotres” y seguir colocando la –e que es muy inclusivo.

—Por si esto no termina de sonar bien, pues se han inventando nuevos símbolos que sustituyan a las vocales y sean más inclusivas. Como la –x, que se ha transformado. Así, nos encontramos con cosas como “todxs” o “nosotrxs”.

—También se ha puesto muy de moda incluir signos que ni siquiera pertenecen a nuestro idioma, como la @. Ejemplos: “tod@s”, “nosotr@s”.

            Lo peor de todo esto es que todas estas verdaderas faltas de ortografía que indican el bajísimo nivel no voy a decir intelectual, sino educativo de las personas son esgrimidas como si fueran un hallazgo cultural en ámbitos educativos como institutos o universidades. Si en estos supuestos templos del saber pasa esto, que no ocurrirá en otros ámbitos.

Si deseas publicar, no debes rendirte a las ideologías absurdas e impositivas

            Escribir es similar a componer música. Las palabras siguen un ritmo, si las prestas atención notarás su fluidez y con ello su mensaje. Los tontos y los analfabetos, en un intento de demostrar que no lo son, cuando hablan o escriben lo hacen de forma artificiosa, recargada y antinatural. Las personas cultas saben que la riqueza y tonalidad de lo escrito o hablado reside en su sencillez, en la armonía de la expresión.
            Como bien se encarga de decir la RAE, si cuando escribes deseas recalcar ciertos aspectos de la trama o del mensaje, entonces los desdoblamientos están permitidos. Voy a poner un ejemplo:

—Los hombres y las mujeres se prepararon para defender la aldea.

            Poner aquí hombres y mujeres recalca la situación desesperada en la que se encuentra la aldea, pues han de tirar de todos sus miembros para la defensa de la aldea. Es un efecto dramático con el que se pretende atraer de inmediato la atención del lector y prepararle para el conflicto que se avecina. Eso sí, si no se abusa de dicho efecto (si repites hombres y mujeres cincuenta veces en la novela te las has cargado). Pero, si escribes lo siguiente:

—Los aldeanos y aldeanas se prepararon para defender el pueblo.

            Te has cargado la tensión dramática del momento con un desdoblamiento innecesario, artificioso y petulante que indica que en vez de estar preocupado por ser un buen escritor lo que te preocupa es lo que dirán los demás de lo que escribes.
            Si deseas ver tus obras publicadas debes alejarte de estas situaciones, nada de colocar –x, “todes” o utilizar la @ como si fuera una vocal española. Nada de estas situaciones es admitida por la RAE, las editoriales, la inteligencia y el sentido común.
            La literatura y el idioma español no son machistas ni excluyentes, lo son las personas que hacen mal uso de ambas cosas. Sin negar que existiera, y puede existir, obras con un sesgo machista o excluyente (u obras con una profunda misandria, tan aborrecibles como las machistas —puedes consultar otras entradas a este respecto en mi blog—), nada de esto justifica que se presuma de analfabetismo y que los tontos pretendan dar lecciones de cómo escribir y sobre todo de moral.
            Si quieres demostrar que no excluyes a nadie hazlo a través del respeto y la tolerancia, no a través del fanatismo o el analfabetismo, y mucho menos destruyendo la que posiblemente sea la lengua más rica y mejor del mundo. Y si por motivos extralingüísticos permites que otros te digan cómo escribir y lo haces, entonces de forma voluntaria has caído en la esclavitud.

           

















jueves, 16 de mayo de 2019

LA GÉNESIS DE… CRÓNICAS DE UN CONQUISTADOR


LA GÉNESIS DE… CRÓNICAS DE UN CONQUISTADOR

            La trilogía de novela histórica CRÓNICAS DE UN CONQUISTADOR es una de mis obras más apreciadas y que más satisfacción me dio su finalización por el orgullo que me supuso ser capaz de concluir tan sacrificado y laborioso trabajo. Un ambicioso proyecto que a punto estuvo de hacerme caer por el pozo de la desesperación e incluso de llegar a plantearme si realmente servía para esto de escribir; al menos,  escribir novela histórica.
            Con más de dos mil páginas, algo más de medio año de estudios y documentación, tres años y medio de trabajo y mucho tesón conseguí, al igual que Hernán Cortés, llegar a la ansiada meta, pero a costa de ímprobos esfuerzos y muchos sacrificios. ¿Pero, qué o cuales fueron los catalizadores que me impulsaron a embarcarme en una empresa de tal envergadura? ¿Por qué alguien que recién comenzaba su carrera profesional como escritor y que nunca había intentado algo así decidió escribir una novela sobre la Conquista de México por Hernán Cortés y sus apenas trescientos cincuenta hombres?
            En esta entrada que se encuadra dentro del apartado que da a conocer por qué me decidí a escribir sobre mis novelas de mi blog desvelo tales cosas. Si tienes curiosidad sobre la génesis de CRÓNICAS DE UN CONQUISTADOR, sigue leyendo.

