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jueves, 16 de octubre de 2014

CONSEJOS A SABER PARA EVITAR QUE TE PLAGIEN O COPIEN LA OBRA; PREGUNTAS MÁS FRECUENTES



CONSEJOS A SABER PARA EVITAR QUE TE PLAGIEN O COPIEN LA OBRA; PREGUNTAS MÁS FRECUENTES.


            Dado que ya han sido varias las personas que se han puesto en contacto conmigo para realizarme preguntas o pedirme consejo respecto al asunto de los plagios de sus obras, he creído conveniente crear esta entrada recopilando las preguntas y dudas más frecuentes así como las soluciones y actuaciones a realizar, o lo que hay que saber, cuando como autor te encuentres viviendo la desagradable situación; una de las peores que le puede pasar a un escritor.
            Aunque ya he dejado constancia de ello en otras entradas y lo he repetido varias veces, nunca está de más el volver a hacerlo porque es algo de suma importancia. Un escritor siempre corre peligro de ver que su obra es copiada, utilizada sin su permiso o que sus derechos de autor son pisoteados sin que nada pueda hacer por evitarlo. Ante esto, lo primero que se tiene que tener en cuenta es que, aunque parezca mentira, vivimos en un mundo en el que no se da por sentado que lo que has creado te pertenezca simplemente por haberlo creado, sino que debes tener algo que demuestre que lo has creado. Este algo es, en el mundo de la literatura, el Registro de la Propiedad Intelectual. Existe también otro algo, que es un contrato legal con una editorial en el que se reconozcan tus derechos de autor sobre la obra. En ambos casos, es una prueba más que concluyente de que tu obra te pertenece y que los derechos de autor y de publicación son únicamente tuyos y de nadie más.

NOTA IMPORTANTE: si quieres saber la diferencia entre Derechos de autor y Derechos de publicación, pincha AQUÍ e irás directamente a una entrada en mí blog donde explico de forma bastante clara lo que es una cosa y lo que es la otra.

            También existen otros métodos para deducir que una obra te pertenece, pero si debes tirar de estos métodos, significa que estas implicado en un juicio por tus derechos de autor. La forma más segura de proteger tus derechos y tus obras es mediante el Registro de las obras y los contratos con editoriales. Dado que lo segundo es más bien difícil de conseguir, lo primero es lo esencial y el primer paso a realizar en cuanto se termina de escribir una obra.

Nunca dejes sin registrar una obra
 
            ¿Qué es la Propiedad Intelectual? La propiedad intelectual está integrada por una serie de derechos de carácter personal y/o patrimonial que atribuyen al autor y a otros titulares la disposición y explotación de sus obras y prestaciones.
¿Qué ley regula la propiedad intelectual? El texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual, aprobado por Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril.
¿Qué protege la propiedad intelectual? La propiedad intelectual protege las creaciones originales literarias, artísticas o científicas expresadas en cualquier medio, tales como libros, escritos, composiciones musicales, obras dramáticas, coreografías, obras audiovisuales, esculturas, obras pictóricas, planos, maquetas, mapas, fotografías, programas de ordenador y bases de datos. También protege las interpretaciones artísticas, los fonogramas, las grabaciones audiovisuales y las emisiones de radiodifusión
¿Qué se excluye de la protección de la propiedad intelectual? Se excluyen las ideas, los procedimientos, métodos de operación o conceptos matemáticos en sí, aunque no la expresión de los mismos. También se excluyen las disposiciones legales o reglamentarias, sus correspondientes proyectos, las resoluciones de los órganos jurisdiccionales y los actos de los organismos públicos, así como las traducciones de dichos textos.
¿Por qué es necesario proteger la propiedad intelectual? Los derechos de propiedad intelectual otorgan además del reconocimiento a los creadores, la retribución económica que les corresponde por la realización de sus obras y prestaciones. Es también un incentivo a la creación y a la inversión en obras y prestaciones de la que se beneficia la sociedad en su conjunto.
¿Cuándo una obra o prestación está protegida? Se protegen desde el momento de su creación, recibiendo los titulares la plena protección de la ley desde ese momento y sin que se exija el cumplimiento de ningún requisito formal.
            Si te has dado cuenta, en las respuestas se especifica muy claramente que es lo que se puede registrar y que no. En el caso de la literatura, se pueden registrar tanto novelas como relatos cortos, poesías, ensayos, tesis… Pero nunca una idea. Antes de explicar un poco más detallado esto, insistir en que nunca debes dejar de registrar una obra aunque esta sea pequeña si deseas tener un mínimo de protección.


