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jueves, 2 de noviembre de 2017

LA GÉNESIS DE… LA CAÍDA DEL ÁGUILA



LA GÉNESIS DE...

LA CAÍDA DEL ÁGUILA

 

            La génesis de “La caída del Águila” tiene su origen principalmente en tres circunstancias: los juegos de rol, mi pasión por la Historia de la antigua Roma y en concreto las legiones y las ganas de escribir una novela de aventura y fantasía denominada en la actualidad “oscura” pero que prefiero llamar “épica”.
            Tengo que aclarar que la primera parte de “La Saga del Águila” en su momento fue concebida como una historia auto-conclusiva y que las demás continuaciones vinieron tanto por la presión de los lectores como por el empeño del que era mi editor por entonces: José Márquez Periano. Hablaré de ello más adelante. Ahora adentrémonos en una novela de romanos, monstruos, acción, bárbaros y épica a raudales.

El origen

            Corría el año 1998 cuando se me ocurrió la idea de escribir una novela sobre legionarios romanos, un tema al que le iba llevando dando vueltas desde hace bastantes meses. La cuestión es que quería escribir algo que se saliera de lo corriente, que enlazara directamente con el tipo de literatura que mi me gusta, al estilo de H.P. Lovecraft, Robert E. Howard y Arthur Conan Doyle. Ahí es nada la mezcla, pero como digo, iba madurando poco a poco la idea y tomando conciencia de que la tarea era bastante difícil. Por entonces jugaba bastante al rol y de ahí partió la idea principal. ¿Por qué no crear un mundo alternativo al nuestro donde las reglas fueran diferentes? Entonces sí me sería más fácil mezclar los géneros literarios de mis autores favoritos y además rendir un sentido homenaje a tales maestros. Aunque era también mi deseo rendir un homenaje en forma de novela a otros autores como Robert Graves o Mika Waltari todavía no me veía con la suficiente experiencia ni técnica para hacerlo.
            Los juegos de rol me inspiraron a crear una historia de aventura en su estado más puro, donde la fantasía pudiera ser “creíble” y se mezclara hábilmente con la realidad histórica. De esta forma conseguiría tres factores importantes: alejarme de las tópicas y típicas novelas históricas de romanos, crear algo original y sentar las bases de un mundo literario propio que podría explorar más a fondo en otras novelas. Si bien se me puede acusar (con toda razón y orgulloso estoy de ello) de estar bastante influenciado por Howard, Poe, Doyle y Lovecraft en cuanto a la creación de dicho mundo y mi estilo literario, no menos cierto es que a partir de “La caída del Águila” supe ir depurando mi estilo a la vez que ir puliendo los detalles del universo oscuro y épico que había creado. Aunque, debo reconocerlo, cuando comencé a escribir la novela no tenía muy claro a donde podría llegar.
            De los juegos de rol cogí el ritmo de la historia. Es decir, en un juego de rol se comienza con una decisión o acción que inevitablemente te conduce al objetivo final, pasando por una serie de pruebas y teniendo que tomar decisiones que pueden ser beneficiosas o no. La acción es lineal y directa, siempre creciendo y no dando un respiro al jugador que siente que poco a poco al principio, para acelerar después, se acerca a un desenlace que puede ser inesperado, pero divertido. Eso fue lo que hice con “La caída del Águila”.

 La historia

            ¿Qué momento de la Historia de la antigua Roma podía escoger para comenzar a escribir mi novela? Prácticamente ni lo pensé: el inicio del Imperio con Augusto al mando. Fue un momento crucial para Roma, cuando estuvo a punto de desaparecer por culpa de las guerras civiles. Cualquier otra civilización hubiera desaparecido en su locura destructiva, pero Roma no solamente sobrevivió sino que se hizo más fuerte. Y aunque ya eran simplemente soberbias, las legiones romanas se convirtieron gracias a su profesionalización y control por el Estado romano en las más perfectas máquinas de guerra de toda la Historia de la Antigüedad. Ya escogido el tiempo histórico, era simplemente elegir el momento adecuado donde situar la acción que ya tenía pensada en mi mente: un puñado de romanos que sobreviven a una derrota militar y se ven obligados a recorrer cientos de kilómetros antes de llegar a territorio amigo. Por el trayecto se verían obligados a enfrentarse no solamente a sus enemigos, sino también a criaturas de pesadilla de las que el mundo civilizado, en su mayor parte, no conoce nada. Con estas premisas, de inmediato hubo un momento histórico que me llamó poderosamente la atención: la derrota de tres legiones a manos de los germanos en los bosques de Teotoburgo en el año 9 a. C.
            Ya tenía el contexto histórico, y también el punto de partida de la historia y el inicio de la acción que llevaría a los personajes a vivir su tan terrible como épica aventura.