Todo viene de muchos años atrás.

            La primera parte de CRÓNICAS DE UN CONQUISTADOR I: UN NUEVO MUNDO, se publicó en 2009 de manos de Ediciones Medea, situada en Madrid. Pronto le siguió una segunda edición y la segunda parte, CRÓNICAS DE UN CONQUISTADOR II: MÉXICO-TENOCHTITLAN, en 2011. Por desgracia, justo cuando se estaba preparando la publicación de la tercera parte, CRÓNICAS DE UN CONQUISTADOR III: UN MUNDO NUEVO, Ediciones Medea quebró y se vio obligada a cerrar. La trilogía pasó a publicarse en formato digital en editoriales argentinas y mexicanas, que es actualmente donde se siguen publicando allende las fronteras de España. Gracias a Amazon, en el solar patrio se puede adquirir la trilogía tanto en formato digital como de papel.
            Alabada por la crítica y los lectores, esta colosal obra me ha supuesto ser un poco conocido dentro del panorama literario e incluso que fuera vendida en grandes superficies y contara con publicidad, presentaciones, charlas… Para mí en particular me supuso madurar en la profesión de escritor, ya que me demostré a mi mismo que era capaz de escribir obras de géneros realmente difíciles y crear historias complejas. En cierta medida, otras novelas mías como “La caída del Águila” o “Vampirus”, con bases de género de novela histórica (aunque una sea una ucronía y la otra una fantasía) me prepararon para el enorme reto que fue “Crónicas de un conquistador”.
            A la pregunta de por qué escribí la obra, responder que ya desde muchos años atrás me rondaba por la mente escribir algo similar, aunque todavía no había decidido que fuera sobre la epopeya de Cortés y Moctezuma. Enamorado de la Historia y de la Historia de España y de la Roma antigua en concreto, a través de las obras de otros autores descubrí que sobre la historia del Imperio Español mucho se mentía, tergiversaba o directamente se inventaba. Novelas como “Azteca” de Gary Jennings (por poner solo un ejemplo) que tendenciosamente tergiversaban la Historia mostraban una realidad muy distinta a la que yo había estudiado en libros de divulgación y ensayo. Demasiadas son las ocasiones en que autores, supuestamente basándose en “fuentes fidedignas”, han acometido la tarea de narrar la Conquista con un punto de vista claramente anti-español o poniendo a las culturas mesoamericanas como el paradigma de civilizaciones pacíficas, tiernas o entrañables, por no decir otras necedades. Lo malo es que estos autores pretenden pasar sus escritos por la pura verdad y atacan con fanática devoción todo aquello que vaya contra su ideología o “verdad”. Así, se han dado caso de autores que afirman que todo lo narrado por Cortés o Bernal Díaz, entre otros, es mentira, o que la india Marina era princesa de sangre real mexica que fue elegida por los dioses para derrocar a Moctezuma; o decir que las epidemias que asolaron a los indios fueron armas de guerra introducidas adrede por los españoles; o que la esclavitud no existía hasta la llegada de los europeos; o que los españoles mataron ellos solos a treinta millones de indios y violaron trescientas mil indias en una sola tarde.