Las ideas son abstractas

            Está claro que el mundo es cada vez un lugar más conectado entre sí y, esto se viene postulando desde hace siglos, existe, o al menos eso se cree, una especie de conexión entre las personas sin que parezca importar la distancia, la nacionalidad o el idioma. Se ha demostrado mediante serios experimentos que de forma espontanea diferentes personas muy alejadas entre sí y que nunca han tenido contacto entre ellas llegan a las mismas conclusiones o tienen las mismas ideas con apenas unos pocos días de diferencia; incluso con horas de diferencia. Os voy a poner un ejemplo. En Hollywood un guionista de cine se acerca a un productor y le comenta que ha tenido una genial idea para una película: un filme de espadachines en el siglo XVI. El productor pone el dinero y el guionista trabaja la historia. Semanas más tarde otro guionista se acerca a otro productor de la competencia con la misma idea. Resultado, que en un periodo de uno o dos meses se estrenan dos o hasta tres películas de espadachines en el siglo XVI. Las películas partirán de la misma base, pero las historias serán diferentes y los personajes no serán los mismos. De ahí que las ideas no se puedan registrar y no les pertenezcan a nadie.
            Consejo: Si tienes una buena idea para una novela y crees que es muy original, no se la cuentes a nadie, no la divulgues y jamás la pongas en una red social o la divulgues por Internet.
            Consejo: Si te pones en contacto con una editorial, jamás les reveles tu idea ni les des tan siquiera pistas.
            Una idea no es una novela, pero desarrollar esa idea y convertirla en una historia ya sí es algo que te pertenece puesto que tú lo has creado. Por tanto, ten en cuenta que es más que posible que existan otras obras que partan de la misma, o parecida, idea que has tenido, pero eso no significa que te hayan plagiado o copiado tu obra. Es más, continuando con lo expresado anteriormente, si tienes una idea original, se la cuentas a alguien y ese alguien luego escribe una novela con tu idea, ya no podrás hacer nada legalmente contra esa persona porque la idea no te pertenece. En cambio, la novela creada a partir de la idea ya pertenece a quien te robó la idea. Aunque moralmente está mal, legalmente es lo que hay. Muchos autores noveles, ingenuos o sencillamente inflamados de ego van contando por ahí sus ideas, argumentos sin desarrollar, personajes, etc., y pagan caro su error.

