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lunes, 25 de julio de 2011

Sobre el libro electrónico


El libro electrónico. ¿Ayuda o un nuevo obstáculo para el escritor?
Con la salida del libro eléctrico, se abren un montón de posibilidades para el mundo de la literatura, sobre todo para los escritores, artífices de ese mundo y sin cuyo trabajo y enorme sacrificio no podría salir de ningún modo para adelante. A la vez que esas posibilidades, el libro electrónico también ha llenado de esperanzas a los autores, esperanzas centradas en poder publicar con mayor facilidad sus obras y que estas lleguen a un mayor número de lectores, sorteando la tiranía imperante en el sector sobre todo debido al monopolio de las grandes editoriales y los motivos comerciales inherentes al mundo de la literatura, cosa lógica por otra parte, pero que las más de las veces suponen ahogar la creatividad y condenar al olvido tanto a muy buenos escritores como a magnificas obras.
No sólo el libro electrónico son nuevas posibilidades para los autores, también las son para las pequeñas y medianas editoriales, ya que les posibilita acceder a una nueva y útil herramienta para poder distribuir los libros en los que invierten tiempo y dinero sorteando a los intermediarios, verdaderos parásitos en la mayoría de las ocasiones, que sin hacer nada ni arriesgar ni un euro son los que más ganan e imponen condiciones tiránicas tanto a pequeñas y medianas editoriales como a los escritores.
Lejos, entonces, de asustar tanto a editores como a escritores, la comercialización del libro electrónico ha supuesto un nuevo paso en publicar obras, una nueva manera, sobre todo para escritores noveles y pocos conocidos, de poder darse a conocer al gran público, pues está claro que cada vez más los lectores, y la inmensa mayoría de la gente, se vuelcan en Internet, escaparate (aunque no sea fiel y sí muy “utópico”) de la vida, para comprar y acceder a sus ocios y aficiones, no escapando la literatura de este nuevo avance que cada día encuentra nuevos seguidores.
Pero lejos de ser la solución a los problemas que acosan gravemente a los autores, el libro electrónico, poco a poco, comienza a ser un nuevo obstáculo a superar, otra dificultad más para añadir a la lista negra que impide que las obras sean divulgadas como se merecen. No es este el articulo donde voy a explicar porque en España no se cuida ni la literatura ni al escritor, ya lo haré en otros artículos de opinión, pero el problema que está comenzando a afectar al libro electrónico tiene mucho que ver con el actual panorama literario español: un panorama monopolizado por las grandes editoriales, con una serie de políticas editoriales erradas que conducen al absoluto desprecio del producto patrio y que impide que los autores noveles y desconocidos puedan no ya sólo publicar, sino tan siquiera poder tener una oportunidad de que sus obras sean evaluadas. A esto añadimos la escasa cultura que hay en España (uno de los países de Europa donde menos se lee y se venden libros), de las ineficaces y escasas políticas de nuestros dirigentes por difundir la cultura y proteger al autor y su obra y la falta absoluta de concienciación que existe hacia el escritor y sus necesidades.
Tengo que dejar bien claro una cosa: el único que arriesga verdaderamente con una obra es el escritor, nadie más. Sí, es cierto que unos y otros ponen dinero, ¿pero, y qué? Es el escritor quien escribe los libros, obras de teatro, guiones de cine… es él quien trabaja y se sacrifica escribiendo todos los días sin cesar, en la soledad de su oficio y sin que gane ni un euro, pues el oficio de escritor es de esos raros oficios donde te puedes tirar toda la vida trabajando sin ver dinero ni tan siquiera el reconocimiento de tus semejantes; la inmensa mayoría de la gente piensa que los escritores “comemos” del aire o que somos millonarios a los que nos sobra el dinero. El escritor vuelca todo su esfuerzo, paciencia y sacrificio personal en la obra y después de meses, de años de escribir, de tener que compartir la escritura con otro trabajo pues tienes que pagar la hipoteca y comer, de quitarle numerosas horas al sueño, de no salir, de gastarte dinero en otro libros porque necesitas información o mejorar tu técnica, de estar soportando las necedades de las personas sobre tu oficio y ser, te encuentras que tras terminar tu libro no logras publicarlo y va a parar al cajón de las obras olvidadas, centrándote en una nueva obra que, esta vez sí, te hará publicar, vender, llegar al gran público y poder escribir tranquilamente el resto de tu vida sin tener necesidad de preocuparte por los garbanzos ni la hipoteca. Porque esa, respetado lector, es la meta de los escritores: ganar lo suficiente con sus obras para poder seguir escribiendo.
El panorama español para publicar obras, sobre todo si eres producto nacional, es muy cruel e injusto, pero tampoco vamos a tratar esto aquí ahora porque no procede, sólo dejaremos constancia de ello y seguiremos adelante. Decía, pues, que tras no poder publicar el escritor se encuentra con callejones sin salida, callejones que gracias a la aparición del libro electrónico ya no se antojan oscuros y cerrados, sino luminosos y con varias opciones. O eso creíamos.