Las sombras de Lovecraft, Doyle y Howard; los Dioses Oscuros

            De Howard tomé su trazo vigoroso y poderoso para las escenas de acción, la presentación de personajes fuertes y más grandes que la vida. De Lovecraft su oscuro terror cosmogónico y situaciones imposibles que sobrepasan en mucho a los meros mortales. De Doyle su forma de tratar el misterio y de dar siempre una solución a los problemas más irresolubles. Mézclese todo esto y tómese de forma adecuada. Así nació la historia de “La caída del Águila” y, sobre todo, fue la presentación de los Dioses Oscuros, entidades primigenias e inabarcables que moran en otras dimensiones y en universos fríos y muertos. Poseen inteligencias infinitas, están más allá del bien y del mal y sus propósitos reales nos son desconocidos. Saben sacar lo peor del ser humano y aprovecharse de ello para sus desconocidos planes. Son dioses que han chocado y peleado con los dioses de nuestra “realidad” y debilitado las barreras de entre mundos, propiciando que otras aberraciones encuentren el camino hacia nuestro mundo plagado de Vida. Los Dioses Oscuros fueron derrotados en un principio, pero sus aliados lograron llegar a nuestro planeta para esconderse y recuperarse de sus heridas; son los antiguos mitos y leyendas, las pesadillas que acecharon a la Humanidad desde el principio de los tiempos. Mientras tanto, los Dioses Oscuros, desde su exilio en otras dimensiones, planean volver para seguir con el combate, tentando a los humanos más locos, ambiciosos y sanguinarios para que cumplan con sus designios. Inconscientes, estos humanos llevarán a cabo las acciones más viles y abominables creyendo servir a dioses que les recompensarán por sus servicios.
            Podría explayarme más sobre los Dioses Oscuros, pero es mucho mejor leer la novela, ¿no? La cuestión es que fue en esta historia donde hicieron su primera aparición. Y aunque no sean más que un producto de la imaginación, a poco que uno estudie algo de Historia podrá comprobar que la Humanidad ha rendido culto a dioses tan sanguinarios y pavorosos como los Oscuros, dioses de muertos, de caos, destrucción y sangre.

Escribiendo la novela

            Antes de ponerme a trabajar en la historia, tuve que dedicar un tiempo a estudiar acerca del periodo histórico elegido, pero sobre todo a recabar información acerca de las legiones romanas, verdaderas protagonistas aunque de forma indirecta. Una vez hecho esto, creé los protagonistas, en un principio un puñado de ellos, pero que por causa de las aventuras y desventuras al final acabó en tres: el explorador germano Segestes, el Tribuno Militar Marcelo y el legionario Sexto.
            A pesar de estudiar y comprar libros sobre el tema, por esa época todavía no tenía los conocimientos que hoy en día poseo, por lo que cometí algunos fallos en la concepción de las situaciones históricas, pero al menos podía excusarme con que no era nuestra “realidad”. Hay que tener en cuenta que hasta entonces no había escrito nada de novela histórica aunque fuera mezclada con trasfondo sobrenatural tipo Lovecraft. La novela histórica es muy difícil y hay que tener un cierto dominio del arte de la escritura. Aunque ya hacía tiempo que deseaba escribir la historia, tuve que esperar a poseer los conocimientos adecuados y la mínima técnica necesaria para poder afrontar un reto tan dificultoso.
            Cuando afronté el inicio de la novela sufrí un ataque de pánico (los escritores sabrán bien de lo que hablo) al creer que no sería capaz de escribir la historia. Lo veía tan difícil y estaba tan lleno de dudas que simplemente pensé que era imposible. Estuve un breve tiempo sin atreverme a empezar, no escribí ni una palabra, pero al final logré tener la suficiente confianza para atreverme con el reto. Lo que pasó fue que a base de contar a todo el mundo que quiso escucharme de que iba mi próxima novela me puse en la situación de que si no escribía dicha obra iba a quedar muy mal ante mis amigos y conocidos, a los que había aburrido a base de discursos acerca de la excelencia y originalidad de la novela. No me quedaba otra más que escribir o quedaría como el charlatán que fanfarronea mucho pero que a la hora de la verdad nada de nada.