Trabaja en tu novela y no escatimes esfuerzos

            Alejado de los tópicos tan manidos sobre el mundo de los escritores, lo que te voy a explicar, amable lector, es algo que los que llevamos años escribiendo hemos aprendido: ideas, lo que se dice ideas buenas, tenemos tres o cuatro en nuestra vida. Si eres un genio, tendrás unas pocas más, pero no muchas más. Todo lo demás son ideas, historias y conflictos ya creados y lo que hacemos es dar un nuevo giro, la vuelta de tuerca, a todo eso. Por tanto, cuando tengas una idea buena, guárdatela para ti. Únicamente a personas de confianza puedes revelar tus ideas (hay escritores que ni eso), pero lo mejor es que no se las comentes a nadie. Trabaja en tu idea y conviértela en novela, tomate tu tiempo, pero hazlo. Una vez escrita la obra, corre al Registro de Propiedad Intelectual y regístrala a tu nombre.
            Si ves que vas a tardar mucho en escribir la novela, un truco para registrar la obra consiste en desarrollar ampliamente la idea, es decir, crear un resumen pormenorizado y muy detallado de varias páginas. Como prácticamente es un relato, corto, pero relato, lo puedes registrar a tu nombre en el Registro de Propiedad Intelectual. He conocido autores, jóvenes sobre todo, que por motivos económicos no registran sus obras. Es otro error que se paga caro. Registrar una obra tiene un precio que es la tasa impuesta por el Gobierno del país en donde vivas. En España, y en el momento en el que escribo esta entrada, la tasa por obra es de poco más de trece euros. No es mucho dinero, pero aunque tus dificultades económicas sean apuradas, es un gasto obligado que debes asumir.
            Existen trucos para ahorrar dinero a la hora de registrar tus obras. No es lo mismo registrar una novela de quinientas páginas que un relato de doce páginas. No es lo mismo, pero a la hora de pagar la tasa no se cuentan las páginas, sino la cantidad de obras a registrar. Por tanto, pagarás lo mismo por la novela que por el relato corto. Pero si tienes, por ejemplo, catorce relatos cortos que registrar, el truco consiste en agruparlos todos bajo un mismo título genérico. Pongamos que tus relatos cortos son de vampiros, pues los agrupas bajo el título genérico de “Historias de Vampiros”, pero conservando cada relato su título original. Cuando vas al Registro de Propiedad a registrar esos relatos, únicamente pagarás la tasa completa por el primer relato y por los otros trece una tasa especial con descuento de hasta un 70% (depende) por cada relato; lo que es un ahorro considerable. Esto se puede hacer con poemas y otras obras.

Consejos para evitar que roben la obra o ponérselo difícil a los tiburones

            El primer consejo a dar es que nunca envíes una obra a ninguna editorial si no la tienes registrada debidamente a tu nombre. Tampoco la expongas en redes sociales, ni la divulgues por otros medios no profesionales y sin contrato firmado por ambas partes. No la cedas a nadie y no permitas que nadie la utilice sin tu consentimiento.
            Ahora, el tener la obra registrada tampoco va a impedir que te plagien o copien la obra. Es una garantía legal a la hora de defender tus derechos como autor, pero si perdemos de vista nuestra obra o no tomamos mínimas precauciones, un buen día podemos descubrir que nuestra novela maestra está siendo explotada por terceros.
            Cuando envíes tus obras a editoriales, procura conocer un poco sobre la editorial. Si no puedes hacer tal cosa, nunca envíes la obra completa, sino tan sólo una fracción; normalmente suele ser el primer capítulo o las primeras veinticinco páginas. En la carta de presentación especifica que la obra está registrada a tu nombre. Guarda en casa y a buen recaudo todos los documentos del Registro de la Propiedad Intelectual. Guárdalos incluso aunque publiques la obra en una editorial.
            Nunca publiques tu obra sin contrato legal. La palabra de las personas es algo que se lleva el viento sobre todo cuando el dinero está de por medio. Si una editorial te ofrece publicar sin contrato di no. Se puede publicar una obra sin cobrar dinero por ella, yo lo he hecho, pero nunca se debe publicar una obra sin un contrato reconocido y firmado por las dos partes.

