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sábado, 4 de febrero de 2012

CRÓNICAS LUPINAS V


CAPÍTULO V. La consolidación del Lobo

De la furia rabiosa a la ira templada.

Sí, fieles creyentes, era llegada la hora de pasar a mayores desafíos y aprender el arte de la guerra donde verdaderamente se aprende: ¡en el campo de batalla! En las tiendas Games se jugaban partidas todos los sábados por la tarde y era allí donde se congregaban los más expertos e inteligentes jugadores; era a ellos a quienes me debía enfrentar. A pesar que el Warhammer Fantasy era omnipresente por aquel entonces, el Warhammer 40.000 poco a poco logró hacerse un hueco y ya era más fácil poder jugar. Debéis tener en cuenta que el Fantasy era el rey en las ventas y predilecciones de los clientes. De cada cinco partidas cuatro eran del Fantasy, y prácticamente todos los torneos que se organizaban eran para el Fantasy.

El mayor problema para jugar en las tiendas era que se debía tener casi todo el ejército pintado, así que tuve que comprar pinceles, botes y todo tipo de utensilios necesarios y ponerme manos a la obra. Fue difícil dejar de lado el sagrado bólter durante un par de meses y tomar el pincel pero, tras unas cuantas lecciones rápidas de Maikel, mis esfuerzos tuvieron su recompensa: prácticamente tenía el ejército pintado, incluida mi última adquisición: un Lobo veterano con espada sierra, pistola bólter y casco en forma de Lobo.

Marché un sábado a Games Princesa con mis miniaturas guardadas en cajas y esperé a que salieran contrincantes, cosa que a no muy tardar ocurrió. Como me temía, las primeras partidas me supusieron derrotas dolorosas, porque los oponentes se conocían muy bien el juego y sus ejércitos y yo todavía era muy inexperto, impulsivo y dejaba que la rabia cegara mi raciocinio. Pero a base de jugar, de estudiar las tácticas enemigas, de ampliar mi conocimiento sobre mis Lobos, el juego y, sobre todo, de los ejércitos contrarios, atemperé esa rabia y pasé a tener una mente más fría y calculadora. Ya me estaba convirtiendo en Cazador Gris. De las primeras palizas pasé a perder por pocos puntos, luego por errores puntuales, más tarde porque me hacían trampitas que no descubría hasta el día siguiente, pero lentamente se fueron forjando en mis Lobos las virtudes necesarias para transformarlos en temibles luchadores. Tras pasar por duras pruebas y enfrentarme a los mejores, decidí desafiar al más terrible, inteligente y terrorífico enemigo: los Eldars.

Sí, señores, los Eldars en la 2ª edición eran temibles, prácticamente invencibles gracias a sus habilidades, su gran cadencia de disparo, alta puntería y por su extraña, alienígena y avanzadísima tecnología que nos hacía gritar de desesperación a los demás. Los Eldars eran la raza más dura, sus armas las más destructivas y fiables, reminiscencias del Roguer Trader, donde eran simplemente imbatibles. De todos los ejércitos de 2ª, los Eldars eran los más descompensados porque eran muy superiores a los demás; con el paso de los años y las nuevas ediciones los pusieron a la altura de las otras razas. Era por eso que los Eldars eran el ejército ideal para experimentados jugadores, porque eran muy buenos, pero también muy difíciles de llevar, y que decir que los culos duros preferían llevar Eldars porque así sus victorias estaban aseguradas. Pues bien, en Games Princesa existía un jugador Eldar (del que no me acuerdo su nombre, producto sin duda de mi odio) que era el terror de todos. Nunca perdía, nunca retrocedía y nunca mostraba piedad con sus oponentes. Era el mejor, el más galardonado y sólo los necios, los extremadamente valientes y ansiosos por hacerse un nombre se atrevían a enfrentarse a sus Eldars; huelga decir que dicho jugador no era un culo duro, sino un general competente y competitivo. Ese y no otro iba a ser mi oponente en la próxima batalla. La bestia de mi interior se agitaba impaciente por correr hacia la lucha.

Una tarde, para estupor de cuantos allí se encontraban, desafié arrogante al jugador Eldar a una partida contra mis Lobos. Todos me decían que no hiciera el cabra, que era un hueso duro de roer, que me daría una paliza, pero el reto ya estaba lanzado y no me iba a echar para atrás. Mi oponente sonrió fríamente y aceptó el desafío, dando por supuesto una nueva victoria. No tardamos en vernos delante de una mesa con escenografía y con la misión de “Aniquilar”, la más dura y sangrienta de todas las misiones. Se desplegaron los ejércitos, las miradas se cruzaron, nos medimos las fuerzas, se lanzaron los dados y comenzó la partida. Como César ante el Rubicón, la suerte estaba echada.