Una y no más

            Como ya he dicho, pretendía que “La caída del Águila” fuera una historia con un principio y un final. Para nada era mi idea la creación de una saga que encima hundiera también sus insidiosos y oscuros tentáculos en otras tramas de algunas de mis novelas, llevándome a la creación de una especie de universo en el que las diferentes épocas y situaciones tienen algo en común, a veces directa otras más sutil: los Dioses Oscuros.
            Si lees alguno de mis libros y te encuentras con esta presentación:

“Este es un libro de aventuras y de ficción, es por eso que no se respeta la Historia ni se pretende dar lecciones sobre nada excepto en entretener y dejar volar libremente la imaginación. Dentro del mundo en el que vivimos existen otros que pudieron ser, que no se rigen por las mismas leyes que el nuestro. Este es uno de esos mundos.”

            ¡Ojo! En algún momento habrá una referencia a los Dioses Oscuros, e incluso puede que a otros personajes de otras novelas. No hace falta mentarlos, están ahí, son la parte oscura y más terrible de nosotros, pues es ahí donde habitan y desde donde nos manipulan.
            En fin, que a pesar de lo que diga mi novela no iba a ir más allá de un final bien establecido por mí, creyendo que con esto se acabaría la cuestión. Puesto que había sido una experiencia bastante traumática en el sentido que me costó muchísimo poder escribir la historia (pero también bastante gratificante) y que me había visto obligado a parar cada dos por tres para poder seguir recabando datos y corregir errores, me dije que no volvería a escribir una novela histórica (por muy épica y fantástica que fuera) en bastante tiempo. Con una tenía más que suficiente.

Intentando publicar la novela

            Una vez concluida la novela comencé a enviarla a diferentes editoriales. En la carta de presentación incidía en lo original de la historia y en el tratamiento de las legiones romanas y de los personajes principales. Hacía mucho tiempo que no se publicaban novelas de Roma (ahora es muy común, pero os aseguro que en esa época no) y era llegado el momento de volver a ello. Las editoriales no atendieron a mis ruegos. Algunas sí prestaron algo de atención e incluso un par de ellas quisieron publicar la novela, pero las condiciones que me ofrecieron eran muy malas y no acepté. También tuve una propuesta de una editorial latinoamericana, pero de igual modo las condiciones eran malas y descarté la propuesta.
            En el año 2000 salió en los cines la película “Gladiator” de Ridley Scott, una poco original película de romanos que revitalizó el género del “péplum” que llevaba décadas muerto. Gracias al enorme éxito comercial de esta película el interés por la antigua Roma se despertó entre los lectores. Pudiera pensarse que gracias a “Gladiator” mi novela tendría mayores posibilidades de ser publicada, pero fue todo lo contrario. Puesto que enseguida se vio que lo “romano” generaba ganancias comerciales, comenzaron a surgir como setas tras las lluvias las novelas de romanos, ya fueran de ficción o ensayos, y claro, los autores de renombre y las grandes editoriales se sumaron a la iniciativa de inundar el mercado literario con libros y novelas sobre Roma en todas las facetas de su Historia. Esto dejó a los autores totalmente desconocidos y noveles como yo aparcados no a un segundo plano, sino a otro plano de existencia literalmente. No interesaban novelas de desconocidos, sino de grandes autores de éxito mundial. Ellos escribieron las novelas de “romanos” y ellos me cerraron las puertas junto con las editoriales.