            Pero lo peor no era esto, sino que muchos españoles o no conocían apenas nada de la Historia de su país, o lo que poco que sabían sobre ella estaba basado precisamente en las estupideces descritas anteriormente. La Leyenda Negra, ese invento que no hace más que ocultar profundos prejuicios y un claro racismo hacia todo aquello que es hispano, ha calado mucho en la propia sociedad española que tampoco hace mucho por su parte para salir de su ignorancia. Indignado por todas estas tropelías, me dispuse a lanzar una réplica que mostrara lo que realmente fue la Conquista (con las consabidas limitaciones que implica la distancia de siglos de los sucesos ocurridos) y que llegara sobre todo a los lectores españoles, lo más necesitados, a mi juicio, de un poco de dosis de “verdad histórica”.
            No obstante, no pequé de ingenuo. Primero, sé por experiencia que las obras basadas más o menos en hechos reales y que cuentan sucesos “incómodos política o moralmente” no suelen tener éxito. Es verdad aquel dicho que dice que la gente solo escucha lo que quiere escuchar, aunque esto sea mentira. En los tiempos que corren, hablar de la gesta española equivale a que te pongan etiquetas y a que la censura actúe a no ser que escribas lo que los nuevos inquisidores desean leer. Pero no me importaba, porque yo no escribo para mayorías, ni para minorías tampoco. Escribo para quien me quiera leer.
            Decidido pues, a acometer la tarea de escribir una novela histórica, me decidí por la aventura de Hernán Cortés más que nada porque es sobre ella la que más embustes y prejuicios se han vertido, indicativo de su grandeza y del claro punto de inflexión que fue en la Historia de España y del mundo en general. No podía ser una novela sin más, sino que “Crónicas de un conquistador” debía pertenecer verdaderamente al género literario conocido como histórico. ¿Qué significa realmente esto?

¿Qué es la novela histórica?

            Uno de los géneros literarios más difíciles de escribir es el histórico. Al igual que los demás, precisa de imaginación, del don y de saber narrar historias, pero, se añade que el autor debe poseer enormes conocimientos acerca de la época de la que ha decidido escribir. Dos son los puntos más importantes a la hora de trabajar en una novela histórica:
1-Respetar los sucesos históricos. Se pueden inventar personajes que interactúen con los personajes históricos, se pueden recrear situaciones que no se dieron, intentar rellenar los espacios en blanco que la Historia no nos ha dado a conocer, pero siempre y cuando los sucesos históricos conocidos se respeten. No se puede cambiar el resultado final, porque de lo contrario entonces la novela histórica se convierte en otra cosa (fantasía, aventura, drama…). “La caída del Águila”, por ejemplo, no es novela histórica a pesar de su gruesa capa de “realidad histórica”, es una ucronía, ya que en un determinado momento hago que la Historia tome un rumbo diferente que en nada tiene que ver con el que conocemos. Muchos autores, sobre todo modernos, confunden novela histórica con otros géneros y nos presentan obras que si bien sus historias se suceden en otras épocas, en realidad no son históricas en sí mismas, sino que simplemente se acude a un marco ambiental y cultural de otra época como un reclamo para llamar la atención del lector. Así, por ejemplo, “Yo, Claudio” de Robert Graves sí es novela histórica, pero “La plata de Britania” de Lindsey Davis no, ya que si bien los personajes de Lindsey se mueven en la Roma Imperial, en realidad el argumento y el género pertenecen a la novela negra o policiaca. Si se coloca el cartel de novela histórica es porque la histórica es uno de los géneros más vendidos. Con esto no quiero decir que sean malas novelas, sino que su catalogación como género literario no es el correcto.
2-Los personajes deben desenvolverse de acuerdo a su época. Este es el error más común que cometen la inmensa mayoría de autores que deciden escribir novela histórica. No es un error de ahora (aunque se da sobre todo en autores modernos), ya que desde el nacimiento mismo de la novela histórica, que “oficialmente” se da como tal la época dorada del género que fue entre las décadas de los años 30 hasta los 60 del siglo XX (hay un nuevo rebrote en los últimos diez años y nos encontramos con otra nueva época dorada de la novela histórica), podemos detectar este grave error. Los anacronismos deben evitarse en lo posible, o si se cometen añadir un anexo que explique que se cometen a propósito. Aunque lo grave no son los anacronismos de las palabras (por ejemplo, poner como medida de distancia kilómetros en el año 800 a. C. o norte, sur… en la época romana en vez de septentrión o meridión), sino en los comportamientos de las personas. Me explico. Si bien en cualquier época las prioridades de las personas son las mismas (comer, procrear, sexo, ambición, poder, riqueza…) las formas de pensar, la moral, la ética y los comportamientos son muy diferentes. Poner en boca de un personaje del siglo XV palabras, expresiones y mentalidad del siglo XXI es un error muy grave que hace que tu novela histórica deje de serlo para transformarse en un pastiche. Hoy en día, debido a la tiranía del pensamiento único, de la mentalidad Alicia y del pensamiento político correcto, muchas supuestas novelas históricas adolecen de este defecto. Como ejemplo, tenemos la saga del Capitán Alatriste del famoso autor Arturo Pérez-Reverte.