No pasaron ni dos turnos cuando comprendí el porque de la fama tan extraordinaria de buen jugador que poseía mi enemigo, pero también el porque los Eldars eran tan poderosos. Casi la mitad de mi ejército ya había caído mientras que las bajas Eldars eran ridículas en comparación, ya que sus escudos de energía y gemas espirituales les hacían poseer unas tiradas de salvaciones bastantes buenas. Para el tercer turno mi oponente había destrozado mi línea, dividendo mi ejército en pequeños grupos aislados unos de otros que podían ser fácilmente destruidos. Para colmo, en el centro del campo de batalla Borg Garra Sangrienta, el Dreadnought de los Lobos, estaba paralizado y disparando su cañón de asalto que todo lo fallaba, media escuadra de Garras Sangrientas resistiendo atrincheradas en un cráter y un sargento veterano con casco de lobo como comandante, ya que el Señor Lobo había caído en el primer turno. Sin refuerzos, porque tanto por la derecha como por la izquierda mi ejército estaba siendo diezmado, y sin la posibilidad de retirarse ni avanzar, mis escasos Lobos juraron por Crom y el Emperador que morirían allí, sí, pero llevándose consigo a cuantos Eldars pudieran.

Mi oponente volvió a sonreír, la partida era suya, y en un acto arrogante típico de los orejas puntiagudas concentró la mayor parte de sus tropas en el centro de la mesa y las lanzó contra mis Lobos para aplastarlos de un solo golpe, pero los Garras y el Dread resistieron e incluso hicieron bajas. Algo contrariado por la insolencia de esos humanos, el mismo Señor Fénix decidió hacerse cargo de la situación. Propulsado por sus elegantes alas gravíticas, acompañado por su escolta, planeó hasta el cráter dispuesto a matar a los Marines, pero un Lobo, ese veterano, armado con pistola bólter y espada sierra se interpuso en el camino del Señor Fénix lanzando un desafío; que aceptó el Eldar.

Comenzó así un desigual combate, porque los personajes Eldars, sobre todo los Señores Fénix, apenas tenían rivales en la 2ª, pero el Emperador estaba conmigo ese día, porque, increíblemente, el veterano Lobo aguantó la embestida y logró contraatacar, clavando la espada sierra en una juntura de la perfecta y elegante armadura Eldar, atravesando los campos de energía y singularidades quánticas para herir de muerte al Señor Fénix, que para colmo sufrió 1D6 heridas (sí, antes cada arma infligía 1Dx heridas), las suficientes para causarle la muerte. Aullando por el triunfo, el Lobo cortó la cabeza del Señor Fénix y la alzó bien alto para que todos la vieran. Los Garras rugieron y comenzaron a matar Eldars con furia homicida y Borg acribilló con su cañón de asalto a la escolta del Señor Fénix. Los Eldars no lograron sobreponerse al trauma que les supuso la muerte de su señor (es decir, que fallaron el chequeo de Liderazgo; era una regla de aquel entonces aplicada cuando morían los comandantes) y el ejército alienígena huyó. Mas mis Lobos no mostraron merced, corriendo tras los xenos y ocasionando una espantosa matanza. ¡Por Russ, Crom y el Emperador! ¡La victoria fue mía!

Cuán sorprendidos quedaron todos al contemplar mi asombrosa victoria en el último turno, pero el que más se sorprendió fue mi rival, que vio como su imbatibilidad se perdía por culpa de unos tozudos Marines y un jugador novato pero con muy mala leche. Tras la victoria, mi moral subió mucho y descubrí que para ganar son imprescindibles tres reglas de oro:

1ª-Organizar una lista de ejército flexible, adaptable a todo tipo de terreno, estrategia, misión y enemigo.

2ª-Desplegar tus tropas en el mejor terreno, con flancos abiertos y coberturas decentes.

3ª-Luchar siempre hasta el último turno, hasta la última miniatura convencido que vas a ganar, tener fe en los dados y en tu estrategia. La actitud ganadora y valerosa es todo en este juego. Recuerda que la suerte favorece a los valientes.

Tras la apoteósica batalla, el sargento veterano ascendió por méritos propios a Señor Lobo y ganó el nombre de El-Kurgan (no-premio para quien sepa de donde viene el nombre) y repinté a la miniatura. La espada sierra que llevaba se convirtió en la espada de energía eldar que portara el Señor Fénix con los colores del ejército de mi enemigo. Es por eso que está pintada de manera tan rara, es el botín de guerra. Desde ese día, volví a jugar contra Maikel y Daniel y comencé a ganar las batallas, me había convertido en un feroz oponente que no daba ni pedía piedad, que no perdía batallas y que protagonizaba con sus Lobos Espaciales legendarias guerras y heroicidades sin fin.

Por entonces se nos unió un cuarto jugador, el hermano Soriano con sus Ángeles Oscuros y pasamos a formar la banda de los cuatro del Apocalipsis. Siendo ya cuatro, nos tuvimos que plantear que no podíamos seguir jugando en casas y necesitábamos más espacio, tapetes buenos, construir escenografía, tener nuestro club. Sí, la palabra club cobraba más fuerza entre nosotros y un día nos dijimos, ¿por qué no tener nuestro propio club donde poder jugar a gusto entre nosotros? Algo se estaba gestando, algo se acercaba a pasos agigantados, porque los cuatro decidimos dar ese paso y crear la asociación que estaría destinada a convertirse en leyenda: comenzaba a nacer el Ojo del Terror. Continuará.


Puedes seguir las Crónicas Lupinas en el Foro de la asociación Ojo del Terror. Crónicas Lupinas están escritas por Juan Carlos Sánchez Clemares.

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