 Megara Ediciones y cambios en la novela

            Así pues, se comprenderá mi desesperación. Más de un año para escribir la novela, montón de horas estudiando, dinero gastado en comprar libros y horas y horas de trabajo, angustia, sacrificio y más trabajo para que luego nadie te haga caso. Esta es la vida del escritor, muy lejos de esa otra de glamur y dinero que se piensa la mayoría de la gente que es. Puesto que la inmensa mayoría de editoriales me cerraron las puertas, comencé a moverme por las pequeñas e independientes. Fue así como mi manuscrito cayó en manos de un editor literario de nombre José A. Márquez Periano.
            Por entonces Periano trabajaba para La Factoría, una importante editorial especializada en novela de ciencia-ficción que publicaba varias decenas de títulos al año. La Factoría poseía algunas ramificaciones dentro de su empresa que se dedicaban a publicar novelas de otros géneros de autores desconocidos y patrios, dando así la oportunidad al público de conocer otras obras. Pero la cuestión es que La Factoría fue absorbida por otra editorial que decidió cerrar esas ramificaciones; el dinero es lo único que importa y los que dan dinero son los autores de éxito, no los desconocidos.
            La cuestión es que muchas novelas quedaron sin publicar y manuscritos enviados por escritores quedaron en el limbo. Uno de esos manuscritos era el de “La caída del Águila”. Periano leyó la historia y de inmediato quedó prendado de ella. No en vano también es un entusiasta de la Historia de la antigua Roma. Le gustó el tratamiento que di a la novela, el arrollador principio de la misma, la historia, la descripción de las batallas y la sensación de encontrarse dentro de la acción mientras leía. Periano, junto con otros socios, fundó la editorial Megara, que después pasaría a llamarse Medea y más adelante Stuka Ediciones, nombre que conserva a día de hoy, y se puso en contacto conmigo para que habláramos acerca de la publicación de la novela. Esto fue en el año 2006. Fijaros si pasó tiempo desde que escribí la novela hasta su publicación, y gracias puedo dar, pues fui afortunado por publicar.
            Periano quería lanzar una colección de novelas de Historia, y aunque en la mía se mezclaba el tema histórico con el género sobrenatural y fantástico supo que estaba ante una gran novela, según sus palabras. Pero la novela era demasiado corta para su gusto. Debía ser un poco más larga, ya que de lo contrario quedaría un libro demasiado corto. Tuve que hacer tres capítulos más y puesto que me vi obligado a ello creí que sería bueno escribir un capítulo para cada personaje principal que sirviera para ahondar en su historia. De ahí que muchos lectores noten un “cambio de estilo” en determinadas partes de la novela, y eso es debido a que desde que escribí por primera vez la obra, en 1998, hasta que añadí más páginas, en 2006, pasaron bastantes años en los que mejoré y pulí mi estilo como escritor, así como la técnica. Aparte de alargar la novela, Periano me indicó que debía también dejar el final algo más abierto. Si la novela tenía éxito siempre se podría sacar una segunda parte. No hay que olvidar que era el editor y debía velar por los intereses económicos de la empresa. Bueno, no había problema en cambiar el final y dejarlo algo más confuso y abierto. Pero no se terminaron ahí los cambios. El siguiente que Periano me propuso me dejó bastante descolocado primero e irritado después.

J. S. Charles allende los océanos

            Mi editor se basaba en los mismos parámetros que las grandes editoriales: si quería vender ejemplares de mi novela tenía que atraer la atención del público lector. Y para eso era indispensable cambiar mi nombre a un seudónimo; en inglés a ser posible. Se esgrimieron las mismas razones que se siguen esgrimiendo en la actualidad, por desgracia, a saber: que un autor extranjero vende más que uno patrio y por tanto hay que hacer creer al comprador que adquiere una obra de un autor extranjero. Había también otra razón, y es que uno de los distribuidores de Megara también trabajaba en Estados Unidos y creía que para entrar en el mercado norteamericano bien se podría cambiar mi nombre.
            Al principio me negué a poner un seudónimo, me parecía (y me sigue pareciendo) ofensivo, pues el seudónimo está bien cuando es el propio autor quien desea ponerlo, por la razón que sea, pero no cuando te lo imponen. Pero no tuve más remedio que claudicar pues corría el peligro de que mi novela no se publicara. Al final llegué a un acuerdo con la editorial: lo que haría sería poner mi nombre en inglés con ciertos ajustes. Y se llegó a esto: J. S. Charles. Que no es más que Juan Sánchez Carlos, o sea, Juan Carlos Sánchez.
            La novela se publicó en formato bolsillo con tapas rígidas con alas, bonita presentación y una buena maquetación. En Estados Unidos se hizo una tirada de mil ejemplares pues aunque es un mercado enorme y de ventas espectacular era aconsejable antes una prueba para ver que tal. En España se hizo la misma tirada y se distribuyó sobre todo por La Casa del Libro y librerías, aunque también El Corte Inglés lo llegó a tener en venta.
            Los mil ejemplares en USA se vendieron en apenas tres semanas. Al parecer la novela allí caló muy bien y pronto la editorial se vio inundada con pedidos por parte de librerías norteamericanas. En cuanto a España, al principio las ventas no fueron buenas, pero poco a poco la tirada se fue agotando. Pero la cuestión es que había triunfado en USA, que era lo que se buscaba. Todo parecía ir de perlas, pero sucedió que el distribuidor con el que trabajábamos en el mercado norteamericano quebró y tuvo que ir a suspensión de pagos. Aquello nos cerró de momento las puertas al mercado USA y fue un varapalo importante para la editorial, no digamos para mí.