            Bien, dejado constancia de lo que realmente es una novela histórica (el tema da para mucho más, pero es mejor dejarlo aquí), se puede entender cuál era mi meta respecto a “Crónicas de un conquistador”. No deseaba hacer una novela sin más, unos personajes que se movieran en un ambiente diferente al actual, sino que deseaba mirarme en las obras de los grandes maestros y aprender de ellos, contagiarme de su saber hacer e intentar plasmar en mi novela una época fascinante que consiguiera que el lector, por un mágico instante, se viera catapultado a ella a través de la Historia, del argumento y de los personajes.
            En lo que sí pequé de ingenuo fue en creerme igual de bueno que los grandes maestros. Error que casi me costó el no terminar la novela.

La preparación

            Toda novela histórica tiene un trabajo previo que se llama documentación. Existe otro del que no se suele hablar mucho: el convencimiento sobre que se tiene lo que hay que tener para escribir una obra de este género. Supongo que lo que me pasa a mi le suele pasar a otros autores. Cada vez que me dispongo a escribir una nueva novela me entran sudores fríos, las dudas me asaltan y no sé si estoy preparado para afrontar el reto. No importan los años que llevo dedicado a esto de escribir ni las obras finalizadas; siempre me pasa igual. Pero cuando estuve en la línea de salida para escribir “Crónicas de un conquistador” toda mi confianza y fe en mis capacidades se esfumaron al comenzar a documentarme.
            Desde años atrás las culturas mexica, maya, inca, etc., ya me habían llamado la atención y había leído bastante sobre ellas, al igual que sobre la Historia de España, pero siempre en plan de lector que disfruta con un buen libro. Al abordar el tema bajo el papel de investigador fue cuando comprendí la compleja y ardua tarea del historiador y como la Historia no es un hecho lineal que comienza en el punto A y termina en el B, sino que es una serie de complejas líneas que se mezclan, enredan y curvan de formas insospechadas y que entre el A y el B existen miles de pequeñas a y b que pueden incluso conducir a C, D o E. No bastaba con saber donde empezó Cortés la aventura y cuando la terminó, sino que era necesario saber muchas cosas más, tales como aspectos cotidianos de la vida de los españoles en el siglo XVI, los aspectos más sutiles de los mexicas, tlaxcaltecas… Costumbres, comidas, usos, monedas, religiones, moral, vestidos, comercio, la guerra… Cientos y cientos de conocimientos son necesarios para poder afrontar con garantía la consecución de una novela histórica. El ataque de pánico que me entró fue tal que por varias semanas decidí que no escribiría la novela, no estaba preparado.
            A medida que fueron pasando los días y comencé a preparar croquis sobre el argumento y a dividir la historia en numerosas parcelas, fui tomando algo más de confianza y a tener la sensación de que, con mucho esfuerzo, podría ser un reto que demostrara si realmente tenía lo que hay que tener para ser escritor. Tenía la sensación de que si era incapaz de escribir “Crónicas de un conquistador” mi carrera como escritor había terminado. Tomé una resolución y decidí hacer lo que hago siempre que me pongo a escribir una novela: escribe las diez primeras palabras y cuando las tengas preocúpate entonces de las diez siguientes; y así, hasta el final.

            Antes de ponerme a escribir pasé algo más de medio año estudiando a fondo sobre el tema. Muchos fueron los libros y páginas Web que leí para documentarme, tal y como se puede apreciar en la bibliografía de la obra. E incluso consulté a expertos del tema para que me asesoraran en tal o cual tema. Invertí no solamente tiempo en el estudio, sino también mucho dinero en comprar material para la documentación, básicamente libros. Rastreé librerías de libros antiguos y usados y encontré autenticas joyas sobre el tema. Exactamente no sé cuánto dinero pude invertir en libros de documentación, pero fácilmente pasé de los quinientos euros. Dinero que nadie me reembolsó, claro, ni editores, ni editoriales. Esto es para aquellos que dicen que los escritores solo escribimos para ganar dinero.
            Una vez que consideré que ya estaba bien documentado y preparado para iniciar la novela, dediqué al menos otro mes para preparar el argumento y dividirlo en bloques, de esta forma la inmensa y compleja trama me sería mucho más fácil de controlar. En vez de escribir basándome en un único guion, lo que hice fue crear más y pequeños guiones que luego pudieran enlazarse entre sí. Cada capítulo de la novela fue pensado como un libro independiente con un principio y un final. De esta forma, me centraba mucho mejor y conseguía trabajar con menos agobio y presión.