            Nunca publiques tu obra completa en blogs, páginas Web o redes sociales que no te pertenezcan. Siempre publica trozos de ella, para darla a conocer, pero nada más. Otra cosa es que decidas publicarla en portales tipo Amazon para que la gente se la descargue gratis o no, es cosa tuya.
            En ocasiones las editoriales te pueden pedir la obra completa, esto es normal, porque desean leerla para valorar su posible publicación. Pero esto suelen hacerlo una vez que te has puesto en contacto con la editorial. Recuerda, envía antes un trozo de tu obra y luego, cuando la editorial te lo pida, nunca antes, les envías la obra completa. Mientras no te digan lo contrario, envía siempre tus manuscritos en formatos tipo PDF, nunca en formatos tipo Word.
            Defiende siempre tus derechos como autor y tus obras hasta las últimas consecuencias. Puedes ceder tus derechos de publicación, pero nunca, NUNCA, cedas los derechos de autor de tus obras. Si haces eso, perderás para siempre los derechos sobre tu obra y no habrá forma de recuperarlos. Huye de las editoriales que te exijan que para publicar tu obra debas ceder antes los derechos de autor.
            Una buena forma de poder tener fuerza ante los abusos y problemas derivados sobre este asunto es unirse a asociaciones de escritores, autores, editores, etc. Aunque normalmente el acceso a estas asociaciones es difícil, sobre todo en las de renombre, no menos cierto es que existen muchas de ellas y siempre habrá alguna en la que puedas ingresar.

Reflexiones finales

            Las profesiones más ingratas suelen ser aquellas relacionadas con el arte y la cultura. Es verdad que existen otras más arriesgadas, duras física o mentalmente, incluso moralmente, pero suelen tener su remuneración y compensaciones. Ciñéndonos a la literatura, aquí no hay salarios ni compensaciones. Puedes estar años y años de tu vida escribiendo y no publicar nunca ni ver un pago en tu cuenta corriente. Además implica ciertos gastos, pues debes ser una persona culta y poseer conocimientos, teniendo que comprar libros que leer, estudiar… Es una profesión muy sacrificada y poco valorada por el amplio sector de la gente. Todos demandan libros, historias y entretenimiento, pero desprecian la figura del escritor o ni le reconocen sus mínimos derechos y no digamos ya compensar sus trabajos y esfuerzos.
            A todo esto, le tenemos encima que añadir el temor a que nuestras obras sean plagiadas o robadas, cuando no manipuladas o cualquier otra cosa. Para poner un ejemplo que todos puedan entender, es como aquella persona que trabaja duramente durante cuatro años ahorrando hasta la última moneda para comprarse el coche de sus sueños. Compra dicho coche, lo aparca por la noche y cuando al día siguiente va a por él descubre que se lo han robado y que nunca más lo verá. Cuatro años de trabajos, sacrificios y sudores para nada. Y lo peor no es el robo en sí, sino la sensación de desamparo e impotencia que se te queda en el alma y que tardará mucho tiempo en superarse. Pues esto es lo que nos ocurre a los escritores cuando nos roban o copian nuestras obras.
            Compañero escritor. Registra todas tus obras, vigílalas y defiende tus derechos con todas tus energías. No te dejes avasallar y lucha por el reconocimiento de tu profesión. Nos veremos en otra entrada.


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DE CÓMO PRESENTAR CORRECTAMENTE UN MANUCRISTO U OBRA AL EDITOR. 

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He terminado de escribir un libro, ¿qué puedo hacer para que me lo publiquen y cuáles son las precauciones que debo tomar para evitar que me lo roben o plagien? 

 