El libro electrónico, al menos en teoría, supone llegar de forma más rápida y barata al gran público, y dado que la demanda es gigantesca, prácticamente puede publicar cualquiera atendiéndose, eso sí, a unas mínimas exigencias de calidad. Pero en los últimos meses la evolución del libro electrónico va para atrás, de tal forma que mientras el envoltorio es nuevo el contenido es la misma tiranía de antaño. Ya han surgido los intermediarios en los libros electrónicos, que cuales cantos de sirena intentan atraer a los escritores a sus páginas Webs para que cuelguen sus obras, pero sin poner ni un euro, claro, tan sólo pagando al sufrido escritor un porcentaje por las ventas, que en muchos casos, si no en la mayoría, es ridículo. Dado que el intermediario suele ser un parasito que desea medrar a costa de otro y sin esfuerzo, hace lo mismo que con el libro de papel: encarece el producto para obtener más rápidamente beneficios. Esto resulta en que comprar el soporte físico para el libro electrónico, el Ebook, te salga con una media de coste de 200 euros, y descargarte un libro electrónico una media de entre 8 y 10 euros, lo que a todas luces es una barbaridad. Al encarecer el producto la gente no compra, pues entre tener “algo” descargado por Internet y que todavía no ha terminado de cuajar en el mercado y a tener el libro de papel en sus manos invariablemente tienden a comprar el libro de papel y hacer caso omiso del electrónico; a esto se le puede añadir además la mentalidad del comprador español que piensa que en Internet todo lo que sea cine, música o literatura “debe” ser gratis.
Dado que las ventas por Internet de los libros electrónicos no han supuesto el éxito que se esperaba, las grandes editoriales, al borde del ataque de pánico, han vuelto a tirar de sus erradas políticas editoriales, consistentes en mimar a la obra y autor que venden decenas de miles de ejemplares y relegar al más brutal olvido al resto de obras y autores. Vamos, lo que se lleva haciendo hasta ahora pero sin criterio literario alguno, dominando el comercial ante todo. Esto ocasiona que las editoriales en cuestión, y los intermediarios, apuesten únicamente por las obras que arrasan en ventas en formato papel en su adaptación al formato electrónico, por lo que de nuevo el autor novel o desconocido vuelve a encontrarse con el callejón sombrío y sin salida de antaño, aquel que ya se creía superado. Es de hacer notar que en muchas páginas de distribución de libros electrónicos, o digital, las condiciones para poder publicar se acercan ya a una publicación en papel, y que el autor se encuentra cuando no con la indiferencia con draconianas cláusulas en los contratos que se ve obligado a aceptar si quiere que su obra vea la luz en formato electrónico. De nuevo, intermediarios y grandes editores ningunean al escritor con la excusa de que “arriesgan” mucho al publicar la obra de un desconocido, ya que según su mentalidad sólo eres escritor si vendes a diario, aunque nadie haya oído hablar de ti nunca, unos 1.000 ejemplares de tu obra.
Esto es tan absurdo, que entre otras muchas cuestiones, explica porque el libro electrónico no termina de arrancar y porque en España es muy difícil poder publicar, no digamos ya vivir de lo que escribes. Para hacer llegar al mayor número de lectores los libros, y para evitar la piratería y caciquerías por parte de endiosados intermediarios o editores, hay que acercar la cultura al público a un precio normal. Entiendo por normal, y conmigo coinciden muchos autores, que el precio de venta de un libro, de novedad, no debería superar los 3 ó 4 euros, y que el soporte para los libros digitales, el Ebook, tampoco debería superar los 40 ó 50 euros. Por supuesto, y porque no es necesario, hay que eliminar la figura del intermediario, uno de los principales responsables del encarecimiento del producto, aquí y en el resto de negocios. También hay que evitar el monopolio por parte de las grandes editoriales en el mundo digital y crear leyes que protejan más al autor y a sus obras. De la misma manera, se debe concienciar y EDUCAR al ciudadano para que entienda que la cultura no nace espontáneamente del aire, sino del trabajo y sacrificio de miles de personas que se dejan la vida y sus sueños en ella.
¿Significa esto que no se pueden publicar en formato electrónico de manera independiente y que tienes que tragar con lo que te imponen los intermediarios y los que buscan el monopolio? Pues afortunadamente, y porque todavía no saben como controlar totalmente el mundo de Internet (aunque están en ello), sí podemos publicar nuestras obras en formato electrónico sin necesidad de tener que soportar absurdas, injustas y abusivas condiciones. Hay muchas editoriales que han nacido al amparo del soporte digital, sólo publican en formato digital, y puedes publicar con ellas dado que están abiertas a todo tipo de géneros (por lo general) y a toda clase de autores, ya sean conocidos o no. Dado que la inversión en formato digital prácticamente no existe, estas editoriales buscan poseer enormes fondos de obras que poder vender a bajo coste. Para encontrarlas te basta con dedicar un par de horas en Internet y enseguida te saldrán muchas. Como ejemplo, en países como Argentina o Republica Dominicana, si buscas publicar en español, o Inglaterra y Alemania, si deseas el mercado europeo, es bien fácil poder publicar en formato digital y de forma muy cómoda tanto para el editor como para el escritor. Además, y por si esto fuera poco, existen otros soportes y páginas, como la famosa Amazon, donde ni siquiera existe la figura del editor y el autor puede colgar su obra al precio e idioma que desee.
Ya sea en formato electrónico o papel, recuerda, amigo escritor, que tus obras son tuyas y de nadie más, que tu las has creado y que es tu deber velar por ellas y que se acerquen al mayor número posible de lectores.
En estos tiempos donde los formatos aparecen y desaparecen con gran velocidad, nos vemos obligados a detenernos un momento y meditar en la cuestión de si en verdad el libro electrónico va a ayudar a los escritores o por el contrario va a ser una piedra más en el camino. En un principio parecía que iba a ser una ayuda, ahora todo lo contrario, pero otros se rebelan y dan alternativas y proponen otros caminos libres de piedras. Esperemos que impere la cordura y sensatez y que el libro electrónico finalmente cumpla con las expectativas originales con las que se creó. Lo contrario, sería volver a cerrar las puertas a la creatividad, a la diversidad literaria y dar vía libre al monopolio de la cultura por parte de unos pocos.

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