Sobre la novela, su peculiar estilo

            Tardé tres años y medio en terminar de escribir “Crónicas de un conquistador”; se dice pronto. Toda la novela, a pesar de que se compone de pequeños guiones como he explicado, en realidad es un único tomo que por su excesivo número de páginas me vi en la obligación de dividir en tres partes. No escribí, ni hice otras tareas hasta que no terminé de trabajar completamente con “Crónicas de un conquistador”. Desde un principio tuve claro su título y estilo. Cuando a la mente me vino la idea de escribir sobre la gesta de Cortés ya poseía la certeza de que los acontecimientos serían narrados por un protagonista de los mismos, un miembro de la expedición de Hernán Cortés, y que la narración no sería más que las memorias del dicho expedicionario. Escribir en primera persona es un recurso que fue utilizado mucho durante la edad de oro de la novela histórica, que cayó en desuso en tiempos posteriores y que de nuevo se está volviendo a imponer. Al escribir en primera persona se da una patina de mayor realidad al argumento, ya que el personaje, aunque sea ficticio, escribe sobre su “realidad y sobre lo que le tocó vivir”. El lector, de inmediato, siente que el protagonista, fiel a la historia, no le va a ocultar nada. La primera persona sirve también para expresar con más facilidad las emociones y los conflictos e intereses personales de los personajes, sobre todo en historias tan ricas en conflictos y dramatismo como es el caso de “Crónicas de un conquistador”.
            Puesto que deseaba que prácticamente todo sobre la Conquista se viera en la novela, el protagonista, el narrador, debía ser alguien muy cercano a Cortés, alguien con algún tipo de autoridad que justificara su presencia en los momentos históricos más importantes y que además me permitiera también introducirme en el mundo mexica. De un pasaje de la “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España” de Bernal Díaz del Castillo, saqué a mi personaje: el capitán Diego de la Vega Hurtado y de Velasco. Un personaje totalmente inventado excepto por esa pequeña anécdota del pasaje del libro de Bernal Díaz, donde se puede leer que durante los primeros encuentros entre Cortés y el embajador mexica del emperador Moctezuma, Tendile, este indica a Cortés que su pueblo es muy rico y que posee mucho oro. Tanto, que podría traer un casco lleno de pepitas y polvo de oro. El embajador señala el casco dorado con forma similar a “la de los antiguos generales romanos” que porta un “altivo y orgulloso capitán, muy ducho en la espada y el guerrear, veterano de las guerras de Italia sirviendo bajo las banderas del Gran Capitán” y pide llevárselo para traerlo lleno de oro. Por supuesto, Cortés accede a la petición del mexica, pero el dueño del casco no se encuentra entusiasmado ante la idea de ceder su preciado casco pues considera que el indio miente y no lo volverá a ver más. No se dice el nombre del capitán, es como si Bernal Díaz se olvidara de él o simplemente fuera una figura que sirviera para enriquecer esa anécdota. No obstante, la anécdota es real y lo del casco también, y fue un gran error por parte de los mexicas traer el casco con oro porque fue la confirmación que necesitaron los españoles para saber que existía un poderoso y rico imperio que conquistar.