martes, 23 de septiembre de 2014

CRÓNICAS DE UN FRIKI VII



CRÓNICAS DE UN FRIKI VII

LOS CÓMICS (o tebeos); sexta parte.
Los avatares de un coleccionista de cómics

            En la anterior entrada de estas, mis crónicas, hablé sobre Cómics Fórum y como descubrí los tebeos en un quiosco perdido en Fuenlabrada. Comenzaba mi etapa de coleccionista salvaje y con ella unos años maravillosos en cuanto a los cómics, donde mi condición de friki se vio finalmente aupada a todo lo alto. Fue una etapa muy bonita de mi vida que solamente quienes la hayan vivido pueden comprender perfectamente. Es cierto que las vivencias marcan a uno y forjan tanto su carácter como su personalidad, y al igual que existen personas que nutren y mejoran su espíritu e inteligencia con, digamos, la música, otras lo hacemos a través de la lectura o de ciertas aficiones que nos hacen destacar de los demás. Porque leer cómics por entonces no era solamente disfrutar de unas aventuras de héroes vestidos de colorines, sino una afición que te conducía invariablemente a otras: el cine, la literatura, el rol, las miniaturas, los juegos de mesa… Y eso de que los lectores de cómics eran seres solitarios, introvertidos o tontos del bote es de esos mitos que ya hace tiempo, afortunadamente, se desmintieron. Porque los lectores de tebeos suelen buscar a gente que tengan sus mismas aficiones. Suelen ser personas de mente abierta e inteligencia por encima de la media, curiosos, transgresores y con ciertos ideales. No menos claro es que no todos son así, por supuesto, pero sí la inmensa mayoría como han demostrado estudios realizados a lo largo de décadas en diferentes países
A lo que iba que me pierdo. Lo que quiero decir es que leer y coleccionar cómics me hizo mucho bien. Me culturizó y me hizo disfrutar de la Vida, con recuerdos muy agradables, experiencias y sensaciones increíbles. Que no quita que hubo malos momentos, amargos, pero visto ahora todo forma parte de un conjunto que en su suma me ayudó a formarme como persona y que no cambiaría por nada.

La insistencia es la clave

            Como expliqué en la anterior entrada, los cómics Fórum únicamente se vendían en quioscos, ya que no existían las librerías especializadas, los grandes almacenes no vendían ese producto y no había Internet, ni teléfono móvil ni nada de todo eso que ahora damos por sentado que existió siempre. Y en toda Fuenlabrada pasarían al menos dos años hasta que otros quioscos se atrevieron a vender los tebeos. En el quiosco que descubrí se podían encontrar todas las colecciones que Fórum publicaba en ese momento, que no eran muchas, pero en muy pocas cantidades; a lo sumo dos ejemplares de cada colección. Así que el primer problema a solucionar estaba claro: era imperativo que no me quedara sin mi ejemplar. La solución pasaba por acercarme al quiosco un mínimo de dos veces por semana, echar un vistazo a sus vidrieras y procurar llevar siempre encima dinero. Os aseguro que esto puede parecer muy fácil, pero el tal quiosco estaba muy alejado de mi casa, casi veinte minutos andando, y eso me obligaba a meterme unas caminatas que para qué. Y encima se ubicaba en un lateral de Fuenlabrada, con lo que si deseaba ir al centro o al otro lado de la ciudad (que era donde estaba lo divertido, el cine y las discotecas), el paseo era de órdago. Pero no importaba, porque cada vez que compraba el tebeo la satisfacción de poseerlo suplía con creces todos los inconvenientes que pudiera padecer.
            Esta insistencia, que adquirí como un deber sagrado, convirtió por un tiempo aquel quiosco en un lugar de peregrinación. Unos iban al Oráculo de Delfos o a Lourdes, para mí era aquel quiosco de cemento y acero. Pero gracias a eso conseguí que mis colecciones nunca se quedaran cojas ni perderme ningún número. Es más, el dueño del quiosco llegó a conocerme y en ocasiones hasta me guardaba los ejemplares. Más adelante, como he dicho, comenzaron a aparecer otros cómics Fórum en más puntos de venta, sobre todo a raíz de la salida a la venta de La Espada Salvaje de Conan y los Súper Conan, cómics que de inmediato fueron unos éxitos en ventas. La peculiaridad de estos cómics, que eran para gente más adulta, o al menos eso parecía, hizo que muchos quiosqueros se decidieran a hacerle un hueco es sus estantes y al comprobar que se vendía también probaron con otras colecciones. No obstante, seguí siendo fiel a aquel quiosco durante años, incluso hasta cuando se trasladó a la estación de RENFE (para mi alegría, porque aquello ya me pillaba mejor).