Del libro de papel al libro electrónico

            La tirada española también terminó por agotarse y se hizo otra segunda edición pero con bastantes menos ejemplares, creo que anduvo por los doscientos. Las críticas y las ventas parecían haber respondido a pesar del descalabro del distribuidor norteamericano. Mi editor me propuso escribir la segunda parte y a esa tarea me dediqué, pero lamentablemente Megara entró en crisis por las malas ventas de otras líneas editoriales y al final, años más tarde, tuvo que cerrar. Volvería a abrir, pero bajo el nombre de Medea y más tarde Stuka y para dedicarse únicamente a libros de ensayo y temática militar, que es lo que le da ciertos beneficios.
            Descompuesto, con los derechos de publicación de “La caída del Águila” de nuevo en mi poder, moví la obra por otras editoriales, pero a la vista de las negativas o el ignorar mis peticiones tuve que dar por sentado que, de momento, no iba a publicar de nuevo en papel mi novela. Cosa que no podía entender, porque tanto las críticas como la edición con Megara fueron un éxito dentro de mis posibilidades.

            Me puse en contacto con una editorial argentina llamada nEd al que le gustó mucho la obra, y gracias a Bea Silva, una de las socias de nED, pude volver a tener publicada la novela. El problema consistía en que nED era una editorial especializada en novela romántica y erótica (o ambas cosas) y por tanto el público lector tendía a esos géneros y era muy difícil que se fijaran en “La caída del Águila”, cosa que pasó.
            Más adelante nED también cerraría para reconvertirse en otra editorial, pero aunque les estaba agradecido por la oportunidad brindada, pensé que mi novela no tendría la repercusión que deseaba si seguía publicando con ellos. Pero gracias a nED pude darme a conocer en Argentina y de ahí a otros países latinoamericanos en los que estoy publicando, aunque otras novelas.
            ¿Qué hacer? Me fijé en Amazon y me dije que si en España las editoriales no me hacían caso tal vez publicarla de forma independiente en un soporte digital y sobre todo a través de un portal como Amazon que vende de forma internacional me sería más provechoso. Y así fue. En Amazon puse tanto “La caída del Águila” como sus siguientes partes y aunque en un principio las ventas fueron más bien flojas en la actualidad es la novela mía más vendida, llegando incluso a ser seleccionada por Amazon para promociones especiales. Cuenta además con buenas críticas tanto en España como en México y Estados Unidos y llegó a estar por dos meses en el puesto número siete en ventas en el género de novela histórica. Y publicada con mi nombre verdadero, en español.
            ¿Cuál es el futuro de “La caída del Águila”? Lo cierto es que de momento no me planteo dejar de publicarla en Amazon, aunque no me gusten mucho las condiciones de dicho soporte, pero estoy contento en el sentido de que me ha permitido darme a conocer a los lectores. Por otro lado, me gustaría mucho verla publicada en formato papel con una buena editorial, pero está claro que el mercado editorial español es francamente malo para los escritores como yo y de momento no creo que sea factible que mi ilusión se haga realidad. Pero no se sabe, porque en cualquier momento puedo llamar la atención de un editor y pegar el campanazo padre, ojalá.
            Gracias al éxito de “La caída del Águila” escribí la segunda parte, “La sombra del Águila”, y también gracias al enorme éxito de la segunda parte escribí la tercera, “Roma Imperial”, pero de esto ya hablaré en su determinado apartado.
            Si te ha llamado la atención la génesis de “La caída del Águila” y te gustaría leerla, te dejo un enlace directo a la página de Amazon donde está a la venta. Tan sólo tienes que pinchar AQUÍ e irás directo. Muchas gracias y hasta la próxima.  