            ¿Quién era ese capitán? ¿Y por qué poseía un casco con tan peculiar forma, como la de los cascos de los antiguos legados romanos? Un veterano de las campañas de Italia, nada menos. Y a partir de ahí creé al capitán Diego de la Vega, un tipo muy peculiar y con mucha personalidad capaz de competir de igual a igual con Cortés, Alvarado, Moctezuma, Doña Marina y el resto de elenco de personajes históricos.
            Aparte de escribir en primera persona, también decidí que el estilo de narrar sería lo más similar posible al estilo de escribir del siglo XVI. Es decir, largos y densos capítulos donde primara más la narración que el dialogo, mezclando el estilo de entonces con el más moderno para poder hacer más comprensible la lectura. Aunque en un principio la lectura puede ser algo farragoso debido al uso de formas y expresiones del castellano antiguo más la mezcla de la jerga de soldados y vocablos mexicas, finalmente, una vez que se ha logrado superar ese primer obstáculo, el lector se encuentra con que le es más fácil poder introducirse en el mundo y en el escenario que se recrea en la novela, hasta tal punto que por momentos puede llegar a sentir incluso que lo que lee le es familiar por ser “demasiado real” y a sentirse una parte más de la historia. Esto no lo digo yo, aunque esa fuera mi intención al optar por escribir de tal forma, sino que lo dicen múltiples lectores de la trilogía.
            De igual forma, preste mucho cuidado a la hora de introducir al capitán Diego de la Vega en las tramas históricas. La historia personal del capitán, totalmente inventada, se entremezcla hábilmente con la Historia real, de tal forma que muchos lectores no supieron discernir que partes eran inventadas y cuales ciertas. En realidad, la historia de Diego de la Vega podía ser la historia de cualquier otro componente de la expedición de Cortés, de ahí su facilidad para mezclarla con los hechos reales.

Intentando publicar

            Al contrario que con otras de mis novelas, no tardé mucho en publicar la primera parte de “Crónicas de un conquistador”. Ediciones Medea, en cuanto tuvo noticia de que la primera parte ya estaba terminada, se apresuró a publicarla ya que los editores consideraron que era una gran novela que merecía llegar al gran público. Antes se tuvo que hacer unos cambios, como recortar páginas porque la editorial consideró que para ser la primera parte era demasiado extensa. A recordar que diseñé la novela como una única obra, pero que al irse a más de dos mil páginas me vi en la obligación de dividirla en tres partes.
            Como no me quedaba otro remedio si quería ver la obra publicada, pegué un tijeretazo de al menos unas ochenta páginas, eliminando sobre todo parte de la historia personal del capitán Diego de la Vega. La segunda parte de “Crónicas de un conquistador” también se vería recortada en otras ochenta páginas más o menos.
            Si bien no tuve problemas para colocar la obra en una editorial, sí los tuve, en cambio, para que viera definitivamente la luz de cara al público. Ediciones Medea quiso crear una línea dentro de su sello editorial dedicada a la temática de novela histórica, siendo “Crónicas de un conquistador” la primera novela con la que abrir la colección. Se hizo mucha publicidad en periódicos, páginas Web y se diseñó un ambicioso proyecto que catapultara a Ediciones Medea al panorama editorial de entonces. Pero una cosa son los proyectos y otra muy distinta las personas que quieren llevar a cabo dichos proyectos.

            Los retrasos desde el principio fueron la constante. La editorial se vio inmersa en malas planificaciones y peores decisiones y el ritmo de trabajo no era el adecuado para una editorial que pretendía hacerse un hueco en el panorama de ventas de libros. Además, la calidad de los trabajos no era todo lo buena que se deseara y los libros salían a la venta con muchos errores, lo que redundaba en perjuicio para la editorial y sobre todo para los autores. Los meses pasaban y “Crónicas de un conquistador” seguía sin estar lista para ser publicada a pesar que la editorial había publicitado la fecha de salida; otro error que también fue perjudicial. Una vez que por fin mi novela salió a la venta, la editorial tuvo problemas de distribución, ya que la distribuidora principal de la editorial quebró de forma fraudulenta y la editorial se vio inmersa en pleitos y pérdidas económicas importantes. A pesar de todo, la obra se fue distribuyendo más mal que bien y comenzó a llegar a los lectores.
            Fueron meses duros para mí. Todos mis esfuerzos y mi trabajo no parecía que fueran a obtener recompensa. Consideraba, y sigo haciéndolo, que “Crónicas de un conquistador” es mi mejor novela y que por tanto merecía una mejor publicación y distribución. Debido a los retrasos, los errores y la mala distribución la novela no gozó al principio de buenas ventas. Estuvo, eso sí, a la venta en lugares como La Casa del Libro o El Corte Inglés y en un montón de librerías y páginas de venta on-line, pero los problemas de distribución imposibilitaron que a medida que los ejemplares se iban vendiendo pudieran ser repuestos, o que puntos de venta que pedían ejemplares se quedaran sin ellos porque la editorial no encontró a tiempo otra distribuidora que supliera a la anterior.