El tormento y el éxtasis

            Otro de los grandes problemas al que nos enfrentábamos los coleccionistas era el estado del cómic que comprábamos. Hay que entender la situación antes que nada. Siendo un chaval, me costaba un mundo de sacrificios el ahorrar dinero para el vicio, así que una vez que adquiría un ejemplar me gustaba que este estuviera en óptimas condiciones. Nada de esquinas dobladas, portadas sucias o tebeos doblados por la torpeza de los vendedores. Así que cada vez que compraba el cómic lo primero que hacía, delante del quiosquero mientras me devolvía las vueltas, era comprobar el impoluto estado del ejemplar. Una vez que todo estaba en orden, aquel cómic era para mí para siempre. Si no, le decía que me lo cambiara. Hay que hacer constar que más de una vez (y más de tres y de cuatro y de cinco…) me he topado con algún que otro vendedor que se negaba a darme otro cómic, pero en ese sentido nunca me he dejado atropellar ni aunque tuviera doce años. Si pagaba por un producto, quería dicho producto en perfectas condiciones. O eso, o no lo compraba. Este farol siempre me salió bien.
            Pero en ocasiones ocurría que daba igual, porque todos los ejemplares estaban hechos una pena. Y es que, por regla general, los vendedores no tenían ni idea del producto que estaban vendiendo y daban por sentado que era lectura para niños y daba igual el estado en el que estuviera. Cómics puestos al Sol a través de vidrieras, con lo que los colores de la portada se borraban. Colgados de cuerdas con pinzas, con lo que se quedaba para siempre la marca en el papel o se rompían. Pintados por encima porque el señor del quiosco o el conductor de la furgoneta hacían las cuentas en la portada del último número de Los 4 Fantásticos. Tebeos colocados de mala manera, doblados, rajados o manoseados hasta la saciedad. Marcas en los cuatro lados por las cuerdas con los que sujetaban los paquetes de revistas y cómics (apretada a conciencia la cuerda, por si las revistas se escapaban). Cortes provocados por navajas, cuchillos o cúter al cortar las mencionadas cuerdas. Manchas de café, del bocata de chorizo… En fin, toda una serie de torturas que a los coleccionistas nos ponían los pelos de punta por el horror. Lo malo es que no se podía hacer nada, porque los distribuidores eran los primeros en tratar mal el producto y en ocasiones incluso no llegaron a repartir los cómics porque existían otras prioridades o las furgonetas estaban llenas. Cada vez que llegaba la época que salían a la venta las colecciones por fascículos los coleccionistas nos echábamos a temblar. Esto no es una exageración, me lo explicaron varios vendedores y por eso lo sé. Anda que no he tenido que recorrer quioscos en busca de mi número de Los Vengadores por culpa de los distribuidores.
            Y por si fuera poco bregar con todos estos problemas, todavía nos teníamos que enfrentar a la ignorancia de los vendedores. Cuando Cómics Fórum comenzó a sacar más colecciones y ampliar la demanda, era un sin vivir intentar convencer al quiosquero para que trajera la colección de Daredevil o El Hombre de Hierro. “Mire usted, que le pienso comprar las dos colecciones todos los meses”. “No sé, no sé, que esto de los tebeos no creo que me dé mucho dinero”. La solución pasaba por seguir buscando quioscos donde vendieran esas colecciones, por eso con el paso del tiempo mi radio de compra se amplió a varios lugares. Un cómic aquí, dos allí… Lo que fuera con tal de mantener el vicio. Como anécdota divertida también puedo narrar cuando a Fórum le dio por sacar varias colecciones en inglés, como The New Warrior, Silver Surfer, X-Men, etc. Era gracioso pedirle al pobre vendedor que me diera tal colección ya que no entendía lo que le quería decir en mi inglés castizo. “Deme usted el Niu Guarrior, por favor” “¿Lo qué?” “Ese, deme ese, el de la portada en rojo” señalaba con el dedo. Tanto coleccionistas como vendedores nos tuvimos que modernizar mucho.

