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sábado, 16 de marzo de 2013

CRÓNICAS LUPINAS XI



CAPÍTULO XI: La edad de Oro del club II.
La era de los torneos.
Con el club funcionando genial y con un número más que aceptable de socios, se decidió entonces que el Ojo del Terror debía ir un paso más allá en cuanto a sus actividades. Con el grito de: “¡Hasta el infinito y más allá!”… No, espera, que eso es de otro lado. Al grito de “¡Por el Emperador!”, la Junta Directiva y los socios creíamos llegado el momento de organizar nuestro primer torneo. Siendo jóvenes, ambiciosos de gloria y honores, no nos conformamos con cualquier cosa, sino que ansiábamos que el primer torneo fuese memorable, algo que diera que hablar durante semanas; y a fe mía que lo conseguimos.
Lo primero que hicimos fue exponer nuestros planes a Juanma, que como siempre nos apoyó en todo y nos explicó que lo mejor era que insertáramos el torneo en las actividades festivas del barrio, o sea, las fiestas de San Isidro. Juanma nos detalló que si la asociación lograba entrar en la Comisión de Festejos podríamos conseguir una subvención y publicidad gratis en el folleto de las fiestas. Eso nos gustó bastante, porque un dinero siempre nos vendría bien. Dicho y hecho, nos fuimos entonces a la Comisión de Festejos, que se comenzó a reunir por febrero, y logramos entrar en la dicha Comisión con voz y voto, ahora venía lo difícil. ¿Cómo conseguir convencer a mentes algo arcaicas en cuanto a actividades, a chupópteros y “amiguetes” del Ayuntamiento que debían ceder algo de dinero a unos locos del rol que se pasaban los fines de semana entre explosiones, ráfagas de bólter y luchando en una guerra interminable entre las odiosas carcajadas de dioses sedientos de sangre? No era tarea fácil. La estrategia consistió en tender un apoyo a los grupos y asociaciones de la Tercera Edad, pues eran los más numerosos y los que mayor poder tenían, dado que desde el Ayuntamiento se les sobornaba constantemente porque sus votos eran esenciales para perpetuar en el poder al cacique que por alcalde tenía Getafe por entonces. Después, fue también cuestión de apoyar las propuestas de otros colectivos y asociaciones, de tal manera, que cuando nos llegó el turno a nosotros de pedir subvención, no les quedó otra que ceder a nuestras demandas; a pesar de que a muchos les fastidió tener que ceder parte de la tarta a unos recién llegados y encima roleros (¿y eso qué es? Era lo que más se escuchaba por entonces).
Con el dinero en nuestro poder, más la posibilidad de contar con los ordenadores del centro, el Ojo del Terror decidió tirar la casa por la ventana y organizar unas jornadas increíbles. Se decidió lo siguiente: torneo de Warhammer Fantasy y 40.000, juegos de rol con partidas abiertas en una sala (la 2.2.) y juego on-line con los ordenadores conectados con el fantástico juego de Starcraf (que por entonces causaba furor) en otra sala (la 2.4.); no chicos, no, el Magic por entonces era un recién llegado y apenas levantaba pasiones. Así pues, toda la planta segunda del Centro era nuestra. Luego procedimos a decorar las salas, que lo hicimos con carteles y posters promocionales que nos fueron cediendo de diferentes sitios. Lo más chulo fue que por entonces en los sótanos del Centro se guardaba diferente atrezzo de teatro que pudimos utilizar para dar mayor ambientación al evento. Dispusimos de un ataúd (¡sí, un ataúd!), columnas de corcho y otras cosillas. Sólo nos faltaban los premios, que salieron de la librería Castillo, junto con un montón de material obsoleto y cosas que ya no se vendían (dados, sobres de cartas, trading-cards, llaveros, posters…) y que podíamos sortear entre los asistentes a las Jornadas. Además, de otros lugares también conseguimos otras cosillas.
Llegó entonces el trabajo, duro, pesado y arduo, pues teníamos mucha tarea por delante. Fabricamos un colosal estandarte que fue insignia del club y de las jornadas, y que costó mucho poder enganchar a la fachada del edificio, pues ese día, que casualidad, sopló un fuerte viento (los dioses del Caos que intentaban chafar el evento). Además trabajamos duro para organizar, colocar y tener todo a punto, pues no había que olvidar que las jornadas serían por dos días completos. Finalmente llegó el ansiado día y se procedió a iniciar todos los juegos organizados. Fue un completo éxito, pues aparte de cubrir todos los huecos para torneos de Warhammer, juegos de rol y ordenadores, contamos con mucha asistencia por parte del público. Gracias a un sistema que ideamos de dar un número a cada persona que acudía al evento, logramos contabilizar más de quinientas visitas entre participantes y curiosos. Tuvimos más visitas incluso que las casetas de la feria. El éxito fue de tal magnitud, que a partir de ese momento tuvimos todos los años la subvención y las ayudas aseguradas. Fue colosal, aunque acabamos muertos, pero para el recuerdo quedarán el gentío, la bulla, el jolgorio, la marcha, el buen rollo, el correr de los dados y las maldiciones de los que fallaban las tiradas. Los bocatas que nos zampábamos y los ricos bollos como premio, junto con las partidas al Starcraft entre horas para descansar de tanto ajetreo, fue otro tanto que recordar.
Esto nos lanzó definitivamente como asociación. Pasamos de ser desconocidos a que se nos tuviera presentes en multitud de eventos que se organizaban en Getafe. Fuimos invitados a otros sitios, estuvimos en otras comisiones, en la Comunidad de Madrid, tuvimos voz y voto en las subvenciones del Ayuntamiento, vamos, éramos el poder emergente. Tuvimos tanta influencia, que logramos aumentar el horario de las salas los fines de semanas hasta las 22:00, algo impensable hoy en día. Además, contábamos con nuevos socios, muchos de ellos jóvenes. Juegos tanto de wargammes como de rol atestaban nuestros armarios, junto con mucha escenografía y munición de sobra para erradicar una invasión Tiránida. El Warhammer 40.000 estaba en su apogeo de calidad, con los ejércitos renovándose, con nuevas miniaturas de plástico de un detalle increíble. Todo marchaba bien, a la perfección. Logramos crear otras jornadas igual de memorables que la primera, aumentadas esta vez con el Magic. Parecía que el Emperador nos había bendecido, pero negros nubarrones acechaban en el horizonte. Al igual que Roma, el Ojo del Terror había topado con el techo y sólo quedaba descender.
Nuevas amenazas surgieron: el Magic, el fin del rol, invasiones orkas, la 3ª edición que hizo perder prestigio a Games haciendo que muchos jugadores abandonaran definitivamente el juego y nuevos socios que lejos de engrandecer el club lo destruyeron. Tras años de estar en primera línea, a pesar de que este viejo Lobo intuyó el peligro y quiso atajarlo, los dioses del Caos lograron por fin imponerse. Pero de esto ya hablaré en el último capítulo, el más triste de todos, de estas crónicas lupinas.
            Continuará…



También puedes seguir las Crónicas Lupinas en el Foro de la asociación Ojo del Terror. Crónicas Lupinas están escritas por Juan Carlos Sánchez Clemares y debidamente registradas a su nombre (así que ojito o Crom te puede patear el trasero).

 





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