“Crónicas” se va haciendo un hueco

            El primer año fue muy decepcionante para mi, ya que las ventas no fueron las previstas y el movimiento de los ejemplares fue terrible. Cuando ya todo parecía que llegaba a su final, Ediciones Medea intentó relanzarse y lo hizo con libros de temática militar, llegando a tener un relativo buen éxito con ese tipo de publicaciones. Esto despertó el interés entre los agentes comerciales y los puntos de venta que empezaron a pedir ejemplares, pero también a realizar una petición más que curiosa: ¿qué pasaba con “Crónicas de un conquistador”? ¿Para cuándo la segunda parte?
            Resulta que los ejemplares distribuidos se fueron vendiendo poco a poco hasta agotarse, y a pesar que grandes superficies tipo El Corte Inglés dejaron abandonada la obra, las librerías convencionales la siguieron teniendo a la venta y fueron ellas las que agotaron la tirada. Los lectores movieron la obra por el boca a boca y comenzaron a preguntar por la segunda y tercera parte. A raíz de estas noticias, Ediciones Medea sacó a la venta una segunda edición de “Crónicas de un conquistador” más cuidada y con menos errores, apoyándose también en buenas críticas que desde algunos puntos de venta de Latinoamérica sobre la obra nos llegaban.
            La segunda edición fue muy bien recibida y se comenzó a trabajar para la publicación para la segunda parte. Además, Ediciones Medea también recibió ofertas desde algunos países iberoamericanos para poder publicar “Crónicas”. La segunda parte, “Crónicas de un conquistador II: México-Tenochtitlan” se publicó y aunque la primera edición fue una tirada menor que la primera parte, enseguida se agotó. Trabajando en la segunda edición y ya con la mente puesta en la salida de la tercera y última parte, fue cuando recibí la noticia de que Ediciones Medea cerraba por quiebra.

            “Crónicas” viaja al otro lado del charco

            Como ya he explicado, Ediciones Medea tomó malas decisiones, tuvo una mala política de trabajo y además tuvo mala fortuna en cuanto a que se vio perjudicada por las acciones fraudulentas de terceros. Si bien los libros de temática militar y mis obras vendían lo suficientemente bien, no bastaba para mantener a flote la editorial que hacía aguas por otras partes. Al final, tras años de colaboración, mi trabajo en la editorial cesó y dejé de publicar bajo su sello. Algunas novelas se me quedaron sin publicar a pesar de que se me pagó por ellas (como por ejemplo “Apocalipsis maya; con zombis”) y la tercera parte de “Crónicas de un conquistador” se quedó en la puerta de salida a pesar de tener fecha de publicación.
            Esto supuso un gran varapalo para mí como autor, pues consideraba que los lectores eran los más perjudicados ya que no podrían saber el final de la saga. Es más, pasados muchos meses del cierre de la editorial, a su correo electrónico seguían llegando peticiones de librerías pidiendo más ejemplares tanto de la primera parte como de la segunda. A mi correo personal me llegaron mensajes de los lectores pidiendo que por favor presionara a la editorial para que publicaran la tercera parte.
            Lo único que podía hacer, aparte de dar explicaciones, era intentar que otras editoriales me publicaran la trilogía. La moví por casi todas las editoriales de menor o mayor importancia en España, pero sin resultados más allá de alguna que otra oferta que no me interesó por lo mala que fue. Resulta muy difícil publicar en España, ya lo he explicado en varias ocasiones en otras entradas en este blog, no me extenderé en ello, y tras intentarlo durante un año comencé a enviar peticiones a editoriales de Latinoamérica. Aquí tuve más éxito, pero de nuevo fueron ofertas muy malas las que me llegaron, y como ofertas malas por ejemplo señaló algunas en las que no me pagaban absolutamente nada por publicar mis obras (me explicaban que con publicar ya me podía sentir pagado) o me exigían ceder mis derechos de autor (NOTA: recordad que nunca, nunca, debéis ceder los derechos de autor). Hasta que por fin di con una editorial argentina: nED. Era una editorial especializada en novela romántica, pero sus editoras ya habían leído otras novelas mías y les encantaban mis historias y mi estilo como escritor. Bea, una de las editoras, bautizó mi estilo como “cinematográfico”. Con ellos comencé a publicar la trilogía al completo de “Crónicas de un conquistador”. Solo había un inconveniente, y es que nED publicaba únicamente en formato digital.