Poderoso caballero es don dinero

            El segundo gran problema al que me tenía que enfrentar para poder comprar puntualmente mis colecciones era el dinero; o más bien la escasez del mismo. Con mi exigua paga y sin trabajar (era todavía muy joven), debía hacer frente a varias colecciones, siendo dos de ellas encima quincenales. Aunque ahora no lo pueda parecer, tener que gastar todos los meses de seiscientas a ochocientas pesetas (unos cinco euros, ojo, que estamos hablando de los ochenta del siglo XX) era todo un drama para un chaval que comenzaba a entrar a la adolescencia (y con otras áreas de la vida por explorar). Era imperativo poder encontrar fuentes de financiación y descartado el pedir aumento a mi madre (bastantes agobios monetarios padecía la pobre), no me quedaba otra que tirar de un estricto autocontrol en cuanto a los gastos y una férrea actitud sobre las preferencias. Ante mi se abría una duda existencial: ¿me gastaba el dinero en comprar cómics, o lo gastaba en alcohol, tabaco, discotecas y de fiestas de fin de semana? No fue una decisión fácil, ya sabemos cómo nos las gastamos los adolescentes: si no bebes eres poco hombre, si no fumas se te deja de lado, si vas a la discoteca es que eres raro… En fin, ganaron los cómics. En realidad tampoco lo pensé mucho.
            Tuve que agudizar el ingenio para sacar dinero hasta debajo de las piedras y estirar mi paga hasta límites insospechados. Fue a partir de esta etapa de mi vida donde forjé del todo mi personalidad de mercader, fenicio, ferengi, ya alimentada en mi niñez de cuando iba a los frutos secos a cambiar los tebeos. Todo fueron sacrificios. Si mis amigos iban al cine y se compraban palomitas, patatas y refrescos, yo me tenía que conformar con la entrada y gracias. Si iban a comer hamburguesas, yo me excusaba y no iba. ¿Fumar? No, eso cuesta dinero. ¿Beber? No, con lo que cuesta un litro de cerveza me compro un Spiderman. ¿Drogas? ¡Por favor! ¿Si ni bebo, ni fumo, me voy a drogar? No solamente es un vicio caro que me impediría comprar tebeos, sino que además es un vicio estúpido, que no conduce más que a desastres y quema neuronas; neuromas que necesito para poder leer mis maravillosos cómics. Al respecto de las drogas, tengo una divertida anécdota con mi madre. Siempre me alentó a leer y comprar tebeos, pero con lógica preocupación notó que mis gastos en colecciones aumentaban de forma exponencial. Un día me dijo: “Hijo, ¿es bueno que te gastes tanto dinero en tebeos?”. Y le respondí: “O me gasto el dinero en cómics o me lo gasto en drogas. Elige”. “Toma dinero y cómprate más tebeos”. Nunca más mi madre me dijo nada sobre el tema.
            Las argucias para seguir ahorrando dinero y mantenerme en el vicio fueron dignas de Ulises algunas, por su astucia, y de Hércules otras, por su sacrificio físico. Por poner un par de ejemplos y no extenderme más en el asunto, cuando iba a la discoteca con los amigos y sacábamos las entradas, recuerdo que con la entrada te daban además una consumición o dos, depende de la discoteca y del precio de la entrada. Eran consumiciones en las que podías pedir alcohol, claro, y por entonces la moda era el whisky y el Licor 43. Pues bien, lo que hacía era vender, una vez ya dentro de la discoteca, a mis amigos mi entrada con las consumiciones a la mitad de lo que te cobraban en la barra de la discoteca. Ni que decir que mis amigos, borrachillos ellos, accedían encantados a mis tejemanejes. De esta forma recuperaba dinero con el que comprar tebeos. Otra forma era ir andando a todos los sitios. En una época en la que no existían todavía los abones mensuales ni los billetes múltiples o de varios viajes para el transporte público, siempre que viajabas en Metro, Bus o Tren debías sacar un billete. Era bastante barato, pero un trayecto de ida y vuelta eran casi dos cómics. Nada, nada, con tiempo y salero caminata para ahorrarse el billete y más dinerito para las colecciones. De aquí vino mi afición al senderismo y pateo diario.
            Como se puede leer, dura era la vida del aficionado a los cómics, más dura todavía la del coleccionista. Y todavía quedaban otras adversidades que superar o sufrir, como la ignorancia de los demás o el desprecio que se padecía por leer cómics, sobre todo por parte de las chicas, las enemigas más terribles que friki masculino alguno pueda tener. Pero de esto hablaré en mi próxima entrada. De esto, y del descubrimiento de la primera librería especializada en España, en Madrid. Nos “vemos”. Continuará…