           



lunes, 2 de octubre de 2017

EL USO CORRECTO DEL ACENTO. Tercera parte




EL USO CORRECTO DEL ACENTO. Tercera parte


            Bienvenidos a mi blog y a la tercera y última parte dedicada al tema del uso correcto del acento. Sin más dilación, entremos en la acentuación de los exclamativos e interrogativos y de las palabras compuestas.

Cuando / cuándo
No llevan tilde en las siguientes circunstancias:

Cuando es conjunción temporal:
-Cuando vino, aún no nos habíamos levantado.

Cuando es adverbio relativo:
-El día de mi cumpleaños se celebra el día cuando nací.

Pero sí llevan tilde en los siguientes casos: cuando es adverbio interrogativo y en las proposiciones interrogativas indirectas. Pongamos dos ejemplos de cada caso:
-¿Cuándo llegará el avión?
-No sabemos cuándo llegará.

Cuanto / cuánto
            No lleva acento cuando es un adverbio relativo:
-Roba todo cuanto encuentra a su paso.

            Pero sí lleva acento cuando es exclamativo, interrogativo directo e interrogativo indirecto:
Cuánta paciencia tengo que tener!
-¿Cuánto crees que cuesta?
-Me ha preguntado cuánto cuesta.

Donde / dónde
            No lleva acento cuando es un adverbio relativo:
-El bosque donde paseas es muy bonito.

            Pero lleva acento es adverbio interrogativo o indirecto:
-¿Dónde has estado?
-No sabemos dónde ha estado.

Como / cómo
            El uso del acento aquí se complica un poco más pues existen varias reglas. No se pone acento en los siguientes casos:
1-Conjunción modal. Equivale a un adverbio o un complemento circunstancial de modo:
-Hizo el dibujo como le ordenamos.
-Trabaja como si no estuviera cansado (modal condicional)
2-Conjunción comparativo. Se establece una relación entre dos términos:
-Mi coche es tan rápido como el tuyo.
3-Conjunción condicional. Se puede sustituir por el condicional “si”.
-Como no te portes bien, no te llevaré al cine.
4-Conjunción causal. Se puede sustituir por “porque”.
-Como no has venido, he tenido que pagar yo.

            Lleva acento cuando es exclamativo e interrogativo:
Cómo no vengas te vas a enterar!
-¿Cómo te llamas?

Que / qué

            No lleva acento cuando es conjunción y pronombre relativo:
-Me han dicho que esta mañana no ha venido.
-No conozco a la mujer que vino ayer.

            Pero sí lleva acento cuando es exclamativo e interrogativo:
Qué gran tontería!
-¿Qué habéis hecho hoy?

Quien / quién

            No lleva acento cuando es relativo, pero sí lo lleva cuando es exclamativo e interrogativo. Un ejemplo de cada circunstancia:
-La mujer a quien le pediste la cita está aquí.
Quién pudiera hacer lo que haces!
-¿Quién es ese?
-Dinos con quién has estado.

Cual / cuál

            No lleva acento cuando es relativo y cuando es correlativo:
-Hemos encontrado el trabajo por el cual te dieron el premio.
-Estos hermanos son tal para cual.

            Pero sí lo lleva cuando es interrogativo:
-¿Cuál me dices?
-No sé cuál me estás diciendo.

Adonde / a donde / adónde

            Se escribe “adonde” cuando lleva antecedente:
-El lugar adonde me dirijo.

            Se escribe “a donde” cuando es una oración locativa:
-Llévalo a donde quieras.

            Se escribe “adónde” y se pone el acento cuando es interrogativo:
-¿Adónde vas?

 Demás / de más

            Se escribe “demás” cuando es un sustantivo y normalmente va precedido de artículo:
-Me preocupan los demás.

            Y se escribe separado (de más) cuando se trata de la aglutinación de la preposición “de” más el adverbio de cantidad “más”:
-Se preocupa de más gente que yo.

            En ambos casos se coloca el correspondiente acento.

            Y hemos terminado. Posiblemente haya más casos que me haya dejado en el tintero, pero creo que con lo expuesto en las tres entradas servirá más que de sobra para dejar constancia de cuáles son los usos correctos del acento.

            Si te interesan otras entradas relacionadas con la forma correcta de escribir, busca en las etiquetas: Consejos dudas y ayudas a los escritores, Artículos. Ahí hallarás más entradas similares a esta.

            Para ir a la primera parte de la entrada “El uso correcto del acento” pincha AQUÍ.