Llega Amazon y la publicación en papel

            Tengo que reconocer que las ventas de “Crónicas de un conquistador” a través de nED no fueron muy buenas, ya que aquel no era el portal adecuado para una novela histórica como la mía. Pero me permitió que otras editoriales sí se fijaran en la trilogía. Cuando nED cerró años después, recibí ofertas de otras editoriales, una argentina y otra mexicana y con garantías en los contratos y en la seguridad de que mi obra sería tratada de forma correcta. Tanto con Proyecto Elder como con Ediciones Nuevo Milenio, “Crónicas de un conquistador” se publica en formato digital en portales donde la novela histórica o en el ensayo histórico prevalece. Además, en la editorial mexicana, Nuevo Milenio, se ofrece a los lectores la posibilidad de poder adquirir la obra en formato papel. ¿Pero, qué pasaba en España?
            Pasaba que nadie quería publicar la trilogía. Hasta que llegó Amazon. De Amazon ya he hablado también extensamente en otras entradas, y aunque adolece de serios defectos y poco o nada piensa en el autor por mucho que ellos digan, lo cierto es que dentro de lo malo son los mejores para publicar, por lo menos para los autores independientes. Gracias a Amazon, “Crónicas de un conquistador” se publica en formato digital y de papel y llega a muchos países, incluidos Estados Unidos, Japón o toda la Unión Europea entre otros. Además, aunque dependiendo de las condiciones Amazon trabaja con la exclusividad con sus autores, las editoriales que siguen publicando “Crónicas” en Argentina y México no han perdido sus derechos de publicación ya que tienen firmado con Amazon un contrato de distribución y venta que les permite tener obras de autores que publican en exclusividad para Amazon.
            Es curioso que siendo “Crónicas” un relato sobre la Conquista de México las mejores ventas (muy buenas) y críticas me vengan de México, no de España. A menudo se ponen en contacto conmigo lectores mexicanos que me dan las gracias por la obra y me explican que por fin han leído una novela histórica que hace justicia a la Historia. O, lo que más me ha emocionado, que han aprendido, leyendo la trilogía, acerca de sus antepasados.
            En España la indiferencia sobre mi trilogía ha sido la constante, pero en el último año “Crónicas” por fin ha comenzado a tener buenas ventas. Cada vez son más los que se acercan a sus páginas y me escriben para felicitarme por haber creado una obra peculiar y valiente en palabras de un lector.

¿Cuál es el futuro de “Crónicas”?

            No lo sé, quien sabe lo que nos depara el mañana. Mi intención es que “Crónicas de un conquistador” pueda algún día ser publicada por una gran editorial que la mueva por todo el mundo y se exhiba en los principales puntos de venta. Pero hasta el momento nada de eso puede suceder. Amazon es mi principal sostén como escritor y lo que me ha permitido dar a conocer mis novelas que de otra forma no verían la luz; al menos en un futuro a medio plazo. “Crónicas” ha sufrido también las iras de los nuevos inquisidores y censores, que la ven como algo horrible dentro de su mundo de Alicia, pensamiento único y políticamente correcto. Puesto que ahora comienza a venderse y a tener cierta fama dentro de foros y círculos de lectores de novela histórica, he recibido ofertas de editoriales que deseaban publicar la trilogía, pero siempre y cuando esta sufriera ciertos cambios. Y esos cambios estaban relacionados con adulterar la novela y cambiar prácticamente el argumento para adecuarlo a estos tiempos de tiranía partitocrática y miseria moral. En una de mis entradas más recientes explico la censura con la que me topé.
            “Crónicas de un conquistador” sigue adelante pese a quien le pese. Es una obra atemporal, la escribí así a propósito, con la intención de que me sobreviva y no se vea afectada con el paso de los años. Esto puede parecer algo arrogante y egocéntrico por mi parte, pero en realidad, una de las metas más importantes de un escritor es que sus obras le sobrevivan, y eso solo puede conseguirse escribiendo para estas y para las generaciones venideras, no para quedar bien con el tirano de turno.
            Así pues, apresta tu espada, coge tu mochila y embárcate para las Indias en un fabuloso y aterrador viaje que te llevará a conocer increíbles ciudades en la jungla, imperios poderosos y ricos y a ser testigo de uno de los choques culturales más transcendentales de la Historia.
            La fama y las riquezas te aguardan…