Si te gustan las Crónicas de un Friki, aquí tienes los enlaces para ir al primer y penúltimo episodio.


También te pueden gustar las CrónicasLupinas.


Pincha en los nombres y el enlace te enviará a la página correspondiente.

           

           

           
           




lunes, 18 de agosto de 2014

¿CUÁNDO SE ACENTÚAN PALABRAS COMO ESTA, ESTE, ESTOS, AQUELLA, ETC.?



¿CUÁNDO SE ACENTÚAN PALABRAS COMO ESTA, ESTE, ESTOS, AQUELLA, ETC.?


            Pesadilla de los alumnos, escritores y de todos aquellos que se dedican al estudio o a la escritura, el colocar correctamente el acento siempre ha sido una de las cuestiones más difíciles en nuestro idioma, el español. Sobre todo cuando nos referimos a palabras que pueden tener varios significados según su uso y, en este caso, concreto, en los demostrativos.

¿Qué es y cuáles son las palabras demostrativas?

            En lingüística un demostrativo es cualquier morfema que marca una relación de deixis especial, tradicionalmente los demostrativos han sido considerados como pronombres o determinantes.
            Hala, y tras leer esto a uno se le queda cara de piedra porque no ha entendido nada, pero hay otra explicación más sencilla: un demostrativo es una palabra que sirve para señalar a seres u objetos y que, según su distancia, se ponen unos u otros.
-Los que indican cercanía: este, esta, estos, estas.
-Los que indican distancia media: ese, esa, esos, esas.
-Los que indican lejanía: aquel, aquella, aquellos, aquellas.
            Como lees, ahora es más fácil comprender lo que es un demostrativo y cual suele ser su función.

Pronombres demostrativos.

            Si los anteriores demostrativos enunciados sustituyen a un nombre, entonces se convierten en pronombres demostrativos.
-Esto no está afilado.

-¿Quién es esa?

-Eso es mío.

Adjetivo demostrativo.

            Si el demostrativo acompaña a un nombre, entonces se convierte en adjetivo demostrativo.
-Ese cuchillo no está afilado.

-¿Esa señora es tu novia?

-Este coche no funciona bien.


¿Y cuando se acentúan los demostrativos?

            Bien, aquí llegamos al asunto de este artículo. La Real Academia Española, en 2010, puso a la disposición del público la “Ortografía de la lengua española” con las nuevas normas, en las que se especifica que partir de dicho año ningún demostrativo se acentúa, independientemente de su uso o función, o incluso uso ambiguo.
            Antes se ponía la tilde si el demostrativo se convertía en un pronombre demostrativo, pero dado que siempre se pronuncian igual, con la misma elevación de tono, sean determinantes, adjetivos o pronombres, se ha considerado que no hace falta colocar el acento en ningún demostrativo.
            Por tanto, se elimina desde 2010 la tilde diacrítica en los demostrativos. En respuesta a muchos lectores del blog que me han preguntado por la cuestión, ya tenéis la respuesta: NO SE ACENTÚAN LOS DEMOSTRATIVOS.
            Ya sabéis que no debéis colocar acento en este, esta, estos, estas, ese, esa, esos, esas, aquel, aquella, aquellos y aquellas.
            Espero haberos servido de ayuda.


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